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miércoles, 15 de julio de 2026

La Piedra en el Zapato: Una Crítica a la Soberbia Cultural

 



Descubra una crítica incisiva a la revista "Piedra de Toque" y la soberbia en el
ámbito cultural de Tlaxcala. Una voz independiente cuestiona la exclusividad
y la falta de fondo en las publicaciones actuales.


Escribo esta crónica impulsada por la necesidad de alzar la voz y cuestionar aquello que, bajo el velo de la cultura, carece de sustancia. Me considero una voz crítica en los ámbitos que me conciernen, y en esta ocasión, mi mirada se posa sobre la revista "Piedra de Toque", dirigida por José Luis Puga.

Hace algunos años, en mi búsqueda por difundir mis textos y dar a conocer mi obra, me acerqué a "Piedra de Toque". Con la soltura que otorga la convicción, envié un correo electrónico exponiendo mi intención. La respuesta, sin embargo, fue desalentadora: los números de la revista y sus contenidos futuros ya estaban programados con hasta seis meses de antelación, y no se aceptaban más colaboraciones. Imaginé que el contenido que yo había ojeado en ediciones anteriores era el estándar, y que mi propuesta, quizás, no encajaba en ese espacio tan exclusivo. Mi réplica fue clara: no estaba dispuesto a esperar seis meses para ser considerada. La conversación terminó allí.

Mi conocimiento del director de esta publicación es limitado en lo personal, pero extenso en el tiempo, y su singular estilo, marcado por la pedantería y el engreimiento, es innegable. En ensayos previos sobre la cultura en Tlaxcala, señaló cómo el gobierno, en su afán de legitimación, intenta aglutinar a creadores, artistas y demás actores del ámbito. Sin embargo, esta congregación a menudo se convierte en un espacio para lo fatuo y lo hipócrita, donde solo unos pocos —o los meros aplaudidores— encuentran cabida.

En el caso específico de "Piedra de Toque", el problema radica en la soberbia y la falsedad. Lejos de fomentar el debate o enriquecer el quehacer cultural, sus contenidos, aunque pulcros y propios de un editorialista experimentado, carecen de impacto. No sorprenden, no incitan a la reflexión crítica, ni impulsan al lector hacia posturas más progresistas o humanistas. En definitiva, la forma prevalece sobre el fondo, y en un mundo donde la autenticidad escasea, la humildad se erige como un valor fundamental. La soberbia, por el contrario, solo construye muros que aíslan y empobrecen el verdadero diálogo cultural.

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martes, 7 de julio de 2026

El temazcal



 

Un relato crudo y visceral sobre Carmelo y Dalia: un encuentro marcado por el deseo, la vida rural y el calor de un temazcal bajo la amenaza de una tormenta. Una exploración de la pasión en los márgenes del campo.


—Sabes bien que no iré —decía Dalia— ¡No iré, no iré! —mientras caminaba con paso firme hacia abajo por el sendero serpentino, mientras Carmelo continuaba sentado en la piedra alta de atar.

—Las piedras ya están al punto. ¿Qué te cuesta? —gritaba casi, mientras observaba a lo lejos la grácil figura de Dalia, que se perdía al voltear la vereda. La estela de perfume a jazmín se extendía a lo largo del camino hasta el recodo.

Carmelo se quedó pensativo, queriendo reanudar la reciente plática. Chupaba un tallo de trigo silvestre entre los dientes, masticándolo de manera inconsciente. Su pantalón, con olor a chivo, se confundía con el hedor a ganado que lo envolvía. Con un fuetazo despabiló al ganado para dirigirlo a la lagunilla; los animales bebieron hasta el hartazgo. Carmelo seguía recordando que la invitación a bañarse en el temazcal había sido un fracaso; Tal vez Dalia pensaba en los temores de la primera vez. El noviazgo, la relación amorosa de apenas unos meses, tenía que cruzar el puente de la reconciliación o terminarse. Un mierdero quedó en la ribera, cerca del agua, sumándose al incontable excremento depositado en tierra, copioso, nutrido de moscas, esparcido por las bestias domésticas.

Carmelo miraba la borrasca; el chubasco se acercaba. El perro mordía sus patas, siendo un ser viviente con una colección de parásitos: garrapatas, piojos, moscas, lombrices, sarna.

—Pinche suerte, yo que me la quería coger allí en el temazcal. Alisté la toallita, el jabón, mucha leña; Tengo que convencerla... Lo primero será volver a reconciliarme. La voy a llevar a Puebla a ver los paradores, con eso se contenta. Dalia tiene que ser mía; Ésta sí es rejega, porque lo que es Verenice, donde sea: en los campos de labor, aquí en la lagunilla, en el panteón o las veces cuando me tocaba picar las campanas en domingo, nomás nos mecíamos colgados en la soga y la campana sonaba y sonaba. Lo malo es que Berenice ya se casó y se fue a Puebla. A Dalia la tengo metida en la cabeza, se me hace que un día de estos le atajo el paso en el sendero, por allá por la piedra alta de atar, y me la robo. Sí, son muchas mis ganas, sueño a diario con tenerla todas las noches y que me atienda, recibir su calorcito. Tiene una cara bonita, como de virgen, pechos pequeños, levantados, y con picos como una montaña, nada más que de un par. Me la imagino encuerada, sirviéndome la sopa, con sus pezones duros y al aire, los pies desnudos sobre el piso de cemento color mosca.

Las nubes se hacían nudo, como un gran tumor de gas negro. Los chicotazos de Carmelo eran recibidos por los animales más perezosos. Sabía que no llegaría hasta el establo, así que los dirigieron hasta el tejaban, cerca del temazcal.

Tuvo frio; advertía que en el temazcal hacía calor. Dejó el sombrero y el cotón en la entrada. La cueva caliente estaba seca. La oscuridad envolvía toda posibilidad de observación. Tomó la toalla que se encontraba encima del banco y la puso en el piso. Se recostó. Dalia lo había esperado por varias horas. Se acercó, puso la mano en su pecho, mientras su boca cerraba la oportunidad a cualquier palabra.

Carmelo acomodó su mente al sabor de la boca que lo besaba, recordando el olor de esa piel tan cercana y lisa.

—Carmelo, tómame... ms.… ms.… necesito que me quieras —susurró ella. Él trató de inventar una sonrisa de satisfacción, pero no le salió. La oscuridad se lo impedía.

domingo, 5 de julio de 2026

El Descorche Tlaxcalteca - Tomo 8

 



Por: Edgar Sánchez Quintana

(Se enciende el letrero rojo de "AL AIRE". Suena de fondo una cumbia sonidera del Grupo Quintanna distorsionada que poco a poco se desvanece para dar paso a una voz aguardentosa y llena de sarcasmo).
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Qué tal! Bienvenidos a una emisión más de El Descorche Tlaxcalteca, el único programa donde la realidad supera a la ficción y la política local nos da más comedia que un show de stand-up mal pagado. Soy su anfitriona de cabecera, Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala, y hoy vengo con la garganta afilada y el hígado preparado para digerir las joyas informativas que nos regaló este julio de 2026 nuestra amada y siempre sorprendente Tlaxcala. Y como siempre, para hacerme segunda en esta terapia de grupo masiva, me acompañan los inigualables, los inconfundibles, los que no pagan renta en el inframundo… ¡Los Pitidos del Más Allá!
Los Pitidos del Más Allá:
(A coro, con voz cavernosa y tono burlón)
¡Auuuuch! ¡Atinaste! ¡Aquí andamos, Sofi, listos para jalarle los pies a los vivos y reírnos de sus desgracias! ¡Ea, ea, ea, el que no brinque se mosquea!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Eso es todo, mis espectros del sabor! Pues agárrense fuerte de sus asientos, o de sus ataúdes, porque esta semana la cosa estuvo que arde. Empezamos con nuestra primera nota, directo desde el Palacio de Gobierno, donde la gobernadora Lorena Cuéllar volvió a responsabilizar a la prensa por "alimentar el miedo" y afectar la imagen de Tlaxcala al sobredimensionar hechos de inseguridad. ¡Así como lo oyen! La culpa no es de la inseguridad, sino de los que la cuentan. ¡Qué bonita es la transparencia cuando nos da con el chismógrafo!
El Contreras:
(En voz baja, mientras revisa su celular con desinterés)
No, no, no. Eso no importa. Lo importante es que la gobernadora se ve muy bien en las fotos, y eso es lo que la gente quiere ver. La prensa siempre exagerando.
Los Pitidos del Más Allá:
(Con voz de locutor de radio antiguo)
¡Piiii! ¡La inseguridad es un invento de los medios, como el chupacabras! ¡Piiii! ¡Si no sale en el boletín oficial, no existe! ¡Piiii! ¡A callar a los periodistas, que no estropeen la narrativa! ¡Piiii! ¡Viva la Tlaxcala sin miedo... a la verdad!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Ay, mi Tlaxcala mágica! Pasemos a cosas más terrenales y menos culposas, pero igual de turbias. Vámonos a las carreteras, donde se anunció una "millonaria inversión". ¡Sí, una millonaria inversión en carreteras! Pero uno sale a la calle y parece que los baches son patrimonio cultural. ¡Qué bonita es la inversión cuando se queda en el papel y no en el asfalto!
El Contreras:
(Con tono monocorde)
Qué tontería. Los baches son parte de la experiencia tlaxcalteca, le dan carácter a las calles. Además, así los coches van más despacio y hay menos accidentes. Es una medida de seguridad encubierta.
Los Pitidos del Más Allá:
(Cantando con ritmo de cumbia)
¡Chiquitibun a la vin bom ba, a la vio, a la vao, a la vin bon ba, la inversión va que va! ¡El bache, el bache ra ra ra con su millonaria inversión va que va hea ¡ponle sabor! (El coro se voltea hacia la pared y muestra el trasero como símbolo de sumisión)
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡A ver cuánto les dura el pavimento! Y hablando de cosas que cuestan un ojo de la cara, vámonos a la Ciudad Judicial, donde se supervisa el avance de las nuevas salas de oralidad del TSJE, con una inversión de 100 millones de pesos. ¡100 millones para que la justicia sea oral! Ojalá que con tanto dinero, la justicia no solo hable, sino que también escuche y actúe. ¡Qué bonita es la justicia cuando se viste de gala y se olvida de los expedientes!
El Contreras:
(Con voz de quien sabe mucho)
Es que la oralidad es muy importante. Así se ve más moderno, más transparente. Y 100 millones no es nada para la imagen de la justicia. Además, seguro tienen muy buen café en esas salas.
Los Pitidos del Más Allá:
(Con voz de merolico)
¡Lleve su justicia oral, su sala de 100 millones, a mitad de precio, fresquecita, recién inaugurada! ¡Qué bárbaros, ni tiempo de pedir fiado les dieron! ¡A ver si los jueces los alcanzan, o si de perdis los litigantes pagan sus abonos chiquitos con lo que se ahorran en papel! ¡Qué joyita de justicia tenemos!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Palabras sabias de los que ya no están! Y para cerrar con broche de oro esta emisión de locura: el gobierno estatal alista un nuevo Centro de Convivencia Familiar (CECOFAM) en Ciudad Judicial con "mejores espacios". ¡Sí, un CECOFAM para que las familias convivan... por orden de un juez! ¡Qué bonita es la convivencia cuando es obligatoria y bajo supervisión!
El Contreras:
(Cuchicheando en voz baja)
Qué buena idea. Así las familias aprenden a llevarse bien. Y si no, pues ahí mismo en el juzgado les resuelven. Es muy práctico. Además, seguro tienen juegos de mesa.
Los Pitidos del Más Allá:
(Cantando con ritmo de mariachi desafinado)
¡Es un delito quererte, es un delito quererte, llévame al CECOFAM solo para verte! ¡Qué familia tan unida, qué amor tan judicial! ¡A ver si con tanto espacio, no se les olvida por qué se pelearon! ¡Buhhhhh!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
Y con esta reflexión tan profunda, llegamos al final de nuestro Descorche Tlaxcalteca número 8. Gracias por sintonizarnos, por aguantar la bilis y por reírse con nosotros de esta tragicomedia llamada realidad. Soy Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala, y me despido no sin antes recordarles: si la vida les da limones, hagan limonada; pero si les da gobernadores que culpan a la prensa, carreteras con baches millonarios, justicia oral de 100 millones y convivencia familiar judicial… ¡pues mejor destapen una botella y sírvanse un trago doble! ¡Nos escuchamos en la próxima!
Los Pitidos del Más Allá:
(Desvaneciéndose lentamente)
¡Adiós, mortales! ¡Pórtense mal y cuídense bien! ¡Y no olviden dejar un pan de muerto en la ofrenda! ¡Buhhhhh!
(La cumbia sonidera del Grupo Quintanna suena, vuelve a subir de volumen y el letrero de "AL AIRE" se apaga).

viernes, 3 de julio de 2026

El Reino de los Pavos Mandril y el Hombre Inoportuno: Una Fábula de Clasismo, Racismo e Hipocresía

 



Un cuento surrealista y sarcástico que disecciona el clasismo, el racismo y la hipocresía en un mundo irreal, inspirado en la realidad política de Tlaxcala. Una fábula crítica sobre las fachadas del poder.

Por Edgar Sánchez Quintana

En el corazón de un mundo irreal, donde los cielos se teñían de un perpetuo crepúsculo pastel y las edificaciones se alzaban con una grandiosidad que rozaba lo absurdo, existía un reino. Un reino que se autoproclamaba de "orden y respeto", donde la frase "La ley es la ley" resonaba en cada esquina, pronunciada con una solemnidad que ahogaba cualquier atisbo de cuestionamiento. Todo en la superficie parecía perfecto, inmaculado, pero una extraña quietud, una artificialidad palpable, flotaba en el aire como un perfume rancio.

Los habitantes de este peculiar lugar eran criaturas tan singulares como el propio paisaje. Los más destacados eran, sin duda, los Pavos Mandril . Seres de plumajes iridiscentes, que deslumbraban con sus colores vibrantes y su andar pomposo. Sin embargo, bajo la opulencia de sus colas, se ocultaba una grotesca cola de mandril, que disimulaban con movimientos calculados y una destreza aprendida. Eran los "gobernantes" del reino, y sus discursos, llenos de grandilocuencia vacía, se esparcían por las plazas, prometiendo un bienestar que nunca llegaba. Su existencia era la encarnación de la hipocresía, una belleza superficial que escondía una verdad incómoda.

Junto a ellos, se movían los Bífidos Victorianos , criaturas de apariencia elegante, ataviadas con fastuosos trajes de época que evocaban un refinamiento exquisito. La mitad de su cuerpo era de una belleza clásica, esculpida con la perfección de un mármol antiguo; la otra mitad, sin embargo, estaba deforme y descolorida, una anomalía que sus ropas cubrían con celo. Eran los "racistas" del reino, quienes juzgaban a los demás por la pureza de su linaje y la armonía de sus formas, ignorando la contradicción andante que ellos mismos representaban. Sus susurros despectivos sobre los "impuros" y los "diferentes" eran tan constantes como el tic-tac de un reloj antiguo.

Finalmente, estaban los Monos Meñique Alzado, seres con rostros simiescos, cuya obsesión por la "clase" era casi patológica. Hablaban con una "prominencia" exagerada, un acento forzado que creían distinguido, y gesticulaban constantemente con una mano levantada y el dedo meñique erguido, como si cada gesto fuera una declaración de superioridad. Eran los "clasistas", que despreciaban a quienes no cumplían sus estándares artificiales de etiqueta y riqueza. Su vida era una representación constante, un intento desesperado por diferenciarse de aquellos a quienes consideraban inferiores.

Un día, en medio de esta aparente armonía, un discreto portal se abrió en el centro de la plaza principal. De él surgió un ser extraño, un anacronismo en ese mundo de artificio: el Hombre Normal . Vestía ropas sencillas, hablaba con una franqueza desarmante y, para horror de los habitantes, no entendía las complejas reglas no escritas del lugar. Su naturalidad era una afrenta a la artificialidad reinante. No alzaba el meñique, no ocultaba nada, y sus palabras, desprovistas de grandilocuencia, tenían un peso que las de los Pavos Mandril carecían.

Los habitantes del reino lo observaron con una mezcla de asombro y desconcierto. El Hombre Normal, ajeno a las miradas, comenzó a señalar las contradicciones más evidentes: la cola de mandril de los Pavos, la mitad deforme de los Bífidos, la vacuidad de los discursos de los Monos Meñique Alzado. Lo hacía con una lógica simple, casi infantil, pero devastadora para la estructura del reino. "¿Por qué esconden esa cola tan peculiar?", preguntó a un Pavo Mandril, que se sonrojó bajo sus plumas. "¿No es extraño que juzguen la belleza cuando ustedes mismos son una contradicción?", inquirió a un Bífido, que se encogió bajo su fastuoso vestido. Sus preguntas eran como pequeñas agujas que pinchaban la burbuja del autoengaño.

El Consejo de los Pavos Mandril se reúne en secreto, sus voces resonando en la sala de mármol. "Es un revoltoso", graznó uno. "Un pensador que amenaza nuestro orden natural", añadió otro. Las verdades del Hombre Normal, aunque obvias, eran peligrosas porque exponían la hipocresía que sostenía el sistema. Los Monos Meñique Alzado intentaron ridiculizarlo, acusándolo de "vulgar" y "sin clase". Los Bífidos Victorianos lo marginaron, susurrando sobre su "extraña" procedencia y su "falta de refinamiento". Incluso los Pavos Mandril intentaron cooptarlo, ofreciéndole un puesto en el gobierno, una cola de mandril honoraria, para que se "adaptara" y guardara silencio. Pero el Hombre Normal se negó. Su única arma era la verdad y la lógica, que contrastaban brutalmente con la retórica vacía del reino.

El clímax llegó durante el Gran Anuncio. Los Pavos Mandril habían organizado un evento fastuoso, una "presentación" de algo grandioso, quizás un nuevo decreto que prometía la felicidad eterna, o la "autobiografía" de uno de ellos, un tomo lleno de autoelogios y falsedades. Era un evento exclusivo, solo para invitados, en un sitio apartado y ostentoso de la universidad. El Hombre Normal, sin invitación, logró colarse. En el momento cumbre del anuncio, cuando el Pavo Mandril principal, con su plumaje más brillante y su cola cuidadosamente oculta, se disponía a pronunciar la frase final, la voz del Hombre Normal se alzó. No fue un grito, sino una pregunta simple, pero que desnudó la farsa: "¿Por qué insisten en que la ley es la ley, cuando la ley que ustedes imponen es la que les permite ocultar sus propias colas de mandril?".

Por un instante, el reino se sumió en un silencio sepulcral, seguido de un caos indescriptible. Las máscaras se resquebrajaron. Los Monos Meñique Alzado tartamudearon, sus dedos meñiques temblaban. Los Bífidos se cubrieron con más fuerza, sus mitades deformes parecieron palpitar bajo la tela. Los Pavos Mandril, con el rostro descompuesto, intentaron recuperar la compostura, pero el daño ya estaba hecho. El Hombre Normal fue expulsado, declarado persona non grata , y el "orden" se restableció rápidamente. Sin embargo, algo había cambiado. Una semilla de duda había sido plantada.

Aunque el reino intentó borrar su paso, las palabras del Hombre Normal resonaron en los rincones más olvidados. Algunos habitantes, los más oprimidos o los menos ciegos, comenzaron a ver las colas de mandril, las mitades deformes, la falsedad de los meñiques alzados. La "normalidad" de la hipocresía ya no era tan fácil de mantener. El Hombre Normal, aunque ausente, había dejado una huella imborrable en el "País de las Maravillas Invertidas". La lucha por la conciencia había comenzado, y el eco de la verdad, una vez liberado, es imposible de silenciar por completo. El reino, aunque se aferrara a sus viejas costumbres, ya no sería el mismo.

En el "País de las Maravillas Invertidas", la verdad es el acto más revolucionario. ¿Tiene sentido alguna vez que vive en un mundo de "Pavos Mandril" y "Monos Meñique Alzado"? Te invitamos a compartir tu reflexión sobre las máscaras que nos rodean ya unirte a la conversación sobre cómo recuperar nuestra "normalidad" frente al artificio del poder. ¡Tu comentario es la semilla de una nueva conciencia!