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miércoles, 15 de abril de 2026

SEGURIDAD CON DIGNIDAD: PROPUESTA DE REFORMA Y PROFESIONALIZACIÓN POLICIAL EN TLAXCALA

 


Una propuesta integral para transformar la seguridad en Tlaxcala: dignificación laboral, seguros de vida para policías y una estrategia unificada con fuerzas federales.

Por Edgar Sánchez Quintana

Tlaxcala presenta una paradoja estadística: mientras los datos oficiales del SESNSP la sitúan consistentemente entre las entidades con menor incidencia delictiva del país, la percepción de inseguridad ciudadana (ENVIPE) se mantiene por encima de los medios nacionales. Esta brecha no es casual; es el resultado de una crisis de confianza en las instituciones locales, especialmente en las policías municipales, que operan en condiciones de precariedad estructural.

La seguridad no se garantiza solo con patrullajes; se construye con instituciones sólidas, profesionales y dignas . A continuación, presentamos una propuesta técnica para enfrentar los tres problemas nodales detectados: la percepción social, la certificación municipal y la falta de seguridad social para la policía.

I. Estrategia de Percepción Unificada: "Un Solo Frente por Tlaxcala"

El Problema: La ciudadanía confía plenamente en la Marina (89%) y la Guardia Nacional (84%), pero desconfía de la policía municipal (44%). Esta fragmentación genera una sensación de desprotección cuando no se ve a las fuerzas federales.

La Propuesta:
1. Convenio de Colaboración Interinstitucional: Formalizar patrullajes conjuntos permanentes donde la Marina y la Guardia Nacional acompañen a las policías municipales en zonas de alta incidencia. El objetivo no es solo operativo, sino de transferencia de prestigio .
2. Identidad Visual y Comunicación Social: Lanzar una campaña en redes sociales y medios físicos bajo el lema "Un Solo Frente". Que la ciudadanía vea que no son corporaciones aisladas, sino un sistema unificado. La visibilización de conjuntos operativos elevará la percepción de capacidad de respuesta.
3. Módulos de Proximidad Compartidos: Instalar puntos de atención ciudadana donde convivan elementos de las tres órdenes de gobierno, humanizando la figura del policía local al lado de las instituciones más respetadas.

II. Plan de Certificación y Dignificación Municipal

El Problema: Tlaxcala tiene un déficit crítico de Certificado Único Policial (CUP) en el ámbito municipal (solo 38% frente al 54% nacional). Los policías a menudo deben pagar sus propios uniformes, equipo y mantenimiento de patrullas, con salarios que no incentivan la profesionalización.

La Propuesta:
1. Subsidio Estatal para Equipamiento Básico: Prohibir por ley que la policía municipal costee sus insumos. El Estado debe garantizar, mediante un fondo revolvente, la entrega anual de dos uniformes completos, arneses, carrilleras y equipo de protección balística certificado.
2. Bono de Certificación: Implementar un incentivo salarial directo e intransferible para cada elemento que obtenga su CUP. La certificación debe traducirse en una mejora inmediata en la calidad de vida del oficial.
3. Mantenimiento Centralizado: Crear talleres regionales de mantenimiento para patrullas municipales, financiados por el FASP, para evitar que la policía deba "meterle dinero" a su herramienta de trabajo.

III. Blindaje Social: El Seguro de Vida Obligatorio

El Problema: Solo 9 de los 60 municipios de Tlaxcala cuentan con seguro de vida para sus policías. Es irracional pedirle a un ciudadano que "exponga el pellejo" por la seguridad pública si su familia quedará en el desamparo en caso de tragedia.
La Propuesta:
1. Seguro de Vida Colectivo Estatal: El Gobierno del Estado debe contratar una póliza de seguro de vida y gastos médicos mayores colectivas que cubre a todos los policías municipales certificados del estado. Al ser una contratación masiva, los costos se reducen y se garantiza una cobertura uniforme.
2. Convenio de Prestaciones Mínimas: Condicionar la entrega de participaciones estatales de seguridad a que los ayuntamientos garanticen, al menos, dos periodos vacacionales pagados y seguridad social (IMSS o ISSSTE) para sus elementos.

3. Fondo de Becas para Hijos de Policías: Crear un programa de becas de estudio para los hijos de elementos caídos en cumplimiento de su deber, asegurando que el sacrificio del policía tenga una respuesta de gratitud institucional permanente.

Conclusión: De la Estadística a la Realidad

Tlaxcala tiene la oportunidad histórica de convertirse en el modelo nacional de seguridad ciudadana. No basta con ser el estado con "menos delitos"; Debemos ser el estado con la mejor policía . Dignificar al funcionario municipal es el primer paso para cerrar la brecha de percepción y construir una paz duradera basada en el respeto mutuo entre la sociedad y sus protectores.
La seguridad no es un gasto, es la inversión más rentable para la soberanía y el engrandecimiento de nuestro pueblo.

Invitación a la Acción:
Una policía digna es el reflejo de una sociedad que se respeta a sí misma. ¿Qué cambio consideras más urgente para que confíes plenamente en tu policía local? Te invitamos a compartir tu opinión ya sumarte a esta propuesta por una Tlaxcala más segura y justa para todos. ¡Tu seguridad es nuestra prioridad!

EL ECO DEL SOL: DOÑA MARCELITA Y LA PARVADA DE LA NIEBLA

 

Imagen nostálgica y cinematográfica en blanco y negro de una calle de Tlaxcala en los años 70 al amanecer. Una densa neblina cubre el pavimento y los edificios coloniales. En primer plano, una mujer anciana y menuda (Doña Marcelita) con el rostro arrugado carga un fajo de periódicos, acompañada por un perro fiel (Pulgoso). Al fondo, las siluetas borrosas de tres niños corriendo con periódicos bajo el brazo, con el vaho de su respiración visible en el aire frío. La escena captura la esencia de un oficio perdido y la melancolía de una época pasada.

Una emotiva crónica que rescata la memoria de Doña Marcelita "La Lagartija" y los niños voceadores de la Tlaxcala de antaño, entre neblina y el eco del periódico El Sol.

Por Edgar Sánchez Quintana
Muchos dirán que Doña Marcelita, "La Lagartija", era un personaje amoroso y entrañable. La memoria oficial, esa que se cincela en bronce y se guarda en cápsulas del tiempo, suele suavizar las aristas de la realidad para convertir a los seres humanos en postales de nostalgia. Pero para mí, que andorreaba de chamaco por las calles de Tlaxcala en la década de los 70, la verdad tenía otro sabor: el sabor del frío en las manos, el peso del papel periódico y el recelo de un oficio que no admitía debilidades.

I. La Parvada de la Niebla

Corría una época en la que Tlaxcala no se despertaba con alarmas digitales, sino con el eco de nuestros gritos. Yo era un chamaco de ocho o nueve años, parte de una familia numerosa donde los recursos escaseaban y la necesidad sobraba. Cursaba la primaria en la escuela Emiliano Zapata —esa que en la tarde se convertía en la Manuel Altamirano y que hoy, tristemente, agoniza bajo la amenaza de la demolición—.
Mi jornada comenzaba antes de que el sol se atreviera a clarear. La ciudad era entonces un sudario de neblina espesa que bajaba de los cerros y se instalaba en las calles como una presencia física. A esa hora, cuando la "gente de bien" aún se arropaba en sus cobijas, nosotros, la parvada de chamacos gritones , corríamos hacia el centro de distribución del periódico El Sol de Tlaxcala , en la calle Independencia.
En ese entonces, El Sol era por antonomasia el diario; no había otro. Y nosotros éramos sus pulmones. ¡El Soooool, el soooool, el soooool!, gritábamos por las amplias calles, rompiendo el silencio de una capital que parecía detenida en el tiempo.

II. La Dueña del Territorio

Fue allí donde conocí a Doña Marcelita. La investigación dice que se llamaba Marcelina Méndez y que venía de San Esteban Tizatlán, pero para nosotros era simplemente la dueña de la calle. Era una mujer menuda, un poco jorobada, con la piel tostada y una abundancia de arrugas que parecían surcos labrados por el mismo sol que vendía. Tenía pocos dientes, pero una voluntad de hierro y un recelo absoluto por su bolsillo.
Marcelita no era la "viejecita dulce" de los cuentos. Era una trabajadora curtida que nos regañaba si invadíamos sus zonas. Ella ya tenía su clientela fija, sus esquinas ganadas a pulso de años de constancia. A nosotros nos dejaba las calles aledañas, aquellas de poco mercado, donde solo la gritadera y la insistencia nos permitían vender algún ejemplar.
Caminaba siempre con un perro que era su sombra: el famoso "Pulgoso". Mientras ella acomodaba con agilidad los fajos de las distintas secciones del diario, el perro se echaba cerca, vigilante, esperando la señal para iniciar la venta pronta y ágil. Años después, la vi entrar a las oficinas del periódico con una confianza que solo da la jerarquía del oficio; directores y periodistas la conocían y la respetaban. Ella era, en efecto, el último eslabón —y quizás el más fuerte— de la cadena del periodismo.

III. El Silencio de Antaño

Hoy, esa época no puede recordarse de otra forma más que por la imagen de Doña Marcelita y su perro. Pero mi memoria va más allá de la estatua que hoy descansa en el Parque de la Juventud, lejos de su zócalo original. Mi memoria se queda en esas mañanas de neblina, donde el vaho de nuestra respiración se mezclaba con el olor a tinta fresca.
Esos niños gritones, que trabajábamos mientras la ciudad dormía, hemos dejado de existir. Fuimos una generación que aprendió el valor de la moneda y la dureza del asfalto antes de terminar la primaria. Ahora, ese Tlaxcala de calles vacías y voceadores infantiles ha quedado sepultado bajo el ruido de la modernidad y la demolición de los edificios que nos vieron crecer.
Doña Marcelita, "La Lagartija", no fue solo una mujer que vendía periódicos. Fue el testimonio vivo de una Tlaxcala que sabía que la historia se escribe todos los días, a mano, y se reparte a gritos antes de que salga el sol. Que estas palabras sirvan para que, aunque los edificios caigan, el eco de aquel grito —¡El Soooool!— siga resonando en la memoria de quienes alguna vez fuimos parte de la parvada de la niebla.
Invitación a la Acción:
Los personajes populares son los verdaderos guardianes de la identidad de una ciudad. ¿Recuerdas a Doña Marcelita oa los niños voceadores de tu infancia? Te invitamos a compartir tu anécdota en los comentarios ya no permitir que el olvido demuela nuestra historia compartida. ¡Tu recuerdo es el sol que ilumina nuestro pasado!

martes, 14 de abril de 2026

TLAXCALA: EL CORAZÓN FUNDACIONAL DE MÉXICO A 500 AÑOS DE LA CIUDAD

 

Imagen épica e hiperrealista que conmemora los 500 años de Tlaxcala. En el centro, un encuentro digno entre los señores de Tlaxcala (tecuhtli) con sus majestuosos trajes de plumas y figuras españolas como Hernán Cortés y La Malinche. Los señores tlaxcaltecas muestran una postura de soberanía e inteligencia estratégica. Al fondo, los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl bajo un cielo dorado de amanecer. La composición simboliza el nacimiento de una nueva era y el papel fundacional de Tlaxcala en la historia de la nación.

Un ensayo profundo sobre los 500 años de la ciudad de Tlaxcala: descubre la grandeza de un pueblo que fue república antes de ser ciudad y actor central en la formación de México.

Por Edgar Sánchez Quintana

Hay pueblos que miden el tiempo con calendarios y hay pueblos que lo miden con cicatrices, con piedras, con lengua, con terquedad. Tlaxcala pertenece a estos últimos. Su historia no cabe en una fecha conmemorativa ni en una ceremonia oficial, porque el tiempo de Tlaxcala no comenzó cuando se trazó una ciudad conforme al orden colonial, sino mucho antes, cuando un pueblo aprendió a defender su territorio, a organizar su vida política ya dejar testimonio de sí mismo. Por eso, al hablar de los 500 años de la fundación de la ciudad de Tlaxcala , conviene decirlo con claridad: celebramos un capítulo importante, sí, pero no el origen de todo. Los quinientos años corresponden a la ciudad fundada en 1525; la historia tlaxcalteca, en cambio, es mucho más antigua, más honda y más grande.

I. La Herencia Moral de una Tierra Antigua

En una época como la nuestra, tan acostumbrada a la prisa y al olvido, resulta necesario volver a hacer una pregunta esencial: ¿Qué engrandece a un pueblo? No solo sus edificios, ni sus cifras, ni sus gobiernos pasajeros. Lo engrandece, sobre todo, la conciencia de su propia historia. Un pueblo sin memoria es un sitio de paso; un pueblo con memoria es una casa. Y la tesis vale para Tlaxcala con una fuerza particular: la historia de un pueblo engrandece a quienes viven en ella. Quien habita una tierra antigua no recibe solamente un domicilio; recibe una herencia moral, una responsabilidad y una altura.
La conmemoración de 1525 debe asumirse sin confusiones. Tlaxcala es reconocida como una de las primeras ciudades del continente americano, pero antes de esa ciudad ya existía Tlaxcallan , con sus propias estructuras de poder, su identidad política, su prestigio militar y su larga resistencia frente al poder mexicano. Reducir la historia tlaxcalteca a 1525 sería como creer que un árbol nace el día en que alguien decide medir su tronco.

II. Actores Centrales del Nuevo Orden

La grandeza de Tlaxcala está en su doble profundidad: la de su raíz prehispánica y la de su permanencia histórica. Tlaxcallan fue una república o federación indígena capaz de sostener una vida política propia y de defender su autonomía. No se trataba de un pueblo marginal, sino de una comunidad con organización, estrategia y sentido de sí.
Cuando llegaron los españoles, Tlaxcala no fue un decorado pasivo. Primero combatió, luego pactó, y en ese pacto definió parte del destino de Mesoamérica. La alianza con Hernán Cortés, nacida de una compleja red de cálculos políticos, resultó determinante para la caída de México-Tenochtitlán. No hace falta idealizar ese episodio para reconocer su peso. El propio Lienzo de Tlaxcala da cuenta de que los tlaxcaltecas se pensaban a sí mismos no como simples acompañantes, sino como actores centrales del nuevo orden que estaba surgiendo. Tlaxcala no estuvo al margen de la formación de México; participó activamente en ella, fue su corazón fundamental.

III. Una Densidad Histórica Continental

Frente a los 250 años que Estados Unidos recuerda de su independencia, la ciudad de Tlaxcala ya puede hablar de quinientos años, y el pueblo tlaxcalteca puede hablar de muchos siglos más. La comparación no busca competir por vanidad, sino recordar que la densidad histórica no siempre coincide con el tamaño del poder contemporáneo. Tlaxcala participa de la dignidad de los pueblos antiguos, como Irán o la antigua Sumeria, cuya identidad no se improvisó ayer.
Los 500 años de la ciudad no encierran a Tlaxcala; la abren. La vuelven legible en capas: una colonial, otra indígena —todavía más profunda— y una mexicana, nacional, en la que Tlaxcala aparece como pieza fundamental para entender la pluralidad originaria del país. Tlaxcala no es una nota al pie de México; es una de sus páginas de arranque .

IV. Conclusión: Una Grandeza Antigua y Viva

Presumir a Tlaxcala es un acto de justicia histórica. Durante demasiado tiempo se ha repetido una imagen disminuida del estado, como si la pequeñez territorial implicara pequeñez histórica. Hay geografías reducidas que contienen universos enteros. Tlaxcala tiene con qué: con su pasado prehispánico, con su papel decisivo en el siglo XVI, con su patrimonio cultural y con la conciencia de que su historia merece ser contada desde sí misma.
Que estos quinientos años sirvan no para reducir a Tlaxcala a una fecha, sino para reconocer en ella una grandeza antigua y viva. Una tierra que fue república antes de ser ciudad, que fue actor antes de ser relación ajena, que fue memoria antes de ser efeméride. Porque al final eso hace la historia cuando de verdad nos pertenece: no nos encadena, nos levanta.
Invitación a la Acción:
Celebrar 500 años es reconocer que habitamos una tierra que porta siglos de dignidad. ¿Qué parte de esta historia te hace sentir más orgulloso de ser tlaxcalteca? Te invitamos a compartir tu reflexión en los comentarios ya unirte a nuestra comunidad para seguir redescubriendo la grandeza de nuestra tierra. ¡Tu voz mantiene viva nuestra memoria!

lunes, 13 de abril de 2026

EL LATIDO DE LA TIERRA: CUMBIA, IDENTIDAD Y CULTURA POPULAR EN TLAXCALA

 

Imagen hiperrealista y vibrante de un baile sonidero tradicional en una plaza de Tlaxcala. En primer plano, la silueta de un DJ (sonidero) frente a torres de audio iluminadas con neones multicolores. Al fondo, una multitud diversa baila en armonía bajo un cielo estrellado, con la silueta de una iglesia colonial y un volcán lejano. La composición captura la energía, la alegría y el sentido de comunidad que definen el movimiento de la cumbia popular en la región.
Un ensayo necesario que visibiliza y dignifica a los artistas de cumbia y música tropical en Tlaxcala como pilares fundamentales de nuestra cultura popular e identidad regional.

Por Edgar Sánchez Quintana

A menudo, la mirada intelectual se posa con reverencia sobre el muralismo, la cantera o la literatura académica, pero desvía la vista —o peor aún, la nariz— cuando el aire se llena con el estruendo de un baile sonidero. Existe en Tlaxcala una resistencia silenciosa, un prejuicio que etiqueta a la cumbia ya la música tropical como "géneros menores". Sin embargo, si nos despojamos de la soberbia estética, descubrimos que en el ritmo de la güira y el acordeón late una de las expresiones más auténticas, potentes y cohesionadoras de nuestra cultura popular .
Reconocer a nuestros artistas regionales de la cumbia no es una cuestión de gusto musical; es un acto de justicia cultural . Estos grupos, desde los históricos hasta los emergentes, son los verdaderos cronistas de la alegría y el desahogo de un pueblo que, entre jornada y jornada, se encuentra en el baile su espacio de libertad.

I. La Geografía del Goce: De Apizaco a San Pablo del Monte

La escena cumbiera en Tlaxcala no es un fenómeno marginal; es una roja vibrante que descentraliza la cultura. Mientras que los museos se concentran en la capital, la cumbia habita en cada rincón del estado. Nombres como Los Duques de Apizaco, con décadas de trayectoria, o Grupo YeaH! de Terrenate, representan un estirpe de músicos que han profesionalizado el sentimiento popular.
Desde Calpulalpan con el Súper Combo La Sonora , hasta el sur en Papalotla y San Pablo del Monte con Grupo Escala , la geografía tlaxcalteca está trazada por el ritmo. Estos artistas no solo tocan música; construyen identidad regional. Cuando el Grupo X de Santiago Ayometitla entona su "Cumbia Tlaxcala", no está simplemente ejecutando una melodía, está realizando una afirmación territorial que resuena con más fuerza en el corazón del pueblo que cualquier discurso oficial.

II. El Sonidero: El Ritual de la Plaza Pública

No se puede entender la cumbia en Tlaxcala sin la figura del sonidero . Es en la plaza pública, en la fiesta patronal o en la calle cerrada donde la música se convierte en ritual. Grupos como DKDAZ , Grupo Jaguar o Vetzy han entendido que su escenario no es solo el estrado, sino la masa que mueve se al unísono.
El movimiento sonidero ha sido definido como una práctica que democratiza el espacio público y fortalece la memoria colectiva. En Tlaxcala, este patrón se reproduce con una vitalidad asombrosa. Artistas como Grupo Quintanna o Grupo X-YE de San Matías Tepetomatitlán han sabido navegar entre la tradición romántica y la potencia del baile sonidero, creando un puente generacional donde conviven abuelos y nietos bajo la misma luz de neón.

III. Talento, Disciplina y el Orgullo de lo Propio

Es hora de romper el mito de que la música popular carece de rigor. Detrás de cada presentación de Grupo Klaz y Keroz o de la trayectoria de Jorge Domínguez y su Grupo Super Class , hay años de disciplina, inversión en equipo y una búsqueda constante por conectarse con el público. Estos grupos son empresas culturales que generan empleo, mueven economías locales y, sobre todo, exportan el nombre de Tlaxcala a otros estados y países a través de plataformas digitales.
Incluso si el "sonidero popular" no es nuestro ámbito predilecto, es imperativo reconocer el talento regional . Negar la importancia de agrupaciones como Grupo La Meneo de La Magdalena Tlaltelulco o Grupo Dominados es negar una parte esencial de lo que somos. Tlaxcala está "sobrada de historia", sí, pero esa historia también se escribe hoy en las partituras de la cumbia.

IV. Conclusión: La Cumbia como Patrimonio Vivo

La cultura no es un objeto estático en una vitrina; es un organismo vivo que respira, suda y baila. La cumbia tlaxcalteca es el testimonio de un pueblo que se enorgullece de sus raíces y que sabe celebrar su existencia a pesar de las adversidades.
Visibilizar a estos artistas es reconocer que la grandeza de Tlaxcala también reside en su capacidad para crear belleza desde lo cotidiano y lo popular. Que este ensayo sirva para que, la próxima vez que escuchemos el eco de una cumbia a lo lejos, no solo oigamos ruido, sino el latido orgulloso de una tierra que sabe que su cultura es tan diversa como su gente. Porque al final del día, en el baile, todos somos iguales y todos somos Tlaxcala.

Invitación a la Acción:
La música popular es el espejo de nuestra identidad más genuina. ¿Cuál es ese grupo o canción de cumbia que te recuerda a tu comunidad o a tus fiestas familiares? Te invitamos a dejar tus prejuicios de lado ya compartir en los comentarios tu reconocimiento a los artistas que nos hacen bailar. ¡Celebremos juntos el talento de nuestra gente y el orgullo de nuestra cultura popular!