EL CHARRITO Y LA FORTIFICACION
La ciudad estaba
conformada por cuatro territorios. Los habitantes de esta zona eran llamados
“Los zopes” muy afamados en la región. Al rededor del territorio que circundaba
el gran reino había todo tipo de extranjeros, desde los típicos gringos hasta
los boricuas y arios. Descubierta la ciudad por los foráneos, trataban siempre
de extender su territorio. “El charrito”
era vecino. Había nacido en una familia numerosa. Su padre había venido desde
Morongo, ciudad lejana como el mismo horizonte y traído por su abuelo a estas
tierras. El gran sacerdote sabio llamado Tectlo, le había dicho que su misión
era construir una gran muralla, guarniciones y pozos profundos para protegerse
de los ataques de los forasteros. “El charrito” era joven. Su padre le había
enseñado a manejar el “strett—figter II” la cuchara de albañil, pero era mejor
para la recolección de basura. “El charrito” después de hablar con el sacerdote
sabio, se sentó a la sombra de un zapote que lucía sus frutos suficientemente
inflados y verdosos como píldoras rubicundas y como aretes zapotecos. Entonces
se manifestó el gran Camún dios protector de “los zopes”. Apareció de la nada
con un traje excelso, adornos y ataviado con notables lujos; el atuendo se
marcaba con diamantina que caía copiosamente, gran penacho y espada de “Pawer ranger” de mucho colorido; Camún
le dijo:
— ¡Te encargo la
protección de la Zona! Te encomiendo proteger la progenie. No dejaré que
“Grendar” el dios de la muerte, devore todo. A ti te encargo a los pobladores
de la ciudad. Yo soy el dios. El dios de “los zopes”, el dios que hace cimbrar la tierra y que hace funcionar la
sangre. Tendrás que levantar una
muralla; harás fosos, parapetos, guarniciones donde agazaparse y donde
protegerse, Te recompensaré con un gran rango y te regalaré una flor de
suave perfume, una mujer llamada Claudia
Schiffer Desapareció.
“El
charrito” siguió sentado en el Zapote. No podía comprender lo que había
sucedido pero si pudo sentir desde su interior que le había nacido una
intención, una misión de vida, era un honor
servir al dios de la zona, además tenía coraje y una gran sed de
venganza hacia los foráneos porque ellos le habían arrebatado a su abuelo y lo
habían conservado en una cámara de gas allá en la ciudad de Milhumos. Después
de reposar en el Zapote. “El charrito” se
dirigió a Tiza, allí se entrevistó con el gran sacerdote sabio y este le
dijo que debía convocar a los maestros encargados de la edificación. Los jefes
de obra le dijeron que podía contar con trescientos hombres, aparte de los
vigilantes, pero antes tenía que ir a Milhumos a pedir permiso de obra. “El
charrito” se puso a trabajar. Se complacía de la obra que edificaba. Eran
reducidos los lugares por donde los “los Zopes” podían ser asaltados y en esos
sitios era el nuevo ingeniero con maestría y estrategia había procedido. Los
ataques dirigidos desde el exterior a la comarca de “los zopes” eran
constantes. Era tal del tesón de los intrusos para meterse al ligar que no les
importaba sacrificar su idioma y un sin número de costumbres. “El charrito” de
esa manera se había hacho de muchas palabras nuevas que agrandaban su
vocabulario, y costumbres como la del santa clauss y el halloween.
“El
charrito” se enorgullecía de su
territorio, del gran honor que era vivir dentro, además de poder ducharse en
los baños públicos mixtos, únicos en la región. Un día bañándose “El charrito”
apareció entre el vapor el gran dios Camún y mientras sorbía su refresco con
popote. Le dijo: te prometí una hermosa flor de lindos atributos, una mujer, y
ahora que has cumplido tus veintidós años la tendrás como premio a tu tesón.
Apareció Claudia Schiffer, hermosa, de cabellera voluptuosamente dorada,
forrada con una túnica húmeda y caminando hacia “El charrito” entre las aguas
de la alberca burbujeante. Ella tenía la vista diáfana de virgen buscable. Los
brazos se apretaban al compás del chasquido bocal de un beso por
correspondencia del “charrito”. Después de hacer el amor. El charrito quedo
como ido, zopenco por el esfuerzo. Ella le confesó en ese instante que acababa
de tener su última batalla porque era
extranjera y la había mandado Grendar para
acabar con “los zopes”. En ese momento acababa de adquirir una
enfermedad incurable. “El charrito”
seguía en las nubes, con psicodelia
multicolor en los globos oculares.
EN LA FALDA DE LA MALINCHE
El auto circulaba por el
camino terregoso después de pasar por el pueblo. El compadre había comentado
sobre los robos que se estaban sucediendo por esa localidad.
—Sí compadre — contesta
el conductor — por esta zona dicen que
se está poniendo feo, inclusive ya me advirtieron que no ande de noche, porque
ha habido muchos asaltados, la otra vez asaltaron al camión repartidor de gas,
dicen que se llevaron como diez mil pesos y los repartidores de refrescos
también se han llevado su susto.
—Pues que no esos carros
tienen caja de seguridad.
—Sí pero aunque la
traigan, los choferes a veces cargan el dinero en las bolsas del pantalón y no
miden las consecuencias.
—Supiste del asalto a la
tienda del ISSTE.
—No cuéntame… como fue.
—Fue la semana pasada
cuando habían pagado el aguinaldo. Los ladrones pensaron que había buen tanto
de dinero en la tienda, fue a medio día, pero les fue mal en la movida porque
acababa de pasar el camión de la “Panamericana” y se había llevado a resguardo
el dinero que había en las cajas, cuando llegaron los ladrones sólo se llevaron
cinco mil pesos.
—Tanto arriesgue para
nada. No sabía de eso, lo que pasa es que por lo del trabajo ya no escucho las
noticias.
—Porqué te tardaste
tanto en la tienda — dice el acompañante mientras observa por la ventana del
carro las tierras de labor y a lo lejos la silueta de la Malinche — Casi me
estaba durmiendo aquí en el carro y tú no aparecías.
—Es que la viejita de la
tienda me contó una historia de este pueblo, que dicen que hasta salió en las
noticias de “Veinticuatro horas”.
—De que se trata,
cuéntame.
—Me dijo la señora que
hace como un mes se hizo el rumor en el pueblo de que un señor cuando trabajaba
en el campo, se le apareció una serpiente con cara de mujer, era tan hermosa
que el hombre no pudo resistir el deseo de besarla, cuando se acercó a ella y
la quiso besar , la serpiente con cara de mujer lo mordió y huyó al jagüey, el
que está en la falda de la Malinche, dicen que por esos días había llovido mucho y el jagüey estaba bien lleno,
y como había corrido la noticia por la
televisión pues vino mucha gente a constatar el hecho y a ver lo que por aquí
sucedía. Otra versión es que dicen que se le apareció al señor, este señor era
muy buena persona, y nunca le había hecho mal a nadie, era muy servicial y
cuando le pedían un favor él con mucho gusto lo hacía. Este señor cuando fue a
trabajar al campo escuchó una voz melodiosa y dulce entre los matorrales, y
escuchó que le decía:
—Ayúdame por favor,
estoy perdida, soy la hija de la Malinche. Por jugar mucho y no obedecer a mi
madre me perdí y ahora no puedo regresar, ella ha de estar muy preocupada,
llévame y ella te recompensará.
—Pero tengo que cumplir
con mis deberes — decía el hombre — y atender a mis animales.
—Por favor, mi madre te
recompensará — decía esto mientras su cara se asomaba por entre los arbustos y
dejaba al hombre fascinado.
—está bien, te llevaré.
—Y el hombre llevó a la
serpiente con cara de mujer hasta la Malinche — su madre — Y la Malinche lo premió con una bolsa llena de oro. Dicen
que ese hombre ahora es bien rico. Hay otra versión, ¿quieres oírla?
—Sí claro, cual es,
—Bueno, la otra versión
es que, sí es cierto lo de la serpiente, pero según dicen, esa serpiente la
trajeron de otro país para exterminar las ratas de una fábrica, dicen que en
esa fábrica había muchas ratas, una plaga, y también dicen que no era una
serpiente sino que eran dos. Habían puesto un cerco para que no escaparan las
serpientes de la instalación, pero que, de todas formas se escaparon. A una
serpiente sí la lograron matar pero la otra anda por la falda de la Malinche.
Dicen que un muchacho la logró ver cuando se había ido de pinta y no había
entrado a tomar clases en la escuela y que la serpiente lo castigó al dejarlo
mudo porque al ver a la serpiente fue tanta su impresión, que ya no pudo
hablar, según las señas de muchacho dice que era grande, del diámetro de un
tubo de drenaje y enroscada daba como uno cincuenta de altura.
—Pero eso son más que
cuentos, ¿no crees?
—Pues puede ser, pero lo
que sí lograron es que la gente venga al pueblo, me dijo la viejita que los de
las tiendas del pueblo se beneficiaron porque no falta quien quiera comprar que
el refresco, que la botana, o el atún, los chicles.
—A ver que otra cosa inventan para que la gente se
dé cuenta que existe este pueblo — dice el acompañante mientras ve la polvareda
que levanta el carro a sus espaldas — párate por allí compadre que voy a orinar.
El carro se
para a orillas del camino de terracería. El conductor enciende un cigarrillo
mientras su acompañante se dirige a los magueyes. Mientras baja la bragueta,
escucha un chasquido de eses repetidas. Se asoma entre las hojas del maguey y
ve que una serpiente se dirige al carro con gran rapidez. Termina y corre al
caro con prisa. Asustado por lo que pueda pasar. El conductor ve a su compadre
que corre hacia el carro.
— ¡Compadre, compadre,
la serpiente! ¡La serpiente con cara de mujer!, ¡pélale compadre, pélale!
Sube al
coche y el compadre arranca mientras observa por el espejo retrovisor una cara
de mujer, muy hermosa, el cuerpo se encuentra en el capote trasero, encima de
la cajuela. Después de recorrer un gran tramo con aquello de pasajero y tratar
de tirarla y así huir del peligro, entran a la carretera “vía corta Puebla—
Tlaxcala”. Con un rechinido de llantas y
un giro brusco hacen que el pasajero inoportuno caiga en la carretera y sea
machucado por una docena de llantas de un trailer con prisa, después de veinte
minutos sólo queda una salea de nada, pegada al asfalto; el sol contribuirá a
borrar cualquier rastro. De la serpiente con cara de mujer hermosa sólo queda
la historia.
LA CASA DE LA RIVERA
Las nubes debutantes de
la tarde, lobreguecen los riscos de la escarpada del valle de “Casas Grandes”,
hay en los tumores obscuros y vaporosos, colores enamorados de centellas
plateadas e indomesticables, visten al humo de la casa con centelleos y el
viento azaroso acumula vaivenes sesteados que se pierden en el cielo; en
lontananza, lejos de los riscos, por donde llega veredeando el río, se va
acercando a pasos de Goliat la oscuridad de una noche presurosa, que parece que
tiene emergencia en tragar todo en su negrura. El color chocolate del río es
sumada por las caídas de las medianas cascadas al entrar al valle y también por
los chubascos de los días anteriores, su oxigenación se enriquece aún más por
el choque entre las rocas y lajas, cortantes, duras y filosas. La herbaza de la
rivera va desde los abrojos grises por hongos imperceptibles, zarzas punzantes
y jarillas sarnosas de plaga. El pasto
que llega a hasta la casa, de tan verde huele a menta, hay sobre de él hojas que
inician su pudrición sobre otras ya podridas y más abajo el compuesto ya
fermentado listo para nutrir las raíces. Los cimientos pétreos de la casa,
sobresalen y miran por sobre el pasto, en ese nivel hay dos ventanas que
exhalan aires rancios del sótano, es un olor mefistofélico que presagia horrores
a las sombras de esos muros.
La
habitación es acolchada por las amplios cortineros que dan hasta el piso de
mármol, el sitio parece de una decoración minimalista, el hueco y la soledad en
los muros campea como si fuera su elemento y el ahuecamiento del espacio parece
comerse a toda entidad con sentido propio, los distintos aposentos no tienen
identidad privativa, todas conforman una sola homogeneidad, como si fueran extremidades de una estructura
ósea. Como si fuera una caja hermética viva o la corporeidad de un engendro
maligno hecho casa. La organicidad llega desde la respiración que pasa por
entre los cortineros largos que llegan hasta el piso, a la exhalación por la
chimenea que sisea humo perdido en el cielo y por las ventanas del sótano a la altura
de los cimientos ligeramente asomados. Se percibe en el aire una mirada que no
es hacia afuera, hacia el horizonte atenebrado, hacia los riscos escarpados del
valle; sino, hacia su interioridad, como si la casa fuera un individuo autista,
como si tratara de apresar todo lo contenido inclusive a sí mismo. En este
sentido nacen figuraciones de un ente que se devora a sí mismo, que permanece
ensimismado en su configuración psíquica afectada, que se solaza en comprimirse
y comprimir todo lo que hay en su interioridad, como un galáctico hoyo negro
tomador de todo ser sin distinción. Es parecido al asesino que yugula sin matar
y se complace en ello mientras su compenetración se enriquece en voluntad y en
ese interior, un personaje inmóvil, hurgando desde su calvario sus recuerdos.
Es un flaco
personaje, su nariz moribunda y aguileña mira al suelo y en sus ojos borbotea
fósforo en su último esplendor. Montado en una silla de ruedas por la parálisis
total debido a la embolia, como un tronco tumbado, como un engendro de la naturaleza, o mal formado
organismo yace quieto y vegetativo en el centro de la habitación, en el techo
han zumbado las moscas, parece que olfatean la putrescencia, y algunas han puesto en el cable de luz del
foco, huevas envueltas en secreciones gástricas.
El hombre
fue a caer justo a las larvas del recuerdo, su sinceridad vil se codeaba
con la política y la frondosidad sofista de viejos años, prendía la luz de la
añoranza y sentía que con eso la vida lo miraba de nuevo y le sonreía, se imaginaba
que aún se movían las grietas a su paso, que aún podía obligar a los
pobres de futuro a hacer cosas inhumanas y deshonrosas, que podía arengar
cualquier cosa a su conveniencia y hacer retruécanos en las tertulias de la
clase pudiente. Era un hombre que podía coger a la elocuencia y torcerle el
pescuezo a su modo, podía con ello satisfacer sus instintos más salvajes y
animalescos, despreciar a las clases
bajas, al “lumpen” y en el geto de literatos fracasados recitaba su poesía lánguida y por tanto decadente.
Recordaba el juicio donde había arrebatado de manera despiadada la propiedad
donde permanecía, pero, con que lentitud fue deletreando su existencia hasta
llegar a lo que era, un ser injertado en
una morada pesada y de ambiente autoritario, era un personaje caricaturesco,
seco y estéril circuncidado de la sociedad, apartado de toda humanidad, todo
lenguaje y convivencia, sólo le hacían compañía los muros planos y tenuemente
cuarteados. La casa lo apretujaba entre muro y muro y en los pasillos largos
parecía que se encontraría con un espacio de cincuenta centímetros de ancho y
de altura de ochenta centímetros, sentía que el techo se estrechaba hasta
tocarlo con los cabellos, le succionaba las entrañas tratando de introducirse
la esencia, su contenida presencia era apocada por los movimientos de los
muros. Estos se atraían hasta hacerse una sola, obesa e inflada tapia, el
ahogamiento y la desesperación de sentirse preso de esa situación lo
hacían una criatura oprimida, castigada por una famélica estructura ósea que se
apeñuscaba a su piel ajada y tumefacta. Las cortinas parecían algodones secos
como polvorones que se introducían en la garganta y mamaban toda saliva, toda
humedad bucal, los ojos se medio habrían para jalar más aire pero sólo conseguía que las venas moradas de
las sienes se le abotagaran de sangre y en las canicas de los ojos le
crecieran imperceptibles hebras de
plasma. El individuo seguramente tenía en la punta de la lengua un —¡hay!— pero
no podía nombrar nada, su lengua torpemente quieta y pastosa, como una masa de
barro metido en una cueva entre dentadura maltrecha y unos que parecían labios
pero más que nada era una yaga asomándose al mundo. Su reclusión no tenía
escapatoria, sabía que no tardaría el momento en que los muros se transformaran
en sarcófago insertado en el valle de “Casas Grandes”. La estrechez de la
vivienda había sido para él cada vez más densa, el sofoco llegaba como un
orgasmo que hacía contraer las grasas del cuerpo, los bellos se ponían tiesos y
por ellos entraba un frío gélido que penetraba el poro y llegaba a las capas
bajas del pellejo, su cara de sepelio tenía una barba crespa, bajo ella eran
unas arrugas plegadas unas a otras, como si se pelearan por ese territorio y el
cuello asomaba igualmente y mezclado, arrugas, papada y grueso de manteca. Su
esperanza de salvación se había escapado desde hacía mucho tiempo, era un
reverbero opaco, desaparecido y anestésico del espíritu optimista. Su cara
miraba el techo, hacia el foco, redondez vidriada por donde se arrastraban
dejando un caminito baboso, las larvas de mosca listas para dejarse caer al
cuerpo melifluamente enrarecido y
fétido. Las larvas caen en la boca y allí se anidan, otras caen al ojo y se
escurren como lágrimas lechosas hasta el oído; por la oreja, se escapan del
cerebro tan podrido, traviesas larvas y se devoran poco a poco una vida que no
quiere escaparse. El ser sepulto y corrompido obscurece las estancias que
parece que lo aprietan más para escurrir sus jugos más consubstanciales.
Las cortinas
dejan entrar un resuello que viene de accidentarse en los filosos riscos de la
escarpada del valle, bajo el piso van escurriéndose los gusanos gordos y bien alimentados hasta
el sótano oscuro para enterrarse en la arcilla polvosa. Las ventanas no dejan
entrar ningún rayo de luz, tanto afuera como en el sótano hay una oscuridad
luciferina de miedo.
EL CAN MOJADO
—La hiciste lo que te dije, o todavía
no— pronuncia el burócrata a su asistente que va llegando con un legajo de papeles
y una libreta de notas. Los dos sudan
las primeras horas calientes de la tarde de la ciudad fronteriza. Ciudad Juárez es una entidad
apeñuscada con otra ciudad igualmente problemática como lo es la ciudad de El
Paso, en ellas se acumulan toda la podredumbre, la azarosidad, la inhumanidad,
y las esperanzas de una vida distinta, renovada. Ciudades independientes de sus
naciones por su amplia capacidad de comercio, de tráfico, y destino; ambas
ciudades se drenan y trasfusionan las virtudes y deshonras humanas, se
colaboran para accidentar los destinos, para ocultar las desavenencias de los
drogadictos, los grafiteros, patinetos, y rolers. De los inmigrantes, migrantes
y huidores de la ley, de los que buscan de aquí para allá o de allá para acá
una identidad distinta, un destino soñado. Son entidades que viven la
modernidad desde la perspectiva del patio trasero, desde los trebejos insulsos
de la globalización y el entreveramiento de dos naciones zurcidas a mano. Nuestra narración tiene como contexto esta urbe bilingüe y
birracial, donde convergen lenguajes tan distintos pero tan cercanos, vecinos
pero en confrontación continua, enlazados diariamente por pachucos, cholos y
chicanos por mexicanos y norteamericanos. La globalización se vive en las
calles, en cada compra, en las tiendas, en las caras de los “mojados”
permanentes y perdidos en la indigencia, atrapados en la droga o en los tejidos
de su comercio; se vive también en la transacción monetaria en las esquinas
“permitidas” de dólares, y pesos; de carne humana con minifalda, y de polvo de
ángel entre otros contrabandos.
—Sí, ya mandé la
circular a los medios de comunicación, hay que esperar que ratifiquen su
asistencia a la rueda de prensa, pero… ¿A donde la vamos a hacer?, en el
auditorio o en la sala de juntas.
—Ve por Don Jacinto para
ver si ya terminó con lo que le pedí, y háblale a Carmela para que me pase
estos apuntes en limpio, ¡ha!, y también dile a Eusebio que quiero que me
consiga otros datos que necesito para la rueda de prensa.
— ¡Muévete inútil, pendejo!, eres tan inútil como los de la
perrera que no han podido con el problema. Y ahora tengo que ver yo todo.
El
responsable de salubridad se encuentra nervioso, ha convocado a los medios de
difusión y prensa para aclarar asuntos y dispersar rumores que empañan su
intachable y buena administración. En el cargo tiene medio año. Él no sabe
porque lo pusieron en el puesto, no conoce nada de salud, salubridad y demás
pero, era un paso para ser uno de los hombres de la lista que pudieran ser elegidos
como candidatos a diputado por el Partido
Efusionista de la Democracia (P. E. D.) La reunión con los medios de
difusión será a las cuatro de la tarde, y llegaran los periódicos locales: “El
sol de la frontera”, “El Avance”, y el Diario: “Juárez de la tarde” y de las
revistas: “Zeta”, “Jaque” y “Diálogo Social” y de los noticiarios radiofónicos:
“Resumen” y “Ahora”. La sala de juntas es la más apropiada para la conferencia
puesto que tiene aire acondicionado y en la vista principal de la habitación un
librero de pared a pared de color cedro y con libros y enciclopedias que hacen
presentar a los hombres como sabihondos, intelectuales y protagonistas de la
ciencia. La sala de juntas, en color rojo y dorado con molduras en estuco y pintadas en oro con figuras
griegas y románicas, a lo alto un plafón oculta la iluminación
fluorescente y una amplia cornisa rodea y enaltece la estancia.
Los
profesionales y lujosos reporteros, llegan sudorosos; cargan en la maleta su
libreta de notas, y su grabadora sudorífica, otros más llegan con sus cámaras
con correas colgadas al cuello o al hombro. Su piel morena presume el bronceado
diario, de banqueta. Todos traen un celular a la cintura o bien en la petaca,
razón por lo cual a cada momento pulsa alguna señal telefónica. Se saludan. El
compañerismo entre los colegas es amable, son socios todos del chayotismo
hermoso y reconfortante, se conocen de andar persiguiendo la noticia a diario y
algunos de tomarse algunas caguamas bien “helodias”. Dos jovenzuelos, novatos y
ciscados por el ambiente andan como perdidos, su nerviosismo los desenmascara
ante los zorros y más colmilludos del ámbito, aquellos que cobran aquí y allá y
acaparan los espacios y sus caras cínicas y simpáticas hacen recordar más a las
hienas que a los zopilotes. Los inexpertos se acomodan acá o allende y sus
tenis sueltan la peste propia para un desmayo, pero la buena ventilación ayuda
a calmar la impaciencia odorífera. Y llega la periodista de lujo, la
articulista estrella, tanto por sus notas periodísticas como por su voluptuoso
cuerpo de “Diana Cazadora”. La hermosa se sabe deseada y por eso llega y se
aposta en las filas de los preferidos, llega con el escandaloso perfume de Chantibel N° 5 y con un caminar encantador como el que tiene
Salma Hayek. Su piel es fina como de durazno, con unas pestañas que envidiaría
la mismísima Afrodita, no obstante, despierta en los hombres el idéntico deseo
libidinoso de esta diosa griega.
La
secretaria del funcionario acomoda los vasos y la jarra de agua, enciende el micrófono y le da unos golpes con
el índice para probar su funcionamiento, pone el cenicero que trae guardado
eficientemente en la bolsa del saco y reacomoda nuevamente la tercia de sillas
tapizadas de terciopelo sintético color vino.
El
protagonista principal entra con el caminar rechoncho que todos conocen, ha
pasado un cuarto de hora después de la cita y se ve que trae la gran noticia,
como si cargara entre sus ropas plus por la gordura, un as escondido. Como si
fuera a dar la noticia del antídoto contra el Ébola. Al estrado lo
acompañan su secretario, y la encargada
de finanzas. A la entrada, han puesto un escritorio con vasos desechables dos jarras, un botellón con agua purificada y
una caja con sobres de “Vida suero oral” entre otras cosas trípticos de la
Secretaría de Salubridad. Todo eso gratis.
—Señores periodistas.
Les agradezco profundamente el que hayan asistido a esta reunión con su
servidor, para dar a conocer los avances
en materia de salud, así como el informe de la campaña de vacunación tan
exitosa que llevamos a cabo durante el “mes de la salud familiar”. Desde que
entramos a laborar en esta tarea que nos encomendó el señor gobernador del
Estado, hemos estado trabajando arduamente, para la salud de los niños,
ancianos y en fin todos lo que integran la familia en nuestro Estado. Nosotros
siempre hemos estado preocupados por la salud y el bienestar de la familia, por
ello, es necesario que dé algunos datos que clarifican el arduo trabajo de esta
secretaría. Se vacunaron a 5457 niños con la triple viral, y se inyectaron 2134
con la vitamina que es más que nada un complemento inyectado, además se
pusieron 684 vacunas contra el tétanos para niños y mujeres embarazadas y se
continúa con los programas permanentes de “cultura reproductiva” , “aguas con
el SIDA” “El cólera mata” y otro que es para evitar la deshidratación de los
niños en estas épocas de calor”—El ágil disertador continua su exposición
mientras los periodistas anotan en sus libretas y vigilan sus grabadoras
puestas cerca de los altoparlantes y otros entre ellos la periodista estrella,
toma fotografías con poses
delirantemente sugestivas. El chisporroteo de las cámaras es incesante, motivo
por el cual el oficial regordete se limpia el sudor, e intenta una cara fotogénica en cada centelleo.
Termina con su verborrea y amablemente concede
cinco minutos para preguntas:
— ¿Señor Licenciado, es
verdad que lo van a proponer en su partido para ocupar un puesto de diputado en
las próximas elecciones?
—No lo sé, eso le
compete a mi partido, siempre tomando en cuenta las proposiciones de nuestras
bases en el partido.
— ¿Usted piensa que
usted es el mejor candidato?
—Yo sé cumplir la
voluntad del pueblo, y si el pueblo quiere, yo obedezco.
— ¿Es verdad sobre los
rumores de que en la ciudad ha crecido la insalubridad en un 25% y la muerte de
menores a un 15% y también de que los problemas de mordeduras por perros con
rabia es un caso grave que lo tienen a usted en jaque?
—No joven esos son
rumores mal fundados, los rumores y acusaciones sobre insalubridad e ineficacia
son por culpa de los estadounidenses. Verá, hemos hecho las respectivas
investigaciones científicas y en ellas encontramos que el propagador del mal —o
sea la rabia— lo es un perro en la vecina ciudad de El Paso que a diario cruza
la frontera “de mojado” para morder a personas y animales y luego se regresa;
es un perro maldito que propaga la rabia y contamina todo. Estamos por acabar
con ese mal, nada más que le demos caza
y tendremos salud y bienestar en las familias de Ciudad Juárez. Bueno, muchas
gracias por su atención, ¡Ha!, a la salida les estamos regalando agua
purificada, porque está dura la calor, y unos sobres de “vida suero oral” para
que no se me vayan a deshidratar, gracias, muchas gracias.