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jueves, 20 de enero de 2011

Tlaxcala: El Monopolio del Asfalto y la Urgencia de una Movilidad Digna


Imagen cinematográfica e hiperrealista que muestra una moderna terminal de autobuses en Tlaxcala con un autobús eléctrico de última generación. En el fondo, una vieja y oxidada "combi" de los años 70 se desvanece entre sombras, simbolizando la transición del monopolio a la modernidad. Al horizonte se aprecian los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl bajo un cielo de atardecer dorado.

¿Es posible un transporte digno en Tlaxcala? Edgar Sánchez Quintana analiza el fin del monopolio de ATAH y la urgencia de modernizar una central camionera anclada en el pasado.


Por Edgar Sánchez Quintana

Las terminales de autobuses poseen un simbolismo profundamente marcado en nuestra actualidad. Son lugares-vértice donde se intercambian biografías y destinos, pero en Tlaxcala, este símbolo se ha convertido en una grotesca ironía de lo que debería ser el progreso. Nuestra "Central de Autobuses", inaugurada en la década de los setenta como un logro de concentración y orden, hoy se asemeja más a una costa de ciudad colonial que a un centro de transferencia moderno. Como una ostra que desova chatarras, la central sigue operando bajo el "método de la sardina": mientras más pasajeros entren al autobús con el mismo servicio retrógrado, mejor será la ganancia para los viejos déspotas que disfrutan de su coto.

Durante décadas, la empresa Autotransportes Tlaxcala, Apizaco y Huamantla (ATAH) ha manejado a su antojo las concesiones y la camionera central, estableciendo un monopolio de facto que ha asfixiado la competitividad y la calidad del servicio. Sin embargo, en este 2026, el panorama está cambiando. Investigaciones recientes de la Secretaría de Movilidad y Transporte (SMyT) han revelado una verdad escandalosa: tanto ATAH como Expresso Xicohténcatl han operado durante los últimos 30 años sin concesiones ni permisos vigentes, cobrando tarifas onerosas bajo una supuesta jurisdicción federal que la propia Federación ha desconocido.

El gobierno actual, encabezado por Lorena Cuéllar , ha iniciado una batalla legal y administrativa para romper estas cadenas. Tras la pérdida de amparos por parte de ATAH en febrero de 2026, se ha abierto la puerta a la regularización ya la entrada de nueva competencia en rutas críticas como la Tlaxcala-Apizaco. El objetivo es claro: transitar de una "vanidad ridícula" de transporte hacia un sistema digno, con terminales de origen y destino reales, y tarifas que no castiguen el bolsillo del trabajador tlaxcalteca.

Para que Tlaxcala cuente con vialidades y transporte a la altura de su gente, no basta con renovar el parque vehicular con unidades tipo sprinter que saturan las rutas. Es necesario un ordenamiento integral que equilibre la oferta y la demanda, eliminando la sobreoferta que genera caos y vibraciones de desidia. La modernización debe incluir tecnología nula hasta ahora, infraestructuras viales inteligentes en puntos críticos como Tizatlán y, sobre todo, una gestión transparente que anteponga el bienestar del peatón y del usuario al beneficio de unos pocos.

La camionera central ya no puede seguir siendo ese "espantajo arquitectónico" que ignora el zarpazo de la globalización. Es hora de que el transporte en Tlaxcala deje de ser un "carromato de biografías" en ayuno de dignidad y se convierta en el manantial lozano que el paseante y el ciudadano merecen. La batalla contra los monopolios es apenas el preámbulo; la verdadera meta es que el derecho a la movilidad deje de ser una concesión graciosa para convertirse en una realidad cívica indiscutible.

Las nubes de "don Goyo"





Pompeya se localizaba a diez kilómetros del Vesubio, volcán que en el año 62 dC hizo erupción; Aquello según historiadores, arqueólogos y vulcanólogos, a la fecha a tenido unas 70 erupciones. La semejanza entre el Popocatépetl y el Vesubio son muy lejanas tanto en el tiempo como en el espacio, uno está en Italia y el otro en México, tampoco hay mucho parecido entre las ciudades como Pompeya y Herculano, cerca de Nápoles; con   los pueblos de San Nicolás de los Ranchos, y Santiago Xalitzintla cerca de Puebla,   pero los dos tienen que ver con una actividad volcánica

         La majestuosidad del volcán Popocatépetl puede apreciarse desde lejos, es un panorama único, pero también de cerca,   hago memoria al haberlo escalado hace aproximadamente cinco años. Ver las fotos del recuerdo en el borde del cráter y después verlo por la televisión escupiendo lava, piedras candentes, y material incandescente resulta casi cosa de la imaginación, una quimera, como si ese cráter fuera otro,   uno distinto localizado en   sitio remoto.   El momento de ver a un volcán en erupción en vivo es espasmódico, anonadante, le quita a uno el aliento ante el lucimiento de la naturaleza, el poder incontinente de la tierra. Así lo ha de haber captado Plinio el viejo al observar al Vesubio o el Doctor Atl al ver al Paricutín.

 Una erupción es la expresión máxima de que la tierra respira, sigue su curso sin importarle que cosa esté atajando el paso, o bien que le caiga ceniza al coche cuando apenas el día anterior lo habíamos lavado hasta con champú. En ocasiones resulta que no nos damos cuenta, estamos metidos en nuestras nimiedades, resolviendo nuestros particulares problemas cotidianos y luego el volcán estalla, hace erupción, algunos dicen: —aparte de todos los problemas que tengo, la renta, los gastos de la casa en fin, a todo eso ¡hay que sumar todavía   la erupción del popo!

Nunca se está del todo preparado para verse sometido uno a las contingencias que la vida nos depara, o que la naturaleza nos prepara, cada cual se enfrenta a esas eventualidades de muy distinto modo y las toma también según sus capacidades de adaptación y confronta ese problema según su manera de ser y de pensar. El volcán Popocatépetl es una eventualidad sin parangón, como lo he descrito líneas arriba, su activación afecta la región central y no es que perturba sólo a una región de doce kilómetros cuyo eje es el cráter sino a localidades algo alejadas como Tlaxcala o Veracruz. Tal parece que Tlaxcala se está convirtiendo en el predilecto sitial de las nubes de ceniza y en cuanto a Veracruz   pues también, pero hay una diferencia, que las nubes que van a dicho puerto primero pasan por Tlaxcala y de paso dejan su polvito.

Estrenamos siglo   —cosa rara, sin fiestas— ya Tlaxcala le pinta una bonanza en cuanto a progreso y desarrollo en los próximos años; Sin embargo, la ceniza del volcán hará que algunos perciban el futuro o bien opaco o legañoso y para otros cristianos será tal vez un miércoles de ceniza permanente; entre otras cosas, no olvidemos que según algunos paleontólogos, los dinosaurios se extinguieron debido a las gruesas capas de ceniza habidas en la atmósfera, tal vez ese eco   se convirtió en regla   y así nos deshagamos de algunos dinosaurios metidos en la política. Desde tiempos bíblicos el hombre siempre espera que caigan cosas del cielo, claro, no me refiero a la invariable lluvia de siempre, sino de cosas distintas como el maná o como los billetes de cincuenta pesos que les lanzaban a los tarahumaras para que votaran por el antiguo partido en el poder, Don Goyo lanza una lluvia de ceniza a los tlaxcaltecas, todo para que en los próximos años su agricultura triplique sus ganancias y así nos vaya bien a todos incluso a los poetas sin trabajo oa los escritores sin oficio ni beneficio.

El tema que desarrollo me hace recordar una obra de Sócrates que se llamaba las nubes, esa fue la única obra que realizó y se perdió, no olvidemos que Sócrates realizó sus indagaciones filosóficas mediante la mayéutica, o sea en diálogo entre preguntas y respuestas. La obra Las nubes  fue el azote de Sócrates puesto que fue calumniado por ella, decían los griegos que era una obra realizada por un hombre que vivía en los nublados o sea   un hombre que andaba siempre en las nubes, haciendo indagaciones raras y preguntándose por cuestiones trascendentales que a muy pocos les importaba, finalmente Sócrates pasa a la posteridad, asegura que el sentido del hombre es precisamente   cuestionarse sobre el todo afirmando que ese es uno de los modos en que el hombre es hombre y se diferencia así de los animales. Actualmente, creo que Sócrates viviendo en Tlaxcala, no le tentaría escribir esa obra del mismo modo; seguramente sus cuestionamientos tenderían más hacia preguntas y tesis sobre: ​​la composición mineral   de la nube de ceniza y sulfitos diseminados, su temperatura calculada en grados y altitudes, la elevación que alcanza desde el cráter hasta arribototota y el viaje trasatlántico que podría tener según suposiciones de chamán o de brujo de Catemaco. Y digo lo anterior sobre Sócrates y su hacer porque recordemos que estamos en plena modernidad y globalización y quien no se acople en su discurso   a lo que es el desarrollo de la ciencia y la técnica, pues andará como loco preguntándose si los ángeles tienen lunares u otras cuestiones metafísicas y   ahora sí, hablando sobre las nubes y por añadidura muerto de hambre así, precisamente, como yo me lo imagino.  

Las nubes de don Goyo son muy poco literarias a menos que nos refiramos  a la novela de Malcolm Lowry Bajo el Volcán o a las peripecias de los españoles que narra Diego Muñoz Camargo para obtener el azufre para hacer la pólvora que se utilizaría en la guerra contra los aztecas o bien otra referencia que por el momento se me olvida, pero no sabemos si esto sea un preámbulo para que los literatos se pongan a escribir sobre “las nubes de don Goyo”.

John Steinbeck: La Literatura que Atraviesa el Alma


John Steinbeck: La Literatura que Atraviesa el Alma



Descubre por qué John Steinbeck sigue siendo un autor esencial. Edgar Sánchez Quintana explora la obra del Nobel que nos confronta con la dignidad de los desposeídos y la esencia de la humanidad.

Por Edgar Sánchez Quintana

La literatura cobra su verdadero sentido cuando nos penetra, nos atraviesa, cuando nos obliga a reflexionar ya cuestionarnos sobre nuestra propia esencia. Pocos autores han logrado esta proeza con la intensidad de John Steinbeck (1902-1968), cuya obra se ha incrustado profundamente en mi vida.

Hace algunos años, la invitación de un amigo me abrió las puertas a este autor. Debo confesar que existía en mí un prejuicio hacia los novelistas norteamericanos, una concepción errónea de que me encontraría con la empalagosa idea del "sueño americano". ¡Cuán equivocado estaba! Poco a poco, fui descubriendo un vasto ramillete de voces en la literatura estadounidense, tanto en novela como en poesía y ensayo, que me ofrecieron una comprensión distinta y profunda de su vasta cultura. Entre ellos, la obra de Steinbeck se alza como un sembradío fecundante, una contundente identificación con el desposeído que resuena en lo más hondo.

Steinbeck posee una astucia fastuosa para describir los momentos crudos en que la desventura llega en avalancha, haciéndonos comprender nuestra intrínseca humanidad. Su ambiente, su contexto californiano, se convierte en un ordenadero para su obra; el laboratorio de Steinbeck son los sentimientos humanos en su estado más puro: sus prejuicios, su izquierdismo, la infamia en la que se ven subyugados los desheredados. Con maestría, nos descubre la humanidad pigmea en algunos hombres ruines y, del mismo modo, nos ejemplifica en imágenes imborrables la capacidad humana del consuelo eucarístico, la misericordia que florece entre los hombres. El tema central de su obra es, en este sentido, lo social, pero sobre todo la dignidad inquebrantable de los pobres y de los oprimidos.

Steinbeck alcanza el grado del retrato literario porque lo experimentó en carne viva: fue bracero, recolector de frutas, mecánico y recorrió una variedad de trabajos temporales que lo convirtieron no solo en sabedor, sino en sabio para comprender a plenitud las pasiones humanas. Es por ello que se ganó el Premio Pulitzer en 1940 con Las uvas de la ira —su obra cumbre— y el Premio Nobel de Literatura en 1962 .

Entre sus obras más destacadas se encuentran Tortilla Flat (1935), En dudosa Batalla (1936), La fuerza bruta ( De ratones y hombres , 1937), La luna se ha puesto (1942), además de relatos cortos maravillosos como El pony rojo y La perla ; este último, quizás, grabado para la adaptación cinematográfica de Don Emilio "el Indio" Fernández. Steinbeck también incursionó en el cine, realizando guiones para películas como Viva Zapata , dirigida por Elia Kazan, y Al Este del Edén , así como Por el Mar de Cortés .
Finalmente, quiero invitar a disfrutar de la inmensa herencia dejada por John Steinbeck, pues estoy seguro de que, al igual que yo, quedarán profundamente complacidos y conmovidos por la verdad que emana de sus páginas.


CHARLES BUKOWSKI: Entre los Bares y las Bibliotecas

 
Imagen cinematográfica e hiperrealista de una figura que evoca a Charles Bukowski, con rostro curtido y un cigarrillo colgando de los labios, sentado en la barra de un bar tenuemente iluminado. Sus ojos reflejan una mezcla de cinismo y profunda observación. Al fondo, sutilmente integradas, se aprecian estanterías repletas de libros, creando una yuxtaposición entre su existencia cruda y su profundidad intelectual. La atmósfera es sombría, ahumada y melancólica, con luces de neón reflejándose en las calles mojadas a través de una ventana. La paleta de colores es apagada, con fuertes contrastes entre luces y sombras, enfatizando la emoción cruda y la realidad.
Explora la vida y obra de Charles Bukowski, el poeta que encontró la verdad entre los bares y las bibliotecas. Un ensayo de Edgar Sánchez Quintana sobre la crudeza, el desenfado y la singularidad de un genio literario.

Por Edgar Sánchez Quintana
México, 2014

"Dadme más vino porque la vida es nada"
—Fernando Pessoa

Para mí, los poetas siempre han sido gente común que le habla de tú al espíritu; son pura esencia, entidades que se solazan en su singularidad. Son como barcos arrastrados por la existencia, pero circundados por un aura potente que ilumina algún futuro embarcadero o puerto. En presencia, quizás insípidos o insoportables, pero su pluma les hace perdonar cualquier cosa: ser homosexuales, asesinos, trinqueteros, estalinistas, de izquierda o de derecha; locos, teporochos o drogadictos.

Uno de estos poetas, con algo de visionario y de chiflado, que alcanza en la expresión poética el tinte sublime del arte, es sin lugar a dudas Charles Bukowski. En su poesía se percibe la pose del genio sin aureola que transita la vida, degustando la existencia, desamparándose de ella, arrastrándose por los callejones más inhóspitos, cohabitando en la podredumbre, teniendo como vecinos a los mendigos o siendo, por largas temporadas, uno de ellos. La característica singular de su poesía es que viste su obra con los menesteres que le ofrece la vida: vacío, ubicuidad, jactanciosidad, superficialidades, injusticia, falsedades. Ante todo esto, Bukowski se cobija:

"Simplemente me quedé allí sentado esperando. Unos diez minutos después sentí un hormigueo por todo el cuerpo. Fui capaz de mover la mano un poquito. Luego, otro poquito. Me llevé el vodka a los labios, conseguí inclinar la cabeza y me lo bebí todo. Puse el vaso en el suelo, me estiré en la cama y esperé de nuevo a que me entrara el sueño. Oí un disparo en la calle y comprendí que en el mundo todo iba bien. A los cinco minutos estaba dormido. Como todos los demás."

El pensamiento de este poeta estadounidense hace acordes con la ubicuidad; la percibe desde adentro. Su poesía es su misma existencia, una percepción de la vida transitoria, la dinámica de los barrios populares, el sinsentido de la existencia, los espectros que tienen las manzanas con gusanos, como dice en uno de sus poemas: "No olvides las aceras, las putas, la traición, el gusano en la manzana, los bares, las cárceles, los suicidios de los amantes."
En Charles Bukowski hay una especie de herencia norteamericana que viene de Walt Whitman, E. E. Cummings, William Carlos Williams, entre otros, y que se manifiesta en el desenfado, la llaneza, la simpatía y una humanidad a veces "democrática" y a veces cruda. Es la crudeza y la misma búsqueda de Henri Michaux, cuya sentencia-objetivo reza: "me propongo explorar la mediocre condición humana." Los objetivos de Bukowski a veces se pierden y a veces se reencuentran; con empecinamiento, la escritura es aquello que lo salva, así lo afirma en uno de sus textos:

"...por eso escogí ser un escritor, si vales una maldita cosa, puedes seguir con tu relajo, hasta el último minuto del último día. Puedes seguir mejorando en vez de empeorar, puedes seguir golpeándolos contra la pared, a través de la oscuridad, la guerra, con buena o mala suerte, puedes continuar golpeándolos, con el deslumbrante relámpago de la palabra, derribando a la vida en la vida y a la muerte demasiado tarde para ganar verdaderamente contra ti."

En Charles Bukowski no solo encontramos a un peregrino que anda en ruta por las palabras, o que busca los acueductos oscuros de la realidad, sino al peregrino que frecuenta las bibliotecas leyendo cuanto se le aparece: libros de química, folletines de algún poeta desconocido, libros de arquitectura, tratados de agronomía, entre otros infinitos. Pero en él no solo entra eso, también el alcohol, y del más variado: desde la infaltable cerveza bien fría, vodka, coñac, aguardiente del peligroso, copas de las más variadas y disfrutadas en tugurios conocidos, en bares anegados de ambiente pesado, en tabernas que han sido para él como su segunda casa. Es una existencia que me hace recordar al autor de Bajo el volcán por la cercanía con los brebajes del dios Baco. Y cito: "Si las bibliotecas ayudaron, en mi otro templo, los bares, era otra cosa, más simplista el lenguaje y el camino era diferente..."
Entre las obras de Charles Bukowski se encuentran: War All The Time, You Get So Alone At Times, That It Just Makes Sense, Mockingbird Wish Me Luck, Play The Piano Drunk Like A Percussion Instrument Until The Fingers Begin To Bleed A Bit, The Days Run Away Like Wild Horses Over The Hills, Living On Luck, Dangling In The Tournefortia, The Last Night On The Earth Poems, Betting On The Muses, Shakespeare Never Did This, Love Is A Dog From Hell, Burning In Water Drowning In Flame, There's No Business, Beautiful, The Roominghouse Madrigals. Y los traducidos al castellano están: Cartero, Factotum, Mujeres, La Senda del Perdedor, Hollywood, Pulp, Erecciones, Eyaculaciones, Exhibiciones; La Máquina de Follar, Escritos de un Viejo Indecente, Se Busca una Mujer, Música de Cañerías, Hijo de Satanás, Peleando a la Contra, Lo que más me gusta es rascarme los sobacos, Hank (La Vida de Charles Bukowski).

En Charles Bukowski reside el elemento que nunca podrá dejar de ser, el que fue integrado desde Baudelaire: la aureola del poeta perdida en el fango del macadán, la pose reinventada del poeta lejos del empoltronamiento, la zalamería y el incienso. Porque Bukowski entiende que en el intelectualismo y la cultura literaria hay mucha falsedad, mojigatería y lenguaje refinado o vocabulario cuajado. Muy al contrario, él buscaba una certeza indagada en la vida diaria "más bien parecida a un pedazo de cartón."