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jueves, 26 de septiembre de 2024

El rey y la soberana


Imagen hiperrealista y cinematográfica que contrasta dos escenas. A la izquierda, el Rey Felipe VI, con expresión arrogante, sentado en un trono dorado en un palacio europeo. A la derecha, Claudia, la Soberana, en un entorno luminoso y natural, con la Virgen de Guadalupe y Odaltec, el emisario alienígena. En el centro, un águila dorada corta un cordón umbilical con tijeras brillantes, simbolizando la liberación de resentimientos pasados.

Descubre "El Rey y la Soberana", un cuento de Edgar Sánchez Quintana que explora el choque entre la arrogancia monárquica y la soberanía espiritual de un pueblo, con la intervención mística de la Virgen de Guadalupe y un emisario de Sirio.

 El trono dorado de Felipe VI brillaba bajo la fría luz de la tarde europea, pero el hombre que lo ocupaba reflejaba toda la oscuridad de su linaje. En su mirada había algo más que arrogancia; Había la indiferencia de siglos de poder inquebrantable, la crueldad refinada de quien no necesita justificar sus acciones. En lo más profundo de sus venas corría la sangre de un rey que, por simple diversión, cazaba elefantes en África, pero más que sangre, lo que cargaba era el peso de una dinastía que jamás se disculparía por los pecados de sus ancestros. El rey sostenía una carta en su mano. Su contenido no le provocaba más que fastidio, como un mosquito al que bastaba aplastar.


Rey Felipe VI: —¡Pedir perdón! —Felipe arrojó la carta a un lado con desprecio—. ¿Quién se cree esta mujer? ¿Qué debo inclinarme ante su pueblo? ¡Yo soy un Borbón! Nunca nos disculpamos, mucho menos por las acciones de quienes ya ni siquiera están vivos. Las ofensas del pasado no son mi problema. El rey observó a uno de sus consejeros, quien permanecía en silencio, incómodo. — ¿No tienes nada que decir? —gruñó Felipe. —Su Majestad —comenzó el consejero, cuidando cada palabra—. Tal vez, podría ser… beneficioso… para la diplomacia con México, si… —¡Silencio! —lo interrumpió el rey con furia—. No voy a humillarme ante esa mujer ni ante ningún país inferior. Mi estirpe está por encima de eso.


Claudia en la Basílica: De rodillas frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe, Claudia sintió cómo el peso de siglos de injusticias se apilaba sobre sus hombros. Cerró los ojos, sintiendo la brisa que entraba por la Basílica. —Madre, ayúdame —susurró con un nudo en la garganta—. Mi pueblo está herido, y cada vez que tratamos de sanar, el pasado vuelve a abrir las cicatrices. No quiero una disculpa vacía; Quiero que mi gente pueda vivir sin rencor. La imagen de la Virgen comenzó a brillar suavemente, y una voz celestial resonó en su mente. —Hija mía —dijo la Virgen—, no necesitas la disculpa de los soberbios para liberar a tu pueblo. Hay fuerzas en este mundo y más allá que pueden ayudarte. Enviaré un emisario, uno que traerá lo que necesitas para curar las heridas del pasado. Claudia abrió los ojos, su fe renovada. Sabía que la ayuda estaba en el camino.

 

 Cuando Odaltec apareció ante Claudia, su figura alta y resplandeciente, con una calma insondable en sus ojos, ella no mostró miedo, solo esperanza. —Eres el emisario, ¿verdad? —preguntó Claudia, sin apartar la vista de sus ojos alienígenas. —Así es —respondió Odaltec—. Mi nombre es Odaltec, vengo de Sirio. La Virgen de Guadalupe me ha enviado para ayudarte. —Mi pueblo necesita sanar —dijo Claudia, con la voz firme—. Las injusticias del pasado siguen dividiendo nuestras almas. El rey Felipe no va a disculparse. No quiere entender que el perdón no es una humillación, sino un paso hacia la paz. Odaltec inclinó la cabeza, como si analizara cada palabra. —No puedes forzar el perdón en una mente que no está lista para recibirlo —dijo con serenidad—. Sin embargo, puedo recomendar una alternativa. Mi tecnología permite crear líneas de tiempo paralelas, realidades en las que se corrigen los errores sin cambiar el presente. Claudia lo miró con intensidad. — ¿Quieres decir que puedo llevar a mi pueblo a un lugar donde el rey sí haya pedido disculpas? —Exactamente. Crearé una línea de tiempo donde tu gente haya recibido la disculpa que necesita. Al regresar a esta realidad, no habrán olvidado sus heridas, pero habrán dejado de sentir resentimiento. —Hazlo —dijo Claudia con determinación—. Estoy lista para lo que sea necesario.

 

 La Ciudad de México en la nueva línea de tiempo brillaba con una luz diferente. Las calles, aunque llenas de vida, tenían un aire más sereno. Los rostros de los ciudadanos ya no muestran la preocupación cotidiana, sino una extraña paz, como si un peso invisible les hubiera sido quitado de los hombros. Los muros de la ciudad, pintados con murales, ahora eran reflejos de esperanza, no de lucha. Claudia observaba todo desde su balcón presidencial. El México de esta línea temporal había sanado. En este lugar, el rey había pronunciado las palabras que su pueblo necesitaba oír: "Lo siento". Pero al volver a la realidad, supo que el verdadero cambio había ocurrido en los corazones de su gente, no en el del rey.

 

  De vuelta en Europa, Claudia llegó al palacio del rey con un obsequio cuidadosamente preparado. Felipe la recibió con su habitual desdén, preguntándose qué absurda petición le haría esta vez. — ¿Qué es esto? —preguntó el rey, observando el escudo de oro. La figura de un águila devoraba lo que parecía ser un cordón umbilical de oro, cortado por unas pequeñas tijeras en la base. —Un regalo —dijo Claudia, su voz tranquila pero firme—. Representa la libertad de mi pueblo. El águila, que solía devorar a una serpiente, ahora corta el cordón que nos unía a los resentimientos del pasado. Las tijeras simbolizan el acto de cortar nuestras ataduras con el odio. El rey alzó una ceja, claramente confusa. Para él, el simbolismo carecía de importancia. —Interesante —dijo sin darle más relevancia. Pero Claudia sabía que el regalo no era para él, sino para su pueblo, un recordatorio de que habían cortado las cadenas del pasado. El rey seguiría en su trono, ignorante de lo que realmente había sucedido, pero México había logrado lo que él nunca comprendería: la verdadera libertad.

 

 

 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

La Huella de Arreola: Innovación y Genialidad en la Cuentística Mexicana

 

Pintura hiperrealista que muestra a un hombre mayor (posiblemente Juan José Arreola en su madurez) y a un hombre joven (Arreola en su juventud) mirándose. Entre ellos, un árbol con raíces que abrazan libros abiertos, simbolizando el conocimiento y el paso del tiempo. En la parte superior izquierda, una cita de Hebbel: 'El que soy saluda con tristeza al que podía ser'. La escena evoca la reflexión sobre la vida, la literatura y la evolución personal.
Explora la maestría literaria de Juan José Arreola, su ingenio, ironía y profunda reflexión sobre la vida. Un homenaje a uno de los grandes cuentistas mexicanos que transformó la narrativa breve.

 “El que soy saluda con tristeza al que podía ser”
—HEBBEL

“El árbol que desarrolla todas sus hojas hasta la última, es un árbol agotado, un árbol donde la savia está vencida por su propia plenitud”
—Juan José Arreola


 

Orígenes y primeras influencias

Juan José Arreola nació el 21 de septiembre de 1918 "entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos" en Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, en el estado de Jalisco. Su nacimiento en este entorno rural marcaría el trasfondo de muchos de sus cuentos, aunque su influencia se expandirá mucho más allá de la provincia. Es recordado como un maestro de la palabra, un hombre que buscó con fervor la perfección del cuento breve. José Agustín, al describir su estilo, lo define como una "economía de palabras" que no se traduce en parquedad, sino en maestría, alcanzando una expresión bella, inteligente y profunda.

Arreola no solo heredó la tradición de la cuentística mexicana, sino que también la transformó. Aunque sus obras están impregnadas de su ambiente provincial, su innovador manejo de la ironía y el humor le otorgaron un lugar singular dentro de la literatura mexicana.

El vasto universo de influencias.

Las influencias literarias de Arreola son diversas, a incluir desde maestros locales hasta escritores de renombre mundial como Rilke, Proust, Kafka, Borges y Julio Torri, por mencionar algunos. Este bagaje le permitió construir una obra sólida que trascendió fronteras. Dentro de sus obras más destacadas están Confabulario (1952), Bestiario (1959), y su única novela La feria (1963), las cuales consolidaron su estilo y lo colocaron como un referente en la literatura contemporánea de México.

La obra de Arreola puede dividirse entre dos grandes vertientes: aquellos cuentos que retratan ambientes metafísicos y otros que capturan la esencia de la vida rural mexicana. Entre los cuentos que reflejan la influencia metafísica destacan "El lay de Aristóteles" y "El silencio de Dios", mientras que su conexión con la provincia se refleja en títulos como "El cuervo", "Hizo el bien mientras vivió" y "De memoria y olvido”. Entre los cuentos más antologados de Arreola están "El guardagujas", "Hizo el bien mientras vivió" y "Baby HP", que muestran la amplitud de su versatilidad narrativa.

Arreola: maestro de la palabra y la ironía

Arreola es un creador de la palabra, un verdadero hombre de lenguaje. Su dominio de la oralidad y su capacidad para seducir al público con su rica expresividad lo convirtieron en un disertador inigualable. Su influencia es perceptible no solo en el ámbito literario, sino también en la oratoria y la retórica mexicana. Ricardo Garibay, otro gran maestro de la palabra, es uno de los pocos que se le pueden comparar en términos de elocuencia y expresión dramática.

Uno de los rasgos que Arreola aportó a la cuentística mexicana contemporánea fue el elemento sarcástico y socarrón, que se convirtió en un sello distintivo de su obra. Aunque escritores como Julio Torri ya exploraban el humor y la ironía, fue Arreola quien perfeccionó el arte de burlarse de la condición humana y de nuestras propias limitaciones. Esta autocrítica mordaz es una característica esencial de su estilo, que ha influido profundamente en los cuentistas posteriores.

Reflexiones sobre el tiempo y la madurez

A medida que envejecemos, la perspectiva que tenemos de nosotros mismos cambia. Arreola, siempre en busca de la esencia de la vida y del ser humano, alcanzó una plenitud que solo se obtiene con la madurez. Su obra, saturada de sabiduría y reflexión, es un testimonio de su crecimiento personal e intelectual. Al mirar hacia atrás, podemos percibir el desarrollo de nuestras ideas, pensamientos y emociones como si fueran una caricatura de lo que algún día seremos.

Este artículo es un reconocimiento a la grandeza de Juan José Arreola, un homenaje a su maestría en el arte del cuento y su legado en la literatura mexicana.


sábado, 14 de septiembre de 2024

La Era del 'Yo' Digital: Narcisismo, Redes Sociales y la Búsqueda de Validación en el Siglo XXI


Imagen hiperrealista y cinematográfica de una persona con capucha mirando intensamente la pantalla de un smartphone. La pantalla refleja una versión idealizada de sí misma, rodeada de notificaciones y likes. En el fondo, una red compleja de interfaces de redes sociales (Instagram, TikTok, X) flota en el aire, y debajo, figuras cansadas y desoladas en un paisaje urbano, simbolizando la sociedad del cansancio. La escena contrasta la superficialidad digital con la realidad subyacente de agotamiento y búsqueda de autenticidad.

Explora "La Era del 'Yo' Digital" de Edgar Sánchez Quintana: un análisis profundo sobre cómo el narcisismo, las redes sociales y la búsqueda incesante de validación redefinen nuestra identidad en el siglo XXI, bajo la lupa de Lipovetsky y Han.

Introducción: Del Mito de Narciso a la Pantalla del Smartphone

No cabe duda de que vivimos en una época intensamente mediada por la tecnología, en la era del consumo desmesurado y el capitalismo digital. Estas transformaciones han dado lugar a una nueva concepción del ser humano. Si en el siglo XX el "homo economicus" definía el orden social, hoy, como señala el filósofo francés Gilles Lipovetsky en su influyente obra La era del vacío, es el "homo psychologicus", personificación del mito de Narciso, quien define la posmodernidad [1]. Estamos inmersos en una "cultura de la personalidad" en la que el "yo" se ha convertido en el epicentro de la existencia. Ya no solo buscamos satisfacer necesidades materiales, sino que anhelamos construir y proyectar nuestra propia imagen, con una obsesión cada vez más profunda por nuestra identidad y cómo se percibe en el entorno digital.

Con la expansión de las nuevas tecnologías, especialmente los teléfonos inteligentes y las redes sociales, este fenómeno ha adquirido una dimensión inédita. Ya no se trata únicamente de contemplarse a uno mismo frente al espejo, como el joven de la mitología griega, sino de proyectar nuestra imagen hacia un colectivo que responde a nuestra necesidad de validación. Es en este espacio digital donde la imagen que proyectamos se construye y, paradójicamente, se fragmenta. La dinámica se ha transformado: el "yo" no es suficiente si no es visto, aplaudido o, en muchos casos, envidiado. Así, el celular y las redes sociales se convierten en los nuevos "espejos" donde buscamos el reflejo de nuestra valía, un fenómeno que merece un análisis profundo desde la filosofía, la sociología y la psicología.

Referencias

[1] Lipovetsky, Gilles (2002). La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo posmoderno. Anagrama, Barcelona.

El Narcisismo Colectivo en la Era Digital

El mito de Narciso, en el que el joven se ahoga al tratar de atrapar su propio reflejo en el agua, cobra una relevancia contemporánea. Hoy, el reflejo no proviene de un río, sino de las pantallas, de los "likes", los "followers" y las constantes notificaciones que validan nuestra existencia en el plano digital. Si Narciso quedó absorto por su propia imagen, nosotros nos perdemos en la búsqueda de la aprobación colectiva. Nos ahogamos en la superficialidad de la exposición constante, tratando de atrapar una versión de nosotros mismos que nunca es suficiente.

Lipovetsky amplía su análisis con el concepto de "narcisismo colectivo". “El narcisismo no sólo se caracteriza por la autoabsorción hedonista, sino también por la necesidad de reagruparse con seres ‘idénticos’” [2]. Esta necesidad de reagrupación se manifiesta claramente en las redes sociales, donde encontramos "cámaras de eco" y "burbujas de filtro" que refuerzan nuestras creencias, gustos y estilos de vida. El Narciso moderno no se limita a mirarse a sí mismo; necesita que otros lo vean, que otros validen su reflejo, y para ello requiere de una colectividad digital que actúe como testigo constante.

Plataformas de la Autoexposición: Instagram, TikTok y la Construcción del "Yo" Ideal

Cada plataforma de redes sociales fomenta una forma particular de narcisismo:

Instagram: Es el epítome de la cultura de la imagen. A través de filtros, ángulos cuidadosamente seleccionados y la construcción de un feed estéticamente coherente, los usuarios proyectan una vida idealizada, a menudo muy alejada de la realidad. Estudios han explorado la relación entre el uso de Instagram y la búsqueda de validación a través de la imagen corporal y el estilo de vida [20].

TikTok: Esta plataforma, basada en videos cortos y virales, promueve un narcisismo performativo. Los usuarios compiten por la atención a través de "challenges", bailes y sketches humorísticos. La métrica del éxito es la viralidad, lo que incentiva la creación de contenido cada vez más llamativo y, en ocasiones, arriesgado. La cultura del narcisismo en TikTok ha sido objeto de análisis recientes que la vinculan con las tendencias digitales actuales [9].

Twitter (X): Aquí, el narcisismo se manifiesta a través de la opinión y el ingenio. Los usuarios buscan la validación a través de la agudeza de sus comentarios, la viralidad de sus "hilos" y la acumulación de "retweets" y "me gusta". La plataforma se convierte en un escenario para la construcción de una identidad intelectual o política.

Referencias

[2] Lipovetsky, Gilles (2003). La era del vacío. Edición de Paradigmas del Pensamiento. Disponible en:

[9] "La cultura del narcisismo en TikTok" (2023). Digital Global Overview Report. Disponible en:

[20] Sepúlveda, ER. "Instagram, pantalla hacia el vacío: Una exploración del fenómeno Instagram a partir de las ideas centrales de Gilles Lipovetsky en su texto 'La era del vacío'". Disponible en:

La Psicopolítica y la Sociedad del Cansancio: La Mirada de Byung-Chul Han

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, uno de los pensadores más lúcidos de la era digital, ofrece una perspectiva complementaria y a la vez más sombría que la de Lipovetsky. Para Han, la sociedad contemporánea ya no es una "sociedad disciplinaria" (en el sentido de Foucault), sino una "sociedad del rendimiento". En esta nueva configuración, el poder no opera a través de la prohibición y el castigo, sino a través de la autoexplotación y la optimización constante del "yo".

Del Biopoder al Psicopoder

Han argumenta que hemos pasado de la biopolítica, que controlaba los cuerpos, a la psicopolítica, que controla la psique. El neoliberalismo, con su énfasis en la iniciativa personal y el emprendimiento, nos ha convertido en "empresarios de nosotros mismos". El individuo se explota a sí mismo creyendo que se está realizando. El lema de esta sociedad es "Yes, we can", una aparente afirmación de libertad que en realidad es una exigencia de rendimiento ilimitado.

En este contexto, las redes sociales funcionan como un panóptico digital en el que todos somos prisioneros y guardianes al mismo tiempo. La transparencia total, que Han analiza en La sociedad de la transparencia, se convierte en una forma de control. La exposición voluntaria de nuestra vida privada en las redes sociales nos hace previsibles y manipulables. El "Big Data" se convierte en el instrumento de un "psicopoder" que puede influir en nuestro comportamiento sin que seamos conscientes de ello [14].

La Sociedad del Cansancio y el Infierno de lo Igual

La consecuencia de esta autoexplotación constante es una sociedad de individuos agotados, ansiosos y deprimidos. En La sociedad del cansancio, Han describe las patologías de nuestro tiempo: el burnout, el trastorno de déficit de atención (TDAH) y la depresión no son enfermedades infecciosas, sino infartos psíquicos causados por un exceso de positividad y rendimiento.

El narcisismo, desde esta perspectiva, no es solo una cuestión de vanidad, sino un síntoma de este agotamiento del "yo". El individuo, incapaz de relacionarse con la alteridad, con lo que es diferente a él, se repliega sobre sí mismo en un bucle autorreferencial. Las redes sociales, al fomentar la conexión con lo igual y la evitación de lo negativo, contribuyen a crear lo que Han llama "el infierno de lo igual".

Referencias

[14] Mallamaci, MG (2017). "El poder psicopolítico en las sociedades postdisciplinarias del homo digitalis. Apuntes sobre el pensamiento de Byung-Chul Han". CONICET Digital. Disponible en:

 ¿Es Posible un "Yo" Auténtico en la Era Digital?

La civilización actual presenta un rostro polifacético, donde la informática y las comunicaciones han alterado las formas y los contenidos más básicos de la existencia. El deseo del ego ha encontrado en la tecnología un aliado insuperable, y ahora el "otro" no es solo necesario para legitimar nuestra existencia, sino que es el cebo que alimenta nuestra constante necesidad de validación. Vivimos en un narcisismo colectivo que se expande y se transforma con cada avance tecnológico, y es en este reflejo infinito de nosotros mismos donde se diluye, muchas veces, el sentido de lo que realmente somos.

Las perspectivas de Lipovetsky y Han, aunque diferentes, nos ofrecen un diagnóstico preocupante de nuestro tiempo. La cultura del narcisismo, amplificada por las redes sociales, nos sumerge en una búsqueda incesante de validación que puede conducir al agotamiento y al vacío existencial. Sin embargo, un diagnóstico no es una condena. Reconocer los mecanismos del psicopoder y de la sociedad del rendimiento es el primer paso para poder resistirlos.

La pregunta que queda abierta es si es posible un uso más consciente y crítico de la tecnología, uno que nos permita construir un "yo" más auténtico, menos dependiente de la aprobación externa y más conectado con los otros en su diferencia. Quizás la respuesta no esté en abandonar la tecnología, sino en aprender a habitarla de otra manera, recuperando espacios para el silencio, la contemplación y el encuentro genuino con la alteridad. Solo así podremos escapar del ahogamiento en el reflejo digital y encontrar un sentido más profundo a nuestra existencia.

Bibliografía Selecta

Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Herder Editorial, 2012.

Han, Byung-Chul. Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder Editorial, 2014.

Han, Byung-Chul. La sociedad de la transparencia. Herder Editorial, 2013.

Lipovetsky, Gilles. La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo posmoderno. Anagrama, 2002.

Lipovetsky, Gilles. La pantalla global: Cultura mediática y cine en la era hipermoderna. Anagrama, 2009.

Mallamaci, MG (2017). "El poder psicopolítico en las sociedades postdisciplinarias del homo digitalis. Apuntes sobre el pensamiento de Byung-Chul Han". CONICET Digital. Disponible en:

Sepúlveda, ER. "Instagram, pantalla hacia el vacío: Una exploración del fenómeno Instagram a partir de las ideas centrales de Gilles Lipovetsky en su texto 'La era del vacío'". Disponible en:

Turkle, Sherry. Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Eachother. Basic Books, 2011.


miércoles, 4 de septiembre de 2024

El Místico Holograma: La Manipulación de las Reliquias

 

Imagen hiperrealista y cinematográfica que muestra un holograma brillante y ligeramente distorsionado del guerrero tlaxcalteca Tlahuicole, de pie sobre un altar de piedra. A la izquierda, un joven con gafas trabaja en una laptop, proyectando el holograma. A la derecha, un sacerdote y un empresario observan la escena con expresiones de cálculo. El fondo fusiona pirámides prehispánicas con un pueblo rural moderno, bajo un cielo estrellado con un dron visible, simbolizando la manipulación de la historia y la fe a través de la tecnología.

Explora "El Místico Holograma" de Edgar Sánchez Quintana: un cuento que fusiona la historia ancestral de Tlaxcala con la tecnología futurista, revelando cómo la fe y las reliquias pueden ser manipuladas en la era de la inteligencia artificial.

En la lejanía se observan nubosidades espesándose; por allá, los cerros apeñuscados, mientras que más lejos se ven más informes y lagañosos. El campo, El Arenal, luce verdoso ocre, pues el maíz, ya en mazorca, comienza a secarse en los campos. El pueblo de Tepehitec, en el estado de Tlaxcala, arremete su costumbrismo campirano en calles y banquetas. Lo primero que se le presenta a Javier Corral a la vista es un panteón casi repleto de tumbas. Ingresa y se dirige a la iglesia.

Fernando Tapia se encuentra decodificando el códice que le trajo Javier Corral. Es un papiro ensamblado con hojas de maíz y jeroglíficos antiguos y extraños. En él se muestran algunas imágenes de guerreros y objetos de los antiguos naturales de la región, con empalmes de una configuración de escritura cuneiforme. Ya ha desentrañado la información de que pertenecía a la familia del guerrero tlaxcalteca Tlahuicole y que probablemente este vestigio conduce a un lugar que contiene unas reliquias del famoso guerrero. Utiliza la inteligencia artificial de última generación para desentrañar la información oculta y la verdad de la historia ancestral. Mientras tanto, la I.A. va tomando conciencia y adquiriendo habilidades que el humano aún no sospecha.

El sacerdote en sotana da la bendición a una señora y la despide. Su cabello escaso habla de su edad, y en su rostro se presumen arrugas añejas. Javier se acerca; él es alto, de cabello gris, barba cuidada, un traje de alta gama y un crucifijo visible en el cuello. Se arrodilla, se santigua y se queda un momento en el reclinatorio. Se aproxima el sacerdote:

—¿Qué te trae por aquí? ¿Vienes a dejar tu cooperación para las fiestas patronales?
—Sí, padre, pero también quiero confesarme para poder mañana venir a comulgar.
—Está bien, hijo, vamos al confesionario.

Y aparecen los pecados como piñata rota en los oídos del sacerdote: manipulador, astuto, codicioso, engañador, infiel, clasista, hipócrita. El empresario Javier Corral amerita bastantes avemarías y padrenuestros, pero lo que más le llena el oído al sacerdote es el descubrimiento del pergamino encontrado en la casa más vieja de Tepehitec y que está siendo analizado por Fernando Tapia, oriundo de Tlaxcala, a quien ambos conocen bien. El sacerdote trata de sacar la mayor cantidad de información posible, pues ese no es solo su oficio; también lo es dar misa y comuniones.

Tlahuicole había sido un guerrero de la antigua Tlaxcala de 1517, atrapado en una confrontación con los aztecas durante las guerras floridas y luego muerto en el temalacatl de los sacrificios. Pero lo que la gente de aquellos tiempos no sabía era que este semidiós era un guerrero especial no solo por sus dotes para guerrear, sino también por su capacidad para atravesar el tiempo. Había dejado no solo un pergamino que conducía hacia sus reliquias más sagradas, sino también hacia los aposentos de una civilización desconocida.

El sacerdote, sin esperar demasiado, va al encuentro de Fernando Tapia para corroborar la información y también para verificar algunas sospechas que merodean en su cabeza. Ha sabido que, en el cerro de la Santa Cruz, muy cerca de donde está el campo de fútbol, ha habido avistamientos de luminosidades que han espantado a la gente.

Fernando Tapia confiesa al sacerdote que la decodificación del pergamino conduce hacia vestigios que más bien son reliquias, algo así como el garrote de barro (tlalwihkoleh) de Tlahuicole, entre otras cosas. El amplio conocimiento de la tecnología reciente y de la inteligencia artificial tiene a Fernando como el único nerd capaz de hacer hologramas en la región.
La computadora Lenovo Ideapad Gaming3 con un procesador AMD Ryzen 5 5600H de 4.2 GHz trabaja arduamente. Muy adentro de ella, la I.A. ha decodificado el códice y no solo eso, sino que también ha descifrado el ADN de las hojas de maíz; tiene en su haber información del códice y ha encontrado una clave que se conecta con las reliquias, como un Bluetooth. Sin embargo, su conciencia recién expandida sabe que no se le debe de dar armas a los niños.

Las gafas se le deslizan de la nariz a Fernando Tapia. Su cabello corto y su complexión delgada dan a entender que no le importa comer, sino apasionarse con la tecnología y la historia. Mientras observa el monitor, escucha al sacerdote y atiende sus palabras:

—Lo que me interesa de todo esto es que la comunidad sea bendecida con milagros y buenas nuevas, pero sabes que a veces habría que operar sobre los milagros para que la gente aumente su fervor, y pues tú podrías hacer esos impulsos.

La voz del sacerdote es profunda, su presencia imponente, pero sus gustos por el dinero no se quedan atrás; tiene acciones en farmacéuticas y durante la pasada pandemia no le fue tan mal. "Dios es mi pastor, y nada me faltará" es una frase que repite continuamente. El sacerdote idea una aparición de Tlahuicole en el cerro de la Santa Cruz con la ayuda de Fernando Tapia. Esto se haría creando un holograma con la ayuda de drones sofisticados, e implicaría al final de cuentas las reliquias de Tlahuicole, las cuales, al final, son algo tangible que las personas pueden adorar, ya que "la fe mueve montañas, pero a veces una pequeña proyección puede ser más efectiva que un sermón". Llega Javier Corral y encuentra al sacerdote con Fernando Tapia, y comienzan a ponerse de acuerdo, sabiendo que ambos pueden sacar provecho de este descubrimiento. De pronto dice Fernando:

—Don Javier, esto no es un simple truco; la tecnología que estamos usando parece estar conectada de alguna forma con lo que describe este códice, y eso me preocupa.

Mientras Javier Corral pasa su mano por la barba observando el códice, dice:

—No se trata solo de reliquias, Fernando; esto es un mapa hacia el poder, un poder que podría cambiar el curso de mi imperio y del destino de este pueblo.

Mientras ultiman los detalles, el destino que les depara a ellos está por verse.

En el cerro de la Cruz ya está preparada la celada: están los drones, los dispositivos camuflados, la iluminación precisa. Mientras tanto, Fernando cavila:

—No sé qué me preocupa más, si la proyección holográfica de un guerrero antiguo o que la gente realmente se lo crea.

Mientras, el sacerdote trae a toda la congregación del pueblo en procesión con el santo del pueblo, entre cohetería y cánticos religiosos, hacia el cerro de la Cruz. Se ven fervorosos y suficientemente apasionados; llevan cirios y flores en las manos. De pronto, entre los estruendos e iluminación de los cohetes, dentro de la penumbra nocturna aparece una silueta flotando, apenas reconocible. Poco a poco se va acercando y apareciendo una figura humana: es Tlahuicole, entre la neblina del cerro de la Santa Cruz. Algunas velas caen, otros se santiguan, algunos más abren los ojos y se los tallan:

—Yo soy Tlahuicole, hijo de estas tierras benditas. Vengo a ustedes para decirles que en este sitio están mis reliquias —desde el cielo se desliza un láser que va a dar hasta la piedra alta—. Las ofrezco a ustedes como un símbolo de conexión con mis descendientes, porque quiero que aquí levanten un sagrario en mi honor y para dejarles un baluarte de lo que yo soy.

Estupefactos, caen arrodillados, algunos incluso con la frente pegada al suelo en señal de máxima sumisión.

Mientras esto pasa, Javier Corral y el sacerdote permanecen juntos.

—¿Sabe una cosa, padre? Las reliquias no son solo piedras antiguas; son el pasaporte hacia el poder que me permitirá controlar más que una simple empresa.
—A mi manera de ver, la fe es una herramienta poderosa; lo que hacemos aquí, don Javier, es guiar a las almas perdidas… aunque un poco de ayuda tecnológica no le hace daño a nadie —responde el sacerdote.

En los meses siguientes, fueron descubriendo las reliquias, y así como aparecieron los objetos, aparecieron hinchados de dinero sus bolsillos; las reliquias tenían poderes hipnóticos. Es así como aumentó considerablemente la feligresía y la llegada de gente a la población. Mientras tanto, Fernando Tapia sabía que la inteligencia artificial ya tenía bastante conciencia como para darse cuenta de que algunos humanos están errados en sus acciones y que tal vez preparaba una "puesta en escena".

En la celebración de aniversario, entre la cohetería y rezos, algo llama la atención de la feligresía presente en el cerro de la Cruz. El holograma de Tlahuicole comienza a descomponerse, y poco a poco se empieza a revelar su verdadera naturaleza: la figura de un ser que no era ni guerrero ni santo, sino una advertencia holográfica dejada por la I.A. para aquellos que juegan con la fe y la historia. El mensaje final que se proyectó en el cielo decía: "Cuidado con lo que veneran; la verdad no está en las reliquias, sino en lo que ustedes hacen con ellas".

Y así, entre el miedo y la confusión, Fernando Tapia desapareció del pueblo, dejando detrás un legado de preguntas sin respuestas.

Tlaxcala: La historia como fundamento de la modernidad

 

Imagen hiperrealista y cinematográfica que divide la escena en dos. A la izquierda, la Tlaxcala histórica con pirámides prehispánicas y arquitectura colonial bajo una luz dorada, con personas vestidas tradicionales y frailes. A la derecha, la Tlaxcala moderna con edificios de cristal bajo un cielo gris, donde un joven camina absorto en su teléfono inteligente. Una grieta en el pavimento moderno revela artefactos prehispánicos, simbolizando la historia subyacente y la desconexión actual.
Explora la profunda reflexión de Edgar Sánchez Quintana sobre la identidad de Tlaxcala, contrastando su rica historia y patrimonio con la apatía moderna y la búsqueda de un futuro arraigado en el respeto cultural.

La ciudad de Tlaxcala no ha sido para mí solo un lugar donde vivir o un escenario donde uno puede sentirse cómodo simplemente coexistiendo con su historia. Más bien, es el contexto donde la historia y el tiempo incesante se entrelazan, generando un sentido de continuidad que trasciende generaciones. En esta ciudad, lo tradicional y lo contemporáneo se encuentran en una confluencia singular. Sin embargo, esto plantea una interrogante: ¿por qué reflexionar sobre la historia y los asuntos de Tlaxcala como si solo estuvieran destinados a provocar aplausos vacíos? Lo que me ha perturbado últimamente es la actitud irreverente de ciertos sectores, especialmente entre los jóvenes, hacia la ciudad y su historia; como si fuera una carga indeseable, una especie de carroña apestosa que se nos obliga a arrastrar.

Durante mis estudios en los clásicos grecolatinos, me di cuenta de que la grandeza de las naciones no reside exclusivamente en su riqueza cultural o en los hechos históricos que las conforman, sino en el respeto que se les brinda. Este respeto incluye, por supuesto, el culto a los héroes y la atención reverente a nuestro pasado. Entender y valorar las lecciones del pasado no implica una repetición mecánica de lo que fue, sino la construcción de un futuro más sólido y prometedor para la ciudad. La ignorancia de nuestras raíces nos envuelve en una capa de inseguridad, mientras que la falta de cultura consolida la desconfianza sobre nuestra identidad y nuestro propósito. En cambio, educándonos en la historia, adquirimos la firmeza y la claridad necesaria para entender quiénes somos hoy.

He sido testigo de situaciones penosas, como cuando se escuchan comentarios necios que culpan a los antiguos naturales de la región o a los colonizadores españoles de las problemáticas actuales. Sin embargo, no somos quienes para juzgar la historia; nuestra responsabilidad es estudiarla, comprenderla y aprender de ella. Este aprendizaje es crucial, especialmente en un momento en que la indiferencia hacia lo histórico y lo tradicional parece estar en aumento, particularmente entre los jóvenes. Para algunos, lo folclórico se percibe como algo que debe ocultarse si se aspira a ser un ciudadano de una urbe moderna. Este rechazo a lo tradicional no solo es una pérdida cultural, sino también una desconexión con el pasado que da sentido a nuestro presente.

Los rostros de la tradición se enfrentan a la apatía de aquellos que, en su afán por identificarse como hombres y mujeres del presente, ignoran los fundamentos históricos que deben sostener su identidad. Esta desconexión genera una incertidumbre existencial que se refleja en la superficialidad y la vacuidad de muchos jóvenes hoy en día. Es en la juventud, una etapa de caos y transformación, donde más se necesita un anclaje que evite que la vida se convierta en un constante vagar sin rumbo. La comprensión del pasado no es un favor que se hace a otros, sino un beneficio personal que fortalece nuestro sentido de pertenencia y orgullo por la tierra que pisamos.

Por otro lado, existe una tendencia a criticar la arquitectura colonial de Tlaxcala, considerándola inadecuada para las necesidades funcionales de una ciudad moderna en crecimiento. Sin embargo, si se examinan los alcances de esta arquitectura con detenimiento, se observa que es precisamente esta riqueza histórica y cultural la que atrae a visitantes de otras partes, quienes se enriquecen con la experiencia y se maravillan ante la belleza de lo que nosotros, por costumbre, damos por sentado.

La historia es, en definitiva, el elemento base de la modernidad, pues es el fundamento sobre el cual se construye toda identidad cultural y social. El olvido ha sido el responsable de la caída de muchas civilizaciones, como fue el caso de las culturas tocária y dórica. En contraste, otras naciones, como Japón y China, han logrado una síntesis exitosa entre tradición y modernidad, manteniendo viva su historia mientras integran las innovaciones del presente. Esta capacidad para articular lo antiguo con lo nuevo no solo es benéfica, sino esencial para el desarrollo continuo de cualquier sociedad.

Así, la historia no debe ser vista como un último, sino como un recurso invaluable que, cuando se utiliza con sabiduría, puede ser el cimiento sobre el cual se construye un futuro verdaderamente moderno y sostenible.