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jueves, 20 de enero de 2011

Tlaxcala y la Deuda con su Espacio Cultural: De San Francisco a la Ciudad de la Cultura



De la utopía de 2011 a la realidad de 2026: Edgar Sánchez Quintana analiza la evolución de los espacios culturales en Tlaxcala, desde el Conjunto de San Francisco hasta la nueva Ciudad de la Cultura.

Por Edgar Sánchez Quintana

Actualización: Febrero de 2026

Los centros de expresión artística y los recintos culturales han navegado históricamente a la deriva de los gobiernos en turno, convirtiéndose en prioridades solo cuando la imagen pública de las autoridades corre el riesgo de verse empañada. En 2011, señalaba con preocupación la carencia de un espacio que dignificara la labor de los creadores en Tlaxcala. Quince años después, el panorama ha cambiado drásticamente en su forma, aunque las interrogantes sobre el fondo permanecen vigentes.

En aquel entonces, el proyecto de un Centro Cultural de San Francisco, ubicado en la calzada que conduce a la emblemática iglesia, se presentaba como la solución al peregrinaje de artistas que debían improvisar presentaciones en bares, atrios lluviosos o auditorios saturados. Sin embargo, la historia tomó un rumbo distinto: la inscripción del Conjunto Conventual de San Francisco en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2021 transformó la zona en un santuario de preservación, donde cualquier intervención arquitectónica moderna debe someterse a rigurosas normativas del INAH y organismos internacionales.

Espacio Cultural (2011)Situación Actual (2026)Función Principal
Teatro XicohténcatlRestaurado y activoRecinto histórico principal
Palacio de la CulturaSede de la Secretaría de Cultura FederalCoordinación administrativa y exposiciones
Atrio de San FranciscoEspacio de Patrimonio MundialEventos solemnes y preservación histórica
Proyecto San FranciscoReemplazado por conservaciónPreservación del Conjunto Conventual
Hoy, la administración de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros ha decidido saldar esa deuda histórica con una apuesta de gran escala: la Ciudad de la Cultura y el Entretenimiento, ubicada en Atlihuetzia. Con una inversión que supera los 550 millones de pesos, este complejo busca descentralizar la actividad cultural del saturado Centro Histórico. El proyecto, supervisado por el secretario de Infraestructura, Eduardo Tapia Hernández, contempla un auditorio para siete mil personas, talleres y un nuevo Centro Cultural que promete ser el polo de desarrollo que tanto reclamábamos.
No obstante, la esencia de mi crítica original sigue siendo el faro que debe guiar estos esfuerzos. La cultura no es una fábrica para producir ociosos, ni un adorno para el currículum de un político; es la entidad que enriquece a una sociedad y la mantiene viva. Mientras la Ciudad de la Cultura se erige en Yauhquemehcan, no debemos olvidar que la dignidad del artista no reside solo en el cemento y las gradas, sino en la gestión eficiente y el respeto a la creación.

Es plausible que Tlaxcala haya dejado atrás la era de las "obras pequeñas" para lanzarse a proyectos de magnitud internacional. Mi anhelo de 2011, de contar con un centro cultural que pudiéramos valorar orgullosamente, parece materializarse hoy en una escala que supera lo imaginado. Queda en manos de los ciudadanos y de la comunidad intelectual vigilar que estos nuevos templos del arte no se conviertan en elefantes blancos, sino en el corazón palpitante de una Tlaxcala que, por fin, dignifica su inmensa riqueza espiritual.

Referencias



Tlaxcala: El Monopolio del Asfalto y la Urgencia de una Movilidad Digna


Imagen cinematográfica e hiperrealista que muestra una moderna terminal de autobuses en Tlaxcala con un autobús eléctrico de última generación. En el fondo, una vieja y oxidada "combi" de los años 70 se desvanece entre sombras, simbolizando la transición del monopolio a la modernidad. Al horizonte se aprecian los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl bajo un cielo de atardecer dorado.

¿Es posible un transporte digno en Tlaxcala? Edgar Sánchez Quintana analiza el fin del monopolio de ATAH y la urgencia de modernizar una central camionera anclada en el pasado.


Por Edgar Sánchez Quintana

Las terminales de autobuses poseen un simbolismo profundamente marcado en nuestra actualidad. Son lugares-vértice donde se intercambian biografías y destinos, pero en Tlaxcala, este símbolo se ha convertido en una grotesca ironía de lo que debería ser el progreso. Nuestra "Central de Autobuses", inaugurada en la década de los setenta como un logro de concentración y orden, hoy se asemeja más a una costa de ciudad colonial que a un centro de transferencia moderno. Como una ostra que desova chatarras, la central sigue operando bajo el "método de la sardina": mientras más pasajeros entren al autobús con el mismo servicio retrógrado, mejor será la ganancia para los viejos déspotas que disfrutan de su coto.

Durante décadas, la empresa Autotransportes Tlaxcala, Apizaco y Huamantla (ATAH) ha manejado a su antojo las concesiones y la camionera central, estableciendo un monopolio de facto que ha asfixiado la competitividad y la calidad del servicio. Sin embargo, en este 2026, el panorama está cambiando. Investigaciones recientes de la Secretaría de Movilidad y Transporte (SMyT) han revelado una verdad escandalosa: tanto ATAH como Expresso Xicohténcatl han operado durante los últimos 30 años sin concesiones ni permisos vigentes, cobrando tarifas onerosas bajo una supuesta jurisdicción federal que la propia Federación ha desconocido.

El gobierno actual, encabezado por Lorena Cuéllar , ha iniciado una batalla legal y administrativa para romper estas cadenas. Tras la pérdida de amparos por parte de ATAH en febrero de 2026, se ha abierto la puerta a la regularización ya la entrada de nueva competencia en rutas críticas como la Tlaxcala-Apizaco. El objetivo es claro: transitar de una "vanidad ridícula" de transporte hacia un sistema digno, con terminales de origen y destino reales, y tarifas que no castiguen el bolsillo del trabajador tlaxcalteca.

Para que Tlaxcala cuente con vialidades y transporte a la altura de su gente, no basta con renovar el parque vehicular con unidades tipo sprinter que saturan las rutas. Es necesario un ordenamiento integral que equilibre la oferta y la demanda, eliminando la sobreoferta que genera caos y vibraciones de desidia. La modernización debe incluir tecnología nula hasta ahora, infraestructuras viales inteligentes en puntos críticos como Tizatlán y, sobre todo, una gestión transparente que anteponga el bienestar del peatón y del usuario al beneficio de unos pocos.

La camionera central ya no puede seguir siendo ese "espantajo arquitectónico" que ignora el zarpazo de la globalización. Es hora de que el transporte en Tlaxcala deje de ser un "carromato de biografías" en ayuno de dignidad y se convierta en el manantial lozano que el paseante y el ciudadano merecen. La batalla contra los monopolios es apenas el preámbulo; la verdadera meta es que el derecho a la movilidad deje de ser una concesión graciosa para convertirse en una realidad cívica indiscutible.