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martes, 7 de abril de 2026

El eco de las manos de barro: Adiós a Yolanda Ramos Galicia

 

Artesana tlaxcalteca de cabello plateado teje en telar de cintura dentro de una habitación de adobe, rodeada de ollas de barro y textiles coloridos colgados en las vigas. La luz del atardecer entra por una ventana junto a un maguey. Imagen que ilustra la crónica "El eco de las manos de barro: Adiós a Yolanda Ramos Galicia".

Crónica en homenaje a la antropóloga y museógrafa Yolanda Ramos Galicia, guardiana del patrimonio artesanal y gastronómico de Tlaxcala. Su vida, su obra y el eco imborrable de sus manos de barro.

Por Edgar Sánchez Quintana


El 6 de abril de 2024, el viento que recorre los magueyales y acaricia los muros de cantera en Tlaxcala pareció detenerse por un instante. La noticia de la partida de Luisa Yolanda Ramos Galicia cayó como una llovizna fría sobre la memoria cultural del estado. A sus 86 años, la antropóloga, museógrafa y tejedora incansable de nuestra identidad nos dejó básicamente, pero su legado permanece enraizado en cada pieza de barro, en cada textil de telar de cintura y en el aroma de los fogones que tanto se esmeró en documental.

Nacida en 1937, Yolanda Ramos no fue una investigadora de escritorio; Fue una mujer de campo, de diálogo abierto y de manos entrelazadas con las comunidades. Su formación comenzó en el rigor de la Danza Regional en el INBA, pero fue la Antropología y, posteriormente, una especialización de cinco años en Museografía en París, lo que afiló su mirada para entender que los objetos no son reliquias mudas, sino fragmentos palpitantes de la vida de un pueblo.
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Mi relación con la antropóloga Yolanda Ramos fue de sesgo, de buena manera. Recuerdo aquellas tardes en las que, acompañados por un amigo antropólogo, coincidimos con ella en la biblioteca del Museo Regional de Antropología. Allí platicábamos, no directamente de su trabajo formal, sino de otros motivos que nos cruzaban en el camino: casi siempre era con respecto a situaciones del INAH o los intrincados laberintos del sindicato. En esas charlas informales se revelaba su esencia: una mujer siempre entregada a los proyectos que benefician a los artesanos, preocupada por llevar a cabo un censo real, organizar exposiciones dignas y difundir a Tlaxcala a través de su artesanía viva.

Su visión transformadora se materializó en instituciones que hoy son pilares de nuestra cultura. En 1988, bajo su impulso, se inauguró un espacio revolucionario que dignificaba el trabajo manual: la Casa de las Artesanías de Tlaxcala, proyecto que evolucionaría orgánicamente hasta consolidarse como el Museo Vivo de Artes y Tradiciones Populares.
. En este recinto, los propios artesanos, los verdaderos dueños del saber, se convirtieron en las guías que compartían su cosmogonía con los visitantes.
. Más tarde, su labor sería también fundamental para la apertura del Museo Regional del INAH en Tlaxcala en 1981, consolidando un recinto para el resguardo de nuestra memoria histórica.
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Yolanda Ramos también nos enseñó a leer nuestra tierra a través del paladar. Su libro Así se viene en Tlaxcala es mucho más que un recetario; es un tratado de amor escrito en el lenguaje coloquial de las cocineras tradicionales, un homenaje a los huazontles, al mole prieto ya los gusanos de maguey.
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A la antropóloga, pienso que se le debería haber dado aún más reconocimiento por su trabajo. Es cierto que en 2011 recibió la Presea Tlaxcala, y sus palabras al aceptarla resuenan hoy con más fuerza: “Lo acepto y lo comparto con los artesanos de Tlaxcala, los cuales me han acompañado siempre”
. También es justo recordar que en 2023 el Museo Regional le rindió un merecido homenaje con la exposición “Caligrafía de la tierra”, exhibiendo más de 400 piezas de su colección personal.
. Hubo otros investigadores del INAH que también hicieron grandes contribuciones al conocimiento de Tlaxcala y la región, y que ahora enriquecen a los tlaxcaltecas con sus investigaciones. A todos ellos, y especialmente a Yolanda, les honramos ahora en su fallecimiento.

Despedir a Yolanda Ramos Galicia es despedir a una guardiana de nuestra memoria. Su vida nos recuerda que la cultura no es un concepto abstracto, sino el latido diario de las personas que moldean, tejen y cocinan nuestra identidad. Que la tierra le sea leve, y que su obra siga siendo faro para las nuevas generaciones que buscan entender quiénes somos.
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Referencias

jueves, 26 de febrero de 2026

Mario Ríos Reyes: El Eco de la Palabra y la Sabiduría de Tlaxcala

Imagen cinematográfica e hiperrealista de un distinguido intelectual de edad avanzada, con una mirada sabia y una sonrisa sutil, sentado en una biblioteca clásica rodeado de millas de libros antiguos. Sostiene un libro abierto con reverencia, iluminado por una luz cálida que entra por una ventana, resaltando las texturas del papel viejo y la madera. La atmósfera evoca la profundidad académica y el amor por el conocimiento regional de Tlaxcala.

Un homenaje al antropólogo Mario Ríos Reyes, pilar de la cultura en Tlaxcala. Edgar Sánchez Quintana reflexiona sobre la maestría de la palabra y el legado de un sabio que vivió entre libros.

Por Edgar Sánchez Quintana

La verdadera intelectualidad no reside solo en la acumulación de datos, sino en la capacidad de transformar el conocimiento en una experiencia viva a través de la palabra. Fue hace bastantes años cuando conocí al antropólogo Mario Ríos Reyes (1944-2026), una figura cuya presencia en la comunidad estudiantil de Tlaxcala dejó una huella imborrable. En aquel entonces, él se desempeñaba como director del Centro Regional del INAH Tlaxcala , cargo que asumió en marzo de 1989, marcando una época dorada para la investigación regional, incluyendo hitos como la tecnología de la zona arqueológica de Cacaxtla.

Como estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, tuve el privilegio de escucharlo en diversas conferencias. Me asombraba su manejo magistral de los temas y esa habilidad casi extinta de la palabra acertada. Ríos Reyes no era solo un académico; era un erudito con un agudo sentido del humor que lograba despojar a la historia de cualquier asomo de aburrimiento. Con el tiempo, gracias a un amigo antropólogo que laboraba en el mismo instituto, pude acercarme más a su entorno, encontrándolo a menudo en el Museo Regional de Antropología e Historia o en la quietud de su biblioteca. Mario era ese personaje fascinante que vive entre los libros, que los asimila con la naturalidad con la que se bebe la leche, convirtiéndose en un sabio que se hablaba de tú con el abecedario.

En el panorama intelectual de México existen figuras sobresalientes, hombres de labia precisa y la disertación contundente. Nombres como Ricardo Garibay , Juan José Arreola y Octavio Paz resuenan como los pilares de nuestra oratoria. Sin embargo, como bien señalaba el propio Paz, existía otro gigante que, en el arte de la disertación, "se los llevaba de calle": José Vasconcelos . Es precisamente esa virtud de la oratoria, esa capacidad de cautivar y educar a través de la voz, la que busco rescatar al rendir este homenaje a Mario Ríos Reyes.

Su reciente caída en febrero de 2026 nos deja un vacío profundo, pero también un legado incansable. Mario Ríos Reyes, poblano de origen pero tlaxcalteca por vocación, dedicó su vida a engrandecer a Tlaxcala a través del conocimiento de su historia. Desde su labor como cronista de Chiautempan hasta su papel como miembro emérito del Consejo de Cronistas, su afán por acrecentar el saber regional fue inagotable.

Que estas palabras sirven como preámbulo y llamado a la acción. Es imperativo que el estudiante actual retome el esfuerzo por mejorar su oratoria y su capacidad crítica. Figuras como Ríos Reyes son los espejos en los que debemos mirarnos: ejemplos de que la erudición y la elocuencia son las herramientas más poderosas para dignificar nuestra cultura y nuestra identidad.

Referencias