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viernes, 10 de abril de 2026

El Descorche Tlaxcalteca - Tomo 4

 


Descubre el Tomo 4 de "El Descorche Tlaxcalteca". Sofía "La Voz Cruda",
el Coro y El Contreras analizan con ironía la inseguridad, obras inconclusas en Contla
y el Polo de Huamantla.


(Intro - Sofía "La Voz Cruda" Ramírez se acerca al micrófono, da un golpecito con el bolígrafo sobre la mesa y lanza una sonrisa irónica)
"Buenas noches, madrugadas o la hora en que nos escuchen, ciudadanos de este paraíso surrealista llamado Tlaxcala. Soy Sofía 'La Voz Cruda' Ramírez, lista para destapar la botella de la realidad que nuestros políticos prefieren mantener bien sellada. Hoy traemos un menú degustación de inseguridad, obras fantasma y una honestidad tan pura que hasta asusta. Vamos al primer trago."

(Noticia 1: La Seguridad Endeble)
"Arrancamos fuerte. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en los primeros dos meses de este 2026, Tlaxcala acumuló casi 300 delitos del fuero común. Para ser exactos, 284. Y no hablamos de que se robaron un chicle en la tienda: destacando 21 homicidios y un secuestro. Pero oye, el gobierno estatal insiste en que su política de seguridad avanza a paso. Seguro avanza hacia atrás, pero avanza."
(Pitidos del Más Allá - Gritos, matracas y exclamaciones como en un estadio)
"¡Qué emoción, ya somos como las grandes ciudades! ¡Hea, hea, hea! ¡A mí me asaltaron ayer y qué tiene, qué tiene, al menos me dejaron los zapatos! ¡Más adrenalina para el turismo! ¡Olé, olé y olé! ¡Cierren las puertas y tiren la llave, que la calle está de fiesta! ¡Ra, ra, ra!"
(El Contreras - Voz monocorde, neutral y desinteresada)
"No, no, no. Eso no importa. Es solo estadística, ¿qué más se puede esperar de los números?" (Comienza a golpear la mesa rítmicamente sumándose a las porras) "¡Ra, ra, ra!"

(Noticia 2: El Espejismo de Huamantla)
"Segunda noticia: El famoso Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar en Huamantla. Nos prometieron que estaría listo y brillando para el 28 de febrero de 2026. Estamos en abril, y la Secretaría de Desarrollo Económico dice que, bueno, que la 'primera etapa' está concluida, pero que la inauguración presidencial se canceló por 'cuestiones de agenda'. ¡Qué ironía! Un proyecto diseñado para atraer millones en inversión no puede ni siquiera atraer al presidente para cortar el listón. La prosperidad es un tren que siempre anuncia su llegada pero nunca entra a la estación."
(Pitidos del Más Allá - Risas burlonas, silbidos y cánticos)
"¡El Polo invisible, la nueva maravilla del mundo! ¡Hea, hea, hea! ¡Yo ya puse mi negocito de garnachas imaginarias ahí! ¡Que traigan unas tijeras de aire para el listón fantasma! ¡Uuuuuuh! ¡La inversión está tan segura que nadie la puede ver! ¡Bravo por la puntualidad!"
(El Contreras - Voz plana y aburrida)
"No, no, no. ¡Qué tontería! Es un terreno con tierra, siempre ha habido tierra ahí". (Se pone a silbar la misma tonada festiva del coro)

(Noticia 3: Las Ruinas de Contla)
"Tercera noticia, y seguimos con la construcción... o la falta municipio de ella. Resulta que en Contla, el año 2026 fue declarado 'el año de la obra pública'. ¡Y vaya que lo es! El alcalde Eddy Roldán recibió la módica cantidad de 12 obras inconclusas, incluyendo la mismísima presidencia municipal. ¡Oh, qué generoso! ¡Otro 'plan de desarrollo' que, sin duda, modernizará al… mientras los vecinos tienen que esquivar zanjas desde octubre de 2025 y las ratas organizan fiestas en los escombros! La eficiencia es un concepto tan flexible como el presupuesto."
(Pitidos del Más Allá - Gritos descontrolados y aplausos rítmicos)
"¡Ruinas modernas, patrimonio cultural instantáneo! ¡Hea, hea, hea! ¡A mí me gusta saltar charcos para llegar a mi casa! ¡Que dejen las zanjas, sirven de trinchera! ¡Viva la arquitectura a medias! ¡Olé, olé y olé! ¡Las ratas también merecen vivienda digna! ¡Ra, ra, ra!"
(El Contreras - Suspiro largo y desapasionado)
"No, no, no. Eso no importa. El cemento tarda en secar, a veces años." (Empieza a aplaudir fuera de ritmo junto con los demás)

(Noticia 4: Los Funcionarios Santos)
"Y para cerrar con broche de oro: El INEGI acaba de revelar un dato que nos deja boquiabiertos. En todo el 2024, en Tlaxcala solo se registró UNA denuncia penal contra funcionarios municipales por abuso de autoridad. ¡Una sola! Mientras en el resto del país suman más de 300, aquí nuestros servidores públicos son prácticamente querubines bajos del cielo. O somos el estado más honesto de la galaxia, o la cultura de la denuncia está más enterrada que las obras de Contál."
(Pitidos del Más Allá - Exclamaciones de asombro fingido y porras)
"¡Santos patronos del presupuesto! ¡Hea, hea, hea! ¡A canonizarlos a todos, rápido! ¡Yo le rezo a mi regidor todas las mañanas! ¡Aleluya, aleluya, no hay corrupción, solo aportaciones voluntarias! ¡Wuuuuuu! ¡Denunciar da flojera, mejor nos aguantamos! ¡Ra, ra, ra!"
(El Contreras - Tono robótico y seco)
"No, no, no. Es que todos son muy buenas personas. ¿Por qué habrían de denunciarlos?" (Saca una matraca y empieza a girarla ruidosamente)
(Outro - Sofía "La Voz Cruda" Ramírez se ríe por lo bajo y acomoda sus papeles)
"Y así terminamos otro episodio de esta tragicomedia llamada política tlaxcalteca. Inseguridad que avanza, obras que no terminan, proyectos invisibles y funcionarios que levitan de tan puros. Ya lo saben, si no pueden cambiar la realidad, al menos ríanse de ella. Soy Sofía Ramírez, y esto fue El Descorche.
Deja tu comentario y suscríbete."

jueves, 9 de abril de 2026

FRECUENCIAS DE LA RESISTENCIA

 

Imagen hiperrealista y cinematográfica de un monje tibetano en una alta cresta del Himalaya al atardecer. Sostiene una larga corneta 'dungchen' de cobre que se extiende hacia el horizonte brumoso. La iluminación es dramática, con un tono azul frío y un resplandor dorado en las túnicas del monje. En las sombras del primer plano, se aprecian sutiles distorsiones en el aire que sugieren la presencia de seres reptilianos camuflados, reveladores por la vibración del sonido. La composición captura la tensión entre el mundo físico y la vibración, simbolizando la resistencia espiritual y el conocimiento secreto.


Explora "Frecuencias de la Resistencia", un cuento que revela la guerra oculta entre la humanidad y seres de otras dimensiones, y el poder del sonido para proteger nuestra realidad.


El sonido de las dungchen , esas cornetas de cobre que se extienden como serpientes metálicas sobre los riscos del Himalaya, no es música. Nunca lo fue. Es una arquitectura sónica, un muro de vibración diseñado para sostener una realidad que se desmorona.
Él lo sabía. El hombre que el mundo llamaba "el iluminado" no era más que un guardián de frecuencias, un ciego guiando a otros ciegos a través de un laberinto de espejismos. Pero incluso los ciegos pueden sentir la vibración.

—No es por la fe —murmuraba el anciano, mientras sus dedos recorrían el borde de una campana de bronce cuya aleación no figuraba en los libros de química—. Es por la interferencia.

La historia oficial hablaba de exilios y política, de invasiones y derechos humanos. Pero la "realidad real", esa que solo se recupera en el estado de vigilia entre sueños o en el recuerdo de vidas que nos pertenecen, contaba una guerra distinta. Una guerra de eones.

Hubo un tiempo en que la Tierra no era nuestra. Los Otros, seres de escamas y sangre fría que se camuflaban en los pliegues de la luz, nos pastoreaban como ganado. No podíamos verlos, pero sentíamos su aliento helado en la nuca. Hasta que descubrimos el electromagnetismo. Inventamos máquinas que disparaban arcos de energía, cortocircuitando sus campos de invisibilidad. Los obligamos a mostrar su verdadera forma antes de extinguirlos.

O eso creemos.
Los supervivientes humanos de aquella guerra huyeron a las alturas, donde el aire es ralo y la densidad de la materia cambia. Allí, en el Tíbet, o en las regiones de los Apaches, así como en el interior de Australia y en las estepas mongolas, los humanos que registraron esta odisea instalaron sus puestos de vigilancia.

Las cornetas tibetanas no llamaban a la oración; emitían una frecuencia que los reptiles no podían soportar. Era un veneno acústico que mantenía el espacio "limpio" de influencias mundanas, de esa contaminación que hoy llamamos civilización.

Pero ahora, el muro está cayendo.
La noticia se filtró como un virus: el nombre del Dalai Lama en una lista infame, vinculado a las sombras de Epstein. Para el mundo, era un escándalo de corrupción humana; para los iniciados, era un ataque quirúrgico a la frecuencia maestra.

—Si golpeas la cima, la montaña se desmorona —dijo el anciano, observando cómo una de las grandes campanas comenzaba a agrietarse sin que nadie la tocara—. Han encontrado la forma de corromper el sonido.
La estrategia de los poderosos era simple y brutal: si no puedes silenciar las cornetas, ensucia al que las sopla. Al vincular al guía con la inmundicia de lo humano, la vibración misma pierde su pureza. La fe se quiebra, y con ella, la sintonía.
El anciano cerró los ojos y recordó. Se vio a sí mismo en una vida pasada, empuñando un arma de luz en una llanura que hoy es desierto. Recordó el olor a ozono y el grito sordo de los reptiles al ser descubiertos. Recordó por qué habían subido a las montañas.
—Todas las religiones están corrompidas —sentenció—. Todas operan bajo medias verdades, guardando tesoros en cofres podridos. El Tíbet no es la excepción. El conocimiento está ahí, esperando salir, pero los guardianes se han vuelto carceleros de su propia imagen.

De pronto, el sonido de las cornetas cambió. Ya no era un rugido profundo y protector; Era un lamento quebrado, una frecuencia discordante que dejaba entrar el ruido del mundo. El aire en la habitación se volvió pesado, helado.
En la esquina más oscura de la estancia, donde la luz de las lámparas ocres no llegaba, el aire comenzó a ondularse. Un parpadeo, un error en la textura de la realidad.
El anciano no se inmutó. Sabía que la invisibilidad de los Otros dependía de nuestra incapacidad para sostener la nota correcta. Y hoy, el mundo entero estaba desafiando.
—Ya están aquí —susurró.
No sentí miedo, sino una extraña melancolía. El ciclo se cerraba. Los ídolos caían para que el hombre, finalmente, dejara de buscar guías y comenzara a escuchar su propia frecuencia.
Tomó aire, llenando sus pulmones con el oxígeno escaso de las cumbres, y por primera vez en siglos, no usamos un instrumento. Emitió un canto gutural, una nota profunda que nació de sus entrañas, una frecuencia que no pertenecía a ninguna religión, sino a la memoria de la especie.
El parpadeo en la esquina se detuvo. La sombra se hizo sólida por un instante, revelando una piel escamosa que brilló bajo la luz mortecina antes de desvanecerse en un grito de estática.
El anciano irritado. El guía había caído, la religión estaba en ruinas, pero la resistencia... la resistencia acababa de encontrar su verdadera voz.

Invitación a la Acción:
A veces, la caída de nuestros ídolos es el precio necesario para recuperar nuestra propia soberanía. ¿Estamos escuchando la frecuencia correcta o solo seguimos el eco de cornetas que ya no nos protegen? Te invitamos a compartir tus reflexiones sobre lo "no dicho" y las verdades que guardamos en nuestra memoria ancestral. ¿Qué sonidos resuenan en tu propia historia? Deja tu comentario y exploramos juntos las grietas de la realidad.

martes, 7 de abril de 2026

El eco de las manos de barro: Adiós a Yolanda Ramos Galicia

 

Artesana tlaxcalteca de cabello plateado teje en telar de cintura dentro de una habitación de adobe, rodeada de ollas de barro y textiles coloridos colgados en las vigas. La luz del atardecer entra por una ventana junto a un maguey. Imagen que ilustra la crónica "El eco de las manos de barro: Adiós a Yolanda Ramos Galicia".

Crónica en homenaje a la antropóloga y museógrafa Yolanda Ramos Galicia, guardiana del patrimonio artesanal y gastronómico de Tlaxcala. Su vida, su obra y el eco imborrable de sus manos de barro.

Por Edgar Sánchez Quintana


El 6 de abril de 2024, el viento que recorre los magueyales y acaricia los muros de cantera en Tlaxcala pareció detenerse por un instante. La noticia de la partida de Luisa Yolanda Ramos Galicia cayó como una llovizna fría sobre la memoria cultural del estado. A sus 86 años, la antropóloga, museógrafa y tejedora incansable de nuestra identidad nos dejó básicamente, pero su legado permanece enraizado en cada pieza de barro, en cada textil de telar de cintura y en el aroma de los fogones que tanto se esmeró en documental.

Nacida en 1937, Yolanda Ramos no fue una investigadora de escritorio; Fue una mujer de campo, de diálogo abierto y de manos entrelazadas con las comunidades. Su formación comenzó en el rigor de la Danza Regional en el INBA, pero fue la Antropología y, posteriormente, una especialización de cinco años en Museografía en París, lo que afiló su mirada para entender que los objetos no son reliquias mudas, sino fragmentos palpitantes de la vida de un pueblo.
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Mi relación con la antropóloga Yolanda Ramos fue de sesgo, de buena manera. Recuerdo aquellas tardes en las que, acompañados por un amigo antropólogo, coincidimos con ella en la biblioteca del Museo Regional de Antropología. Allí platicábamos, no directamente de su trabajo formal, sino de otros motivos que nos cruzaban en el camino: casi siempre era con respecto a situaciones del INAH o los intrincados laberintos del sindicato. En esas charlas informales se revelaba su esencia: una mujer siempre entregada a los proyectos que benefician a los artesanos, preocupada por llevar a cabo un censo real, organizar exposiciones dignas y difundir a Tlaxcala a través de su artesanía viva.

Su visión transformadora se materializó en instituciones que hoy son pilares de nuestra cultura. En 1988, bajo su impulso, se inauguró un espacio revolucionario que dignificaba el trabajo manual: la Casa de las Artesanías de Tlaxcala, proyecto que evolucionaría orgánicamente hasta consolidarse como el Museo Vivo de Artes y Tradiciones Populares.
. En este recinto, los propios artesanos, los verdaderos dueños del saber, se convirtieron en las guías que compartían su cosmogonía con los visitantes.
. Más tarde, su labor sería también fundamental para la apertura del Museo Regional del INAH en Tlaxcala en 1981, consolidando un recinto para el resguardo de nuestra memoria histórica.
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Yolanda Ramos también nos enseñó a leer nuestra tierra a través del paladar. Su libro Así se viene en Tlaxcala es mucho más que un recetario; es un tratado de amor escrito en el lenguaje coloquial de las cocineras tradicionales, un homenaje a los huazontles, al mole prieto ya los gusanos de maguey.
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A la antropóloga, pienso que se le debería haber dado aún más reconocimiento por su trabajo. Es cierto que en 2011 recibió la Presea Tlaxcala, y sus palabras al aceptarla resuenan hoy con más fuerza: “Lo acepto y lo comparto con los artesanos de Tlaxcala, los cuales me han acompañado siempre”
. También es justo recordar que en 2023 el Museo Regional le rindió un merecido homenaje con la exposición “Caligrafía de la tierra”, exhibiendo más de 400 piezas de su colección personal.
. Hubo otros investigadores del INAH que también hicieron grandes contribuciones al conocimiento de Tlaxcala y la región, y que ahora enriquecen a los tlaxcaltecas con sus investigaciones. A todos ellos, y especialmente a Yolanda, les honramos ahora en su fallecimiento.

Despedir a Yolanda Ramos Galicia es despedir a una guardiana de nuestra memoria. Su vida nos recuerda que la cultura no es un concepto abstracto, sino el latido diario de las personas que moldean, tejen y cocinan nuestra identidad. Que la tierra le sea leve, y que su obra siga siendo faro para las nuevas generaciones que buscan entender quiénes somos.
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Referencias