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lunes, 9 de marzo de 2026

Juan Bañuelos: Memoria Viva en los Pasillos de la Universidad (2026)

 

Imagen cinematográfica e hiperrealista para la crónica "Juan Bañuelos: Memoria Viva en los Pasillos de la Universidad (2026)". La escena representa un pasillo universitario en Tlaxcala, fusionando la estética de los años 90 con elementos de 2026. En primer plano, una versión más joven del autor (espigado, delgado, jovial) mira atentamente a un Juan Bañuelos mayor, quien camina con paso pausado, cabello canoso y rizado, lentes ligeramente caídos sobre la nariz, llevando carpetas. El pasillo está flanqueado por estantes repletas de libros de poesía y filosofía. Al fondo, a través de grandes ventanas, se vislumbra un campus universitario moderno y vibrante, con estudiantes interactuando y sutiles pantallas holográficas que muestran noticias relacionadas con el EZLN y eventos culturales de 2026. La iluminación es suave y nostálgica, con un cálido resplandor sobre Bañuelos y el autor, contrastando con el fondo ligeramente futurista. La atmósfera evoca un legado intelectual, compromiso político y el poder perdurable de las palabras a través de las generaciones.

Un viaje nostálgico a los noventa en la UATx: la memoria viva de Juan Bañuelos, su legado poético y su compromiso con el zapatismo en el México de 2026.

Por Edgar Sánchez Quintana

Durante mi época estudiantil, yo era espigado, más bien flaco, de andar apurado, jovial y lleno de ideas de transformación. Cursaba la universidad en la carrera de filosofía y en aquellos años, los vibrantes noventa, colaboraba en la sección cultural de los domingos del periódico El Sol de Tlaxcala.

Por ese tiempo, ya daba clases en la facultad el poeta Juan Bañuelos, quien para entonces era una figura reconocida dentro de la poesía mexicana. Lo recuerdo caminando por los pasillos universitarios con paso pausado. Tenía el pelo cano y crespo, las lentes ligeramente caídas sobre la nariz y acostumbraba carpetas llevadas apoyadas en el antebrazo. Hay quienes dicen que la forma de caminar de una persona guarda algo de sus años de juventud. Siempre imaginé que ese caminar tranquilo lo había heredado de los cerros de su natal Chiapas, territorio que tanto amó y que con frecuencia aparecía decantado en su poesía, un eco de la resistencia y la belleza de su tierra.

¿Fue la poesía lo que nos unió? No exactamente.

Lo que despertaba mi curiosidad era algo distinto, algo que resonaba con la efervescencia política de la época. Bañuelos había participado activamente en los esfuerzos de diálogo y pacificación relacionados con el conflicto entre el gobierno mexicano y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) como miembro de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA). Eso sí me interesaba profundamente. Para un joven universitario de los años noventa, con inquietudes políticas y sed de transformación social, conocer a alguien que había sido protagonista de un proceso histórico como ese resultaba fascinante. Su figura encarnaba la posibilidad de que la palabra, la poesía, pudiera ser también una herramienta de cambio, un puente entre mundos en conflicto.

Recuerdo aquellos tiempos en que algunos intentábamos, de manera casi clandestina, simpatizar con la resistencia zapatista desde Tlaxcala. La información corría de boca en boca; Había que ser prudente, hablar poco y escuchar mucho. En nuestra imaginación juvenil se mezclaban referencias de otras luchas: los rojos de España, los anarquistas, los maquis. Todo tenía un aire romántico y peligroso a la vez. Era también una época con pocas libertades y una atmósfera política que muchos sentíamos restrictiva, un contraste brutal con la búsqueda de soberanía y multilateralidad que hoy, en 2026, sigue siendo una bandera en muchos frentes.

Con el tiempo tuve la oportunidad de acercarme a él con mayor naturalidad. En la cafetería de la escuela le mostré algunos de mis apuntes: poemas y textos en prosa que yo escribía entonces. Recuerdo que los revisó con calma y me dijo algo que en ese momento sonó sencillo pero que con los años comprendí mejor:

—Habría que trabajar más… y encontrar tu forma, tu estilo.

Hoy lo entiendo con mayor claridad. Tal vez yo no estaba destinado a la poesía. Con los años mi camino se inclina más hacia la novela, el cuento y el ensayo. Sin embargo, aquella observación contenía una enseñanza profunda: cada escritor debe encontrar su propia voz, su propia trinchera en la selva cultural. Es una lección que resuena con fuerza en este 2026, donde la autenticidad y la integridad cultural son más necesarias que nunca frente a los simulacros y la homogeneización.

Aun así, asistí a un curso de poesía que él impartía. En esas sesiones se trabajó el poema con rigor: precisión, concisión, pulimento del lenguaje. Era el taller de alguien que ya había escrito varios libros y que sabía que la poesía no se improvisa, sino que se construye con disciplina y honestidad. En ese curso compartí aula con varios compañeros que con el tiempo se convertirían en poetas importantes del estado: Isolda Dosamantes, Minerva Aguilar, Jair Cortés, Yassir Zárate, Citlali Hernández Xochitiotzin, Marisol Nava, Gloria Nahaivi y Georgina Franco Gastélum, entre otros cuyos nombres hoy se me escapan de la memoria. Todo esto ocurriría en la década de los noventa en la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx), un semillero de talentos que hoy, en 2026, sigue siendo un referente cultural en la región.

Con los años, la universidad reconoció la trayectoria de Juan Bañuelos otorgándole el grado de Doctor Honoris Causa, como reconocimiento a su contribución al prestigio y al enriquecimiento cultural de la institución. Un legado que la UATx, en este presente, sigue honrando y difundiendo, manteniendo viva la memoria de un poeta que también fue un activista, un puente entre la academia y la lucha social.
Cuando el poeta falleció en 2017, muchos en Tlaxcala nos enteramos tiempo después. Él había regresado a su tierra natal, a Chiapas, donde finalmente murió, cerrando el círculo de su vida en la tierra que tanto inspiró su obra. Sin embargo, algo de su presencia permanece.

Queda la memoria de sus clases, la influencia que ejerció sobre los jóvenes poetas que formaron y la huella que dejó en quienes, aunque no seguimos el camino de la poesía, aprendimos de él una lección esencial: la literatura es también una forma de disciplina, de búsqueda y de honestidad con la propia voz. En 2026, cuando se cumplen 30 años de los Acuerdos de San Andrés, y el zapatismo sigue siendo un símbolo de resistencia cultural y política, la figura de Juan Bañuelos cobra una relevancia aún. Su compromiso con los pueblos originarios y su visión de una cultura arraigada en la justicia social, son un faro para las nuevas generaciones que buscan construir una sociedad más equitativa y plural. Eso es lo que queda de Juan Bañuelos en Tlaxcala: la memoria viva de quienes pasaron por sus aulas y encontraron en su enseñanza una forma de acercarse con mayor seriedad al oficio de la palabra, ya la vida misma.

"La palabra y la memoria cobran fuerza cuando se comparten. Te invito a dejar tu comentario aquí abajo: ¿conociste al maestro Bañuelos o su obra ha resonado en tu propio camino? Comparte tu perspectiva y suscríbete al blog para que sigamos rescatando juntos las voces que dan identidad a nuestra tierra."

sábado, 20 de mayo de 2023

Manual para Amores Catatónicos

Imagen hiperrealista y cinematográfica de un hombre con barba y aspecto cansado, sentado en un sillón viejo y desgastado en un interior decadente. Sus pies descalzos y vendados descansan sobre una caja de madera. A través de una ventana rota, se ve un paisaje urbano sombrío con un letrero de neón que dice "AUTO-PILOT BAR". En el fondo, figuras borrosas y apáticas observan una televisión que emite una luz hipnótica. En primer plano, un espejo roto en el suelo refleja el rostro de una mujer mayor con maquillaje corrido y un hombre joven, simbolizando la búsqueda de belleza y verdad en lo fragmentado. Cucarachas y moscas se arrastran por el suelo y el sillón, acentuando la atmósfera de abandono y decadencia.

Sumérgete en el "Manual para Amores Catatónicos" de Edgar Sánchez Quintana, un poema visceral que explora la catatonia social, la búsqueda de verdad en la decadencia y la melancolía existencial de la era moderna.


Nunca elegí lo que soy ahora, sin responsabilidad alguna por mis palabras pasadas o futuras. Lo afirmo y lo niego en el mismo instante, mientras sigo inmerso en el juego, con un toque socarrón.

Andamos en un estado catatónico, en piloto automático.
La siembra soporífera de los verbos ha comenzado
y la mentira que se escurre por la televisión es miel:
quien se acerca, queda embadurnado.
Tu capacidad de asombro no vale
si no te provoca convulsiones.
La configuración de la descarga
se ha vuelto sombría.
Él anhela amar,
pero aquellos a quienes desean amar
lo observan con temor.
Entonces, a los objetos repugnantes les encontramos encanto.
Surge el deseo de besar y acariciar
el seno maltrecho de una vieja prostituta,
de ver a la harapienta entregando a sus voraces fauces
el tesoro lácteo de sus pechos caídos.
Suspiro por esas nalgas de extraordinaria belleza.
y el busto de un joven imberbe.
Ahorao percibí el aroma de tu ardiente seno,
porque solo en lo roto encuentro algo de verdad.
Pero no puedo ocupar el lugar que ha dejado Dios.
El asiento me queda grande
ya veces huele a sudor,
con pies adoloridos por tanto caminar.
Mi musa se convierte en mi mofletudo caballerango
y mi rostro se dibuja cervantino
al ver que solo me rodean cucarachas y moscas,
naturaleza de la más hermosa.
Él anhela amar,
pero los que desea amar
lo observan con temor.



viernes, 20 de junio de 2014

Isolda Dosamantes: poesía y vivencia, un canto a la resiliencia.

Imagen cinematográfica e hiperrealista de una mujer con expresión contemplativa, sentada en una mesa de madera al aire libre, escribiendo en un cuaderno. Sus manos emiten un brillo sutil y dorado, simbolizando la energía creativa y la recuperación. Al fondo, un paisaje onírico que fusiona elementos de Tlaxcala (volcanes, arquitectura tradicional) con representaciones abstractas de su poesía: luciérnagas, un río, una luna creciente, y contornos etéreos de una gacela y una emperatriz. Un pequeño girasol en una maceta sobre la mesa añade un toque de esperanza y vitalidad. La atmósfera es artística, introspectiva, resiliente y profundamente conectada con la naturaleza y la emoción humana.

Descubre la profunda conexión entre la vida y la obra de Isolda Dosamantes, una poeta mexicana que transforma sus vivencias en versos y enfrenta desafíos con resiliencia. Un análisis de Edgar Sánchez Quintana sobre la búsqueda de identidad y la liberación a través de la poesía.

A lo largo de los años, he llegado a apreciar profundamente la conexión intrínseca entre el autor y su vivencia. Me complace entrelazar las obras con las experiencias de vida de sus creadores, pues sin esa pasión vital, sin el goce de la existencia, las obras corren el riesgo de carecer de la profundidad y el arraigo necesarios.

Isolda Dosamantes, poeta mexicana, encarna esta fusión entre vida y obra. Su poesía es un reflejo de sus existencias, comprometida con la vida misma, transformando los ires y venires en letras poéticas. Su obra es un testimonio de su búsqueda constante, como se aprecia en el poema "Cuervos en la memoria":

Mis manos danzan sobre tu espalda,
y nace en mis ojos un brillo de alegría,
es un goce el aroma de tu piel en mis cabellos
es río que nace en mi entrepierna.En la penumbra de la luna
cuando nuestros cuerpos encuentran el sosiego
soy dichosa de tan libre,
en cada paso la certeza de la luz.Soy una luciérnaga constante,
burbuja de tus labios
con esa forma sutil de tus miradas.Soy la bella emperatriz de tus anhelos
gacela entre montañas,
tu cáliz y tortura.
Soy gacela, luciérnaga, burbuja
soy veneno, emperatriz y lágrima
en el instante que me estrello con tu olvido.
Soy vértigo, ensoñación del aguamala
y busco en los escombros
descubro entonces el otro lado de mi piel
y me estremezco.
No sé cuando te perdí, ni donde reencontrarme
¿dónde el brillo de luciérnaga, en qué beso, en cuál esquina?
Y soy pescado de mil cañas.Y soy pescado de bambúes y de carrizos
soy pescado
y me recuerdo en la sonrisa de una niña.

En estos versos, la escritora tlaxcalteca busca reconstruirse, explicarse, desdoblarse para encontrar su ser. A veces se mimetiza con las cosas, con lo imaginario, o encuentra otra identidad, tal vez en los besos del amante. Es una exploración profunda de la identidad y la memoria.
Otro ejemplo de su profunda conexión con la existencia se manifiesta en "Un canto":

Quiero que llegue el mar, ser agua,
ser agua por un mes hasta librarme;
ser liebre, liebre, liebre, libre y danzar
desandar los nudos y bailar un ritmo nuevo,
sacudirme de las fuerzas oscuras
encontrar al duende
hablar con la musa
despertar al ángel
llegar al veste de la diosa y verla cobijarme.
Sentir que me abriga para callar el viento en mi cabeza
y poner las palabras en mi pluma.

La autora nos revela que, a pesar de encontrarse en una "cuadratura", en una "matrix", la poesía es posible. Las diosas lo permiten, el desarrollo de encuentros con lo imaginario, con los seres benefactores de la poesía, para abrogar la opresión. Es un acto de liberación a través de la palabra.
Isolda Dosamantes es una de las autoras cuya trayectoria aprecio, sin demeritar a otras destacadas escritoras de la misma región como Citlalli H. Xochitiotzin y Minerva Aguilar Temoltzin.

Nacida en Tlaxcala, México (1969), Isolda Dosamantes es Licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Posee una Especialización en Literatura Mexicana por la Universidad Autónoma Metropolitana y un Diplomado en Creación Literaria de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM). Ha sido becaria de la Fundación Alberti, del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de Tlaxcala y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Entre sus poemarios destacan Altura Lustral (2001) y Utopías de Olvido (1997). Ha colaborado en suplementos culturales como El Sol de Tlaxcala y en diversas revistas culturales (Textos, Tierra Adentro, Pasto Verde, Oráculo, Deriva, Molino de Letras). Su obra figura en antologías como Eco de Voces. Generación poética de los sesenta (2004), Melíferas Bocas (2004), Para tu exclusivo placer (2003) y en las selecciones Sueños que a plena luz evaporan los soles (1993) y Nos queremos casar de rojo (2001). Ha ejercido la docencia en preparatorias de la Ciudad de México, en el CEPE UNAM, en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, y fue profesora en la Universidad de Xiangtan, China.

Es importante señalar que, a pesar de su destacada trayectoria internacional, Isolda Dosamantes mantiene sus raíces firmes en Tlaxcala, donde reside actualmente. Recientemente, ha enfrentado un desafío personal debido a una caída. Desde aquí, le enviamos nuestros mejores deseos para una pronta y completa recuperación. Su espíritu de "luciérnaga constante", que ilumina sus versos, es un testimonio de su resiliencia, y estamos seguros de que, como en su poesía, encontrará la luz y la fuerza para superar este momento. Su presencia en Tlaxcala sigue siendo un faro para las letras y un ejemplo de cómo la vivencia nutre la creación, incluso en los momentos de pausa física.