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domingo, 27 de octubre de 2024

El Eco de la Picota

 

Imagen hiperrealista y cinematográfica que contrasta la Tlaxcala de 1525 con la de 2025. A la izquierda, Coyolxauhqui María atada a una picota. A la derecha, la misma picota integrada en un Oxxo moderno durante una conmemoración política. Una figura etérea de Claudia "la Brillante" libera el espíritu de Coyolxauhqui María, que asciende al cielo.

Explora "El Eco de la Picota", un relato de Edgar Sánchez Quintana que entrelaza la historia colonial de Tlaxcala con la modernidad, la corrupción y la liberación mística de un espíritu ancestral.


 Conmemoración y resistencia de una tierra ancestral

El Espectro en la Picota

La luz del sol comenzaba a despuntar en el horizonte de Tlaxcala en el año de 1525, apenas alcanzando los recios murales de adobe que resguardaban la imponente casona donde vivían Andrés Tapia e Imelda de Zúñiga. Él, comandante de Hernán Cortés y cacique autoproclamado, portaba una severidad que le torcía el gesto y un odio creciente hacia aquellos a quienes dominaba. Ella, Imelda, heredera de la nobleza castellana, estaba más atada al fervor católico que a las sonrisas, envolviendo con su racismo las tareas del hogar, donde mandaba sin piedad. En esa tierra remota y misteriosa, los valores europeos se imponían con rigidez sobre la cultura tlaxcalteca, como el peso de una cruz de hierro en la frágil corteza de una flor.

Entre las personas que transitaban silenciosas por aquella casona, estaba Coyolxauhqui María, una mujer nativa de Ocotelulco, cuya mirada podía cautivar al más hosco y cuya resistencia inquietaba a la señora Imelda. Vestía en ayates, y sus pasos eran suaves, casi silenciosos. Pero a los ojos de Imelda, aquello era inaceptable: Coyolxauhqui María debía llevar cascabeles en los tobillos, pues su etéreo movimiento la hacía “invisible” en la casa, y la señora sospechaba que esa india taimada podía ocultar intenciones desleales. Sin embargo, Coyolxauhqui María se resistía, pues sus pasos eran un eco de los aires que bajaban del Matlalcueye: serenos, llenos de dignidad.

Imelda, furiosa, ordenó que Coyolxauhqui María fuera llevada a la picota en el centro de la ciudad y amarrada de las muñecas en castigo por su rebeldía. Durante días, su cuerpo fue una figura doliente y solemne a la vista de todos, con el rostro levantado al cielo y la piel quemada por el sol. El comandante Andrés Tapia y su esposa la miraban con indiferencia, mientras su hijo Alfonso Junior, quien sentía un enamoramiento inconfesable por aquella india obstinada, observaba desde la sombra. Finalmente, Coyolxauhqui María sucumbió; En la picota, su vida terminó, pero su espíritu quedó atado a la piedra de sacrificios, transformado en un lamento eterno que esperaba justicia.

El Oxxo y la Conmemoración

Quinientos años después, en 2025, el parque de Tlaxcala vibraba con una conmemoración grandiosa. Un estrado se levantaba en el centro, rodeado de luces y adornos. La picota, antaño altar de castigos, ahora era una pieza de decoración arquitectónica incrustada en la pared del Oxxo del parque, donde los clientes entraban y salían con sus bolsas de compras, ajenos a la piedra ancestral. Alrededor del estrado, banderas ondeaban al ritmo de los discursos grandilocuentes.

Roberto Sánchez, exgobernador, presenciaba el evento con una mirada de satisfacción. Su esposa, Carmen Contreras, miembro fervoroso de la congregación del Divino Redentor, sonreía desde su asiento, enmarcando con hipocresía su devoción y orgullo. A su lado, Roberto Junior, su hijo y candidato a la próxima gubernatura, esperaba su turno para tomar el micrófono. Llevaba un traje impecable, el cabello peinado a la perfección, y los ojos brillaban con el mismo deseo de poder de su padre. Cuando por fin le cedieron la palabra, su voz resonó firme, como una sombra del pasado.

—Tlaxcala fue fundada hace quinientos años, en un acto de civilización que nos trajo la luz de la fe y la cultura —proclamó Roberto Junior—. Nuestros ancestros europeos nos enseñaron a ser una sociedad unida, nos trajeron la cultura y los valores que aún hoy nos fortalecen.

Desde la última fila, Eduardo Velazco observaba. Intelectual y vidente, se encontraba en aquel lugar no solo como espectador, sino como observador de múltiples dimensiones. Sentía el peso de los siglos palpitar en aquel sitio; la picota, testigo de atrocidades, emitía una vibración apenas perceptible, como un grito ahogado. Y en un parpadeo, Eduardo distinguió una figura espectral: era Coyolxauhqui María, amarrada a la piedra, atrapada en un ciclo eterno de sumisión. Su rostro expresaba un ruego antiguo, una súplica que parecía dirigirse tanto al cielo como a sus torturadores, en espera de que alguien escuchara su clamor.

Coyolxauhqui María, a través de su voz etérea, elevó un monólogo de súplica. Sus palabras eran un lamento dolido, un ruego ancestral a los dioses del pasado:

—¡Madre Coatlicue, tú que engendraste a los dioses, apiádate de esta hija tuya! Libérame de estas ataduras, rompe los lazos que me aprisionan a los gritos de dolor y a los crímenes de los hombres de España.

Entonces, entre las nubes, una figura descendió. Era Claudia “la Brillante”, envuelta en un resplandor celestial, radiante como Coatlicue, la madre protectora. En una mano llevaba una espada azulada, en la otra un báculo reluciente. Claudia se acercó a la picota y, con un movimiento certero, cortó las ataduras que sujetaban a Coyolxauhqui María, liberando su espíritu. Justo en ese momento, un cortocircuito apagó todas las luces del parque y el Oxxo, y la multitud quedó sumida en una penumbra inquietante.

Eduardo contemplaba la escena con reverencia. Observó cómo el espectro de Coyolxauhqui María ascendía, liberado al fin de su castigo ancestral, y cómo su espíritu se elevaba con una libertad reconquistada. En el estrado, mientras tanto, Roberto Junior continuaba con su discurso, aparentemente ajeno al misticismo que acababa de desatarse:

—Gracias a la Conquista y a la fusión de nuestras culturas, hoy somos una nación fuerte. Los valores europeos trajeron la civilización a esta tierra, la paz y la fe.



Pero las palabras de Roberto Junior flotaban huecas, carentes de sentido verdadero. Eduardo sabía que aquella conmemoración era un teatro montado para satisfacer el ego de una élite egoísta y oportunista. Mientras Roberto exultaba los beneficios de una “civilización” impuesta, Eduardo comprendía que aquellos valores de la Tlaxcala originaria aún permanecían vivos, no en los discursos pomposos, sino en el recuerdo de almas como Coyolxauhqui María, en su dignidad silenciada y en la libertad que, finalmente, había alcanzado.

La ceremonia continuó, pero para Eduardo, el verdadero acto de conmemoración ya había ocurrido: la liberación del espíritu de Coyolxauhqui María. Sabía que ningún discurso oficial podía borrar el dolor de aquellos siglos, ni el grito silencioso de quienes murieron en la picota o fueron sometidos. La tierra de Tlaxcala, bendecida y sacudida, acogía en su memoria el paso de los siglos.

Y allí, en el parque, la picota brillaba tenue, con un nuevo sentido de redención, observando ahora desde la sombra, como un símbolo mudo que recordaba la fuerza y ​​la resistencia de un pueblo que jamás dejó de ser libre en su espíritu.

 

viernes, 25 de octubre de 2024

Tlaxcala, más allá de la colonia: hacia una conmemoración de sus raíces originarias



Imagen hiperrealista y cinematográfica de cuatro líderes tlaxcaltecas (guerreros águila y jaguar) de pie, dignos y poderosos, sobre un paisaje fértil con pirámides ancestrales. Detrás de ellos, una estructura colonial europea se desmorona, simbolizando la trascendencia de la narrativa colonial. La escena está bañada por una luz dorada, evocando fuerza, soberanía y la recuperación de la identidad cultural.

Descubre la verdadera historia de Tlaxcala más allá de la colonia. Edgar Sánchez Quintana nos invita a una conmemoración que rescata las raíces originarias, la soberanía y la resistencia cultural de los antiguos señoríos.

·         Contexto histórico y perspectiva colonial


Me propongo en este ensayo posicionar mi pensar en cuanto a un evento histórico relevante, que es la conmemoración de los 500 años de la fundación de Tlaxcala, a mi manera de entender la celebración de los quinientos años de la fundación de Tlaxcala debe trascender el marco colonial y explorar los valores y estructuras sociales de los antiguos señoríos que formaron una civilización organizada y avanzada antes de la llegada de los españoles. Es crucial, en la reconstrucción de la identidad tlaxcalteca contemporánea, resalte estos valores ancestrales y evite que la conmemoración se convierta en un escenario de intereses políticos superficiales o gastos innecesarios que desvirtúen el reconocimiento genuino de una historia mucho más profunda y compleja.

En la palestra ponemos los valores, de aquellos naturales de antes de la llegada de los españoles como seres aglutinados en valores como la libertad, la autonomía, la resistencia cultural, una sociedad orgullosa de sí misma. Por razones bien formadas los antiguos ancestros de Tlaxcala tenían por territorio esta zona y la llamaban republica conformada por los cuatro señoríos: Tepeticpac[1], Ocotelulco, Tizatán, y Quiahuiztlan, en ellos se demuestra que tenían una república confederada con características bien definidas, mostrando un modelo de organización política, económica y militar autónoma.

Las rivalidades entre los mexicas y tlaxcaltecas se fueron acrecentando debido al ámbito económico, puesto que su sitio en la región era paso para mercancías que venían tanto del norte como del sur, así como de ambos mares, y su amplia estructura social permitía tener correspondencia con distintas tribus y regiones de la comarca, su panteón de dioses le venía bien, cohaticue, camaxtli, texcaltipoca, que si bien no eran dioses sino divinidades y no exclusivas sino que algunos otros pueblos las fueron adoptando como divinidades propias.

·         Valores de los señoríos tlaxcaltecas

Un sociedad que se acrecienta con el tiempo se vuelve compleja , se especializa y jerarquiza para conformar una sociedad, con tradiciones, sistemas legales y estructuras jerárquicas[2]  no hace otra cosa más que enriquecer su entorno y ser envidiado por otros, como lo serían los mexicas y los cholultecas, había un odio de los tlaxcaltecas hacia los mexicas, pero primordialmente por sus principios fundacionales, los cuatro señoríos, eran una república confederada independiente y no se avasallaba ante ningún señor[3], o dios y el imperio Mexica era un gobierno expansionista y avasallador, esto respondían los principales y cito:

(Diego, 1999)§ 154. “A lo cual respondieron los embajadores de Tlaxcalla: “Señores muy poderosos, Tlaxcalla no os debe vasallaje, ni desde que salieron de las Siete Cuevas, jamás reconocieron con tributo ni pecho a ningún rey ni príncipe del mundo, porque siempre han conservado su libertad; y como no acostumbrados a ésto, no te querrán obedecer, porque antes morirán que tal cosa como ésta consentir”Tlaxcala sólo defendía su territorio, lo protegía de intromisiones de otras regiones.

 

·         Comparativa con otras civilizaciones

La bravía que tenían los tlaxcaltecas guerreros y su indomabilidad les hizo ganarse bastante respeto, la idiosincrasia  del guerrero y sus tradiciones dificultosas para llegar a serlo, un guerrero águila o un guerrero jaguar era una marca de prestigio y respeto, había una serie de  etapas a superar que estaban concomitantemente entrelazadas con el carácter que debían de tener así como la ligadura que esto conllevaba con la religión, el honor en combate y el compromiso con los dioses de la guerra como Huitzilopochtli, viene a bien recordar los guerreros, espartanos ya que estos  eran famosos en su tiempo por tener una disciplina rígida y su rechazo a cualquier forma de debilidad; su carácter estaba forjado en un ambiente de autosuficiencia extrema donde la valentía en la batalla era lo más valorado, aceptar la muerte por la defensa de Esparta era el mayor honor, y la cobardía era considerada una deshonra insuperable, lo mismo podríamos decir de los hoplitas griegos cuyos valores estaban en conformarse como una unidad en falange y su disciplina fuerte era tal que desaparecía el individuo y el entrenamiento los hacía fuertes con los más altos ideales de defender a la polis.

 

Estos ejemplos traigo a colación para poner en igualdad a los guerreros tlaxcaltecas, los espartanos no eran mejores que los tlaxcaltecas y lo mismo que los hoplitas griegos no eran mejores que los tlaxcaltecas, más bien ha de verse como una síntesis de valores de ambos en sus distintas civilizaciones, ha de ser que en veces la ignorancia aturde, pero sabiendo se entenderá las razones del porque el imperio azteca les tenía en alta estima  y no arrasaba a ese pueblo tlaxcalteca por razones de respeto y porque de alguna manera Moctecuzoma sabía que eran los tlaxcaltecas descendientes de las mismas regiones y ramas de donde todos habían partido, es decir, de las siete cuevas y seguramente escuchaba la poesía y el arte de esas regiones.

En los tiempos previos a la llegada de los españoles los tlaxcaltecas desarrollaban una resistencia cultural, puesto que la hegemonía del imperio azteca diezmaba los hábitos y la idiosincrasia de las regiones aledañas; imaginemos a Estados Unidos de Norteamérica, con sus hamburguesas y hot-dogs en la actualidad, pues era así de manera ejemplificada,  debía de tener una identidad bien fundada y una sociedad orgullosa de su pasado y resiliente para sobrellevar el próximo futuro; incluso puedo asegurar que la identidad del pueblo tlaxcalteca nunca fue diezmada u opacada, ni aun cuando surgió la refriega moderna de la traición que le achacan o bien cuando hacen risa de que  “no existe”, eso, me da a entender a nivel simbólico que hay que demeritar y hacer menos para sentirnos más y así lograr pérdida de identidad.

La colaboración y unidad como valores primigenios sirvieron para cuando los españoles llegaron a este territorio, sólo fue luego de que convinieran entre ellos de que llegaran a este territorio, la manera como los españoles pudieran pisar esta tierra, no pudo haber sido de otra manera. Tlaxcala no era un fin para las intenciones de los españoles sino un medio para llegar al imperio mexica, la alianza que se formó fue para beneficio de ambos, las alianzas con otros pueblos de parte de los Tlaxcaltecas ya habían sido como las uniones con los texcocanos y otros no menos importantes. 

 

La identidad del pueblo tlaxcalteca como pueblo guerrero y feroz se transformó para mal a la llegada de los españoles, no es que estos tuvieran esa intención sino la mezcla de idiosincrasias trajo consigo demerito de virtudes de los naturales e imposición de razones europeas, que no entendían la cosmogonía y su organización social, de tal modo que los unos imponían sus maneras “europeas” de civilización ante un falto entendimiento de las tradiciones y culturas de los “salvajes” tlaxcaltecas, en este punto podemos considerar el pensamiento del antropólogo Claude Lévi-Straus en “Tristes trópicos” (1955)

“La civilización nunca es lo que dice ser: ella no escoge entre orden y caos, sino que establece arbitrariamente la distinción entre los suyos, a los que consideran ordenados, y los otros, a quienes clasifican como caóticos. Esta distinción, lejos de ser universal, es tan sólo una interpretación conveniente para quienes buscan justificar su hegemonía sobre lo diferente” (Tristes trópicos, 1955

Los tlaxcaltecas no encajaban dentro del pensamiento reduccionista de los “civilizados” españoles, los parámetros occidentales no permitían un encajamiento de entendimiento de una civilización Tlaxcalteca, ante esto habría que negarla, reducirla, diezmarla y encausarla por los caminos de una pedagogía civilizatoria; esto es particularmente relevante para los señoríos tlaxcaltecas, cuya organización política y social compleja, con una herencia cultural que muchas veces ha sido minimizada.

 

A mi entender, hemos de profundizar, así como lo habría estudiado Lévi-Straus todas las culturas tienen sus propias lógicas internas y formas de organización que deben ser entendidas en sus propios términos sin imponerles categorías externas, las civilizaciones mesoamericanas como la tlaxcalteca desarrollaron estructuras políticas y sociales que, aunque diferentes a las europeas no eran menos sofisticadas ni menos civilizadas.

 

Habremos de incluir en este ensayo para complementar las ideas, un antropólogo más que ejemplifica como las sociedades administran categorías de dominación, este antropólogo se llama Edward Said en su libro “Orientalismo” (1978)

 

“El orientalismo no es solo un campo académico de estudio, sino un discurso, una forma de poder que Occidente utiliza para dominar, reformular y administrar las culturas no europeas, presentándolas como irracionales, infantiles y salvajes” (Orientalismo, (1978)

 

Ya en líneas arriba habíamos descrito en comparativa como los guerreros tlaxcaltecas tenían semejanza con los guerreros espartanos y los hoplitas griegos entre otros para dar a entender que ante civilizaciones como la griega o los romanos otros eran los salvajes, no olvidemos como España fue dominada por “salvajes” moros que al final de cuentas dejaron en su territorio: cultura, vocablos, tradiciones y arquitectura árabe que se llega a ver en España y era, de aquellos “salvajes” que también cortaban cabezas y eran guerreros despiadados.

 

·         Valores rescatables

Afirmo que, los tlaxcaltecas, lejos de ser una sociedad primitiva, era  una república organizada con leyes, valores religiosos y estructuras sociales definidas y adelanto a decir que los valores aglutinadores de los cuatro señoríos antes de la llegada de los españoles son los valores a los que nos debemos  dirigir, es decir, la unidad puesto que ésta daba una conformación política entre los cuatro señoríos, la identidad[4] que nunca pudo ser diezmada por más adversarios he imperios que se hayan puesto enfrente, la soberanía que guerreros águila y jaguar protegían desde  los territorios fronterizos de la república y el otro valor era la legitimidad, Tlaxcala  no había dos, Tlaxcala era único, Tlaxcala era envidiado por los territorios vecinos, Tlaxcala sabía de donde había venido, Tlaxcala comandaba su propia política y no había quien le dijera que no, Tlaxcala era poesía y exportaba cultura, he allí la legitimidad y por qué propongo que estos valores fundacionales llegan hasta nuestros días como herederos nosotros de aquellos sin parangón de aquellos tiempos, estos valores reconstruyen nuestra actualidad, lo afianzan, lo cimientan, aportan carácter a lo que ahora debe llamarse como lo tlaxcalteca.

 

Ante esto, y explicado con abundante soltura, que podemos esperar ante una conmemoración de la “fundación”[5] de Tlaxcala luego de 500 años hacia acá. Ese periodo, estamos hablando de la colonia pues tendría que ser menos relevante si trata de ignorar las raíces profundas de la civilización tlaxcalteca, y tratando su historia desde una perspectiva de dominación colonial que sólo reconoce su valor desde la llegada de los españoles, es como decir el año cero, las civilizaciones dominantes indican: como se dice, como se hace, y que se venera; a lo mucho, podríamos pasar de largo, sin mirar, a ojos cerrados lo que fue el inicio de la colonia: abusos, atrocidades sobre los pueblos indígenas, masacres y ejecuciones indiscriminadas, esclavización, aparte de las atrocidades físicas y culturales que cometieron los colonizadores también fueron sometidos a diversas formas de opresión psicológica y simbólica, es decir a una deshumanización sistemática por ser “salvajes”. Para ellos era correcto y era su derecho esos abusos, además de que, esta actitud era alimentada por las idea racistas y teocéntricas que promovían la creencia de que los indígenas debían ser “civilizados” a través de la religión y la cultura europea y así despojarlos de su propia identidad.

Quien ha vivido en Tlaxcala sabe que en el centro de la ciudad existe una piedra en forma de monolito circular pegada a la construcción de un edificio en lo que antes era una panadería que se llamaba “la picota” en una esquina de lo que es el parque, ahora me parece que pusieron un Oxxo, cosa de lo más inoportuno, pues bien, esa piedra, tiene simbolismo y significado, las picotas servían como dispositivos de castigo y humillación pública. Esa piedra asomándose en el edificio muestra un artilugio de castigo traído como herencia directa de las practicas medievales europeas. Pero, si esa piedra hablara y pudiera describirnos los horrores, estaríamos espantados de pensar siquiera, que la colonia fue lo bueno y lo mejor para Tlaxcala[6]

 

A alturas de esta investigación, es oportuno, enfocarnos en reflexionar como la conmemoración de los quinientos años de la fundación de Tlaxcala (motivo por el cual realizo este ensayo) puede ser de muy buen ver para quienes no conocen la historia o bien no quieren reconocer que, en el pasado, los ancestros fueron pisoteados en su dignidad, y que en cosas del pasado (afirman algunos soberbios de casta) que no hay porque pedir perdón a los antiguos por tanta humillación; sino hay más bien que agradecerles que trajeron la civilización a esa bola de indios incultos. Es necesario voltear a ver y reconstruir los valores ancestrales de los antiguos señoríos, la unidad con la que contaban, su civilización organizada la identidad que les glorificaba ante sus enemigos, la soberanía que colmaba sus pechos y la legitimidad con la que protegían su ser y cosmogonía. Eso es lo que ha de ser de importancia, mas no un evento de escenario que sirva a otros intereses y sin sustento realmente histórico.

·         Reflexión final sobre la conmemoración y su relevancia.

Mi intento en este estudio sobre los antiguos naturales de Tlaxcala es que no se utilice a esas ancestrales figuras de antiguo, o bien a una fecha ignominiosa por donde se le quiera ver para usos superficiales, como un escenario de interés político o bien para poner en el estrado al apadrinado que queremos en reflectores para futuras votaciones o bien para gastos innecesarios que desvirtúen el reconocimiento genuino de una historia de Tlaxcala y sus valores, mucho más profunda y compleja, pero tan afortunadamente verdadera  que bien podría servir  de estandarte para que las generaciones presentes valoren e integren en su ser, valores y virtudes como la identidad, la unidad, el valor, la soberanía y legitimidad del pueblo tlaxcalteca de antiguo.

 

Concluyo reafirmando la importancia de celebrar los quinientos años no sólo como un hito colonial, sino como una oportunidad para recuperar el legado profundo de los antiguos tlaxcaltecas y evitar la banalización de la historia a través de intereses políticos frívolos, el reconocimiento de los valores ancestrales no sólo enriquece la identidad tlaxcalteca sino que proporciona también una base sólida para enfrentar los desafíos contemporáneos con la misma dignidad y unidad que caracterizó a los antiguos señoríos.

Una conmemoración verdaderamente respetuosa hacia Tlaxcala debería trascender la mera fecha de la fundación colonial y reconocer que esta tierra fue, durante siglos, una confederación de señoríos que mantuvo una identidad única y enorgullecedora. Reivindicar los valores de unidad, soberanía, identidad y legitimidad que caracterizaron a los antiguos tlaxcaltecas es, en última instancia, la manera de honrar la memoria y el espíritu de una civilización que, lejos de ser sometida, ha perdurado en el tiempo, defendiendo su Autonomía y su lugar en la historia.

Glosario de libros sobre el tema

“Visión de los vencidos” de Miguel León-Portilla

 Un clásico de la historiografía mexicana, este libro recopila testimonios indígenas sobre la conquista de México, mostrando la perspectiva de los pueblos vencidos. León-Portilla se basa en códices y crónicas de los indígenas para dar voz a su experiencia de la llegada de los españoles y el cambio drástico que siguió. Su enfoque en la resistencia y el dolor de la pérdida cultural conecta con el reconocimiento de Tlaxcala como una cultura autónoma.

 

“La conquista de México” de Hugh Thomas

 Esta obra monumental ofrece un análisis detallado de la conquista desde la llegada de los españoles hasta la caída de Tenochtitlán. Thomas examina a profundidad la relación entre los tlaxcaltecas y los conquistadores, explorando las alianzas, tensiones y las motivaciones de los actores indígenas en el contexto de la conquista. Es una referencia fundamental para entender la complejidad de estos intercambios.

 

“Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares” de Miguel León-Portilla

 Este libro explora la riqueza de la cosmovisión y valores de las culturas indígenas prehispánicas. León-Portilla recurre a textos en náhuatl para mostrar las tradiciones y creencias de estas sociedades. Es especialmente útil para entender la identidad y los valores de los tlaxcaltecas como parte de un contexto cultural más amplio y diverso.

 

“La invención de América” de Edmundo O'Gorman

 O'Gorman analiza cómo el descubrimiento de América fue un evento que redefinió la identidad y la visión de los europeos sobre el mundo y sobre los pueblos indígenas. Este libro es esencial para comprender el proceso de dominación cultural y cómo la percepción del indígena fue construida a través de una mirada colonizadora, lo que ilumina el tema de la identidad tlaxcalteca en la época colonial.

 

“El espejo enterrado” de Carlos Fuentes

 Con un enfoque literario y filosófico, Fuentes examina la historia de América Latina desde sus raíces precolombinas hasta el presente. Su análisis de la identidad, la cultura y la influencia de las civilizaciones indígenas en la cultura contemporánea es relevante para entender la importancia de rescatar la memoria histórica de Tlaxcala. Este texto invita a reflexionar sobre cómo las culturas prehispánicas siguen vivas en la identidad de las naciones actuales.

Bibliografía

  • Muñoz Camargo, Diego . Historia de Tlaxcala . Edición y traducción de Alfredo Chavero. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1981.
    • Este texto clásico ofrece una visión detallada sobre la historia de Tlaxcala, documentando su perspectiva cultural, política y religiosa, y es clave para estudiar la identidad tlaxcalteca en el contexto prehispánico y colonial.
  • Lévi-Strauss, Claude . Tristes Trópicos . Traducido por Enrique Pezzoni. México: Fondo de Cultura Económica, 1967.
    • Este libro es una reflexión profunda sobre la antropología y la cultura. Lévi-Strauss narra su viaje a Sudamérica y sus encuentros con diversas culturas indígenas, lo que lo lleva a desarrollar su teoría estructuralista. Su perspectiva ayuda a comprender los valores culturales indígenas como elementos complejos e interconectados.
  • Tylor, Edward B. La cultura primitiva: investigaciones sobre el desarrollo de la mitología, la filosofía, la religión, el arte y las costumbres . Londres: John Murray, 1871.
    • Tylor es uno de los padres de la antropología moderna, y su obra es fundamental para entender el concepto de cultura y religión en las sociedades antiguas y en desarrollo. Este texto introduce el concepto de “cultura” como un sistema complejo, abriendo el camino para los estudios de la identidad y el simbolismo cultural de sociedades como la tlaxcalteca.

 



[1]

§ 128. Principio y origen del señorío y reino de Tlaxcala y de los primeros fundadores. La primera fundación fue la cabecera de Tepeticpac, la cual fundó y pobló el único señor y rey llamado Culhua Quanez, que fue el primer señor de los teochichimecas que quiere tanto decir como divinos teochichimecas texcaltecas, venidos de las partes del poniente en cuanto a nuestro centro, de muy lejanas partes desde las Siete Cuevas, pasando grandes desiertos y montañas, ciénegas y ríos y otros trabajos y peregrinaciones.

 

[2]

“142. De cada casa de éstas y cabecera, procedían otros muchos tecuhtles mayorazgos, que quiere decir caballeros y señores, y otras casas que llaman pilcales, que es como decir casas solariegas de principales hombres hidalgos, en lo cual se tenía particular cuenta, porque los descendientes [F. 48 v.] de éstos son estimados por hombres calificados.”

 

[3]

§ 145. Y ansí poblada la muy insigne y no menos que leal provincia de Tlaxcalla, tuvieron paz y concordia con todas las provincias comarcanas grandes tiempos (…), porque iban a contratar a todas partes, de una mar a otra, de la del sur a la del norte, y de levante y poniente… finalmente, de estas tierras traían oro, cacao, algodón y ropa, miel y cera, plumería de papagayos y otras riquezas que mucho estimaban. § 146. En tanta manera, que vino a ser el reino de Tlaxcalla uno de los mayores reinos que hubo en estas partes del Nuevo Mundo, gobernado por los cuatro señores de las cuatro cabeceras…

 

[4] La identidad o la identidad de lo tlaxcalteca fue trabajada por un pintor muralista en Tlaxcala, este autor le llamaba la “tlaxcaltequidad” él como cronista de Tlaxcala reafirmaba estos valores en la actualidad. Este autor se llamaba Desiderio Hernández Xochitiotzin.

[5] La fundación de Tlaxcala se da debido al rey español Felipe II quien otorgó el título de “ciudad de Tlaxcala” en 1535. La distinción fue significativa, ya que permitió a Tlaxcala conservar cierto grado de autonomía y privilegios, como el derecho a mantener un cabildo indígena. Este reconocimiento también reflejaba la importancia estratégica de Tlaxcala en la Nueva España, tanto desde el punto de vista estratégico, como económico

 

[6] Las **picotas** fueron dispositivos de castigo y humillación pública utilizados durante la época colonial en América, herencia directa de las prácticas penales medievales europeas. Eran postes altos o columnas de piedra o madera, situados en plazas públicas, donde se exponía a los condenados por diversos delitos para que sirvieran de ejemplo y escarmiento ante la población. ### Uso y función de las picotas 1. **Castigo corporal y exhibición pública**: Los criminales eran atados a la picota para ser azotados o sometidos a diferentes formas de tortura física, como el látigo o la mutilación, en frente de la comunidad. Las picotas estaban a menudo situadas en lugares visibles, como el centro de la plaza principal o en mercados, para maximizar la exposición del castigo. Este método de exhibición reforzaba el poder de la autoridad colonial y el orden social, al mismo tiempo que servía como para advertir a aquellos que pudieran pensar en transgredir la ley.

jueves, 26 de septiembre de 2024

El rey y la soberana


Imagen hiperrealista y cinematográfica que contrasta dos escenas. A la izquierda, el Rey Felipe VI, con expresión arrogante, sentado en un trono dorado en un palacio europeo. A la derecha, Claudia, la Soberana, en un entorno luminoso y natural, con la Virgen de Guadalupe y Odaltec, el emisario alienígena. En el centro, un águila dorada corta un cordón umbilical con tijeras brillantes, simbolizando la liberación de resentimientos pasados.

Descubre "El Rey y la Soberana", un cuento de Edgar Sánchez Quintana que explora el choque entre la arrogancia monárquica y la soberanía espiritual de un pueblo, con la intervención mística de la Virgen de Guadalupe y un emisario de Sirio.

 El trono dorado de Felipe VI brillaba bajo la fría luz de la tarde europea, pero el hombre que lo ocupaba reflejaba toda la oscuridad de su linaje. En su mirada había algo más que arrogancia; Había la indiferencia de siglos de poder inquebrantable, la crueldad refinada de quien no necesita justificar sus acciones. En lo más profundo de sus venas corría la sangre de un rey que, por simple diversión, cazaba elefantes en África, pero más que sangre, lo que cargaba era el peso de una dinastía que jamás se disculparía por los pecados de sus ancestros. El rey sostenía una carta en su mano. Su contenido no le provocaba más que fastidio, como un mosquito al que bastaba aplastar.


Rey Felipe VI: —¡Pedir perdón! —Felipe arrojó la carta a un lado con desprecio—. ¿Quién se cree esta mujer? ¿Qué debo inclinarme ante su pueblo? ¡Yo soy un Borbón! Nunca nos disculpamos, mucho menos por las acciones de quienes ya ni siquiera están vivos. Las ofensas del pasado no son mi problema. El rey observó a uno de sus consejeros, quien permanecía en silencio, incómodo. — ¿No tienes nada que decir? —gruñó Felipe. —Su Majestad —comenzó el consejero, cuidando cada palabra—. Tal vez, podría ser… beneficioso… para la diplomacia con México, si… —¡Silencio! —lo interrumpió el rey con furia—. No voy a humillarme ante esa mujer ni ante ningún país inferior. Mi estirpe está por encima de eso.


Claudia en la Basílica: De rodillas frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe, Claudia sintió cómo el peso de siglos de injusticias se apilaba sobre sus hombros. Cerró los ojos, sintiendo la brisa que entraba por la Basílica. —Madre, ayúdame —susurró con un nudo en la garganta—. Mi pueblo está herido, y cada vez que tratamos de sanar, el pasado vuelve a abrir las cicatrices. No quiero una disculpa vacía; Quiero que mi gente pueda vivir sin rencor. La imagen de la Virgen comenzó a brillar suavemente, y una voz celestial resonó en su mente. —Hija mía —dijo la Virgen—, no necesitas la disculpa de los soberbios para liberar a tu pueblo. Hay fuerzas en este mundo y más allá que pueden ayudarte. Enviaré un emisario, uno que traerá lo que necesitas para curar las heridas del pasado. Claudia abrió los ojos, su fe renovada. Sabía que la ayuda estaba en el camino.

 

 Cuando Odaltec apareció ante Claudia, su figura alta y resplandeciente, con una calma insondable en sus ojos, ella no mostró miedo, solo esperanza. —Eres el emisario, ¿verdad? —preguntó Claudia, sin apartar la vista de sus ojos alienígenas. —Así es —respondió Odaltec—. Mi nombre es Odaltec, vengo de Sirio. La Virgen de Guadalupe me ha enviado para ayudarte. —Mi pueblo necesita sanar —dijo Claudia, con la voz firme—. Las injusticias del pasado siguen dividiendo nuestras almas. El rey Felipe no va a disculparse. No quiere entender que el perdón no es una humillación, sino un paso hacia la paz. Odaltec inclinó la cabeza, como si analizara cada palabra. —No puedes forzar el perdón en una mente que no está lista para recibirlo —dijo con serenidad—. Sin embargo, puedo recomendar una alternativa. Mi tecnología permite crear líneas de tiempo paralelas, realidades en las que se corrigen los errores sin cambiar el presente. Claudia lo miró con intensidad. — ¿Quieres decir que puedo llevar a mi pueblo a un lugar donde el rey sí haya pedido disculpas? —Exactamente. Crearé una línea de tiempo donde tu gente haya recibido la disculpa que necesita. Al regresar a esta realidad, no habrán olvidado sus heridas, pero habrán dejado de sentir resentimiento. —Hazlo —dijo Claudia con determinación—. Estoy lista para lo que sea necesario.

 

 La Ciudad de México en la nueva línea de tiempo brillaba con una luz diferente. Las calles, aunque llenas de vida, tenían un aire más sereno. Los rostros de los ciudadanos ya no muestran la preocupación cotidiana, sino una extraña paz, como si un peso invisible les hubiera sido quitado de los hombros. Los muros de la ciudad, pintados con murales, ahora eran reflejos de esperanza, no de lucha. Claudia observaba todo desde su balcón presidencial. El México de esta línea temporal había sanado. En este lugar, el rey había pronunciado las palabras que su pueblo necesitaba oír: "Lo siento". Pero al volver a la realidad, supo que el verdadero cambio había ocurrido en los corazones de su gente, no en el del rey.

 

  De vuelta en Europa, Claudia llegó al palacio del rey con un obsequio cuidadosamente preparado. Felipe la recibió con su habitual desdén, preguntándose qué absurda petición le haría esta vez. — ¿Qué es esto? —preguntó el rey, observando el escudo de oro. La figura de un águila devoraba lo que parecía ser un cordón umbilical de oro, cortado por unas pequeñas tijeras en la base. —Un regalo —dijo Claudia, su voz tranquila pero firme—. Representa la libertad de mi pueblo. El águila, que solía devorar a una serpiente, ahora corta el cordón que nos unía a los resentimientos del pasado. Las tijeras simbolizan el acto de cortar nuestras ataduras con el odio. El rey alzó una ceja, claramente confusa. Para él, el simbolismo carecía de importancia. —Interesante —dijo sin darle más relevancia. Pero Claudia sabía que el regalo no era para él, sino para su pueblo, un recordatorio de que habían cortado las cadenas del pasado. El rey seguiría en su trono, ignorante de lo que realmente había sucedido, pero México había logrado lo que él nunca comprendería: la verdadera libertad.

 

 

 

miércoles, 18 de septiembre de 2024

La Huella de Arreola: Innovación y Genialidad en la Cuentística Mexicana

 

Pintura hiperrealista que muestra a un hombre mayor (posiblemente Juan José Arreola en su madurez) y a un hombre joven (Arreola en su juventud) mirándose. Entre ellos, un árbol con raíces que abrazan libros abiertos, simbolizando el conocimiento y el paso del tiempo. En la parte superior izquierda, una cita de Hebbel: 'El que soy saluda con tristeza al que podía ser'. La escena evoca la reflexión sobre la vida, la literatura y la evolución personal.
Explora la maestría literaria de Juan José Arreola, su ingenio, ironía y profunda reflexión sobre la vida. Un homenaje a uno de los grandes cuentistas mexicanos que transformó la narrativa breve.

 “El que soy saluda con tristeza al que podía ser”
—HEBBEL

“El árbol que desarrolla todas sus hojas hasta la última, es un árbol agotado, un árbol donde la savia está vencida por su propia plenitud”
—Juan José Arreola


 

Orígenes y primeras influencias

Juan José Arreola nació el 21 de septiembre de 1918 "entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos" en Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, en el estado de Jalisco. Su nacimiento en este entorno rural marcaría el trasfondo de muchos de sus cuentos, aunque su influencia se expandirá mucho más allá de la provincia. Es recordado como un maestro de la palabra, un hombre que buscó con fervor la perfección del cuento breve. José Agustín, al describir su estilo, lo define como una "economía de palabras" que no se traduce en parquedad, sino en maestría, alcanzando una expresión bella, inteligente y profunda.

Arreola no solo heredó la tradición de la cuentística mexicana, sino que también la transformó. Aunque sus obras están impregnadas de su ambiente provincial, su innovador manejo de la ironía y el humor le otorgaron un lugar singular dentro de la literatura mexicana.

El vasto universo de influencias.

Las influencias literarias de Arreola son diversas, a incluir desde maestros locales hasta escritores de renombre mundial como Rilke, Proust, Kafka, Borges y Julio Torri, por mencionar algunos. Este bagaje le permitió construir una obra sólida que trascendió fronteras. Dentro de sus obras más destacadas están Confabulario (1952), Bestiario (1959), y su única novela La feria (1963), las cuales consolidaron su estilo y lo colocaron como un referente en la literatura contemporánea de México.

La obra de Arreola puede dividirse entre dos grandes vertientes: aquellos cuentos que retratan ambientes metafísicos y otros que capturan la esencia de la vida rural mexicana. Entre los cuentos que reflejan la influencia metafísica destacan "El lay de Aristóteles" y "El silencio de Dios", mientras que su conexión con la provincia se refleja en títulos como "El cuervo", "Hizo el bien mientras vivió" y "De memoria y olvido”. Entre los cuentos más antologados de Arreola están "El guardagujas", "Hizo el bien mientras vivió" y "Baby HP", que muestran la amplitud de su versatilidad narrativa.

Arreola: maestro de la palabra y la ironía

Arreola es un creador de la palabra, un verdadero hombre de lenguaje. Su dominio de la oralidad y su capacidad para seducir al público con su rica expresividad lo convirtieron en un disertador inigualable. Su influencia es perceptible no solo en el ámbito literario, sino también en la oratoria y la retórica mexicana. Ricardo Garibay, otro gran maestro de la palabra, es uno de los pocos que se le pueden comparar en términos de elocuencia y expresión dramática.

Uno de los rasgos que Arreola aportó a la cuentística mexicana contemporánea fue el elemento sarcástico y socarrón, que se convirtió en un sello distintivo de su obra. Aunque escritores como Julio Torri ya exploraban el humor y la ironía, fue Arreola quien perfeccionó el arte de burlarse de la condición humana y de nuestras propias limitaciones. Esta autocrítica mordaz es una característica esencial de su estilo, que ha influido profundamente en los cuentistas posteriores.

Reflexiones sobre el tiempo y la madurez

A medida que envejecemos, la perspectiva que tenemos de nosotros mismos cambia. Arreola, siempre en busca de la esencia de la vida y del ser humano, alcanzó una plenitud que solo se obtiene con la madurez. Su obra, saturada de sabiduría y reflexión, es un testimonio de su crecimiento personal e intelectual. Al mirar hacia atrás, podemos percibir el desarrollo de nuestras ideas, pensamientos y emociones como si fueran una caricatura de lo que algún día seremos.

Este artículo es un reconocimiento a la grandeza de Juan José Arreola, un homenaje a su maestría en el arte del cuento y su legado en la literatura mexicana.


sábado, 14 de septiembre de 2024

La Era del 'Yo' Digital: Narcisismo, Redes Sociales y la Búsqueda de Validación en el Siglo XXI


Imagen hiperrealista y cinematográfica de una persona con capucha mirando intensamente la pantalla de un smartphone. La pantalla refleja una versión idealizada de sí misma, rodeada de notificaciones y likes. En el fondo, una red compleja de interfaces de redes sociales (Instagram, TikTok, X) flota en el aire, y debajo, figuras cansadas y desoladas en un paisaje urbano, simbolizando la sociedad del cansancio. La escena contrasta la superficialidad digital con la realidad subyacente de agotamiento y búsqueda de autenticidad.

Explora "La Era del 'Yo' Digital" de Edgar Sánchez Quintana: un análisis profundo sobre cómo el narcisismo, las redes sociales y la búsqueda incesante de validación redefinen nuestra identidad en el siglo XXI, bajo la lupa de Lipovetsky y Han.

Introducción: Del Mito de Narciso a la Pantalla del Smartphone

No cabe duda de que vivimos en una época intensamente mediada por la tecnología, en la era del consumo desmesurado y el capitalismo digital. Estas transformaciones han dado lugar a una nueva concepción del ser humano. Si en el siglo XX el "homo economicus" definía el orden social, hoy, como señala el filósofo francés Gilles Lipovetsky en su influyente obra La era del vacío, es el "homo psychologicus", personificación del mito de Narciso, quien define la posmodernidad [1]. Estamos inmersos en una "cultura de la personalidad" en la que el "yo" se ha convertido en el epicentro de la existencia. Ya no solo buscamos satisfacer necesidades materiales, sino que anhelamos construir y proyectar nuestra propia imagen, con una obsesión cada vez más profunda por nuestra identidad y cómo se percibe en el entorno digital.

Con la expansión de las nuevas tecnologías, especialmente los teléfonos inteligentes y las redes sociales, este fenómeno ha adquirido una dimensión inédita. Ya no se trata únicamente de contemplarse a uno mismo frente al espejo, como el joven de la mitología griega, sino de proyectar nuestra imagen hacia un colectivo que responde a nuestra necesidad de validación. Es en este espacio digital donde la imagen que proyectamos se construye y, paradójicamente, se fragmenta. La dinámica se ha transformado: el "yo" no es suficiente si no es visto, aplaudido o, en muchos casos, envidiado. Así, el celular y las redes sociales se convierten en los nuevos "espejos" donde buscamos el reflejo de nuestra valía, un fenómeno que merece un análisis profundo desde la filosofía, la sociología y la psicología.

Referencias

[1] Lipovetsky, Gilles (2002). La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo posmoderno. Anagrama, Barcelona.

El Narcisismo Colectivo en la Era Digital

El mito de Narciso, en el que el joven se ahoga al tratar de atrapar su propio reflejo en el agua, cobra una relevancia contemporánea. Hoy, el reflejo no proviene de un río, sino de las pantallas, de los "likes", los "followers" y las constantes notificaciones que validan nuestra existencia en el plano digital. Si Narciso quedó absorto por su propia imagen, nosotros nos perdemos en la búsqueda de la aprobación colectiva. Nos ahogamos en la superficialidad de la exposición constante, tratando de atrapar una versión de nosotros mismos que nunca es suficiente.

Lipovetsky amplía su análisis con el concepto de "narcisismo colectivo". “El narcisismo no sólo se caracteriza por la autoabsorción hedonista, sino también por la necesidad de reagruparse con seres ‘idénticos’” [2]. Esta necesidad de reagrupación se manifiesta claramente en las redes sociales, donde encontramos "cámaras de eco" y "burbujas de filtro" que refuerzan nuestras creencias, gustos y estilos de vida. El Narciso moderno no se limita a mirarse a sí mismo; necesita que otros lo vean, que otros validen su reflejo, y para ello requiere de una colectividad digital que actúe como testigo constante.

Plataformas de la Autoexposición: Instagram, TikTok y la Construcción del "Yo" Ideal

Cada plataforma de redes sociales fomenta una forma particular de narcisismo:

Instagram: Es el epítome de la cultura de la imagen. A través de filtros, ángulos cuidadosamente seleccionados y la construcción de un feed estéticamente coherente, los usuarios proyectan una vida idealizada, a menudo muy alejada de la realidad. Estudios han explorado la relación entre el uso de Instagram y la búsqueda de validación a través de la imagen corporal y el estilo de vida [20].

TikTok: Esta plataforma, basada en videos cortos y virales, promueve un narcisismo performativo. Los usuarios compiten por la atención a través de "challenges", bailes y sketches humorísticos. La métrica del éxito es la viralidad, lo que incentiva la creación de contenido cada vez más llamativo y, en ocasiones, arriesgado. La cultura del narcisismo en TikTok ha sido objeto de análisis recientes que la vinculan con las tendencias digitales actuales [9].

Twitter (X): Aquí, el narcisismo se manifiesta a través de la opinión y el ingenio. Los usuarios buscan la validación a través de la agudeza de sus comentarios, la viralidad de sus "hilos" y la acumulación de "retweets" y "me gusta". La plataforma se convierte en un escenario para la construcción de una identidad intelectual o política.

Referencias

[2] Lipovetsky, Gilles (2003). La era del vacío. Edición de Paradigmas del Pensamiento. Disponible en:

[9] "La cultura del narcisismo en TikTok" (2023). Digital Global Overview Report. Disponible en:

[20] Sepúlveda, ER. "Instagram, pantalla hacia el vacío: Una exploración del fenómeno Instagram a partir de las ideas centrales de Gilles Lipovetsky en su texto 'La era del vacío'". Disponible en:

La Psicopolítica y la Sociedad del Cansancio: La Mirada de Byung-Chul Han

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, uno de los pensadores más lúcidos de la era digital, ofrece una perspectiva complementaria y a la vez más sombría que la de Lipovetsky. Para Han, la sociedad contemporánea ya no es una "sociedad disciplinaria" (en el sentido de Foucault), sino una "sociedad del rendimiento". En esta nueva configuración, el poder no opera a través de la prohibición y el castigo, sino a través de la autoexplotación y la optimización constante del "yo".

Del Biopoder al Psicopoder

Han argumenta que hemos pasado de la biopolítica, que controlaba los cuerpos, a la psicopolítica, que controla la psique. El neoliberalismo, con su énfasis en la iniciativa personal y el emprendimiento, nos ha convertido en "empresarios de nosotros mismos". El individuo se explota a sí mismo creyendo que se está realizando. El lema de esta sociedad es "Yes, we can", una aparente afirmación de libertad que en realidad es una exigencia de rendimiento ilimitado.

En este contexto, las redes sociales funcionan como un panóptico digital en el que todos somos prisioneros y guardianes al mismo tiempo. La transparencia total, que Han analiza en La sociedad de la transparencia, se convierte en una forma de control. La exposición voluntaria de nuestra vida privada en las redes sociales nos hace previsibles y manipulables. El "Big Data" se convierte en el instrumento de un "psicopoder" que puede influir en nuestro comportamiento sin que seamos conscientes de ello [14].

La Sociedad del Cansancio y el Infierno de lo Igual

La consecuencia de esta autoexplotación constante es una sociedad de individuos agotados, ansiosos y deprimidos. En La sociedad del cansancio, Han describe las patologías de nuestro tiempo: el burnout, el trastorno de déficit de atención (TDAH) y la depresión no son enfermedades infecciosas, sino infartos psíquicos causados por un exceso de positividad y rendimiento.

El narcisismo, desde esta perspectiva, no es solo una cuestión de vanidad, sino un síntoma de este agotamiento del "yo". El individuo, incapaz de relacionarse con la alteridad, con lo que es diferente a él, se repliega sobre sí mismo en un bucle autorreferencial. Las redes sociales, al fomentar la conexión con lo igual y la evitación de lo negativo, contribuyen a crear lo que Han llama "el infierno de lo igual".

Referencias

[14] Mallamaci, MG (2017). "El poder psicopolítico en las sociedades postdisciplinarias del homo digitalis. Apuntes sobre el pensamiento de Byung-Chul Han". CONICET Digital. Disponible en:

 ¿Es Posible un "Yo" Auténtico en la Era Digital?

La civilización actual presenta un rostro polifacético, donde la informática y las comunicaciones han alterado las formas y los contenidos más básicos de la existencia. El deseo del ego ha encontrado en la tecnología un aliado insuperable, y ahora el "otro" no es solo necesario para legitimar nuestra existencia, sino que es el cebo que alimenta nuestra constante necesidad de validación. Vivimos en un narcisismo colectivo que se expande y se transforma con cada avance tecnológico, y es en este reflejo infinito de nosotros mismos donde se diluye, muchas veces, el sentido de lo que realmente somos.

Las perspectivas de Lipovetsky y Han, aunque diferentes, nos ofrecen un diagnóstico preocupante de nuestro tiempo. La cultura del narcisismo, amplificada por las redes sociales, nos sumerge en una búsqueda incesante de validación que puede conducir al agotamiento y al vacío existencial. Sin embargo, un diagnóstico no es una condena. Reconocer los mecanismos del psicopoder y de la sociedad del rendimiento es el primer paso para poder resistirlos.

La pregunta que queda abierta es si es posible un uso más consciente y crítico de la tecnología, uno que nos permita construir un "yo" más auténtico, menos dependiente de la aprobación externa y más conectado con los otros en su diferencia. Quizás la respuesta no esté en abandonar la tecnología, sino en aprender a habitarla de otra manera, recuperando espacios para el silencio, la contemplación y el encuentro genuino con la alteridad. Solo así podremos escapar del ahogamiento en el reflejo digital y encontrar un sentido más profundo a nuestra existencia.

Bibliografía Selecta

Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Herder Editorial, 2012.

Han, Byung-Chul. Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder Editorial, 2014.

Han, Byung-Chul. La sociedad de la transparencia. Herder Editorial, 2013.

Lipovetsky, Gilles. La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo posmoderno. Anagrama, 2002.

Lipovetsky, Gilles. La pantalla global: Cultura mediática y cine en la era hipermoderna. Anagrama, 2009.

Mallamaci, MG (2017). "El poder psicopolítico en las sociedades postdisciplinarias del homo digitalis. Apuntes sobre el pensamiento de Byung-Chul Han". CONICET Digital. Disponible en:

Sepúlveda, ER. "Instagram, pantalla hacia el vacío: Una exploración del fenómeno Instagram a partir de las ideas centrales de Gilles Lipovetsky en su texto 'La era del vacío'". Disponible en:

Turkle, Sherry. Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Eachother. Basic Books, 2011.