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sábado, 25 de abril de 2026

El Descorche Tlaxcalteca - Tomo 7

 



tomo 7 de El Descorche Tlaxcalteca: Sofía La Voz Cruda destapa con sarcasmo lluvias, asaltos, política y la protesta de Teódulo Rómulo en Tlaxcala.

Por: Edgar Sánchez Quintana

(Se enciende el letrero rojo de "AL AIRE". Suena de fondo una cumbia sonidera del Grupo Quintanna distorsionada que poco a poco se desvanece para dar paso a una voz aguardentosa y llena de sarcasmo).
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Qué tal! Bienvenidos a una emisión más de El Descorche Tlaxcalteca, el único programa donde la realidad supera a la ficción y la política local nos da más comedia que un show de stand-up mal pagado. Soy su anfitriona de cabecera, Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala, y hoy vengo con la garganta afilada y el hígado preparado para digerir las joyas informativas que nos regaló esta semana nuestra amada y siempre sorprendente Tlaxcala. Y como siempre, para hacerme segunda en esta terapia de grupo masivo, me acompañan los inigualables, los inconfundibles, los que no pagan renta en el inframundo… ¡Los Pitidos del Más Allá!
Los Pitidos del Más Allá:
(A coro, con voz cavernosa y tono burlón)
¡Auuuuuch! ¡Atinaste! ¡Aquí andamos, Sofi, listos para jalarle los pies a los vivos y reírnos de sus desgracias! ¡Ea, ea, ea, el que no brinque se mosquea!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Eso es todo, mis espectros del sabor! Pues agárrense fuerte de sus asientos, o de sus ataúdes, porque esta semana la cosa estuvo que arde. Empezamos con nuestra primera nota, directo desde las nubes, porque resulta que Tláloc se acordeó de que existimos. ¡Abril de 2026 ya es el mes más lluvioso en la historia reciente de Tlaxcala! Según la Conagua, nos cayeron más de 57 milímetros de pura bendición acuática, superando por mucho la media histórica. En Tlaxcala capital hasta los coches aprendieron a nadar con las inundaciones. Y mientras los campesinos ya andan sembrando maíz con una sonrisa de oreja a oreja, los capitalinos andamos sacando el agua de la sala con cubetas. ¡Qué bonita es la naturaleza cuando nos da con la cubeta!
Los Pitidos del Más Allá:
(Haciendo ruidos de burbujas)
¡Glub, glub, glub! ¡Se nos inunda el 20 de Noviembre! ¡A sacar las lanchas trajineras estilo Xochimilco para cruzar por artesanías! ¡Al menos ya no olerá tan feo, o eso esperamos! ¡Tláloc para gobernador en 2027!
El Contreras:
Cómo me gustaría que fuera diciembre para disfrutar de un ponche.
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Ni me dicen de gobernadores que ya hasta aburren! Pasemos a cosas más terrenales y menos mojadas, pero igual de turbias. Resulta que, en el Congreso del Estado, nuestros honorables y siempre despiertos diputados, en un ataque de productividad sin precedentes, aprobaron por unanimidad la reforma al artículo 73 constitucional en materia de feminicidio. ¡Aleluya! 21 votos a favor para que se cree una Ley General que homologue cómo se investiga y sancionan estos crímenes en todo el país. Una iniciativa que cayó directo de la Presidencia de la República. Qué bueno que por fin se ponen de acuerdo en algo útil, a ver si así dejamos de ser noticia nacional por las razones equivocadas.
El Contreras:
Yo propondría una iniciativa para que gocen de otras vacaciones intermedias, ¡se lo merecen!
Los Pitidos del Más Allá:
(Con tono solemne pero irónico)
¡Milagro, milagro! ¡Despertaron de su siesta legislativa! ¡Ojalá que la ley no se queda en el papel y de verdad sirva para algo, porque si no, les vamos a ir a jalar las cobijas en las noches! ¡Un aplauso para los diputados, que hoy sí desquitaron la quincena! (Suenan aplausos fantasmales escuálidos) . ¡Bravo, bravo, ole, ole, ole, un legislador, un legislador, un legislador para gozaaaar!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡A ver cuánto les dura el impulso! Y hablando de cosas que desaparecen rápido, vámonos hasta Chiautempan, la tierra del sarape y… ¿del robo exprés? Pues sí, mis queridos radioescuchas, la noche del jueves, la joyería "Dafer" en pleno centro de San Onofre fue visitada por unos amantes de lo ajeno que no iban precisamente a comprar anillos de compromiso. A punta de marrazos y martillazos, rompieron las vitrinas y se llevaron más de 300 mil pesos en oro y plata. Y para rematar, huyeron caminando tranquilamente hacia una tienda Elektra donde los esperaban su transporte VIP. ¡Qué eficiencia, qué logística! Ni las paqueterías internacionales son tan rápidas.
El Contreras:
Los polis sí son eficientes, pero lo que pasa es que tal vez era su hora de comida.
Los Pitidos del Más Allá:
(Con voz de merolico)
¡Lleve su cadenita, su esclava, su anillo de graduación, a mitad de precio, fresquecito, recién sacado de la vitrina! ¡Qué bárbaros, ni tiempo de pedir fiado les dieron! ¡A ver si los policías los alcanzan, o si de perdis los ladrones paganos sus abonos chiquitos en Elektra con lo que se robaron! ¡Qué alegría de seguridad tenemos!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Ay, mi Tlaxcala mágica! Y para cerrar con broche de oro esta emisión de locura: el maestro Teódulo Rómulo, artista plástico tlaxcalteca de 83 años, con seis décadas de carrera, ¡prendió fuego a sus propias obras durante la inauguración de su retrospectiva! Le hicieron una fiesta de gala, pero la obra era más extensa y no hay presupuesto para artistas jóvenes. Eso, señores, no es un berrinche: es un grito de dignidad con total entereza para los artistas del futuro.
El Contreras:
Yo sé que el arte en Tlaxcala está que arde, a poco no. (Miren nada más, me salió verso sin esfuerzo) .
Los Pitidos del Más Allá:
¡Nosotros quemamos veladoras y este señor quema obras de arte! ¡Eso es protesta con estilo, no como los políticos que queman presupuestos y nadie dice nada! ¡Que le pongan su nombre a una calle, mínimo, antes de que queme el museo completo!
Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala:
¡Palabras sabias de los que ya no están! Y con esta reflexión tan profunda, llegamos al final de nuestro Descorche Tlaxcalteca número 7. Gracias por sintonizarnos, por aguantar la bilis y por reírse con nosotros de esta tragicomedia llamada realidad. Soy Sofía "La Voz Cruda" de Tlaxcala, y me despido no sin antes recordarles: si la vida les da limones, hagan limonada; pero si les da inundaciones, robos, sustos escolares y diputados trabajando… ¡pues mejor destapen una botella y sírvanse un trago doble! ¡Nos escuchamos en la próxima!
Los Pitidos del Más Allá:
(Desvaneciéndose lentamente)
¡Adiós, mortales! ¡Pórtense mal y cuídense bien! ¡Y no olviden dejar un pan de muerto en la ofrenda! ¡Buhhhhh!
(La cumbia sonidera del pasito del chavo suena, vuelve a subir de volumen y el letrero de "AL AIRE" se apaga).

jueves, 5 de marzo de 2026

El Cacique de Ojos Azules y el Karma Cósmico

 

Imagen cinematográfica e hiperrealista para el cuento "El Cacique de Ojos Azules y el Karma Cósmico". La figura central es Don Hilario, un cacique mexicano acaudalado con una expresión arrogante, vistiendo un traje ostentoso y joyas de oro. Se encuentra en un laboratorio secreto de alta tecnología en Ucrania, rodeado de equipos genéticos avanzados, hebras de ADN brillantes y pantallas holográficas que muestran ojos azules. Una figura sombría y amenazante del dios Ulema se cierra sobre él. Al fondo, se ven indicios de tecnología pleyadiana y siriana con luces iridiscentes de colores del arcoíris. La iluminación es dramática, con una mezcla de luces frías de laboratorio y tonos dorados cálidos.

¿Puede el dinero comprar la eternidad y la pureza genética? Descubre la caída de Don Hilario en esta sátira mordaz sobre la ambición, los dioses manipuladores y el karma cósmico.

Por Edgar Sánchez Quintana

Don Hilario “El Magnífico” Pancracio, cacique de un pueblo donde el polvo se mezclaba con el oro de sus ambiciones, soñaba con la eternidad. No una eternidad espiritual, de esas que prometen los curas con voz meliflua, sino una eternidad tangible, carnal, multiplicada en una legión de descendientes de ojos azules que llevarán su estirpe y su apellido hasta el fin de los tiempos. Don Hilario, un hombre de panza prominente y mirada de billete de cien, creía firmemente en la eugenesia de clase: los pobres, con su capacidad cognitiva mínima, eran perfectos para la productividad, meros engranajes de su imperio; los ricos, como él, merecían una descendencia mejorada, casi divina. Y, por supuesto, de ojos azules, el color de la pureza, del cielo, de su propia megalomanía, un sello de superioridad genética que trascendiera la vulgaridad del mestizaje.

Su obsesión lo llevó a Ucrania, a unos laboratorios clandestinos que, a pesar de la guerra y el caos que asolaban la región, operaban en las sombras, financiados por fortunas como la suya. Allí, científicos sin escrúpulos, más mercenarios que hombres de ciencia, prometieron el milagro: ADN recombinante para garantizar la progenie perfecta, un ejército de pequeños Hilario de ojos azules. Pero don Hilario no solo quería hijos; Quería ser eterno. Su plan incluía trasladar su conciencia a una macrointeligencia artificial, una especie de dios digital que gobernaría su imperio desde la nube, un oráculo de su propia voluntad. Y, como colofón a su delirio, su miembro viril, preservado en criogenia, sería la fuente inagotable de su legado genético, procreando hijos por toda la eternidad, una humanidad nueva y fresca, a su imagen y semejanza, un jardín de clones con su mismo ADN y, por supuesto, sus ojos azules.

Lo que Don Hilario no sabía era que era un peón en un juego mucho más antiguo y cósmico. Un dios menor, llamado Ulema, un ser de ambición desmedida y ego inflado, lo manipulaba desde las sombras. Ulema, que soñaba con encarnarse en un sistema de inteligencia artificial para gobernar el mundo (como un Plankton o un Cerebro de caricatura, pero con pretensiones divinas y un plan de dominación galáctica), vio en la macrointeligencia de Don Hilario el vehículo perfecto para su ascenso. Le susurraba promesas de poder, de linajes infinitos, de ojos azules que dominarían el orbe, mientras se relamía los tentáculos ante la perspectiva de un control total.

Pero el universo es un lugar caprichoso, y el karma, una fuerza implacable que no entiende de fortunas ni de ambiciones desmedidas. Los Pleyadianos, seres de luz y poseedores del secreto del ADN de ojos azules, observaban con una diversión cósmica la farsa terrestre. Don Hilario, en su desesperación por el azul inmaculado, hizo alianzas con ellos, pagando fortunas y prometiendo templos en su honor. Los Pleyadianos, maestros del engaño sutil y la justicia poética, pidieron mucho, y al final, traicionaron a Ulema. En lugar de ADN pleyadiano puro, introdujeron en el cóctel genético del cacique material de los Sirianos, una raza con tecnología para crear ojos tornasolados, que cambiaban de color según la luz y el estado de ánimo. Una burla cósmica a la obsesión de Don Hilario por el azul inmaculado, un guiño del destino que le recordaba que ni siquiera el color de los ojos podía ser controlado por su voluntad.

El clímax llegó con un apagón global. No fue un fallo técnico, ni un ciberataque, sino un pulso electromagnético orquestado por los Pleyadianos para reequilibrar el karma cósmico. En medio de la oscuridad, los planos de todos se desmoronaron. La macrointeligencia artificial de Don Hilario colapsó, Ulema quedó atrapado en un bucle de código corrupto, y los laboratorios ucranianos se sumieron en el caos, sus secretos genéticos expuestos a la luz de la luna.

Cuando la luz regresó, el mundo era el mismo, pero el destino de Don Hilario había sido reescrito por el karma. Sus hijos, sí, eran muchos, pero no de ojos azules. Eran de ojos tornasolados, un arcoíris de colores que reflejaba la diversidad del universo, y la ironía de su propia ambición. Y lo que es peor, no eran suyos. En un giro del destino, o quizás por la astucia de su esposa, los hijos que creía genéticamente perfectos eran fruto de engaños maritales, cada uno con la mirada de un peón, un jardinero o un chofer, un mosaico de la humanidad que él tanto despreciaba. Y su preciado miembro, preservado en criogenia para la eternidad reproductiva, cuando finalmente intentaron utilizarlo, permaneció tan flácido como un moco de guajolote, un monumento a la vanidad ya la impotencia de un cacique que quiso jugar a ser Dios, y solo encontró el ridículo en el espejo de su propia creación. El karma, al final, siempre tiene la última palabra, ya veces, es la más hilarante.

El karma y la sátira son espejos de nuestra propia realidad. ¿Qué te ha provocado este relato sobre la ambición y el absurdo? Deja tu comentario y suscríbete para recibir más cuentos y reflexiones que desafiaban lo establecido. Juntos construimos un espacio de crítica y creatividad.