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martes, 22 de noviembre de 2011

puros cuentos 21


Víctor sentado, no hace nada. 




Los colores se desperdigaban en una abyección absorta, constante, y esta era chupada por sus propia naturaleza continuamente; La concordancia entre el espacio y el desbaratamiento  de la entidad era compacta. Cuerpo de áureos contrastes untuosos y explosivos.  La entidad se desmembraba en colores y luego se diseminaba por el sitio, era un jugueteo endiablado, psicodélico, la pirotecnia  de un festejo de la Independencia. Eran mendrugos de luz contorsionándose en un desproporcionado movimiento. La ingrávida presencia se aposentaba en el sitio, era su ambiente y dueño del contexto donde se representaba, su residir allí se instituía ante las demás cosas de un modo ensamblado, su acoplamiento en la existencia y en el entorno moraba en la aceptable percepción. ¡Vaya energética  salpicadura de su identidad! Va aquí y allá cabalgando como una compacta nube de caspa diamantina, y luego se desperdiga barnizándose tanto en los cuerpos animados e inanimados, en los materiales duros y blandos, transparentes y opacos así como en torno a sí mismo  haciéndose y tragándose en un embudo acaracolado, en un erizo astral, o parecido a un pulpo ciclónico de alguna luna de Neptuno. Apoteosis  de esta entidad que apenas se conoce y que sin embargo en algo es semejante a aquella forma que tenían los griegos llamada Quimera pero que dista mucho de ser la misma. Ante esta cosa el lenguaje comete tropezones al no saber su género, al no contar con el preciso adjetivo o verbos que describan una acción por demás extraña ante los ojos humanos. Intrínsecamente cada acción del hábitat  la contiene, entonces, ¿Cómo describir un ente que ello mismo es verbo?

La ostentosidad imaginativa de la decoración de la estancia me emocionaba a tal grado que los ojos se ponían cuadrados y voluminosos. Allí los nopales reguilete, atrás brincando los peces que salen del suelo, en todos lados las cosas que con la presencia caen. Acullá era un hombre que se comía su sombra y de eso se alimentaba. Allende, Una reata de adobe hecha realidad. Y más por quien sabe donde, como: el elástico que corría como si fuera un coyote, su color de cuervo se desprendía como ojiva de mosquete; las destornilladas marejadas en el cielo que temblaban nomás del miedo de verme; el olor azulado de la menta que se descolgaba desde los altos muros de los globos estacionarios y, venía a robustecer la llama dominante de una aura andrajosa que campeaba cerca de las neuronas; la fastuosidad de mi socarrona mirada que mentaba la madre a los transeúntes y a los jefes de tribus ingobernables. Toda esta suntuosa descripción se encontraba también pegada como una leyenda muy pedagógica en una pancarta de obreros en marcha del primero de Mayo, en la esquina superior izquierda del horizonte. Además, los patos revoloteaban en la enredadera, estaban asidos a una red canela, la malla dejaba pasar sus pescuezos, andaban metiendo una y otra vez en la boca su lengua velluda; y abajo, las palomas circulando delante de nuestros pasos, como una ola plácida de pantano, ola que  así prefería, sin provocaciones, porque si al caso había ¡Las malditas dejarían caer sus corucos como  maná en tiempos bíblicos! Y eso no era todo. La neblina se hacía gel tan pronto como bajaba la temperatura y luego se escurría como baba chiclosa y hacía que los peces ya no brincaran del suelo sino que se desplazaran por esa gelatina uniforme, y que encontrara yo cierta tibieza en sus escamas; era entonces cuando comenzaban a crecer una especie de espárragos que despachaban desde su adentro unas oraciones del antiguo testamento y cabrilleando andaba el elástico como burro sin mecate. Había un adherido estornudo en los muros violetas que  hacían decolorarlos; mientras que las bocinas, con un pequeño foquillo verde inquietaban a un cloqueo para salir marchando.  Por cenagales hediondos andaban un par de caimanes ciegos que se prestaban un par de ojos mutuamente; largas patas de araña circulaban por su nuca y cuello. La coincidencia estaba en que mientras la entidad se posesionaba del entorno, los objetos se alimentaban de su aura chispeante, era como si la totalidad estuviera embotellada, contenida en sí misma o se compenetrara todo con todo, proliferando en ello los roces y los ajustes en las acciones y en las quietudes. Me  parecía que todo tendería a convulsionar, que yo mismo y mis neuronas se coagularían para formar a un demente o a un individuo comatoso porque la comprensión de esa realidad tendía más allá de una metafísica lógica o de una verdad coincidente con las leyes de la física elemental  aprobada por nuestra razón.

La inquietud imaginativa quedaba superada en una realidad absorbente, el manto de mis sentidos aseguraba que estaba despierto, vivo, testigo de la entidad, de las cosas y de mí mismo. Pero...  Vulcano era quien  hacía espesar  los eructos del volcán. La lava corría como miados de él. Ya habíamos terminado de desayunar, yo me preparaba un pan tostado con mantequilla cuando llegó el temblor montado en patineta, su desliz hizo que se me fuera el angelito; ruinmente, detuve su desequilibrio con una zancadilla y fue a dar abajo del refrigerador. Poco a poco las cosas fueron aplacándose de la furibunda excitación y regresó todo a la normalidad, no pasó gran cosa más que caerse dos edificios  y una estatua que de por sí lo iban a tumbar.

Entrar en un burdel, tomar alcohol del más escamoso y abestiarse esa es la aventura, ella era la que me señoreaba con un sincope de indómitos regalos. La apoteosis prometida llegaba a desenvainar una rapsodia autóctona, pero los balidos que simultáneamente se percibían eran de las acompañantes que ceñían sus caderas con un hilo de alhajas y bisutería. El latido llegaba al cerebro con un cargamento de alcohol  y se acumulaba en los términos de las raicesillas neuronales, donde  hacen enlace, y en ese colchón de alcohol  me ampliaba como un globo inflado con soplete ¡Ah que hermosa vacación! Nada cuesta mostrar segmentos fotográficos, dormir los sentidos y despertar a la bestia con sus gritos y fornicaciones salvajes.  Y la bóveda del burdel son pantallas e iluminación inalámbrica  que sube y baja prende y acciona a complacencia de la computadora y  según el calor del ambiente. Sagitario estaba bailando  en un templete circular y suspendido a una altura de siete metros, su aureola resplandecía cada que el discjockey hacía sus cambios casi imperceptibles. La luna participaba desde la salida hacia el bosque de los enamorados con un plenilunio, pero que era parte del decorado pues  era un globo con iluminación interna, este globo era sostenido por unas nubes de gas pesado. Ningún pájaro ni avión pasaba por allí, ese tipo de cosas no existen, son invenciones de chamacos ¡Pura fantasía! Todo alcohol me aburre, mejor dentro de mí me duermo.

La recamara de Víctor es sencilla, como la que podría tener un adolescente de la clase media. La puerta no tiene seguro, además que ni falta que le hace, ni modo de que quisiera escaparse o encerrarse. Más encerrado no podría estar. Su madre Doña Margarita ha puesto unas cortinas floreadas de color azul con rosas salmón, tiene para él una litera, -la de abajo- y juguetes que le quedan de cuando niño. A mano izquierda una mecedora que Víctor no utiliza como mecedora sino sólo para estar sentado. Víctor no tiene amigos. No hay modo de que se pueda comunicar con ellos, él es autista. La única conexión con el mundo es su madre. Todos los demás seres humanos que le rodean existen sólo como objetos lejanos, que están separados de él por un como vidrio de doce pulgadas. Una enormidad de cosas no tienen existencia. Hay ropa de su hermano tirada, son prendas sucias: calcetas del fut-bol, pantalón de vestir, cachucha roja con “NY” en la parte central. Y otros objetos como la envoltura de chicle entre la cama y el buró, el pedazo de papel de baño encima de los libros de la escuela que están sobre la mesita de trabajo y... polvo, polvo en los muebles y bajo la litera. Víctor va a las terapias los días: lunes, miércoles y viernes de cuatro a seis de la tarde. El DIF es una institución que cuenta con especialistas para diferentes problemas: niños autistas, síndrome down, problemas de aprendizaje, chiquillos maltratados, jovencitos con problemas de conducta, jovencitas violadas y embarazadas entre otras complicaciones. Víctor se ha aprendido una recitación-presentación para ayudar a poder congeniar con otros compañeros que tienen el mismo problema. Su mamá se siente muy orgullosa. De lo que pasa en su mente nadie lo imagina:

La traslucidez se atiborraba de espejismos ignotos, manchas en descampo, sombras revoloteando y hendidas en los claroscuros, negruras hipotecadas en quicios y esquinas imaginadas; y el deslustrado de los objetos hacía mostrar bodegones como tabernas de poca monta o tugurios de quinto patio; el enervante de dicho espacio lo era el parpadeo de un neón o la muerte advertida de un balastro, el tartamudeo luminoso daba un cumplido sollozante a las persianas tiznadas de zinc. La época hacía sus respectivos pliegues, como pendones colgaban las acciones simultaneas. La elasticidad era una propiedad que se adaptaba indisolublemente a la materia y el doblez se elaboraba sobre una doblez antecedente, era el pliegue sobre el pliegue por donde la luz perdía potencia y era tragada; y los hay que son pliegues arremolinados como un embudo para transformarse en pliegues complejos. El tiempo como un entablado de costura, pero  no ha de pensarse que precisamente por imaginarse de ese modo, no podría tener astillas, rugosidades o asperezas, por el contrario tenía astillas rugosidades y asperezas.  El tiempo es el norte que dicen los abuelos, aquel que ahora se encuentra en el rocío que lucen los herbazales. Con la cara semidormida hago malojear mi par de manos por sobre el horizonte, a la altura de los cerros blanquizcos, el alimonado colorido cercano me hizo recordar las pastillas refrescantes en la bolsa de la chamarra. Era apremiante la mirada hacia ese pequeño elemento del tiempo: puñado de puntos cardinales... Como un azote, la humanidad había pisoteado por todo ese sendero de la temporalidad, lo imaginario. ¡Tuve la obstinación calcificada de lucideces! El ostracismo de mi academia no quería compaginar con mi oseoso daño cognitivo. Me imagino como una revolvedora desinflada que al mismo tiempo que mezcla los elementos con el cemento, también se vacía junto con todo... Estoy frente al busto del héroe, noto su inmovilidad, la rigidez de sus facciones, la pobreza de su vitalidad,  la única vitalidad que en ella resulta es allí en la cara, frente a la nariz le cuelga una tela de araña como moco permanente, el viento hace vibrar  esas insignificantes cuerdas, y el moco sube y baja, es la araña en su hábitat. Un audaz enturbamiento en los pensamientos hizo un cortejo a los sentidos hibernados.


 Lapsus linguae




Era extraño ver aquellos aposentos para quienes habían vivido dentro de una moral de fines del siglo XX y la tina de hidromasaje en un sitio prioritario de la casa o sea a un lado de la sala; donde los invitados podían sentarse perfectamente cómodos en el agua o bien hacerlo desde los sillones empotrados como nichos. En el desnivel de la morada se encontraba, del otro lado del cristal, un monolito de tamaño regular; esta escultura se parecía al dios Tlaloc: deidad del agua, pero, no puedo estar seguro, podría ser simplemente otra cosa. Era  una mansión que en sus lujos repartidos por toda ella, nos hacía comprender que el superávit económico se había posesionado de sus habitantes. A los dueños de la casa les maromeaban las comodidades en todo perímetro y su prosperidad rezaba en el futuro una bienaventuranza.

Las curvaturas de los muros cercanos al jardín trasero llevaban la sinuosidad de los troncos viejos de un eucalipto y la caprichosidad curvilínea de un ocote al pie de algún precipicio, dichas curvas nacían por entre los muros más rectos y cortantes y por una transformación quimérica de la materia hasta llegar a camuflagearse con los troncos y las ramas; que de tal modo quedaba la decoración de jardines y la arquitectura realmente armonizadas. El minimalismo había dejado onda  huella hasta los días que nombro. La auriferidad de algunas esquinas de las piezas contiguas hacían llamado como pavos reales habilidosos, era por demás banal decir que la residencia era lujosa. Del lado por donde se encontraba la gran mesa de mármol, por encima del pasto, hacia el frente, se veía algo que para mí  parecía un enorme ayocote, y por esa perspectiva la interpretación para todos era la misma, pero cuando se daba un ligero paseo por los jardines y viniendo de regreso se transformaba este enorme fríjol en una escultura prodigiosa de ángulos flácidos, formas geométricas, eufóricas y texturas distintas; por la noche, dicha pieza era el centro de atención tanto para invitados como para las luces multicolores y sonidos apacibles y en veces contradictorios, pero no por eso de mal gusto; las formas distintas obedecían a un plástico hinchado con un gel inteligente que obedecía a un programa informático y siempre cambiante.

Negros y profundos en la altura, como gérmenes mohosos de la niebla, los cuervos revoloteaban en la inmensidad anunciando posiblemente una noche de carbón, carente de luna. A la residencia se le van poco a poco apacentando las sombras, las somnolencias y las opacidades. Ningún gato de barriada hace circo ni presencia, en otros lados existen, aquí no. Tampoco se encontraban presentes los aromas típicos de una fábrica de papel, o de un mercado o de  la brisa del mar. La zona residencial se extendía por terrenos semiboscosos  y por avenidas serpenteantes que se unían con arterias más cardinales de la ciudad y hasta con autopistas rápidas del país. La metrópoli donde se ubicaba nuestra narración era de un número regular de habitantes. Se puede decir que era una capital media y en expansión económica. México significaba un elemento de importancia para el mundo, en cambio para los moradores de la residencia, México significaba, sí, el terruño, pero era también el ancla que exigía pocos movimientos en tanto ser una entidad de contrastes y sube y bajas persistentes. Nuestros protagonistas sí contribuían al engrandecimiento de la nación, eran participantes activos de la economía local. Su empresa lo era una cadena de farmacias en la ciudad y pronto estarían haciendo ofertas de productos farmacéuticos por Internet y entregas a domicilio.

Ella era una mujer dinámica de cadera amplia y de cabello largo y negro. Tenía una presencia distinguida, sabía ser buena anfitriona. Cuando llegó él, se escuchaba por los altavoces disimulados en el mueble principal un disco de  Tchaikousky.
—Despertaste temprano.
—Casi a la misma hora, me quedé tarde a checar algunas cosas que tenía pendientes— Él se asoma al tocador de la recamara y observa sin interés la revista “Vanidades”, frente  hay toda una miscelánea de objetos de belleza, cremas, lociones y artículos de aseo; además de mascarillas, joyería fina  y substancias para el cuidado de la piel de reconocida marca —pero dormí bien, quiero darme un baño—de lejos se escucha la voz de la sirvienta que grita:
—Señora, le preparo de una vez el desayuno— su timbre ladino y chillante   hace muecas entre los lujos de la casa, es una mujer muy trabajadora pero muy coqueta, esa muchacha se entretenía por lo regular en los mismos menesteres que Afrodita.
—No, primero me voy a dar un baño, pero si quieres hazlo y cuando baje, lo calientas en el horno— aja.

—Ya pensaste en lo que te dije ¡No me vayas a decir que aún no tienes la respuesta!, siempre me das largas— dice él en tanto que se sienta en el taburete y toma un perfume, el frasco tiene el titulo de Elizabeth Harden, lo pasa por la nariz y sus aletas se hinchan de su esencia. — ¡Por favor corazón cásate conmigo!
— ¡Ya Fernando, no empieces, es muy temprano para empezar a pelear! Déjame tranquila, quiero empezar la mañana contenta. ¡Y ya no me presiones tanto! Y por favor... que voy a bañarme. —Toma algunas cosas que están listas sobre la cama y se dirige al baño.

Fernando se queda rozando la muñeca izquierda, haciendo que se impregne el perfume que se ha puesto. Observa como se cierra la puerta del baño y allí deja la mirada; para sí mismo hace una mueca de desilusión. Se levanta y se dirige a la cocina.

—Ya saben lo que tienen que hacer, utilicen la intuición para dar con lo más valioso, y por favor empleen los conocimientos y la experiencia que tienen y tu Pancho controla tus ímpetus, y por favor ¡No hagan pendejadas! Rápido y bien, rápido y bien... órale chavos, rápido y bien, rápido y bien. — El jefe de la banda truena los dedos en señal de celeridad, el sonido se ahoga por todo el tapizado de la vagoneta. Antonio, el jefe de la banda observa por el espejo retrovisor cómo va Javier acercándose. Frente al jefe, en la guantera, están los binoculares, es la herramienta que ha utilizado durante los últimos días. —Jefe, ya es hora, el drenaje huele a shampoo y la sirvienta está en la cocina, los demás empleados llegan en una hora y cuarto—dice Javier al mismo tiempo que abre la puerta y se sube al auto.

—Bueno pues... órale cabos, rápido y bien, rápido y bien.—Mientras la banda penetraba la casa, en la mente de Antonio espolvoreaba ese pasquín de Fantómas tan ensoñado en su niñez, el héroe del Zorro era otro pero no representaba una identificación plena, el personaje de Fantómas le gustaba por su disciplina, por el buen gusto, por verse como un hombre conocedor, inteligente, guerrero  y templado; bueno, habría que señalar también su sino con las mujeres, era el espíritu de conquistador quien lo acompañaba a todas partes, y Antonio quería ser igual, quería ser una copia, o una viva representación de ese héroe. En la vida real había cosas que no cuadraban, como ser un protagonista que se las arreglaba solo, que no tenía compinches. Por eso Antonio sí contaba con unos y eran los mejores, con varios años de carrera, sin antecedentes penales y con un currículo como para pertenecer a una empresa de guardaespaldas o  alguna élite de ninjas orientales. Utilizaban armas no letales pero sí muy efectivas.

Perros no hay, la alarma está desconectada, la puerta de servicio junto a la cocina está abierta, la sirvienta ha estado trabajando desde las seis y media. Han desconectado el teléfono. Llevan guantes...

Ella se baña, levanta tanto la cara como los brazos  para  dejar que el agua escurra en la mata de cabello, cierra los ojos para dejar sentir el placentero chorro tibio. El baño esta lleno de vapor, por fuera, tras el cancel de la bañera se observan los muebles lujosos, el recubrimiento vidrioso en pisos y muros en tonos salmón, guinda y rosa y con el tema de globos de jabón y espuma. Hay una jardinera con plantas de interior a un costado de la tina de hidromasaje y sobre esta un plafón transparente en el techo. De lado izquierdo, frente a la tina está el guardarropa, de lado zurdo se encuentra el closet la zapatera y una sección de anaqueles donde está la colección de bolsos de mano guardados en bolsas plásticas, de lado derecho se encuentra: Al centro la puerta que comunica a la habitación, toda ella es un espejo; en un costado está otro tocador que podría asemejarse al que usan las estrellas en los camerinos de teatro lujoso, en el otro extremo está la cajonera donde se guardan: medias, pañoletas, ropa interior, camisetas, cintos, bisutería y demás accesorios; así como artefactos de belleza y artilugios para adelgazar y simulado con dos cajones está la caja fuerte, la alfombra es de un tono canela.

La sirvienta trabaja en la cocina, Fernando entra y la busca, cuando ella abre la puerta del refrigerador  la toma de la cintura. — ¡Ora! No espante, OH... espérese que tengo prisa en hacerle el desayuno a la seño— sus manos hurgan dentro, todos los recipientes están fríos como si estuvieran detenidos en el tiempo, son alimentos invernados, pero prestos para la calentada, dispuestos para ser comidos, degustados, se podría pensar que de igual modo la sirvienta, tal vez en ello había cierta empatía, confesión callada, era la comprensión de sí misma en los medios de trabajo, en las materias primas de la cocina. Él está subiendo sus manos hacia los pechos, los toca cuando siente un jalón y una llave al cuello que lo lleva al suelo— ¡Pero... que es esto... de que se tratm... mmmm... mmm!— La sirvienta cuando voltea simplemente se desmaya, les ponen a ambos cinta en la boca y bolsas de tela negra en la cara, las manos quedan atadas a la espalda. Los rateros no pronuncian palabra, como si fueran unos mudos de nacimiento se comunican con señales, pancho termina de amarrar, cierra el refrigerador y husmea en la alacena, no hay nada valioso más que un sitio que parece cava, desliza la puerta, se encuentra con una chapa y sin ninguna complicación bota el seguro, observa las fechas de las botellas y escoge dos que son las más longevas.  Antonio se dirige al piso superior, a la habitación principal, el otro se ha dirigido al despacho, cuando entra ya tiene preparado un desarmador eléctrico, quita los tornillos que sujetan las tapas, la abre. Sigue trabajando y desconecta el disco duro y el DVD, los sustrae de la carcasa, luego va con la tarjeta principal, obtiene lo más importante y guarda el desarmador, saca la navaja y lo desliza entre el escritorio y el cajón, una pequeña palanca y el cajón cede, hay dinero en efectivo (seguramente es “la caja chica”) una agenda con números de cuenta y contraseñas, las llaves del par de autos están allí. Guarda en su maleta todo eso y sigue buscando. Bajo la ventana que mira al patio hay un plafón falso, lo desliza y allí está la tarjeta madre que gobierna tanto a la escultura del patio y la iluminación como otros elementos y programas de la casa. Se dirige a la sala de estar y allí está la televisión; es de las que tienen la tecnología más avanzada, como es de pantalla plana parece un cuadro más, desconecta, desmonta el equipo así como los complementos de sonido; hay un artilugio interesante que llama su atención, su precio calculado llega fácil a la tabula propuesta por Antonio, por lo demás o es muy voluminoso o no alcanza a ser más que otro bibelot más de la alcurnia.

Antonio entra a la habitación, sabe que lo más acertado es actuar sin que la víctima lo note, él tiene el lema: “actuar sin un roce y como un fantasma.”  Llega directamente al tocador y husmea los cajones, saca un estuche aderezado con orfebrería mudéjar. La observa. Valúa y levanta la tapa con cuidado para no ser sorprendido por una caja musical o un payaso saltarín. Dentro de ella están las joyas más usadas: dos relojes, esclavas, cadenas y anillos, todo de oro y de muy buena hechura.  Deposita toda la caja en su mochila. Recorre la habitación con la mirada y no descubre nada interesante. Entra al vestidor, y atisba como todo un profesional el sitio obvio para una caja fuerte, le da una mirada al cuadro del fondo, pasa sus manos por él  y sólo es un cuadro en el fondo, soba los cajones y da con los simulados. Busca la combinación por allí, sabe que se guarda en algún sitio cercano, por si acaso falla la memoria, hala del botón dorado y allí está la caja, hace un chasquido. Se dirige al baño. Se está terminando de bañar, sobre su cuerpo sigue escurriendo el agua. Al pasar Antonio por el tocador —que se asemeja al que usan las estrellas en los camerinos de teatro lujoso—, observa una foto ¡Y en ella está él con su novia de hace muchos años! A la agitación cardiaca debido al peligro, a la adrenalina irrigada en el torrente se suma un estremecimiento más, es a la conmoción debido al encuentro de un amor jamás olvidado, al choque sentimental de volver a encontrarse con ella.

— ¡Verónica!— la voz se escucha por toda la habitación, entra al baño y se posa intempestivamente en la bañista que sin esperar esa voz, hace ofuscaciones en la mente, los recuerdos saltan, los sentimientos se acumulan y hacen agitar el corazón de inmediato, ella duda un momento pero luego dice al tanto que cierra las llaves — ¿Tony?... eres tú ¿Tony?...—observa hacia la ventana y distingue algunos rayos de luz que se desvían del plafón del techo. Ella como muchas veces, busca un espejismo, cosa de su imaginación, busca que aquella voz sea una utopía del aire o de la propia mente. El vapor forma un celaje que eclipsa las claridades, aún así, nota como se va aproximando entre la nube y los muebles de la casa el amor de su vida. Toma la toalla y se medio tapa, él tiene ya en la mano el pasamontañas y se dispone a quitarse el segundo guante mientras dice —Cariño, tanto tiempo buscándote y al fin te encuentro —Se queda asombrada —¿Eres tú? ¡Y yo pensé que te habías morto!—A Antonio no le importa el lapsus linguae, lo que le interesa es estrecharla entre sus brazos, besar su boca como tantas veces, percibir el aroma de su cuerpo. No separarse jamás.

El par de sujetos que han trabajado en la parte baja,  han salido, no sin antes pasar por el vivero y llevarse cinco costosas orquídeas, y por un sistema de navegación y audio de uno de los autos. Esperan al jefe. En unos momentos Javier encenderá el motor. Todo ha salido “en blanco” y no han tenido ningún contratiempo. En tanto en la cocina Fernando ya está buscando la manera de desatarse. La sirvienta sigue desmayada. En la cafetera   terminó de calentarse el café.

—Tenemos mucho que hablar... pero mira como estoy ¡Dios, mira nomás! Ni siquiera estoy peinada.
—Creo que no has entendido a lo que vine y como entre a tu casa, encontrarte fue una casualidad, hubiera sido mejor encontrarte en un supermercado o en una calle cualquiera... Te quiero Vero... tú lo sabes... mmm. mmm... A lo que vine a tu casa fue a robar, esa es mi profesión. Yo sé que esto no está bien, que hay otras cosas pss... no es una vida que tú puedas desear, tu vives bien, te quiero, pero conmigo serías muy infeliz, sigue tu existencia y yo seguiré la mía, no te olvidaré, te lo aseguro, eres el amor de mi vida...
—Pero... Tony no es necesario... podemos hablar... por favor no te vayas, platiquemos...
—Nos vemos, realmente esto es muy triste, y me duele mucho por el enorme amor que te tengo pero. No... —el hombre se aparta  y sale de la habitación
—Tony no espera... — ella tiene la toalla amarrada al cuerpo, en sus ojos inicia una humedad salina que hace opacar la mirada, se pone rápidamente las sandalias, busca la bata tratando de darle alcance. Antonio ya no está.  Quien se encuentra cruzando el vestíbulo es Fernando. Sube las escaleras rápidamente quitándose la cinta de la boca.
—Verónica estás bien, no te hicieron nada esos malditos, hijos de su &%$, Ven, ya no llores, Hablaremos con la policía, voy por el teléfono, ¡Haré que se pudran en la cárcel esos cabrones!
— ¡Cállate ya cállate, siempre quieres hacer las cosas sin mi consentimiento y ordenas y quieres ordenar todo, ya basta, basta!
—No, pero... hay que hablar a la policía... mientras más rápido mejor, pronto estarán en la cárcel esos idiotas. Amor... Ya cálmate.
— ¡Cállate! Tú no entiendes nada— Ella con lágrimas, se dirige a su recámara, se pone un pans, una sudadera, una gorra, entra al baño: es el  pasamontañas, lo levanta, sigue al vestidor, allí está la mochila que ha olvidado Antonio, abre la caja fuerte, saca lo valioso y lo vacía en la bolsa, y sale corriendo a alcanzar al amor de su vida, se trepa a la camioneta e inventa una nueva vida. La sirvienta en el piso, medio atarantada, se recompone de la sorpresa, a lo lejos escucha que alguien habla a la policía.


puros cuentos 20


EL INDIO TARAHUMARA




El indio tarahumara cruzó varios kilómetros de serranía antes de llegar a la iglesia del pueblo, la reunión era en las ruinas de la capilla abierta, justo en el lugar donde eran golpeados y castigados sus antepasados por no ir a misa o bien por no cumplir con los deberes de la iglesia en el siglo XVI. El medio día impetuoso chamusca el polvoroso sendero que parece que se enchueca más por  el sol recalcitrante de Mayo.

—Nomás porque soy el representativo de la comunidá y porque van a dar algo de botana pal’a comida sino que me interesa eso de los programas del estado, al fin que dea tiro ni van a dar gran cosa, siempre es lo mismo, las ideas que se avientan con eso de que ahora si el pueblo  va a disfrutar de cosas que ni tenía, eso es pura habladuría, o son tarugadas, como la vez  de hace un año de que en el día de las madrecitas rifaron un microondas y se la saco una que ni tenía luz y que mejor lo vendió y se compró un colchón para que durmiera toda la familia en blandito, eso es pensar muy tarugo porque no entienden la necesidá del jodido. Yo nomás me aprovecho de cada ocurrencia y le saco jugo a lo que venga, total si no lo agarro lo agarra otro y yo me quedo nomás babeando. No si, la cosa está re dura, dicen por allí que en el pueblo de Kosovo ya empezó la guerra, yo ni sé donde queda eso, ha de ser en un país lejano porque si fuera cerca el gobierno no estaría tan a gusto discutiendo lo del próximo presidente, y sí, esa es la realidá, la pura realidá, que nos queda, esa  es la pura realidá, y sí, así es. —el tarahumara continua serpenteando la última cañada y llega al pueblo. El villorrio se asienta en el tepetate menos costroso y duro de la serranía; las casas mientras más viejas más se percibe ese aletargamiento, su flacidez de memoria.

Hay un gran toldo en el lugar,  el estrado está adornado con flores de cempasuchitl y adornos de semana santa figurando flores de mastuerzo; en el lado izquierdo una manta en colores folklóricos con la leyenda “Consorcio para la instrucción”. El  vocingleo de los técnicos se escucha  nervioso. No tarda en llegar el Gobernador. El sudor ataca fuerte las caras de los presentes que enfundados en galas y ropas domingueras soportan lo insoportable y sonríen sardónicamente. Otros más atrás, apelotonarse, temerosos y apáticos  observan y se miran unos a otros, son los naturales, han llegado al lugar desde sitios lejanos, la mayoría no a comido gran cosa y para disimular el ronquido de sus tripas, arrastran el guarache entre las piedras y aclaran su garganta. Se ven contentos porque verán al señor gobernador. Todos sonrientes. Aplausos, hurras y vivas. Fotógrafos. La niña que se acerca y ofrece flores: la foto. Los guardias que recogen de las manos del gobernador las cartas que han dado los ciudadanos con: pedimentos, proyectos, poemas, sugerencias, maldiciones y demás.

Es el presidente municipal quien pasa primero al micrófono y pide aplausos para cada apellido que nombra y son los acomodados de la ciudad, gentes de opulencia. Los guardias han entreverado algunos indios recién bañados entre ellos para que salgan en el periódico y se vea la buena voluntad. La audiencia escucha las disertaciones de cada uno y le toca al gobernador:

—“ciudadanos, estamos aquí reunidos — como ya lo dijeron — para iniciar los proyectos que tenemos contemplados para la sociedad civil. Estamos con el pueblo, y nuestro trabajo es para que el pueblo se desarrolle  hacia la democracia y para que todos tengan una vida justa y digna, queremos que el fomento comunitario sea fomentado, fundamentalmente por ustedes, que sean ustedes los fundadores del progreso dentro de cada comunidad, vamos a impulsar los talleres de lectura, los clubes de libros y las bibliotecas y vamos a formar en nuestras comunidades gente instruida y educada…”

—A cabrón que fomentado ni que nada, —piensa el tarahumara —más bien estamos fermentados de la calor tan dura, y eso de leer, me da güeva, ¡ja!, si a mi hijo no le gusta a mi menos, y lo de la biblioteca esta difícil, los ratones ahorita andan de hambre, luego que anden buscando nido allí van a estar. Eso si no pasa que la biblioteca va a dar a la casa de los particulares como los hijos del presidente municipal o hasta sus achichincles  total que eso de la cultura es pura mascara para legitimar al gobierno, y sí, esa es la realidá, la pura realidá, que nos queda, esa  es la pura realidá, y sí, así es.

El protocolo termina, los aburguesados, se saludan y dan abrazos y besos, la gente del pueblo se apiña bajo el entoldado que se ha dispuesto con agua fresca de tamarindo, pambasos, memelas y tostadas. Sobre la fruta serpentean las manos que desaparecen en los  morrales. El indio toma rumbo a su jacal. Ha comido. En su talega lleva un pambazo y tres memelas. Al día siguiente su señora tiene diarrea y fuertes dolores de estómago. La comida se había echado  a perder por el calor.


¡Caen como moscas!



— ¡Qué hermosa guerra! Los veo allí, tirados, algunos con las piernas torcidas, cortadas o chamuscadas, sus cuerpos con boquetes donde han entrado las balas o esas como quemadas eléctricas... y ese anciano allí tirado, sin alma que pueda hacerle mover los ojos: Son como dos grandes lágrimas suspendidas; son todos ellos cuerpos tendidos con excrementos e intestinos de fuera con posiciones cómicas, los dedos acalambrados y huesudos, pero las calles me hacen recordar mi infancia, las veces en que andaba por allí en la avenida Juárez, la calle Guerrero o Veinte de Noviembre, comprando algún mandado de mi madre o simplemente vagando, apedreando a algún perro, resorteándole a las urracas del río Zahuapan. Qué a tiempo es recordar mi historia por estas calles donde yo consideraba que eran otros los dueños de ellas, como el gobernador en turno o las distinguidas familias de abolengo ¡Pero si recuerdo un poco, creo que las  facciones de esa cara anciana son o más bien eran de esa estirpe! ¡Mira que ahora ya no fingen, sufren de una indiferencia total, sólo las moscas les zumban y se les meten en la boca para acicalarse las patas sobre la lengua! Y mira allí la niña que en aquellos tiempos me dijo que yo era un niño mocudo y piojoso, ahora ella tiene unos labios muertos, bien muertos, es una boca que nadie quiere.  Me quedo viendo los semáforos que prenden y apagan como locos, algunos se perciben como corbatas cantinflezcas, hechas unos hilachos, tumbados sobre los edificios o la banqueta. Y esos petardos de fiestas patrias son bazukas de vuelo y ¡pum! Se escuchan los estruendos y las ráfagas, son sonidos que anuncian el arranque de alguna vida, la destrucción de alguna casa o edificio. La pólvora busca pretextos como si buscara personas en distintos sitios, ella es un elixir que se embriaga a sí misma, goza entrar en los cuerpos y sentirse acogida en un charco de sangre. ¡Caen como moscas! A la chusma se les quita la vida con un soplido, son tan estúpidos que quieren correr pero su falta de condición física, la gordura que cargan en su panzota, la falta de entrenamiento en los menesteres de la guerra, que terminan no sólo muertos de morirse sino también muertos de cansancio; el arranque hacen pero es una lucha infructuosa, pírrica, muchos de ellos tal parece que sólo vinieron al mundo para eso, para ser despellejados por una bazuca, ser desmembrados por un pisotón tremendo de una oruga de tanque o reventados por la lumbre fosfórica. Los parapetados en sitios estratégicos de la ciudad oponen la resistencia pero saben que al final de cuentas serán sometidos; ellos son los hombres que han quedado, ¡No cabe duda que fueron apoyados por un sino azaroso! Pero mira que la he pasado de maravilla viendo y acariciando las piernas de las muchachas, como todos sabemos, cualquier revolución escupe damas de compañía fieles y entrañables.  El enemigo gracias a la tecnología y a su poderío militar  ha podido diezmar  a la población de Tlaxcala, primero con ataques biológicos como las enfermedades  nuevas y extrañas, así como las más frecuentes como las enfermedades estomacales  —El número de tifoideos aumenta todos los días— y pulmonares; y después con ataques psicológicos y cerebrales y por último la fuerza militar tan necesaria si se quiere tanto efectividad, como derrumbar la moral del pueblo y ya una vez que esté sometido el pueblo... ¡inche tribu macuarra la de los Tlaxcaltecas! Ahora sí el triunfo es de la guerra, hermosa guerra que hace disminuir a la población y hace sobrevivir a la humanidad.

La comunidad pronto estará en ruinas, veremos como el enemigo lo convierte todo en puros escombros, y esos edificios coloniales, ¡Al diablo! Y esos monumentos al héroe traidor ¡Al diablo!  Y ese puente horrible de hierro y remaches ¡Al diablo! Todo al diablo y luego también las casas de mis vecinos, ¡La escuela! Y los hospitales, y los campos de verduras y... y a envenenar el piso con puros temblores, matar desde vacas hasta ratones y perros de la calle. ¡Todo va a volar, sí! Sí, hasta la ropa tendida y los puestos de memelas, el color imperante el caqui y los utensilios y mochilas camuflageadas con pintura y ramas de los árboles cercanos, los aviones dejarán caer su carga y los enormes cráteres servirán después como jagüeyes  y por una buena temporada, las nubes andarán huidizas por estos lugares, aja y los indios que andan siempre como ciscados ahora andarán con una muy buena razón para andar ciscados.

Qué placentero y con qué seguridad se camina en la calle armado con una metralleta como ésta y el cuchillo de Rambo y las granadas de mano colgadas de la espoleta, la adrenalina corre al lanzar tal explosivo y ¡Pácatelas! Salta la vidriera de la tienda de zapatos, el sinnúmero de objetos desperdigados, el escombro, los gritos de dolor, dejar que salgan huyendo los sobrevivientes y cazarlos como ratones, cercenarles algún dedo, o un pedazo de oreja; y luego tender sus tripas al sol como si fueran tendederos para asolear cecina o pescado salobre; ¡Qué hermoso paraíso de sangre derramada! El culto al sacrificio de los otros, se ha transformado todo en una serranía de ortigas amigables para nosotros los espíritus aguerridos, almas ingobernables, entidades aristocráticas y fuertes, voluptuosas y aventureras, desprovistos de compasión, amantes de la codicia y el engaño. Todo cambio es bueno, hace mover conciencias, hace hervir la sangre o convertir  aquello que corre por las venas de atole hediondo y estacionario a sangre caliente y activada. Pero mira que todo el mundo anda con los ojos encendidos, despiertos, centelleantes ¿Y donde han quedado las vistas distraídas, aborregadas, somnolientas, propias de ganado garrapatiento? No cabe duda de que el hombre se acopla a la existencia; el hábitat del hombre se incrusta en el alma y la gobierna ¡He aquí la lucha entre su alma y el ambiente! ¡Qué gane el equilibrio de los dos elementos!

El combatiente ha elegido acertadamente las perspectivas, las guarniciones han quedado bien distribuidas en la capital del Estado en los cerros Totolqueme y Ocelotzin; así como también, en los cerros de Zimatepec, Huizcolotepec, Temetzontla y Oxtotl en este último se ha habilitado un helipuerto y un centro de comando, las vías rápidas y más importantes tienen retenes en donde la sociedad civil o da su mochada con moneda extranjera o nomás no pasa. El rugido de la maquinaria guerrera, los implementos belicosos y el azaroso estruendo de alguna bomba hacen de la vida en la región un sobresalto, y un despavorido de transeúntes, eso significa que el dios Camaxtli ha abandonado a los tlaxcaltecas, sólo les queda hacer ruegos a la Guadalupana.  De la Central Camionera únicamente han quedado ruinas, camiones y combis quemados, hechos unas chatarras -aparte de lo que ya estaban-  y justo en las fuentes que conducen a ésta hay un cráter de seis metros de diámetro, los coches que pueden circulan sorteándolo de algún modo. Nadie hubiera podido creer que el estadio Tlahuicole  junto con su fabrica de no sé que, los hicieran yogurt con un misil crucero, pues sí, en verdad  esos eran unos puntos estratégicos para diezmar el potencial militar  del enemigo, ¡Imagínense que los militares de la resistencia ya no van a poder disfrutar de quesadilla alguna! Bueno, la capacidad  balística nunca estuvo en manos de los tlaxcaltecas, ni siquiera cuando Hernán Cortés guerreo contra los Aztecas, y tiempo después nunca jamás; Muchos se arrepienten de haber utilizado el servicio militar de los jóvenes para otras cosas y no para prepararlos para la defensa de la nación; pero, en realidad las concentraciones de tropas en Atlangatepec, Acuitlapilco y Terrenate quintuplican a cualquier puñado de vecinos. Los aviones extranjeros lucen preciosos y a los nativos se les cae la baba nomás de ver las gigantescas turbinas, el inmenso equipo descargado. Los campos que circundan la capital están minados, se habla de varios muertos en los campos de Zacatelco y Tepeyanco  y por el lado de Contla y Atlihuetzia han obrado estas como fabricas amputadoras; además de que por seguridad se ha doblado el resguardo en Atlihuetzia: Se ha convertido en un fortín los hoteles.  Llegan allí altos mandos, equipos gerenciales y  apoyo topográfico.

La hambruna, aparte de la anterior, se ha convertido en un monstruo multicéfalo  que devora a los hambrientos, la ironía se hace presente hasta en las botas de hule y las pañoletas rojas en la cara contra los borceguíes de materiales y tecnología  superior y cara hermosa coronada de ojos azules, bien nutridos. Se ha dicho que los más osados o los más hambrientos han ido a las famosas ganaderías de Tlaxcala a corretear  toros bravos, para matarlos y hacerse un taco de tripa, de bistec o de cabeza.  Y hablando de otras cosas más nutritivas. Los políticos famélicos continúan con esfuerzos de Goliat pero David bíblico no se deja, la diplomacia se queda unilateralmente en manos resbalosas, sin embargo, las relaciones con los extranjeros se juzgan positivas y de buena marcha, el consenso en las peticiones pronto estará resuelto.
¡Vivimos dentro de la democracia, imagínense si no!

En los últimos días, los hijos de Tlahuicole lograron una serie de emboscadas donde gracias a su ingenio lograron matar a un número similar a los muertos de sus filas, en otras ocasiones no han tenido tanta suerte, y se les ha contado como héroes de la patria o sacrificados de la guerra; los ataques sorpresivos de las guerrillas no le hacen ni cosquillas al enemigo, tal parece que, de una manera moderna, se vuelve a vivir una guerra florida como la de los tlaxcaltecas contra el imperio azteca. Las presuntas posiciones de los paisanos han sido bombardeadas sin ton ni son, pero ellos aseguran “ha sido quirúrgico el ataque” ¡Devuelta imagínense si no tuvieran ese preciso ojo de tirador!, Ellos dicen en los periódicos: “se han asestado golpes adecuados” para guiar todo hacia una “salida negociada” Todo Occidente tiene el ojo puesto en la zona de conflicto y por la televisión en vivo y por transmisión instantánea se enteran tanto de que los Tlaxcaltecas han sido malos vecinos y les huele la boca, hasta de que los nombres de las calles son muy difíciles de pronunciar y por tal razón los cambiarán por otros como: Calle Mónica Lewinski, Calzada de Arnold Schwatzeneger o boulevard Manson; como siempre, ellos tienen toda la razón, incluso les haría la propuesta que quitaran algunos nombres de regiones como: Xochitecatitla por decir algo, y les pusieran New Brownsville o que sé yo... y también los apellidos de la población, a final de cuentas, no es la primera vez que reciben tales cambios.

Nuestras muchachas están muy contentas con toparse con soldados rubios de ojos azules, fuertotes y bien alimentados, a ninguno le hacen el feo y los pobres oriundos despreciados y hasta morenos de coraje andan con las manos temblorosas y cabizbajos, ¡No cabe duda de que el preferir raza blanca está en la genética y yo me pregunto! ¿Por qué no hay una santa llamada Malinche? Si fue una de las primeras bautizadas e hizo grandes logros por la santa iglesia católica. Pero en fin, para el siguiente medio siglo estrenaremos raza, y estaremos orgullosos de nuestros hijos rubios y hermosos todo gracias a nuestras mujeres tan expeditas y sonrientes.

Una mujer de veinticinco años aproximadamente, se acerca al adolescente, el soñador se encuentra como ido y sentado en el escalón de una casa ubicada en una de las calles principales de la ciudad, ella regresa con una bolsa de mandado— ¡Qué no te dije que fueras a preguntar en la tintorería si ya estaba mi saco! ¿Qué estuviste haciendo media hora que me tardé yo? ¡He!, — ¡He!— que te dije que fueras a ver lo de mi saco, allí en la bolsa traías la nota—esque se me olvidó— ¡Hay si serás...!—pero ayúdame con la bolsa... a ver trae la nota... tu vete a la casa mientras yo voy a ver esto... pero vete rápido porque ya es la una y mi mamá está esperando el mandado... —aja.

La mujer, siempre la mujer, mandando y ordenando las cosas a su modo, como Cleopatra e Isabel, como Carlota y Juana de Arco pero me acuerdo que una vez murió en la hoguera una mujer que se parecía a mi hermana, a tanto que podría confundirse con ella, la habían confundido con una bruja durante la época obscurantista, cuando la inquisición era gobierno y juez  del pueblo. Fue la población italiana de Génova quien disfrutó de la quema en leña verde con ramas de eucalipto de esta bruja mandona, la sentencia había sido unánime, y todo el pueblo gritaba a coro ¡Qué arda, qué arda, qué arda!, Al paso de ella le iban lanzando miados y desperdicio de comida, ella suplicaba que era una santa, pero escuchaban esa palabra y más se enardecían y soltaban injurias como los huracanes sueltan vientos y no había quien parara a la muchedumbre y gritaban sin parar ¡Qué arda, qué arda, qué arda! Y los monjes felices porque se cumplía la voluntad del señor y luego sonaría el órgano su melodioso barroquismo e incendiarían todo aquel montón de leña con una tea cubierta de chapopote.