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sábado, 22 de agosto de 2026

El Descorche Tlaxcalteca — Tomo 10

 



Edición de actualidad: 22 de agosto de 2026

(Cortinilla de cumbia sonidera. Se escuchan un golpe de tarola, un redoble dramático y el encendido del letrero «AL AIRE».)
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
¡Muy buenas, queridas criaturas de la información, la indignación y el cafecito de olla! Bienvenidos al Tomo 10 de El Descorche Tlaxcalteca, la emisión donde la realidad llega sin maquillaje, pero la comunicación oficial siempre trae filtro, iluminación y tres fotógrafos. Soy Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala, y hoy abrimos el noticiero con cuatro estampas de nuestra vida pública: una fiesta que terminó en hospital, una fábrica que terminó en cenizas, unos programas públicos que nadie debe condicionar —según dicen— y una búsqueda que nos recuerda que la seguridad no puede medirse únicamente con boletines.
Y para acompañarme en esta ceremonia de la verdad a medias están, desde el palco de los difuntos opinadores, los únicos, los inigualables, los que no cobran viáticos porque ya no tienen dónde gastarlos: ¡Los Pitidos del Más Allá!
Los Pitidos del Más Allá:
(A coro, como porra de estadio.)
¡Piii, piii, piii! ¡Aquí estamos, Sofía! ¡Con la garganta lista, la conciencia de vacaciones y la porra bien ensayada! ¡Que empiece el desfile de maravillas! ¡Ea, ea, ea: el que no grite, que lea el comunicado!

Noticia 1. Huamantlada 2026: tradición, espectáculo y saldo médico

(Suena una banda de feria a lo lejos. Después, una sirena de ambulancia se mezcla con aplausos y se corta de manera abrupta.)
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Comenzamos en Huamantla. De acuerdo con el reporte difundido por el Sector Salud y recogido por Urbano Puebla el 22 de agosto, durante la Huamantlada 2026 fueron atendidos diez pacientes en el Hospital General IMSS-Bienestar de Huamantla. Nueve permanecían hospitalizados y un hombre de 29 años falleció por lesiones provocadas por una herida de asta de toro. Además, once personas recibieron atención de paramédicos sin requerir hospitalización.
Conviene decirlo con claridad, porque la estadística no es confeti: hubo una persona fallecida, pacientes hospitalizados y personal médico trabajando. La tradición podrá tener música, anuncios y fotografías; pero el dolor no es parte del espectáculo. Y ahora viene la pregunta incómoda: ¿cómo se festeja una actividad de riesgo sin convertir la prevención en simple decoración de feria?
El Contreras:
(Con voz monocorde, hojeando un programa de actividades.)
No, no, no. Eso no importa. Lo importante es que hubo ambiente, turismo y derrama económica. Además, si uno se queda en su casa no lo alcanza el toro. Qué tontería, querer arruinar una tradición con datos médicos.
Los Pitidos del Más Allá:
(Con sonidos de trompeta y redoble.)
¡Olé, olé, olé, la estadística se fue! ¡Una cornada, nueve al hospital, once de pie y el boletín listo para publicar! ¡Que viva la tradición, que viva la emoción, que la prevención no se quede en el cajón! ¡Piii, piii, piii: cuando el toro embiste, la propaganda embellece!
El Contreras:
(Se incorpora lentamente a la porra.)
Bueno, pero con orden. ¡Olé, olé, olé! Y que nadie pregunte quién revisó las barreras.
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Ahí está: hasta El Contreras pidió orden, aunque sea por accidente. La fiesta puede continuar, pero una sociedad responsable no se ríe de las víctimas ni llama «éxito» a todo lo que aparece acompañado de música.

Noticia 2. Incendio en una fábrica de cartón de Hueyotlipan

(Se escucha una alarma industrial, seguida por el sonido de una cubeta que cae y una tos teatral del coro.)
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Pasamos a San Simeón Xipetzingo, en Hueyotlipan. N+ informó el 20 de agosto que un fuerte incendio consumió maquinaria y materia prima de una fábrica de cartón. Eso es lo confirmado: hubo fuego y pérdidas materiales.
Hasta ahora, la nota consultada no establece una causa ni una cifra económica de daños, de modo que no vamos a inventar culpables, montos ni conspiraciones; para eso ya existen suficientes mesas de análisis.
Lo que sí podemos observar es la fragilidad de una economía que presume crecimiento mientras una emergencia puede convertir maquinaria, materia prima y empleos en humo. El incendio no necesita adjetivos oficiales: basta con mirar lo que queda después.
El Contreras:
(En voz baja, como si hiciera una observación técnica.)
No, no, no. Eso no importa. El cartón se recicla. Si se quemó una fábrica, técnicamente se adelantó el proceso. Es economía circular, pero en versión caliente.
Los Pitidos del Más Allá:
(Como pregoneros de feria.)
¡Lleve su fábrica chamuscada, recién salida del horno! ¡Maquinaria ahumada, materia prima tostada, productividad al carbón! ¡Piii, piii, piii! ¡No fue pérdida, fue una remodelación con llamas!
El Contreras:
(Se tapa los oídos.)
¡Cállense! Ustedes siempre exageran. Aunque, pensándolo bien, un museo del cartón quemado podría atraer turismo.
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Y así nace el nuevo atractivo regional: «Hueyotlipan, donde la industria se transforma en paisaje». Bromas aparte, ante un incendio lo serio es investigar, atender a las personas afectadas y transparentar las consecuencias. La ironía sirve para señalar el absurdo; no para borrar las pérdidas.

Noticia 3. Programas públicos: nadie debe condicionarlos, dicen las autoridades

(Cortinilla de ventanilla burocrática: una impresora, un sello y una musiquita institucional demasiado alegre.)
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
La tercera noticia llega con sello, membrete y una frase que debería ser obvia: el Gobierno estatal reiteró que los programas y apoyos públicos deben entregarse conforme a las reglas establecidas y sin condicionamientos políticos. La información fue publicada por El Sol de Tlaxcala el 11 de agosto. La misma nota señala que el Coordinador Estatal de Comunicación calificó como falsa la versión sobre un supuesto condicionamiento de programas federales y llamó a denunciar cualquier presión.
Aquí hay que cuidar las palabras: la nota confirma el llamado institucional y la negación oficial; no confirma que haya existido un condicionamiento. Por eso, la noticia no es «se condicionaron los apoyos», sino la curiosa escena de una autoridad que dice: «denuncien la presión», mientras también dice: «esa presión es falsa». Un trabalenguas administrativo con presupuesto público.
El Contreras:
(Con voz de funcionario que acaba de descubrir una carpeta.)
No, no, no. Eso no importa. Si el apoyo llega, hay que agradecerlo y sonreír para la fotografía. ¿Condicionamiento? Qué palabra tan fea. Mejor digan «acompañamiento político con entusiasmo comunitario».
Los Pitidos del Más Allá:
(Con ritmo de marcha triunfal.)
¡El apoyo va que va, sin condición, pero con foto y credencial! ¡Denuncia, denuncia, pero primero saluda a la cámara! ¡Piii, piii, piii! ¡La ayuda es del pueblo, la foto es del gobierno y la explicación viene en camino!
El Contreras:
(Se suma al ritmo, golpeando dos vasos sobre la mesa.)
¡Sin condición, con emoción! ¡Sin presión, con elección! ¡No, no, no… pero sí, sí, sí!
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Magnífico: El Contreras acaba de inventar la coreografía del trámite. Recordemos algo elemental: los programas públicos son derechos sujetos a reglas, no favores personales. Y si alguien denuncia una presión, corresponde investigar con seriedad, no convertir la aclaración en espectáculo de ventanilla.

Noticia 4. Buscan a un policía municipal de Ixtenco

(La música se detiene. Queda un pulso grave y discreto. El coro guarda silencio.)
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Cerramos con una noticia que exige otro tono. Urbano Puebla reportó el 22 de agosto la búsqueda de Iván Rodríguez Pérez, de 33 años, quien fue visto por última vez el 10 de agosto de 2026. La ficha citada por la nota señala como última ubicación el municipio de Ixtenco, Tlaxcala; también refiere posibles avistamientos posteriores en territorio poblano. Viajaba en un Ford Focus rojo y se menciona como referencia el municipio de Rafael Lara Grajales, Puebla.
No vamos a convertir la desaparición de una persona en un chiste. No conocemos las causas, no conocemos responsables y no conocemos el desenlace. Lo responsable es compartir únicamente la información confirmada, respetar a la familia y exigir que las instituciones de búsqueda y seguridad actúen con rapidez, coordinación y transparencia.
El Contreras:
(Por primera vez, sin tono burlón.)
No, no, no. Aquí no hay porra. Aquí hay que buscar, informar con cuidado y dejar que las autoridades hagan su trabajo. Y si no lo hacen, habrá que preguntarles por qué.
Los Pitidos del Más Allá:
(En voz baja, sin gritos.)
Que aparezca con bien. Que la búsqueda no se pierda en escritorios. Que la información llegue a la familia y que ninguna institución confunda silencio con resultado.
El Contreras:
(Asiente.)
Eso sí. Y que nadie use una tragedia para presumir estadísticas.
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Gracias, Contreras. Por una vez no contradijiste la realidad. Esta noticia nos recuerda que la sátira tiene límites: se puede cuestionar a las instituciones, pero no burlarse de quien sufre. La ironía debe apuntar hacia la negligencia, la opacidad o la contradicción pública; nunca hacia una víctima.

Despedida

(Regresa lentamente la cortinilla musical, ahora con un tono más sobrio.)
Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala:
Y con esto llegamos al final del Tomo 10 de El Descorche Tlaxcalteca. Hoy tuvimos una fiesta con saldo médico, una fábrica golpeada por el fuego, programas públicos que —según la autoridad— no deben condicionarse y una búsqueda que merece respeto, coordinación y resultados.
Yo soy Sofía «La Voz Cruda» de Tlaxcala. Gracias por acompañarnos en esta tragicomedia de la vida pública, donde a veces hay que reírse del discurso, pero también saber cuándo guardar silencio. Porque la sátira no consiste en patear al que está en el suelo: consiste en señalar quién dejó el camino lleno de obstáculos y luego inauguró una placa para felicitarse.
Los Pitidos del Más Allá:
(A coro, con solemnidad burlona.)
¡Piii, piii, piii! ¡Que se investigue, que se informe y que no se maquille! ¡Piii, piii, piii! ¡Menos boletín, más solución! ¡Ea, ea, ea: el que gobierna, que responda!
El Contreras:
(Con su tono monocorde, pero sumándose al cierre.)
No, no, no… bueno, sí. Deja tu comentario y suscríbete.
(La cumbia sube de volumen. Se apaga el letrero «AL AIRE».)
Deja tu comentario y suscríbete.

jueves, 9 de marzo de 2023

Kid Palotes

 

Retrato hiperrealista de un hombre de facciones rudas y cuerpo robusto vestido con una chamarra de cuero oscura sobre un uniforme policial. Su mirada es intensa y decidida, con las manos vendadas sugiriendo entrenamiento en artes marciales. Se encuentra en una calle empedrada de Tlaxcala al atardecer, con los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl de fondo bajo un cielo dramático.

Conoce la impactante vida de "Kid Palotes", un policía de Tlaxcala que ocultaba tras su uniforme la maestría de un guerrero ninja, en esta crónica sobre lealtad, disciplina y resistencia.


De cara tosca y cuerpo grandote, Kid Palotes era la imagen perfecta del policía que espanta a los niños. Así le habían apodado en la corporación donde laboraba, aunque algunos también le decían "el Tonfas" por su maestría para apuntar garrotazos a los más insumisos, siempre de manera precisa y profesional. Era un artemarcialista con muchos años de estudio en Bujinkan Budo Taijutsu, un arte que otros llamarían ninjutsu. Dudo que en la corporación supieran del profundo conocimiento que poseía; para ellos, no pasaba de ser el “ninja loco” por su comportamiento a veces incomprensible. Era hosco y reservado, sobre todo con los desconocidos, y faltaba a tantas reglas sociales que a menudo parecía no entenderlas o, simplemente, le sacaban de quicio.

La historia de Kid Palotes se remonta a finales de los años setenta, cuando las artes marciales estaban en su apogeo y los jóvenes mexicanos imitaban los movimientos de Bruce Lee. Tlaxcala no fue ajena a esa marejada de cultura popular, y aquí también surgieron fanáticos del kung fu y el karate. Kid Palotes era un enamorado de este arte y coleccionaba todas las revistas sobre el tema. Su ensimismamiento era tal que no es mentira decir que, como a un artemarcialista de película, le sangraban las manos y los nudillos por el entrenamiento excesivo. Me tocó verlo practicar con un bastón contra un árbol o un poste de madera; cada golpe era letal.

Llegamos a entrenar juntos. Era muy perfeccionista, y cada movimiento tenía su razón de ser. El arte marcial que yo practicaba era Lima Lama, pero el suyo abarcaba áreas que yo desconocía. Como profesor, siempre me cuidó mucho, aunque el Bujinkan es un arte fuerte, diseñado para la guerra y la estrategia. Supe que en algunos entrenamientos había lastimado seriamente a compañeros, y su propia esposa me advirtió que no entrenara con él porque podría lastimarme. Tal era su apasionamiento que a veces no distinguía un entrenamiento intenso de un ataque real. Y, en su lógica, así debía ser.
El maestro de Kid Palotes era Gustavo Sánchez, un profesor de Atlixco, Puebla, cuyo instructor directo era Masaaki Hatsumi, sōke (gran maestro) de la Bujinkan Budo Taijutsu y poseedor de las nueve tradiciones ninja.

En la década de los noventa, Kid Palotes llegó a diseñar y fabricar equipo táctico ninja para los grupos de guardias presidenciales. Era equipamiento que no estaba a la venta y cuyos usos muy pocos conocían. Cuando terminó el sexenio, le requisaron su taller, confiscaron toda evidencia del equipo realizado y le prohibieron volver a fabricar esos materiales. La amenaza fue clara: si se enteraban de que lo hacía, le “partirían su madre”. Quizás lo que buscaban era evitar la insurgencia de grupos bien adiestrados con conocimientos sobresalientes. Llegó a mostrarme bóxers para golpear, espinilleras de plástico duro, antebraceras que podían parar un machetazo, botas con una punta de acero retráctil y, por supuesto, shuriken y demás armas de su arte.

Kid Palotes tuvo una esposa, pero no hijos propios. Crio a la hija de ella como si fuera suya. Su esposa, una ex policía, se dedicaba a prácticas esotéricas. Hacía limpias y sanaciones, pero tenía un carácter irascible y, a veces, no controlaba su energía, llegando a hacer daño con solo maldecir. Andaba inmiscuida con grupos de brujos, manejaba amarres y conjuros, y sospecho que eso fue lo que la llevó a la muerte. La secuestraron. Su cuerpo apareció sin cabeza; tiempo después, la cabeza fue encontrada de manera circunstancial. Kid Palotes andaba muy asustado, porque los judiciales lo llevaron a la procuraduría para que confesara si él la había matado. Le dieron su paliza, pero no lograron sacarle una confesión falsa, porque él no había sido. Además, ya había estado en circunstancias similares en décadas anteriores y conocía la ceguera al dolor de quien ya está curtido.

Kid Palotes era coherente consigo mismo. Siendo policía, fue incapaz de ser corrupto y prestarse a las mañas de muchos, lo que le granjeó enemistades dentro de la corporación. Era marginado y sufría vejaciones en su trabajo, pero sabía cómo cobrárselas con una venganza bien armada. Si sabes ninjutsu, sabes el arte de la estrategia. Tarde o temprano, la tienes ganada.

Cuando estaba en turno, a menudo lo asignaban a los grupos antimotines en distintos municipios. Así, se vio en medio de conflictos en Texoloc, Nativitas y Tlaxcala capital. Siempre lo ponían como punta de lanza para desarmar a rijosos con machetes, a borrachos con garrotes o a drogadizos indolentes.

Tuve la fortuna de aprender de él el manejo del tonfa, del PR-24, algo de katana y gotompo, entre otras muchas cosas. Su amistad me enriqueció y me ayudó a comprender vidas distintas y pensamientos diversos. Su apasionamiento me enseñó que lo que te gusta debes desarrollarlo, pulirlo, acrecentarlo y nunca dejar de aprender.

Kid Palotes no murió de COVID-19. Tenía diabetes, y se le complicó. Me enteré de su muerte meses después. Esto es una reseña de su vida y un reconocimiento a mi maestro.