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martes, 23 de mayo de 2023

La clonación de Malintzin Cihuacóatl

 

Imagen hiperrealista y cinematográfica que muestra a Citlalpopocatzin Chimalhua, un guerrero tlaxcalteca, en un laboratorio futurista, sosteniendo un tubo de ensayo brillante con la imagen etérea de Malintzin Cihuacóatl. Al fondo, se fusionan las pirámides de Xochitecatl y las montañas Popocatépetl, Matlalcueyatl e Ixtacihuatl bajo un cielo estrellado, con una nave espacial flotando sobre ellas. La escena evoca la unión de lo ancestral y lo futurista, la ciencia y el misticismo, en la búsqueda de un amor que trasciende el tiempo y el espacio.


Sumérgete en "La clonación de Malintzin Cihuacóatl" de Edgar Sánchez Quintana: un relato que fusiona la historia ancestral de Tlaxcala con la ciencia ficción pérdida intergaláctica, explorando el amor, la búsqueda de la esencia en los confines del universo.

En las vastas tierras de Tlaxcala, se encuentra un sitio ancestral llamado Xochitecatl. Este lugar, oculto entre las montañas del Popocatépetl, la Matlalcueyatl y el Ixtacihuatl y bañado por la energía de los astros, ha sido testigo de sucesos extraordinarios a lo largo de los siglos. Sus imponentes pirámides y ruinas olmecas-chicalancas resguardan secretos y misterios que desafían la comprensión humana. En este mágico rincón del mundo, donde la realidad se entrelaza con lo desconocido, surgió una historia de amor prohibido. Citlalpopocatzin Chimalhua, un joven guerrero de noble corazón pero de casta baja, vagaba entre las sombras de Xochitecatl. Su alma intrépida y su mirada audaz escondían un anhelo insaciable de trascender los límites de su condición.

En una tarde radiante, Citlalpopocatzin Chimalhua se encontró con Malintzin Cihuacóatl, una mujer de exquisita belleza que había sido escogida para ser regalada a unos misteriosos extranjeros que habían llegado a Xochitecatl. Desde el momento en que sus ojos se cruzaron, el destino unió sus almas de forma irremediable. El amor floreció entre Citlalpopocatzin Chimalhua y Malintzin Cihuacóatl, a pesar de las barreras que los separaban. Las sombras de las pirámides olmecas-chicalancas se convirtieron en su refugio secreto, donde compartían sus anhelos, sueños y promesas. Sin embargo, la cruel realidad se abalanzó sobre ellos.

La noche en que Malintzin Cihuacóatl estaba destinada a partir con los extranjeros, Citlalpopocatzin Chimalhua la tomó entre sus brazos y susurró palabras de despedida. Lágrimas cristalinas surcaron sus mejillas mientras el destino los separaba. Malintzin Cihuacóatl, con el corazón destrozado, partió hacia un futuro incierto junto a aquellos que desconocían los tesoros de Xochitecatl. Citlalpopocatzin Chimalhua, con el alma en pedazos, miró hacia el cielo estrellado buscando respuestas. En ese momento, una nave extraterrestre descendió silenciosamente desde lo más alto. Sin pensarlo dos veces, Citlalpopocatzin Chimalhua se subió a la nave, buscando en los confines del cosmos una forma de seguir el rastro de su amada.

La nave se elevó rápidamente, rompiendo la barrera de la atmósfera terrestre. Citlalpopocatzin Chimalhua, con una mezcla de esperanza y temor en su corazón, se adentró en un viaje más allá de lo conocido, en busca de un amor que trascendía la propia existencia. Mientras la nave desaparecía en el infinito, Xochitecatl permanecía inmutable, guardando sus secretos y susurros de antiguos dioses. Los avistamientos ovnis se sucedieron, al igual que la energía enigmática que emanaba de aquel lugar sagrado. La conexión entre los antiguos olmecas-xicalancas y los visitantes de otros mundos persistía, envolviendo el sitio en un aura de misterio y enigma.

Luego de embarcarse en su viaje intergaláctico, Citlalpopocatzin Chimalhua encontró un rincón lejano del universo donde seres avanzados compartían conocimientos sobre genética y clonación. Determinado a reunirse con su amada Malintzin Cihuacóatl, Citlalpopocatzin Chimalhua se sumergió en el estudio de estas ciencias, decidido a replicarla de alguna manera. Con el tiempo, Citlalpopocatzin Chimalhua adquirió habilidades y conocimientos profundos sobre la manipulación genética. Aplicando lo aprendido, se embarcó en un ambicioso proyecto para clonar a Malintzin Cihuacóatl, recreando cada fibra de su ser, cada destello de su esencia. Con los mechones de su cabellera que ella le había regalado como ofrenda a su amor.

Trabajó incansablemente en su laboratorio espacial, perfeccionando cada detalle para asegurarse de que la Malintzin Cihuacóatl clonada fuese idéntica en todos los aspectos. Después de incontables experimentos y ensayos, finalmente logró su cometido. Cuando la Malintzin Cihuacóatl clonada despertó, Citlalpopocatzin Chimalhua quedó asombrado por la perfección de su creación. Era como si su amada hubiera regresado a la misma vida. Ambos se encontraron, y el amor que habían compartido se avivó con una intensidad aún mayor. Juntos, exploraron los confines del universo, disfrutando de la eternidad que les había sido otorgada.

Recorrieron planetas lejanos, maravillándose con la diversidad de formas de vida que encontraban. Desde civilizaciones ancestrales hasta seres de luz pura, Citlalpopocatzin Chimalhua y su amada clonada vivieron innumerables aventuras, experimentando la grandeza y la belleza del cosmos. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba, Citlalpopocatzin Chimalhua comenzó a darse cuenta de que, aunque su amada clonada era una réplica perfecta de Malintzin Cihuacóatl, algo faltaba. Había una chispa de originalidad y unidad que no podía ser replicada. Aunque compartían momentos de felicidad y amor, la sombra de la imposibilidad de la existencia real de Malintzin Cihuacóatl siempre los perseguía.

A medida que exploraban y conocían nuevas culturas alienígenas, Citlalpopocatzin Chimalhua comprendió que, en su búsqueda por aferrarse a un amor perdido, había perdido la oportunidad de descubrir nuevos encuentros y amores en el vasto universo. Se dio cuenta de que el verdadero viaje no estaba en la clonación de su amada, sino en la apertura a nuevas experiencias y conexiones. Con el corazón en calma, Citlalpopocatzin Chimalhua tomó la decisión de despedirse de su amada clonada. Juntos, compartieron su último y tierno adiós, reconociendo que su historia de amor era especial y única, pero que el cosmos estaba lleno de infinitas posibilidades y encuentros.

Citlalpopocatzin Chimalhua continuó su viaje, ahora solo pero lleno de aprendizaje y sabiduría. En cada rincón que exploraba, dejaba un legado de amor y compasión. Aprendí a valorar cada momento efímero ya apreciar las conexiones fugaces que el universo le ofrece. Él regresó A Xichitecatl pero ella ya no estaba, era solo una leyenda y dejó enseñanza a los tlaxcaltecas de la región, el dibujo de un dios guerrero con un cilindro en las manos es Citlalpopocatzin Chimalhua con un tubo de ensayo grande, es el mensaje de que no se debe abusar de la clonación genética.


sábado, 20 de mayo de 2023

Manual para Amores Catatónicos

Imagen hiperrealista y cinematográfica de un hombre con barba y aspecto cansado, sentado en un sillón viejo y desgastado en un interior decadente. Sus pies descalzos y vendados descansan sobre una caja de madera. A través de una ventana rota, se ve un paisaje urbano sombrío con un letrero de neón que dice "AUTO-PILOT BAR". En el fondo, figuras borrosas y apáticas observan una televisión que emite una luz hipnótica. En primer plano, un espejo roto en el suelo refleja el rostro de una mujer mayor con maquillaje corrido y un hombre joven, simbolizando la búsqueda de belleza y verdad en lo fragmentado. Cucarachas y moscas se arrastran por el suelo y el sillón, acentuando la atmósfera de abandono y decadencia.

Sumérgete en el "Manual para Amores Catatónicos" de Edgar Sánchez Quintana, un poema visceral que explora la catatonia social, la búsqueda de verdad en la decadencia y la melancolía existencial de la era moderna.


Nunca elegí lo que soy ahora, sin responsabilidad alguna por mis palabras pasadas o futuras. Lo afirmo y lo niego en el mismo instante, mientras sigo inmerso en el juego, con un toque socarrón.

Andamos en un estado catatónico, en piloto automático.
La siembra soporífera de los verbos ha comenzado
y la mentira que se escurre por la televisión es miel:
quien se acerca, queda embadurnado.
Tu capacidad de asombro no vale
si no te provoca convulsiones.
La configuración de la descarga
se ha vuelto sombría.
Él anhela amar,
pero aquellos a quienes desean amar
lo observan con temor.
Entonces, a los objetos repugnantes les encontramos encanto.
Surge el deseo de besar y acariciar
el seno maltrecho de una vieja prostituta,
de ver a la harapienta entregando a sus voraces fauces
el tesoro lácteo de sus pechos caídos.
Suspiro por esas nalgas de extraordinaria belleza.
y el busto de un joven imberbe.
Ahorao percibí el aroma de tu ardiente seno,
porque solo en lo roto encuentro algo de verdad.
Pero no puedo ocupar el lugar que ha dejado Dios.
El asiento me queda grande
ya veces huele a sudor,
con pies adoloridos por tanto caminar.
Mi musa se convierte en mi mofletudo caballerango
y mi rostro se dibuja cervantino
al ver que solo me rodean cucarachas y moscas,
naturaleza de la más hermosa.
Él anhela amar,
pero los que desea amar
lo observan con temor.



nonato


Imagen hiperrealista y cinematográfica dividida en tres secciones. A la izquierda, una mujer desolada en una cama rústica en la Sierra de Chihuahua, con una vaca visible por la ventana, simbolizando la pérdida física. En el centro, un nonato translúcido y brillante flota en un espacio etéreo, representando la observación espiritual. A la derecha, una mujer en una clínica estéril, contrastando con una mujer sonriente que sostiene a un bebé en un paisaje soleado de la Sierra de Chihuahua, con un letrero que dice "SOCORRO", simbolizando el ciclo de vida y aprendizaje.


Explora "NONATO", un relato conmovedor de Edgar Sánchez Quintana que navega entre la pérdida, el limbo y la reencarnación, revelando el profundo ciclo de la vida y el aprendizaje en la sierra de Chihuahua.

Acto I: La Tierra

—Yo sí quería tener a este bebé —susurra la mujer, postrada en la cama—, pero la vaca me tumbó de un patadón.
Si tan solo Cesáreo hubiera ido a ordenar, pero tenía que atender a los trabajadores del aserradero. Ya ni modo. Con este son siete mis hermosos bebés abortados. Cómo me encantaría haberlo tenido en mis brazos, apapacharlo, amarlo sin medida. Cómo amaría darle de comer, amamantarlo, que fuera un sentido para esta vida acá, en la sierra de Chihuahua. Voy a seguir intentándolo hasta que ese hijo, o esa hija, se me logre.
La madre toma la sábana, se recuesta de lado y se cobija. Afuera, el rocío ha caído sobre la tierra y las gallinas picotean en busca de maíz quebrado. En el horizonte no hay zopilotes, solo unas nubes escuálidas que se deshacen en el alba.

Acto II: El Limbo

Heme aquí, una sombra, un éter sin tiempo cobijado en el silencio amoroso de la unidad. Existe en temporadas eternas, casi sin movimiento, sin alcanzar esa creación individual, personalizada, completamente humana.
Yo quiero ser , pero esto que soy ya la plenitud, lo abarcante, donde todo está y nada falta. Aun así, la experimentación del ser nunca termina; es infinita, ascendente, siempre explorando posibilidades, siempre tentando a la vida. Porque ese es nuestro destino.
Continuaré como un espectro hasta que pueda, de nueva cuenta, anclarme.

Acto III: La Clínica

Otra mujer, en otro lugar, va con toda la intención a la clínica. No avisa a nadie. Pide permiso en el trabajo y se encamina al lugar de la desesperanza. En la sala de espera, una enfermera, que ya ha tratado a muchísimas pacientes, la recibe. Sabe que muchos se arrepienten en el último instante, que quieren huir, y su trabajo es terminar de convencerlas, apagar esa intuición, ese ser de vida que despierta en su interior.
La mujer sale del procedimiento como si nada, como si se hubiera desprendido de un pedazo de uña o cortado el cabello. La vida le sembraba vida y ella la rechazaba. Es como cuando el brote de una semilla explota en su germinar y, en ese instante, se le cercena la intención. Entonces, la energía contraria se manifiesta.

Acto IV: El Sueño

De nueva cuenta, estoy aquí, en el limbo. Una vez más, regreso a la cómoda estancia del Uno para cavilar, para comprender los sinos de la vida humana. Me pregunto por qué la vida suele ser tan efímera, tan carente de cohesión, a veces irracional.
Desde esta trascendencia, observa a la madre que me negó. Veo su vida desplegarse en una estela de desventuras, depresión y un profundo vacío. Soy un ser con compasión y empatía. Yo dejo que la madre aprenda, porque cuando la madre aprende, los nonatos ya no somos necesarios. Nos extinguimos, porque todas abrazan la vida y la manifiestan desde su ser.
Años después, la madre que me rechazó se recuesta en su cama. Es de noche. Duerme profundamente y sueña.
(En un espacio de luz tenue, el Nonato flota. Aparece la figura etérea de la Madre.)
Nonato: ¿Quién eres? ¿Por qué me ha traído aquí?
Madre: Soy quien te dio la vida y luego te la arrebató. Estoy atrapada en la tristeza desde entonces.
Nonato: Siento el peso de tu arrepentimiento. ¿Por qué?
Madre: Tenía miedo. Estaba confundida. No estaba preparado. Y ahora veo cuánto me equivoqué. Me arrepiento cada día.
Nonato: A pesar de todo, te perdono. Fue una decisión difícil. Pero ahora debes encontrar tu propia paz.
Madre: No merezco tu perdón. ¿Cómo puedo encontrar la paz después de lo que hice?
Nonato: El primer paso es perdonarte a ti misma. No puedes cambiar el pasado, pero puedes usar esta herida para crecer. Aprende a amarte, a cuidar de ti. Tienes la capacidad de encontrar un propósito.

Acto V: La Vida

Lejos de allí, en la sierra de Chihuahua, la mujer que había perdido a su hijo por un accidente con una vaca, tuvo, después de tantos intentos, una hija. Le puso por nombre Socorro, porque se la había encomendado al Perpetuo Socorro para que se lograra. La amó y la quiso mucho.
Ese nonato que no fue, reencarnó en el deseo de su madre y se convirtió, con los años, en una mujer que también deseó tener muchos hijos.

Heme aquí, uno de los hijos de esa señora Socorro. Alguien que escribe, que deja enseñanza de esa sabiduría de vida que es amar la existencia y cobijarla, toda, con amor.


martes, 9 de mayo de 2023

La Voluntad del Poeta: Creación y Resiliencia en la Obra de José Pérez Márquez

 


Imagen hiperrealista y cinematográfica de un hombre, que representa a José Pérez Márquez, sentado en un vasto desierto árido. Está concentrado en la creación manual de un libro, cuyas páginas emiten una luz sutil. Pequeñas plantas vibrantes brotan de la tierra agrietada a su alrededor. En el fondo, una tenue red etérea de luces simboliza su presencia digital. La escena está bañada por una luz dorada del atardecer, contrastando la inmensidad del desierto con la íntima y resiliente labor del poeta.

Descubre la inquebrantable voluntad de José Pérez Márquez, el poeta tlaxcalteca que, con sus libros artesanales y su persistencia, redefine la creación literaria como un acto de resiliencia y autoafirmación frente a las adversidades.

El primer encuentro con la obra de un autor define la lente con la que se le leerá. En mi caso, el encuentro con José Pérez Márquez fue una colaboración: tuve el honor de escribir el prólogo y diseñar la portada de su ópera prima, "Sol y Quebranto" (2012). Desde esa semilla, ha sido testigo de una trayectoria poética marcada por una voluntad inquebrantable de expresión, un viaje que se puede definir como la persistencia de quien escribe no por elección, sino por necesidad vital. Este ensayo sostiene que la obra de Pérez Márquez es un acto de autoafirmación y resiliencia frente a las barreras, tanto institucionales como personales, utilizando la precariedad material y la discreta presencia digital como sus herramientas de supervivencia artística.

La fabricación de sus libros es, en sí misma, una declaración de principios. Obras como "Tierra de Luz" o "Fragmentos de mi vida", hechas a mano con pastas de cartón e impresiones de fotocopiadora, no son un signo de carencia, sino de disidencia. En un mundo editorial de difícil acceso, Pérez Márquez transforma cada poemario en un "arte objeto", un manifiesto físico donde la honestidad del material refleja la crudeza de sus temas: la soledad, la búsqueda de la belleza en lo cotidiano, la dualidad de la luz y la oscuridad. Esta elección es un acto de autonomía que antepone la intimidad del mensaje a la lógica del mercado.

Temáticamente, su poesía ha madurado desde la catarsis personal de "Sol y Quebranto" hacia una contemplación más profunda del mundo. Si su primer libro era la crónica de una "lucha interna", los siguientes se abren a la observación. En "Tierra de Luz", todo sucede bajo el sol, y en obras posteriores, la prosa poética se convierte en una herramienta para analizar la condición humana. Su voz evoluciona, pero la motivación persiste: usar la poesía para entender y para entenderse, reclamando un espacio en las letras que en otro momento le fue vedado.

Finalmente, su proyecto se extiende, con la misma discreción, al espacio digital. Lejos de buscar el aplauso masivo, su presencia en plataformas como Facebook o TikTok parece seguir la misma lógica de sus libros: es un canal íntimo para compartir lecturas y reflexiones. No busca la fama, sino la conexión genuina, continuando su diálogo con un "desierto" que, gracias a la tecnología, ya no tiene fronteras. Su lucha es por mantener una conversación viva, demostrando que su persistencia es una forma coherente y multifacética de sembrar en la aridez. La victoria de José Pérez Márquez no radica en conquistar el desierto, sino en la belleza y la resiliencia de seguir sembrando en él.