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domingo, 12 de marzo de 2023

Prosa de Marzo

 



Imagen hiperrealista y cinematográfica dividida en dos. A la izquierda, un grupo de mujeres con pañoletas verdes y expresiones de enojo, marchando en un ambiente oscuro y caótico con escombros y fuego, representando el radicalismo de marzo. A la derecha, una mujer serena rodeada de niños y flores en un paisaje luminoso y florecido, simbolizando la tradición y la maternidad de mayo. En el centro, una figura masculina (el autor) observa ambas escenas con una expresión reflexiva, conectando los dos mundos contrastantes.

Explora la provocadora sátira de Edgar Sánchez Quintana en "Prosa de Marzo", un ensayo que confronta el radicalismo feminista con la tradición, invitando a una reflexión profunda sobre la identidad femenina y el diálogo social.

v Ante pañoletas alharaquientas, pañuelos verdes como nubes.

SSimone de Beauvoir, sálvame de tanta insolencia.

v Ante un alma envenenada por el rencor, pongamos adjetivos floreados y churriguerescos.

v Ante la intransigencia la inteligencia

v Bloque negro ámame a mi tanto como a ti misma.

v Voy en defensa de mi propia conciencia emancipada.

v Coherencia de piedra entre un arcoíris y daltónicas sexuales.

v La sordidez exitosa: el ronquido de género conlleva hacia el propio exterminio.

v Sólo palabras y adjetivos es con lo que cuento para mover montañas de iniquidad sombiezca

v Seamos fascistas del género, vamos a destruir toda la humanidad dentro de los sexos.

v Me apoltrono en estos amorosos adjetivos en los que confío.

v Ando buscando entre las piedras, el horizonte que buscan los individuos divididos y sin brújula.

v Me apareció entre las piernas un aparato reproductor que es como un signo de interrogación, y con ese voy a crear una nueva civilización de amor a todo prójimo.

v Cristo era heterosexual; ataquémoslo por macho opresor.

v A desquitarme la frustración en sonoros martillazos sobre los vidrios tenues e ingenuos.

v Renunciaron al testigo amoroso por unos tijeretazos húmedos y chorreantes, no importa, mientras este apocalipsis imberbe   va de paso, hagamos trio y solacémonos en el camino.

v Rasputín convida tu savia para entender el paradigma del sexo insumiso.

v Quiero que me odien por amar al sexo contrario.

v Empavorecidas calles por la piara a zapatear aleluyas contra esa efigie viril que es el semáforo opresor.

v Marzo es un calvario, prefiero mayo.


Brújula para Navegar "Prosa de Marzo"

El siguiente ensayo tiene como objetivo servir de guía o "brújula" para la lectura de "Prosa de Marzo". Este poema en prosa es un texto deliberadamente complejo, construido sobre capas de ironía, sarcasmo y referencias culturales que pueden ser opacas para un lector no advertido. No es un manifiesto de odio, sino una crítica satírica dirigida a las corrientes del feminismo radical que, en opinión del autor, han traicionado los principios de igualdad para abrazar una ideología de la destrucción.

El Lenguaje como Campo de Batalla: Ironía y Sarcasmo

La estrategia principal del poema es la apropiación irónica. El autor no enuncia su crítica de forma directa, sino que adopta la voz y la lógica del movimiento que cuestiona, llevando sus postulados hasta el absurdo para revelar su vacuidad. Cuando leemos "Seamos fascistas del género, vamos a destruir toda la humanidad dentro de los sexos", no estamos ante una propuesta real, sino ante la conclusión lógica de una ideología que ha reemplazado el diálogo por la guerra. De igual manera, la línea "Cristo era heterosexual; ataquémoslo por macho opresor" es una parodia que expone cómo la obsesión por encontrar opresión en todas partes puede llevar a anacronismos y a una ceguera histórica delirante.
El autor se apoltrona en "amorosos adjetivos" y "palabras floreadas" precisamente para criticar un activismo que se ha vuelto más estético que ético, más preocupado por la performatividad del lenguaje que por la sustancia de la justicia. La invocación a Simone de Beauvoir, una de las pensadoras feministas más rigurosas del siglo XX, funciona como un lamento irónico: se le pide salvación, no de la opresión patriarcal, sino de la "insolencia" de un movimiento que ha abandonado el rigor intelectual por el eslogan.

La Crítica a la Incoherencia

El poema ataca la contradicción interna de un movimiento que dice buscar la liberación mientras impone dogmas. La "coherencia de piedra entre un arcoíris y daltónicas sexuales" es una imagen que captura esta paradoja: se celebra la diversidad (el arcoíris) pero se es incapaz de ver los matices (daltonismo), imponiendo una visión binaria y simplista del mundo (opresor vs. oprimido) que niega la complejidad humana.
La frustración del autor se hace personal y, por tanto, universal en la línea: "Quiero que me odien por amar al sexo contrario". Aquí, la ironía se mezcla con una sinceridad dolorosa. Es el lamento de quien se siente atacado no por sus acciones, sino por su propia naturaleza, por su capacidad de amar más allá de las fronteras ideológicas que el radicalismo intenta imponer.

El Clímax Interpretativo: "Marzo es un calvario, prefiero mayo"

La clave de todo el poema reside en su línea final. Para un lector no familiarizado con el contexto mexicano, la frase puede parecer una simple preferencia climática. Sin embargo, su significado es mucho más profundo y devastador.
Marzo es el mes del 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, que en los últimos años se ha asociado con las marchas, la iconoclasia y las expresiones más visibles del feminismo radical. Para el autor, este mes se ha convertido en un "calvario", un período de sufrimiento y confrontación estéril.
Mayo, en México, es el mes del 10 de mayo, el Día de la Madre. Es una fecha que celebra la maternidad, el cuidado, el amor familiar y una concepción de la feminidad más tradicional y conservadora.
Al declarar "prefiero mayo", el autor no está simplemente eligiendo un mes sobre otro. Está haciendo una declaración de principios. Rechaza el modelo de mujer propuesto por el feminismo radical —un modelo que, en su visión, detesta la maternidad, la familia y la feminidad amorosa— y abraza un arquetipo femenino basado en la creación, el afecto y la cohesión social. Es el rechazo de la política de la destrucción en favor de una política del amor. Es la afirmación de que la verdadera emancipación no puede construirse sobre el desprecio a la propia naturaleza.

Conclusión

"Prosa de Marzo" es, por tanto, un texto de resistencia. Se resiste a la simplificación, al dogma y a la manipulación de una causa justa. A través de un lenguaje deliberadamente provocador, el poema invita al lector a cuestionar, a mirar más allá de las pañoletas y los eslóganes, y a preguntarse si en el camino hacia la igualdad no se está sacrificando la humanidad misma. Es una obra que exige un lector activo, cómplice, dispuesto a descifrar la sátira para encontrar la verdad incómoda que se esconde debajo.


sábado, 11 de marzo de 2023

Gemelas

 

Imagen hiperrealista de dos hermanas gemelas idénticas vestidas de novia con trajes tradicionales mexicanos bordados. Una hermana tiene una expresión de preocupación y sostiene una flor blanca pequeña, mientras la otra muestra una sonrisa traviesa y sostiene una rosa roja. Al fondo, se aprecia una vibrante fiesta de pueblo con mariachis, decoraciones coloridas y la silueta de los volcanes bajo un cielo despejado.

Descubre "Gemelas", un fascinante relato de Edgar Sánchez Quintana que entrelaza las ricas tradiciones de una boda en Tlaxcala con un inesperado y perturbador giro de identidad que cambiará la vida de dos hermanas para siempre.

El día pintaba opaco por la ceniza de don Goyo. Yo no tenía otra cosa que hacer más que perder el tiempo, como envidiablemente nadie más lo hace, cuando sonó el teléfono. Era mi amigo Marcelo, con una invitación para acompañarlo a Los Reyes Quiahuixtlan.
Nos vimos en un punto cercano y tomamos la combi que nos llevaba por ese rumbo. En el colectivo me informó que íbamos a una boda. Yo no soy mucho de fiestas, y menos de bodas, y tampoco llevaba ropa adecuada para la ocasión, pero en fin, como sea y como cayera, nos fuimos a la boda. Para matar el tiempo, esperamos un poco tomándonos un refresco en una tenducha.
A las tres de la tarde, la comitiva nupcial apareció. A la cabeza, un cuarteto de jóvenes a pie: las dos novias, idénticas y radiantes, y los dos novios, de traje negro y corbata. Se veían tan contentos como si vinieran de firmar su divorcio. Ellas lucían vestidos de novia sin mácula de error, perfectos. Detrás, los mariachis y el resto de los invitados.
La calle era de terracería y en cuesta. Los pajes, levantando la cola de los vestidos, incrementaban la polvareda adrede, como si quisieran dejar una estela bien marcada, y cada uno se ganó un coscorrón de su respectiva madre. En la entrada de la casa, grandes lianas de margaritas y ramas adornadas enmarcaban una estrella, el símbolo de que allí se casaban mujeres. En este caso, dos gemelas idénticas, delgadas y frutales.
El ambiente ya estaba montado. El conjunto musical a la izquierda, y frente a él, grandes mesas dispuestas para el banquete. A un lado, dos baños rústicos tipo fosa séptica; al otro, un tapanco de tepetate de metro y medio, y sobre él, un jardín de pasto y hierbas con una regia planta de nopal. A lo lejos, como un telón de fondo, se dibujaban la ciudad de Tlaxcala y las siluetas imponentes del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.
La historia de las gemelas era bien conocida en el pueblo. Había muchos padrinos, pues casi todos habían participado de alguna manera en la vida de las hijas de don Carmelo. Nara y Nariara cantaban en el coro de la iglesia y eran activas en la pastoral juvenil.
Nacieron agarradas de la mano, un presagio que su madre siempre consideró bueno. Lo que no le agradó tanto fue su asombroso parecido. Al principio, le costaba saber quién era quién, pero con el tiempo aprendió a diferenciarlas por su carácter. Una era muy llorona; la otra, un trompo que no se estaba quieto. Ya en la adolescencia, las diferencias se acentuaron: una, Nara, decía siempre la verdad; la otra, Nariara, mentía todo el tiempo. Nara era recatada; Nariara, enamoradiza y risueña con los hombres.
Conocieron a sus ahora esposos en lugares distintos. Nara encontró a Vicente en el coro, donde él tocaba la guitarra y, a veces, llevaba serenatas a las novias de sus amigos. Vicente, hijo de un comerciante de manzanas, acababa de terminar la carrera de Administración. Nariara, por su parte, conoció a Fermín en un antro. Él había estudiado en el Tecnológico de Apizaco y trabajaba como ingeniero en cómputo en la sucursal de IBM en Puebla.
Los dos noviazgos prosperaron, los cuatro se hicieron buenos amigos y decidieron casarse en una sola fecha, un sueño que compartían desde hacía mucho tiempo, casi como una repetición de su fiesta de quince años.
Enamoradas de sus raíces, siguieron las tradiciones de Los Reyes Quiahuixtlan al pie de la letra. Cargaron la cruz de flores a la entrada de la casa, tomaron su tarro de pulque, fueron llevadas en brazos por sus esposos hasta la carpa del banquete y se hincaron para recibir la bendición de padres y padrinos. Luego vinieron los bailes: el chochocol, el del guajolote, el vals y la víbora de la mar. De comida sirvieron mixiote, arroz y mole con tortillas de comal. Para beber, pulque, agua de Jamaica, refrescos y bebidas preparadas por un pariente que era barman en el conocido bar “El Sótano”.
La fiesta se llevó a cabo sin grandes sobresaltos. Todos disfrutaron del festín y el jolgorio. Cuando pasaron a pedir dinero para la luna de miel, la gente fue generosa. Ya tenían reservado el hotel Elcano en Acapulco, sobre la costera Miguel Alemán, por tres días y dos noches. De regreso, planeaban visitar a unos familiares de Vicente en Chilpancingo y luego pasar unos días en Taxco.
—¿Gustan cooperar para el viaje de bodas? —dijo Nariara, acercando una zapatilla con dinero.
—Claro. Que la pasen muy bien en su luna de miel y que sean muy felices tú y tu hermana. Todo ha estado muy bien, gracias por todo —afirmó Marcelo, acomodando un billete generoso.
Más tarde, las hermanas y sus esposos contaban el dinero entre risas.
—Mira, hermana, ¡ya juntamos un buen! —exclamó una.
—Oye, a ver, vamos a ver cuánto juntaron ellos.
—¿Cuánto llevan?
—¡Ya juntamos pa’ las caguamas! —bromeó uno de los novios.
—¡Cállate, qué caguamas! Necesitamos para la gasolina y las casetas. A ver, nosotras juntamos más.
—Pues claro, ustedes están de locales y nosotros de visitantes.
—Por eso las queremos tanto.
—Mua, mua.
Ya en Acapulco, el calor las recibió con una bofetada húmeda.
—Mira, hermana, ¡qué bonito hotel! ¡Ay, cuánto calor! Vamos a las habitaciones. Lo bueno es que están juntas, la vamos a pasar bien. ¡Ayyy, ya quiero estar con él! —dijo Nariara.
—¡Ay, picarona! —rio Nara.
—Yo también quiero estar en sus brazos. Todo esto es maravilloso, parece un sueño.
—Me voy a poner el negligé blanco.
—Ahorita que suban a la habitación brindamos y cada quien a lo suyo. Pero ya es muy tarde, hay que dormir.
—Yo lo último que quisiera es dormir —susurró Nariara—. Quiero hacer el amor con él incansablemente. Ay, Fermín, mi amor.
En la habitación, los cuatro brindaron. Las botellas de vino y algo de reserva que habían llevado se descorcharon entre risas y recuerdos de la fiesta.
—¡Se fijaron cómo la tía Juana se puso como trompo después de todas esas copas que se tomó! —comentó Vicente.
—¡Jiji, no manches! Todo el mundo lo va a comentar.
La noche transcurrió entre anécdotas, bromas y el murmullo del mar que se colaba por la ventana. El cansancio y el alcohol finalmente los vencieron, y cada pareja se retiró a su respectiva habitación.
La mañana los descubrió durmiendo plácidamente. Era un hermoso día soleado, y el calor acapulqueño, alharaquiento, fue el primero en despertar a las gemelas. Nariara, con los ojos muy abiertos en la penumbra, sacudió suavemente a su hermana, que dormía a su lado.
En voz baja, casi un siseo, soltó la bomba:
—Nara, despierta. Oye… te acostaste con mi Fermín. Y yo con tu Vicente.
Nara abrió los ojos. El mundo se le vino encima. Se miraron, idénticas en su espanto, y se agarraron de las manos, así como habían nacido.
—Virgen santísima, ¿y ahora qué? —susurró Nara, con el pánico helándole la sangre. La verdad, su ancla, su única certeza, se había hecho añicos.
Nariara, la mentirosa, la que siempre encontraba una salida, la miró con una calma aterradora. Una pequeña sonrisa, casi imperceptible, asomó en sus labios.
—Pues no sé… —dijo, y su tono era de una falsa inocencia—. No los vayas a despertar.
Nara la miró, buscando una respuesta, una solución, pero solo encontró el reflejo de su propio rostro en los ojos de su hermana. Por primera vez en su vida, la verdad le pareció un castigo insoportable.
—No les digas nada —continuó Nariara, su voz ahora firme, como si dictara una sentencia—. Al cabo que no creo que se den cuenta. Anda, ya métete a la regadera, yo haré lo mismo. Y ponte ese bikini azul, el muy provocativo. A él le va a gustar.


jueves, 9 de marzo de 2023

Kid Palotes

 

Retrato hiperrealista de un hombre de facciones rudas y cuerpo robusto vestido con una chamarra de cuero oscura sobre un uniforme policial. Su mirada es intensa y decidida, con las manos vendadas sugiriendo entrenamiento en artes marciales. Se encuentra en una calle empedrada de Tlaxcala al atardecer, con los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl de fondo bajo un cielo dramático.

Conoce la impactante vida de "Kid Palotes", un policía de Tlaxcala que ocultaba tras su uniforme la maestría de un guerrero ninja, en esta crónica sobre lealtad, disciplina y resistencia.


De cara tosca y cuerpo grandote, Kid Palotes era la imagen perfecta del policía que espanta a los niños. Así le habían apodado en la corporación donde laboraba, aunque algunos también le decían "el Tonfas" por su maestría para apuntar garrotazos a los más insumisos, siempre de manera precisa y profesional. Era un artemarcialista con muchos años de estudio en Bujinkan Budo Taijutsu, un arte que otros llamarían ninjutsu. Dudo que en la corporación supieran del profundo conocimiento que poseía; para ellos, no pasaba de ser el “ninja loco” por su comportamiento a veces incomprensible. Era hosco y reservado, sobre todo con los desconocidos, y faltaba a tantas reglas sociales que a menudo parecía no entenderlas o, simplemente, le sacaban de quicio.

La historia de Kid Palotes se remonta a finales de los años setenta, cuando las artes marciales estaban en su apogeo y los jóvenes mexicanos imitaban los movimientos de Bruce Lee. Tlaxcala no fue ajena a esa marejada de cultura popular, y aquí también surgieron fanáticos del kung fu y el karate. Kid Palotes era un enamorado de este arte y coleccionaba todas las revistas sobre el tema. Su ensimismamiento era tal que no es mentira decir que, como a un artemarcialista de película, le sangraban las manos y los nudillos por el entrenamiento excesivo. Me tocó verlo practicar con un bastón contra un árbol o un poste de madera; cada golpe era letal.

Llegamos a entrenar juntos. Era muy perfeccionista, y cada movimiento tenía su razón de ser. El arte marcial que yo practicaba era Lima Lama, pero el suyo abarcaba áreas que yo desconocía. Como profesor, siempre me cuidó mucho, aunque el Bujinkan es un arte fuerte, diseñado para la guerra y la estrategia. Supe que en algunos entrenamientos había lastimado seriamente a compañeros, y su propia esposa me advirtió que no entrenara con él porque podría lastimarme. Tal era su apasionamiento que a veces no distinguía un entrenamiento intenso de un ataque real. Y, en su lógica, así debía ser.
El maestro de Kid Palotes era Gustavo Sánchez, un profesor de Atlixco, Puebla, cuyo instructor directo era Masaaki Hatsumi, sōke (gran maestro) de la Bujinkan Budo Taijutsu y poseedor de las nueve tradiciones ninja.

En la década de los noventa, Kid Palotes llegó a diseñar y fabricar equipo táctico ninja para los grupos de guardias presidenciales. Era equipamiento que no estaba a la venta y cuyos usos muy pocos conocían. Cuando terminó el sexenio, le requisaron su taller, confiscaron toda evidencia del equipo realizado y le prohibieron volver a fabricar esos materiales. La amenaza fue clara: si se enteraban de que lo hacía, le “partirían su madre”. Quizás lo que buscaban era evitar la insurgencia de grupos bien adiestrados con conocimientos sobresalientes. Llegó a mostrarme bóxers para golpear, espinilleras de plástico duro, antebraceras que podían parar un machetazo, botas con una punta de acero retráctil y, por supuesto, shuriken y demás armas de su arte.

Kid Palotes tuvo una esposa, pero no hijos propios. Crio a la hija de ella como si fuera suya. Su esposa, una ex policía, se dedicaba a prácticas esotéricas. Hacía limpias y sanaciones, pero tenía un carácter irascible y, a veces, no controlaba su energía, llegando a hacer daño con solo maldecir. Andaba inmiscuida con grupos de brujos, manejaba amarres y conjuros, y sospecho que eso fue lo que la llevó a la muerte. La secuestraron. Su cuerpo apareció sin cabeza; tiempo después, la cabeza fue encontrada de manera circunstancial. Kid Palotes andaba muy asustado, porque los judiciales lo llevaron a la procuraduría para que confesara si él la había matado. Le dieron su paliza, pero no lograron sacarle una confesión falsa, porque él no había sido. Además, ya había estado en circunstancias similares en décadas anteriores y conocía la ceguera al dolor de quien ya está curtido.

Kid Palotes era coherente consigo mismo. Siendo policía, fue incapaz de ser corrupto y prestarse a las mañas de muchos, lo que le granjeó enemistades dentro de la corporación. Era marginado y sufría vejaciones en su trabajo, pero sabía cómo cobrárselas con una venganza bien armada. Si sabes ninjutsu, sabes el arte de la estrategia. Tarde o temprano, la tienes ganada.

Cuando estaba en turno, a menudo lo asignaban a los grupos antimotines en distintos municipios. Así, se vio en medio de conflictos en Texoloc, Nativitas y Tlaxcala capital. Siempre lo ponían como punta de lanza para desarmar a rijosos con machetes, a borrachos con garrotes o a drogadizos indolentes.

Tuve la fortuna de aprender de él el manejo del tonfa, del PR-24, algo de katana y gotompo, entre otras muchas cosas. Su amistad me enriqueció y me ayudó a comprender vidas distintas y pensamientos diversos. Su apasionamiento me enseñó que lo que te gusta debes desarrollarlo, pulirlo, acrecentarlo y nunca dejar de aprender.

Kid Palotes no murió de COVID-19. Tenía diabetes, y se le complicó. Me enteré de su muerte meses después. Esto es una reseña de su vida y un reconocimiento a mi maestro.


martes, 7 de marzo de 2023

Feminismo, Política y Familia: Un Nudo Ciego

 

 
Imagen cinematográfica que muestra en primer plano un nudo ciego hecho de cuerdas gruesas enredadas con un cartel político desgastado. Al fondo, de forma desenfocada, se observa una manifestación feminista con pancartas moradas en las Escalinatas de Tlaxcala. A un costado, una proyección cálida muestra a una abuela y su nieta, simbolizando las raíces familiares de las estructuras sociales.

¿Es el feminismo una lucha por la soberanía individual o un peón de la política? Edgar Sánchez Quintana analiza el "nudo ciego" entre la familia, el poder y la verdadera revolución de la conciencia.


El pasado domingo, mientras deambulaba por las escalinatas de Tlaxcala, me encontré con una manifestación feminista. Entre discursos y aplausos, apareció el eslogan de Marcelo Ebrard, entonces candidato a la presidencia de México. La escena era, por decir lo menos, reveladora: un movimiento que se define por su lucha contra el poder patriarcal, siendo utilizada como plataforma para un hombre político. Este evento, que podría parecer anecdótico, es en realidad un síntoma de un problema mucho más profundo: la cooptación de las causas sociales por la política y la confusión ideológica que esto genera.

El feminismo, en su esencia, es un movimiento que busca la protección de los derechos de las mujeres. Sin embargo, en la práctica, se ha fragmentado en una multitud de corrientes, algunas de las cuales han logrado avances significativos, mientras que otras han derivado en posturas que, paradójicamente, terminan por socavar la causa que dicen defensor. Para entender este fenómeno, es necesario desglosar sus componentes.

El Machismo: Un Problema de Origen Familiar

En México, el machismo es una especie de roca social que se contagia desde la familia tradicional. Y, contrario a lo que se piensa, no es el hombre quien lo promueve, sino la mujer quien, a menudo de manera inconsciente, le otorga privilegios al varón en detrimento de sus propias hijas. El empoderamiento del individuo debería ser equitativo, sin distinción de sexo, pero la realidad es que la estructura familiar mexicana sigue anclada en prejuicios y roles de género que no promueven una mejora real. ¿Cómo le decimos a la abuela que deje de consentir al nieto mientras pone a la nieta a lavar los trastes? Hacer mover prejuicios y tradiciones es más difícil que derrumbar un edificio.
La familia es la célula de un sistema social, y su enraizamiento se da a través de estructuras como los ideales, el “deber ser”, las instituciones y el Estado. Incluso el lenguaje está impregnado de esta estructura. Por esta razón, no se puede cambiar la forma de comunicarnos de manera caprichosa; hacerlo no es otra cosa que un autoritarismo de minorías. No se pueden cambiar aspectos de una sociedad que no nos gustan si no se ha comenzado por el mismo individuo.

La Soberanía Individual: El Verdadero Empoderamiento

Para que una mujer (o cualquier individuo) alcance su soberanía, debe comenzar por sí misma. La soberanía no se reclama, se integra. Es una valorización interna, una convicción de que se tiene derecho a ella, no una concesión externa. Y aquí es donde muchos movimientos feministas contemporáneos se equivocan: exigen al exterior lo que no han construido en el interior. Buscan en la política y en la protesta una solución a un problema que es, en su raíz, existencial.
La aparición de Marcelo Ebrard en una manifestación feminista es el ejemplo perfecto de esta contradicción. Un movimiento que debería estar enfocado en la soberanía individual de la mujer, se convierte en un peón en el ajedrez político de un hombre. Los activistas, en lugar de estar construyendo su propio poder, terminarán por legitimar el poder de otro. Se vuelve parte del mismo sistema que dicen combatir.

Conclusión: ¿Qué Hacer?

Una cisma social real, una que cuestione las bases de la familia y la educación, podría establecer los equilibrios de género como ideales para una sociedad sana. Pero mientras sigamos atrapados en la idea de que la solución es política y no personal, seguiremos viendo la misma escena: políticos cooptando causas justas, movimientos sociales perdiendo su rumbo, y una sociedad que, a pesar de tanto ruido, no cambia en lo fundamental. La verdadera revolución no está en las calles, sino en la conciencia. Y esa es una batalla que cada individuo debe librar por sí mismo.