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sábado, 2 de mayo de 2026

EL INSTRUCTIVO DEL LAVACARAS

 


Un cuento surrealista y crítico sobre la identidad, la hipocresía y las máscaras políticas en el acto cotidiano de lavarse la cara.

Por Edgar Sánchez Quintana

El procedimiento comienza con la rigurosidad de una receta de alta cocina, o acaso con la asepsia de una intervención quirúrgica. Las manos, previamente dispuestas en ángulo recto, se acercan al rostro como pinzas calibradas, buscando la normatividad del tacto. Se trata de un acto simple, cotidiano, casi risible por su repetición, pero hay una diferencia sustancial: cada vez que el pase de manos recorre la geografía facial, el espejo devuelve una entidad distinta, una farsa grotesca de lo que antes se llamaba «yo».

El jabón es el primer elemento de la transmutación. Un bloque rosa, rotundo, de la marca Zote, que al frotarse contra la piel abandona su naturaleza alcalina y se reblandece hasta convertirse en una máscara de huehue. Es blanda, adherente, y ostenta una sonrisa perpetua, cínica, que se pega a los pómulos como un parásito complacido. El rostro, antes humano, es ahora una talla de madera policromada que ríe de su propia obsolescencia.

El agua, inicialmente cristalina, fluye con la promesa de la purificación. Sin embargo, al girar la llave del grifo un milímetro más, la transparencia se espesa. El torrente se enturbia, pierde su fluidez y desciende como un chapopote denso y oscuro que mancha más de lo que limpia. El procedimiento, dicta una especie de instructivo invisible que "el lavacaras" debe acatar con devoción, exige que en este punto se expulse el remanente. Así, el lavacaras escupe, arrojando hilos viscosos de hipocresía que se escurren por la cañería con un sonido ahogado, llevándose consigo las verdades a medios que sostenían el día.

Al alzar la vista, el cristal del espejo ya no refleja al individuo. En su lugar, se impone el rostro severo de la gobernadora. Es una aparición que exige obediencia, una fantasmagoría política instalada en la intimidad del baño. Preso del pánico y la prisa, el lavacaras vuelve a frotar, a raspar la imagen con los nudillos para borrar el decreto de su propia cara, para arrancar la máscara de poder que se ha filtrado por sus poros.

Vuelve a impregnarse del líquido, pero el grifo ha mutado su ofrenda. Ahora brota líquido amniótico, tibio y salobre. Al contacto, la piel pierde sus aristas, las facciones se redondean y el rostro adquiere el matiz rosado y vulnerable de un bebé recién nacido. Pero la inocencia es insoportable; Es una forma de amnesia que no puede permitirse. Él ya no es eso. La memoria de la vida le pesa demasiado para aceptar ese renacimiento forzado, así que vuelve a lavar, frotando con desesperación para arrancar la tersura del infante.

Finalmente, toma la toalla. Se seca con una fricción excesiva, castigando la piel hasta dejarla árida. El rostro queda tan seco que, de inmediato, le crecen arrugas profundas, como surcos abiertos en un campo inhóspito y olvidado. Exhausto por las metamorfosis, el lavacaras se rinde ante la imagen final. Levanta la mano y le lanza un beso al espejo, un gesto de tregua hacia la otredad que lo observa desde el azogue.

En reciprocidad, desde el otro lado del cristal, emerge una fuerza invisible y contundente. Percibe una cachetada que le voltea la cara con el sonido seco de la carne contra la carne. Un golpe de realidad que lo devuelve al mundo de los vivos.
Y entonces, con la mejilla ardiendo y el alma en vilo, piensa: todo está bien, todo ha quedado en su sitio.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Citlalli H. Xochitiotzin: La Poesía como Latido y Resistencia

 

Imagen cinematográfica e hiperrealista de un corazón estilizado formado por granos de pimienta roja y cristales de sal, que emite una suave luz interna. El corazón reposa sobre una mesa de madera antigua con manuscritos, un tintero y lavanda seca. Al fondo, se aprecia un patio colonial tlaxcalteca con arcos de piedra bajo una luz de atardecer. La escena simboliza la pasión literaria, la identidad cultural de Tlaxcala y la esencia poética de la vida.


Descubre la profundidad de Citlalli H. Xochitiotzin, la poeta que transforma el latido en verso. Una reseña de Edgar Sánchez Quintana sobre la "pimienta en forma de corazón" y el legado literario de Tlaxcala.


Por Edgar Sánchez Quintana

¿Cuánto conocemos realmente nuestro corazón? Más allá de ser un músculo o un sistema de fusiones sobresalientes del cuerpo, el corazón es un mito de impactos, un emblema, un emperador que comanda los ejércitos de nuestras fuerzas y funciones vitales. En la vorágine del consumo, lo hemos reducido a un día de comercio, a un San Valentín de aparato; sin embargo, para la sensibilidad poética, sigue siendo una iconografía sagrada, tal como las bellas esculturas que custodia Praga. Es la casa natural de todas las formas del amar y, a veces, una chiquillada de risas que nos devuelve la inocencia. Todo esto y más define nuestra esencia: sal o azúcar, miel o vinagre. Es la pimienta de la vida. ¿Corazón o pimienta? Digamos, con audacia, ¡pimienta en forma de corazón!

Esta reflexión sobre el pulso vital nos conduce inevitablemente a la figura de Citlalli H. Xochitiotzin Ortega , una de las voces más profundas y necesarias de la literatura tlaxcalteca contemporánea. Hija del legendario muralista Desiderio Hernández Xochitiotzin, Citlalli ha sabido construir un universo propio, donde la poesía no es solo escritura, sino una cosmovisión y una forma de resistencia.

Una Vida Entre Versos y Raíces

Nacida en Puebla pero tlaxcalteca por arraigo y devoción, Citlalli ha dedicado más de cuatro décadas a la palabra. Desde su primer poema publicado en 1979, su obra ha madurado hasta alcanzar un reconocimiento internacional. Su poesía es un manantial que brota de lo cotidiano para tocar lo eterno; escribe sobre la esencia femenina, la urgencia ecológica y la presencia de lo divino en lo humano.

Entre sus obras más destacadas encontramos:
"Fulgor de Alimentos" : Un poemario donde moldea su hervor interno y abre su manantial poético al mundo.
"Letras de Barro" : Una de sus producciones más recientes que explora la conexión con la tierra y la materia.
"Trece Cero: Homenaje a Nicaragua" y "Soles de Tlaxcala" : Obras que reflejan su compromiso social y su profundo amor por su identidad regional.

La Madurez del Hervor Interno

Recientemente, su poema "TIEMPO una partícula" ha dado la vuelta al mundo, siendo traducido a cinco idiomas (japonés, alemán, francés, inglés y español) como parte de la antología internacional Lit Blitz . En él, Citlalli utiliza la imagen de las lágrimas de sangre de Cristo para metaforizar el dolor contemporáneo: las guerras, la crueldad y la extinción que marcan nuestro tiempo.

Para Citlalli, ser poeta es alimentar el espíritu con los elementos elegidos para generar una obra trascendente. Su labor como presidenta de la Fundación Desiderio Hernández Xochitiotzin no ha mermado su pulso creativo; al contrario, ha fortalecido su compromiso con la memoria y la cultura. Como ella misma afirma: "Escribir poesía es parte de ser poeta, pero antes de escribir es alimentar ese espíritu" .

Citlalli H. Xochitiotzin es, en definitiva, esa "pimienta en forma de corazón" que sazona las letras de Tlaxcala, recordándonos que la poesía es el único lenguaje capaz de descifrar los misterios de nuestro músculo más sagrado.