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lunes, 22 de junio de 2026

La Casa de la Poesía en Disputa: Jorge Juanes y la Defensa de la Memoria Literaria

 


Una crónica personal y filosófica sobre Jorge Juanes y su lucha por la Casa de López Velarde: de las cátedras en Puebla a la defensa de la memoria poética de México.

Por Edgar Sánchez Quintana

En el vibrante panorama intelectual de México, la figura de Jorge Juanes López emerge como una voz ineludible. Filósofo, crítico de arte e investigador de tiempo completo en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Juanes ha dedicado su lucidez a desentrañar las complejidades de la estética, la modernidad y la posmodernidad. Su pensamiento, fértil y a menudo polémico, no se limita a las aulas, sino que se proyecta hacia el debate público, vinculando la filosofía con el panorama civilizatorio y la pulsión de vida
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Mi acercamiento a Jorge Juanes se dio hace algunos años, no tanto de forma personal, sino a través de la academia y el pensamiento. Recuerdo haber acudido a un coloquio en Puebla donde se abordaban temas que, en aquel tiempo, eran cruciales en el ámbito filosófico. Juanes ya había consolidado su fama entre un selecto grupo de intelectuales y, sobre todo, entre los estudiantes de la Facultad de Filosofía de la UAP. Había una especie de bohemia intelectual que lo rodeaba, una atmósfera de efervescencia donde se discutía la estética, la filosofía marxista y los movimientos del pensamiento latinoamericano, con nombres como Horacio Cerutti, Enrique Dussel y Leopoldo Zea resonando en cada conversación.
Su avezado conocimiento sobre estos temas convertía cada clase en una verdadera cátedra, comparable a las que impartirían Theodor Adorno en la Universidad de Frankfurt o Heidegger en Friburgo. Juanes, a menudo, era tildado de incomprendido o incluso de "loco", como si habitara fuera del tiempo, con una visión que trascendía las modas intelectuales del momento. Sin embargo, su rigor y su capacidad para clarificar conceptos complejos del pensamiento crítico eran innegables, y su influencia en mi propia formación fue profunda.

La Casa de López Velarde: Un Símbolo en Riesgo

Recientemente, la agudeza crítica de Juanes se ha posado sobre un tema de profunda resonancia cultural: la situación de la Casa del Poeta Ramón López Velarde. Este inmueble, ubicado en Álvaro Obregón 73, en la emblemática Colonia Roma de la Ciudad de México, no es solo una edificación; es un espacio cargado de memoria, un santuario de la palabra que ha sido objeto de controversia y preocupación en el ámbito cultural
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La Casa del Poeta Ramón López Velarde es un referente para la literatura mexicana. Fue el último hogar del autor de "La Suave Patria" y, por extensión, un epicentro de la poesía nacional. Sin embargo, su gestión y su vocación original han sido motivo de debate, llevando a que diversas voces se alcen en su defensa. Es en este contexto donde Jorge Juanes ha decidido sumarse al Comité de Defensa de la Casa del Poeta, aportando su peso intelectual a una causa que considera fundamental
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Para Juanes, esta iniciativa trasciende la mera protección de un edificio. Se trata de una lucha por la defensa de la cultura y el arte frente a lo que él denomina una "destrucción perpetua, progresiva, a veces, en nombre de una falsa emancipación". En sus palabras, "no hay peor lucha que la que no se hace", y esta es, sin duda, una batalla por la memoria y la identidad
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La Poesía como Maestra de la Humanidad

La argumentación de Juanes se ancla en una profunda convicción sobre la importancia de la poesía. Él vincula la defensa de la Casa de López Velarde con la esencia misma del acto poético, recordando un manuscrito de 1913, encontrado por Franz Rosenzweig, donde figuras de la talla de Hölderlin, Hegel y Schelling proclaman que la poesía es la "maestra de maestras de la humanidad". Para el filósofo poblano, defender a López Velarde es, en última instancia, defender una "manera de pensar radical y extrema", un "pensar poético" que se desprende de la poesía misma y que nos invita a reflexionar desde sus propias coordenadas
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Esta postura resuena con la visión que hemos explorado en otros ensayos sobre la soberanía cultural y la resistencia. La defensa de un espacio como la Casa de López Velarde se convierte en un acto de resistencia contra la homogeneización cultural y el olvido. Es un recordatorio de que la identidad de un pueblo se construye también a través de sus poetas, de sus espacios sagrados y de la capacidad de su intelectualidad para alzar la voz cuando la memoria está en juego.

La Crítica Estética como Acto Político

La participación de Jorge Juanes en este comité de defensa subraya una vez más la intrínseca relación entre la crítica estética y el acto político. Para un pensador que ha desentrañado la "cultura de la alegría y la afirmación más potente de la pulsión de vida" en Nietzsche, o la "modernidad profunda" en Bolívar Echeverría, la defensa de la Casa de López Velarde es una extensión natural de su filosofía
. No se trata de un mero activismo, sino de una aplicación práctica de su pensamiento, donde la preservación del patrimonio cultural se convierte en un baluarte contra la erosión de la identidad y la banalización del arte.
En un México que constantemente se debate entre la modernidad y la tradición, entre el progreso y la memoria, voces como la de Jorge Juanes son esenciales. Su llamado a defender la Casa de López Velarde es un recordatorio de que la cultura no es un adorno, sino el cimiento sobre el cual se construye la conciencia de una nación. Me sumo a la protesta junto con Juanes y otros autores e intelectuales, porque me parece que no podemos quedarnos dormidos y mirar hacia otro lado. Solo los intelectuales y creadores, así como los personajes dedicados a la cultura y el arte, saben que hay que pelear por los espacios y no permitir el reduccionismo. Primero será el edificio, luego será el pensamiento.

La cultura no se hereda pasivamente, se defiende activamente. ¿Crees que estamos haciendo lo suficiente para proteger los espacios que resguardan nuestra memoria literaria? Te invito a sumarte a esta reflexión y a compartir tu opinión sobre la importancia de preservar la Casa de López Velarde. ¡Primero será el edificio, luego será el pensamiento!

domingo, 21 de junio de 2026

Carlos Monsiváis: El Cronista de la Transición y el Lector de tu Vida

 



Un ensayo extenso y personal sobre Carlos Monsiváis: el cronista que transformó la cultura popular en alta literatura y fue la voz necesaria del México de los años 90.

Por Edgar Sánchez Quintana

Carlos Monsiváis Aceves (Ciudad de México, 1938-2010) no fue solo un escritor; Fue un sismógrafo cultural, un intérprete ineludible de la modernidad mexicana que, con su pluma, desentrañó las complejidades de un país en constante ebullición. Su obra, vasta y multifacética, lo posiciona como uno de los autores más innovadores e influyentes de su tiempo, un cronista que no solo documentó la vida cultural, política y social, sino que la convirtió en el personaje central de su narrativa.
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El Cronista Ubicuo: De la Crítica a la Vida Cotidiana

La crónica fue el género predilecto y la herramienta más potente de Monsiváis. A través de ella, desmenuzó la complejidad de la vida urbana, la cultura popular y los acontecimientos cotidianos, elevándolos a la categoría de análisis sociológico y cultural. Fue pionero en el estudio serio de la cultura popular contemporánea, desde el cine de oro y las telenovelas hasta la lucha libre y los cómics, demostrando cómo estas expresiones aparentemente triviales eran, en realidad, reflejos profundos de la identidad nacional y sus contradicciones.

Su capacidad para observar y narrar lo marginal, lo efímero y lo masivo le permitió construir un retrato vívido y crítico de un México en constante transformación. Monsiváis poseía una mirada que trascendía lo evidente, desentrañando los significados ocultos en los fenómenos culturales y sociales. Su prosa, caracterizada por la ironía, el sarcasmo y una erudición accesible, lo convirtió en un referente para entender las dinámicas de poder, las tensiones sociales y las aspiraciones de una sociedad en ebullición.
En sus textos, Monsiváis no solo describía lo que veía; lo interpretaba a través de una lente que combinaba la alta cultura con la cultura de masas. Podría citar a Benjamin oa Adorno para explicar el fenómeno de Juan Gabriel, o recurrir a la historia de México para analizar el comportamiento de las masas en un estadio de fútbol. Esta capacidad de síntesis fue lo que le permitió conectarse con un público amplio y diverso, desde intelectuales de la academia hasta ciudadanos de un pie que se encontraban en sus crónicas una voz que les hablaba directamente.

La Voz de los 90: Un Paralelismo Personal

Para un estudiante de filosofía y letras en los años 90, como lo fue el autor de esta crónica, Carlos Monsiváis no era una figura distante, sino una presencia constante y enriquecedora. En esos años, la lectura de periódicos como La Jornada , El Universal o Excélsior , o revistas como Nexos o Letras Libres , era el pulso que conectaba con el acontecer literario y cultural del estado y del país. La UNAM, de donde Monsiváis había egresado de filosofía, era un faro intelectual, y la posibilidad de que profesores de esa institución impartieran clases en la UAT generaba una sensación de igualdad académica, un puente directo con el pensamiento que se gestaba en la capital.
Leer una crónica de Monsiváis era un deleite. Su modo de enriquecer las letras con temas cotidianos, "lo chilango", lo que para otros podría considerarse fuera de la élite literaria, era su sello distintivo. Hablaba de box, de luchas, de graffiti, de darketos o punks, de los desposeídos, de las contradicciones de la vida cotidiana, del conservadurismo mohoso y de las élites que coqueteaban con el autoritarismo priista trasnochado. Su ironía y sarcasmo, herramientas que el cronista de estas líneas también comparte, eran la forma de decir las cosas y evidenciarlas sin tapujos.
Monsiváis fue el gran descifrador de las tribus urbanas de los 90. Mientras el país intentaba modernizarse a marchas forzadas con el TLCAN, él se detenía a observar cómo los jóvenes se apropiaban del espacio público, cómo las identidades se fragmentaban y cómo la cultura de la resistencia se manifestaba en los lugares más inesperados. Para nosotros, estudiantes de filosofía, su obra era una lección de cómo la teoría podía aterrizar en la práctica, de cómo el pensamiento crítico no debía estar peleado con el disfrute de la cultura popular.

El Intelectual Comprometido y el Guardián de las Palabras

Su posicionamiento ante los desposeídos y las minorías fue siempre evidente. Defendió los derechos LGBT, la protección de los animales y abordó realidades que para otros debían ser veladas o ignoradas. Su posición política de izquierda era inquebrantable, pero nunca dogmática. Habló de cine y de música, y de feminismo cuando el tema aún no era parte de la agenda pública dominante. Aunque no poseía la soltura labial de un Arreola o un Ricardo Garibay, se defendía en las entrevistas con un asombroso conocimiento libreco y una sapiencia literaria universal.
Su capacidad para tomar las palabras de una conversación como si tuvieran vida propia, donde lo valioso era cómo se articulaba y se emitía la palabra, y cómo era entendida por el receptor, lo acercaba a la filosofía del lenguaje de un Wittgenstein. Era, en esencia, un guardián de las palabras, un pilar consustancial del pensamiento crítico en México. Monsiváis entendía que el lenguaje es el campo de batalla donde se disputan los significados de la realidad, y por ello se esmeraba en usarlo con una precisión que desnudaba las mentiras del poder.
Su compromiso social no era una pose; era una forma de vida. Monsiváis estaba en las marchas, en los foros, en las asambleas. Su presencia daba legitimidad a las causas más diversas, siempre desde una posición de independencia intelectual que le permitía criticar incluso a aquellos con quienes compartían afinidades políticas. Esta honestidad intelectual fue lo que le granjeó el respeto de propios y extraños, convirtiéndolo en un referente ético para la nación.

La Influencia en el México de los Años 90: Un País en el Espejo Monsivaisiano

La década de los 90 fue un período crucial para México, marcado por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el levantamiento zapatista en Chiapas y el inicio de una transición democrática que pondría fin a décadas de hegemonía del partido oficial. En este contexto de profundos cambios y redefiniciones, Carlos Monsiváis se erigió como una de las voces más lúcidas y necesarias para interpretar la complejidad del país.
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Su capacidad para analizar los fenómenos sociales y culturales con una perspectiva crítica ya la vez empática lo convirtió en una guía intelectual para entender las nuevas realidades. Monsiváis desentrañó las implicaciones culturales del neoliberalismo, la emergencia de nuevas identidades y la reconfiguración del espacio público. Su obra de este período es un testimonio invaluable de cómo México se enfrentaba a la globalización y la búsqueda de una nueva identidad en un mundo en constante cambio. Su mirada crítica y sensible, su inteligencia y humor, retrataron la vida cultural, política y social del país, convirtiendo los acontecimientos cotidianos en materia de reflexión profunda.
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En los 90, Monsiváis fue el cronista del fin de una era y el nacimiento de otra. Sus textos sobre el levantamiento zapatista, por ejemplo, no solo informaban sobre los hechos, sino que analizaban el impacto simbólico de la irrupción del México indígena en la modernidad tecnocrática. Su crítica al TLCAN no era un rechazo al comercio, sino una advertencia sobre los riesgos de perder la soberanía cultural frente a una globalización homogeneizadora. Monsiváis nos ayudó a entender que el progreso no debía ser a costa de la memoria y la identidad.

Legado y Vigencia: El Autor que Entendió a México

A años de su deceso, Carlos Monsiváis sigue siendo recordado y su obra continúa siendo una brújula para entender el México contemporáneo. Su legado no solo reside en la vastedad de sus escritos, sino en la invitación constante a la reflexión crítica, al humor inteligente ya la defensa de la dignidad humana en todas sus expresiones. Nos enseñó que la cultura no es un adorno, sino el tejido mismo de la sociedad, y que el intelectual tiene la responsabilidad de ser el "ubicuo lector de la multitud", la voz que articula las complejidades y las esperanzas de un pueblo.
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Su ejemplo nos recuerda cómo un autor mexicano debe ser y abarcar, desde su sapiencia y modo de escribir, todo título, escenario, crónica o pensamiento, y ponerlo a consideración del lector, sin desvalorizar temas, porque en cultura toda expresión social y cultural debe apuntarse y registrarse como un modo del ser del humano. La vigencia de Monsiváis radica en su capacidad para seguir hablándonos hoy, en un México que sigue enfrentando desafíos similares a los que él analizó con tanta lucidez. Su obra es un recordatorio de que la inteligencia y el compromiso social son las mejores herramientas para construir un país más justo y democrático.
Monsiváis nos dejó una lección fundamental: la importancia de la curiosidad infinita. Su interés por todo lo humano, desde lo más sublime hasta lo más cotidiano, es un ejemplo de cómo la literatura puede ser una forma de habitar el mundo con plenitud. Al leerlo, no solo aprendemos sobre México; aprendemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra capacidad de asombro ante la realidad. Su voz, siempre irónica y siempre esperanzada, sigue siendo necesaria en un tiempo que a menudo parece haber perdido la brújula de la razón y la compasión.

sábado, 20 de junio de 2026

EL PERIODISMO CULTURAL COMO MAPA DE LA IDENTIDAD TLAXCALTECA

 


Un ensayo profundo sobre el papel del periodismo cultural en Tlaxcala: de la brújula de los suplementos de papel a los desafíos del algoritmo digital y la necesidad de una nueva curaduría de identidad.

Por Edgar Sánchez Quintana

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que el pulso de la cultura se sentía significativamente en las yemas de los dedos, manchadas por la tinta fresca de los diarios matutinos. Acudir a los diarios locales era, más que un hábito, un ritual de orientación existencial. En las páginas de El Sol de Tlaxcala o en los suplementos que llegaban desde la capital, como la mítica revista Vuelta de Octavio Paz o Nexos , encontramos no solo la noticia, sino la brújula que nos permitía navegar por el acontecer literario y artístico de nuestro estado y del mundo. Aquellas hojas de papel eran el territorio donde la realidad se volvía pensamiento.

El Mapa de las Vanguardias y la Memoria Impresa

Para quienes crecimos con la curiosidad a flor de piel en las décadas finales del siglo XX, el periodismo cultural sirvió como un mapa de seguimiento de vanguardias. Era el espacio sagrado donde lo local y lo universal se daban la mano sin jerarquías impuestas. Una puesta en escena en el Teatro Xicohténcatl, la presentación de un libro en la Pinacoteca o una exposición de pintura en el Museo de Arte de Tlaxcala no eran eventos aislados; eran coordenadas en una cartografía de identidad que se construía día con día ante nuestros ojos.
La nota cultural de aquella época no solo informaba; actualizaba nuestro sentido de realidad. Nos permitía estar dentro de los "comentarios frescos", participar en una conversación colectiva que incluía desde el poema recién nacido hasta el conocimiento sociológico sobre nuestras tradiciones más antiguas. El periodismo cultural era el puente que permitía que la historia antigua se pusiera a la vista de la gente, no como una pieza de museo, sino como un saber vivo y necesario para entender nuestro presente.

Recuerdo con nostalgia cómo el diarismo cultural marcaba el ritmo de la ciudad. Los críticos y cronistas eran las guías que nos enseñaban a mirar una exposición oa desmenuzar un ensayo. Había un respeto por la palabra escrita, una pausa necesaria para la reflexión que hoy parece un lujo de otra era. La sección cultural era el pulmón de los diarios, el sitio donde la política y la economía cedían el paso a la belleza, al cuestionamiento ya la construcción de narrativas que nos daban un rostro propio frente al resto de la nación.

La Erosión del Sentido en la Era del Scroll Infinito

Sin embargo, ese sentido de realidad fue perdiendo importancia de manera gradual pero implacable. El auge de los medios de comunicación , la irrupción de internet y la voracidad de las redes sociales ganaron amplitud, certeza y agilidad, pero a menudo a costa de la profundidad y la permanencia. El "pulso" se transformó en un "clic" y la brújula de papel fue sustituida por el algoritmo, esa fuerza invisible y desalmada que decide, bajo criterios de rentabilidad y no de valor, qué es "tendencia" y qué debe quedar sepultado en el olvido.
La transición fue dolorosa para quienes veíamos en el periodismo cultural una vocación de servicio. Poco a poco, los espacios dedicados a la crítica profunda fueron reducidos a breves notas de eventos, a galerías de fotos de "sociales" o a comunicados de prensa institucionales que carecen de alma y de visión crítica. La inmediata de la red social nos ha dado la ilusión de estar más informados, pero nos ha quitado la capacidad de jerarquizar lo importante sobre lo urgente. Hoy, la información cultural es más abundante que nunca, pero también más volátil y fragmentada; es un mar de datos donde la cultura tlaxcalteca corre el riesgo de quedar diluida en lo genérico.

El Futuro: Curaduría y Resistencia en la Tlaxcaltequidad Digital

¿Cuál es, entonces, el futuro del periodismo cultural en esta era digital? La respuesta no reside en competir con la rapidez de las redes sociales —una batalla perdida de antemano—, sino en recuperar su función esencial como curador de la identidad . La visibilidad de la cultura tlaxcalteca depende ahora de nuevos espacios de resistencia, como este blog y las páginas de WordPress, que permiten retomar el hilo de la conversación con la profundidad que el tema merece.
El periodismo cultural del mañana debe ser un híbrido resiliente. Debe aprovechar la agilidad de la red para llegar a nuevas audiencias, pero debe conservar la mística del suplemento de antaño: la investigación seria, la crónica apasionada y el ensayo que desafía. Debemos usar la tecnología para potenciar nuestra voz, no para que la máquina la sustituya. La Inteligencia Artificial puede ayudarnos a difundir, pero nunca podrá sustituir el "estremecimiento" de un lector que se reconoce en una crónica sobre Doña Marcelita o en un análisis sobre la cromática de nuestra soberanía.
Nuestra cultura es un patrimonio vivo que merece ser narrado con la misma pasión con la que aquellos niños voceadores gritaban en las mañanas de neblina. Hoy, el grito es digital, pero la misión sigue siendo la misma: ser la brújula que nos devuelva el sentido de pertenencia en un mundo que parece haber olvidado cómo leer su propia historia. El periodismo cultural debe ser el guardián de nuestra "Tlaxcaltequidad", el mapa que nos guía de vuelta a casa, a nuestra esencia, en medio del ruido ensordecedor del siglo XXI.
Invitación a la Acción:
El periodismo cultural es el espejo donde una sociedad se reconoce y se proyecta. ¿Dónde buscas hoy tu brújula para entender lo que sucede en el arte y la cultura de Tlaxcala? ¿Crees que hemos perdido algo valioso con la desaparición de los suplementos de papel? Te invitamos a compartir tu reflexión en los comentarios ya convertirte en un promotor activo de nuestra identidad digital. ¡Tu lectura y tu comentario son el pulso que mantiene viva nuestra cultura!

domingo, 10 de mayo de 2026

Las disfrazadas

 



Una crónica de acción y hedonismo que sigue a "Los Desastres de Río Frío", una banda de maleantes de élite cuya disciplina y profesionalismo se ven desafiados por una noche de excesos, traición y un giro inesperado al amanecer.

La banda de maleantes llamada “Los Desastres de Río Frío” se dedicaban a asaltar por cualquier sitio, atracaban casas, las saqueaban como si fueran piratas modernos. Su organización: compleja, bien estructurada y organizada. El deporte como medio y religión para conservarse atléticos era muy importante, manejaban técnicas de Taekwondo, Karate-do, Hapkido, Judo; Al fin, su profesionalismo superaba a cualquier escuadrón de policía gubernamental; conocedores de leyes, medios, técnicas; Razón por lo cual tenían sudando la gota gorda a la policía. Era una banda que fluctuaba en edades entre los diecisiete y veinticinco años de edad, sabían moverse por la ciudad y se camuflageaban de tal modo que era difícil localizarlos. Lo peligroso para la banda era precisamente reunirse en un punto muy cerrado pues podrían tenderles una redada y así fue como sucedió, cometieron el error de reunirse. La policía, como un moho que atacaba sin compasión tendió tentáculos en los márgenes de su última incursión. El domicilio saqueado tenía un boquete en uno de los muros. Ellos sabían que la gente aseguraba sus puertas con mucho cuidado y con distintos sistemas de seguridad, pero los muros allí estaban, ingenuos, como hojas de papel esperando que alguien las rompa, debido a su pobre calidad en los materiales como ladrillos y mezcla, tabla roca, entre otros materiales ligeros y debido también a las nuevas herramientas más potentes y silenciosas: ¡Los muros caían como polvorones! Para poder escapar de la policía, siguieron haciendo boquetes en los muros de las casas vecinas, tomaron camino por el drenaje profundo y continuaron hasta la planta de procesamiento de aguas residuales de la ciudad.

Llegaron aporreando el aire de la estancia dentro de sus pulmones, la corretiza y la excitación del peligro no estaban para menos. Había, por culpa de su llegada, confusión entre los invitados a la fiesta. A su desmedrado espanto se les incorporó la cursilería de aquel par de jorobados que ambientaban el espectáculo, su parafernalia se envolvía como hoja de tamal. El escenario se cobijaba con rumba, merengue, guaguancó; con saxofón, gaitas y maracas. La entrada al salón estaba engalanada por una alfombra roja ya los costados, como gendarmes disciplinados estaban una serie de bombones que se hilvanaban a lo largo del corredor como pequeños plantíos entretejidos, su color ilustraba cual historia del mago de Oz. Había globos de arroz engalanando los muros, y estos con bajorrelieves góticos y con una multiplicidad de contenidos apeñuscados, además, había un par de acrílicos procedentes de alguna empresa de artes, sobre de ellos había una alusión a la maravilla que resulta el hedonismo que se calzaba en esa época. Ese estereotipo les caía —¡A raudales! - demasiado bien.

Mientras Los Desastres de Río Frío se entregaban a los placeres carnales, una sombra acechaba en la ciudad. Los 'NH', liderados por el enigmático Evaristo, habían observado cada uno de sus movimientos. Con un plan meticulosamente diseñado, esperaban el momento perfecto para golpear.

El Jefe de la banda de Río Frio tenía el perfil de un Quijote, pero su barba no era blanca, era una barba color mugre, tono que se extendía por todo el cuello y las orejas, la barba le crecía cual ponzoñosa hierba entre arenales. Era cacarizo de su cara y figuraba como cinta perforada en máquina de primera generación, tenía la rugosidad propia de un garapiñado. Cuando su banda llegó y se acomodó en la estancia. El jefe hizo comentarios:

 —Muchachos, como muchas veces se los he dicho, la ciencia es poder, el poder del conocimiento se transforma en conocimiento del poder, ese es el meollo actual, quien trata de irse por otro lado es su asunto. Esta no es una empresa, ustedes no son simples empleados. Nuestra organización es una comunidad, una iglesia con una religión donde nos protegemos de todo aquello que es externo. Vivimos en la eterna guerra, en la sobrevivencia, es nuestra vida, y no vamos a dejar que fácilmente nos la quiten. Ustedes son “los superhombres” que esperaba Nietzsche, son la esperanza en el mañana, hijos del mediodía. Sabe bien que aquellos que arman y protestan leyes, las infringen en corruptelas. Sugiero quemar todas esas virtudes que nos alejan de la codicia, saquémosla de esa madriguera vituperada para hacerla nuestra amiga. Ya sabemos que el ser del hombre no es solamente vivir la realidad sino vivirla novelescamente. Y que sin agallas no hay gloria. Pero aparte está la relajación. Hay tiempo para el esparcimiento. Que hermosa vida. ¡Hasta el más infame podría envidiarnos nuestra frivolidad! Elemento que dilapidamos de manera un tanto alborotada. ¡Si! Hay que dejar que el corazón lata un rato en el ocio. Porque realmente no es malo encariñarse de la locura, vivir con ella.

En el salón, el desenfreno alcanzaba su clímax, ajenos a la traición que se gestaba en la distancia. A la vez, Evaristo, con una sonrisa maliciosa, lideraba a los 'NH' hacia la casa de seguridad, donde los tesoros de Los Desastres de Río Frío guardaban su destino.

Y allí los hombres y mujeres disfrutando. Repartían la paja antes del espectáculo, justo en la entrada de la fiesta-orgía, en la que se daba lo permisible, la sexualidad libre, sin tabúes, complejos ni prejuicios. La moda: Pelucas blancas, maquillaje hombres y mujeres, vestido a la usanza del siglo XVI. Todos como unos apóstoles del hedonismo. El ritual de la celebración es bendecir con leche los vestuarios utilizando los ramilletes de paja. Hay una banda de música que toca unos ritmos de lo más agradables.

En la mesa de juegos algunos de la banda y como un par de relámpagos se disputaban los ases del póquer, disparaban los dedos con una agilidad eléctrica. Una flatulencia en forma de bólido se deslizó por la tapicería de la silla e hizo presencia entre ciertos comensales bonachones. El bribón salpicó su carácter sobre alguna afelpada sonrisa perdida por allí, parecía que ellos tenían un parasol de sobrellevar listo para ese ataque. Entre los contrincantes y como un cloro nauseabundo y azufroso, así mismo cayó la presencia extraña de cada enemigo. Cuando se conoció al perdedor todos gritaron: ¡Al claustro inhóspito del ninguneo!... así aprenderán todos que odiamos a todo aquello que se asemeje a los perdedores de tiempos pasados. Se precipitó toda la banda sobre las cervezas levantando en los tarros un hervor de espuma. Se adhirieron a la reunión el desbordamiento de bohemios, la jauría de dandis, el bodegón de pránganas por todos lados y con ellos, el jefe babeando los brazos de las muchachas. El dirigente cuando veía a una mujer hermosa, no dejaba descansar el ojo, hasta que ha terminado de meter a la cabeza sus hechizos; se acercó a una, a su cabellera blanca, y aspiro el anís que emanaba, tal parecía que la capacidad de encariñarse a su cuerpo era infinita.

Un enjambre de bailarines orientales se dispuso en acordes amorosos, seducir al auditorio. Ellos gozaban de su compañía como la estrella de cine de su farándula. Era de adorarse la pureza sostenida en los pechos las muchachas, una pureza semejante a la que anuncian en el agua de garrafón. La banda se balanceaba tanto sobre el templete como sobre las muchachas que allí seguían al ritmo de la música. Evaristo, disfrazado de uno de los músicos, tocaba el saxofón con un estilo enérgico. Nadie sospechó que, mientras sus dedos se deslizaban por las teclas, sus cómplices saqueaban la fortaleza de Los Desastres de Río Frío.”

 El Jefe se incorporó de su mullido sitio y con voz firme y ojos avispados dijo: —¡Oh mira hermosa con qué ternura bailas! Haciendo tus saltos y vueltas sofisticadas, bailando tu aura como una hipérbole gótica, eres el mito de la Diana cazadora, de sus movimientos acuciantes, ¡Vaya, pero con qué singularidad y dinámica me incitas al ritmo de tu cintura! Del brazalete que circunda tus nalgas bellacas, nalgas provocadoras de lujurias, incitadoras para el eucarístico desmadre.

El escenario exterior lo conformaba un peñón, el embarcadero y las casuchas lejanas del siguiente pueblo, además de los montes circundantes. El peñón dejaba vestirse de blanco y de frío, aunque por el color nadie creería en su pureza por haber quitado la vida a ya varios cristianos, más bien su blancura significaba muerte allá sobre los despeñaderos, sobre la roca filosa o las grietas de hielo. El malecón atravesaba la ciudad, como una “Y” atravesada y aposentada en la conjunción de las vidas de la ciudad marítima, y ​​las opacas construcciones en lontananza dejaban ver la civilización cercana.

¿Cuál era el punto cardinal de la fiesta? La orgía, el cuarto oscuro, en el cual diez a doce gentes mitad mujeres y hombres disfrutaban del sexo totalmente a oscuras, reconociéndose por el tacto, por la lengua, entregándose al otro sin conocerlo, sin saber de su persona; aunque eran oficiales de policía, otorgando el cuerpo a su disfrute, el regocijo del cuerpo de los demás. Se escuchaba un bisbiseo cerca de una oreja que rezaba —“Déjame acomodar mis labios a tu cuello, quiero que, como una corbata, llevas estos belfos que hoy te regalo para que duermas explayadamente”— Las muchachas tocaban como con ganas de arrancar la ropa con desesperación. El interruptor hacía bien en dejar de hacer debutar a una luz que estorbaba a los estrenados amantes, y los besos continuaban por horas; se escuchaban los gemidos, el golpeteo contra las nalgas, el orgasmo. La libido ambientando los cuerpos, poniéndolos calientes, sudorosos, en éxtasis. Y nadie quiso hacer un gesto más... querían que cada una de ellas y su afrodisíaco olor de hembra enjundiosa provocara alguna ganancia. Era la delicia de instinto que hacía disfrutar de una reacción orgasmo incontrolable, de la implosión de éxtasis en confeti, de las contracciones libidinosas y alharaquientas; así como de los espasmos vibrantes y confabulados con una extraña cinética. ¡He aquí la resolución!: Germen de vida, semen corredor, semen loco, semen inhóspito, voluntarioso, colérico.

La banda ni siquiera sospechaba que se encontrarían con unas policías disfrazadas, sí, disfrazadas, pero de mujeres desnudas, era con ellas con las que habían hecho el amor, ellas se hacen descubrir, y ellas les pasan un fajo de billetes. Todos juntos continuaron con el reventón hasta la madrugada. Después de la fiesta todos volverían a tomar su pose como el juego de: policías y ladrones.

Con el amanecer, los miembros de Los Desastres de Río Frío regresaron a su casa de seguridad, satisfechos y exultantes tras la noche de lujuria. Pero en lugar de sus tesoros, encontraron solo paredes vacías y un mensaje grabado en la pared: 'Saludos de la Noche Oscura. Nos vemos en el próximo baile.

Al darse cuenta de la alevosía, el jefe solo pudo murmurar: “El conocimiento es poder, pero subestimar al enemigo es nuestra mayor debilidad”.

En el juego del poder, ¿quién es realmente el cazador y quién la presa? ¿Es el hedonismo una forma de libertad o la distracción perfecta para el saqueo? Te invito a compartir tu opinión sobre este relato de sombras y excesos en los comentarios. ¡Tu perspectiva completa esta historia!