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martes, 22 de noviembre de 2011

puros cuentos 17


UNA INVESTIGACIÓN DE NATURALEZA CIENTÍFICA




7:10 AM.

El escritorio de Maira Díaz esta repleto de materiales. La máquina trabaja imprimiendo la investigación sobre la que ha laborado por tres días consecutivos, para evaluar uno de los cursos de la Maestría Multidiciplinaria: Control y Evaluación de la Acción, de la Universidad Pública del Estado. El trabajo versa sobre uno de los aspectos del complejo problema desarrollado por toda la clase en la maestría. Su trabajo es una pieza del rompecabezas que ágil y diestramente armará el maestro emérito en la materia y condecorado por los doctores en las ciencias y las tecnologías. Se a pensado que este hombre es el Einstein de la sociología y la administración pública, hombre que ha escrito media docena de libros, sobre sus investigaciones y a ofrecido conferencias y disertaciones siempre bien atinadas y sabihondas pero que muy pocos entienden. Es fin de cursos y al igual que Maira Díaz sus compañeros están apurados estudiando para los exámenes o terminando de hacer sus trabajos. Los que son arqueólogos les ha tocado todo lo que se refiere al problema arqueológico, los que son literatos, han hurgado en los libros para saber más sobre el tema. Los que son burócratas han hecho de trabajo, propuestas para relegar tareas y otras sugerencias sobre normatividades que se deben de tomar en cuenta. Los que tienen como profesión la vida marina han sido sobajados para que lleven a cabo la investigación sobre los lirios acuáticos, la composición del agua, y los organismos unicelulares que viven en ese ambiente. Habría que detenerse para señalar de qué se trata la investigación. El título del proyecto presentado por el emérito hombre de letras es: “La Región de Contaminación y Rescate de la Laguna Bustillos del Estado de Baja California Sur”. Dicha investigación será presentada ante el congreso del estado, y según si es avalada cada uno tendrá trabajo dentro del proyecto de rescate y entrará en la nomina del gobierno.


8:10

Maira se ha bañado, se ha puesto una falda negra, blusa obscura con motas blancas y pañoleta al cuello; en las piernas maquilladas lleva unas medias parduscas embotadas en zapatos grotescos de grueso calibre, en su cuello asoma una papada sutil que hace lucir a la mujer llenita y antojosa. Desayuna sus respectivos corn flakes con leche y su torta de tamal. Toma sus originales y sale rumbo a la fotocopiadora para engargolarlo. Sus pasos son un tanto torpes por los enormes zapatos de plataforma, tal parece que camina con tablas pesadas y figurara que se le va a hacer una hernia.


9:45

La secretaria del secretario, amigo del maestro emérito es la que está recibiendo los trabajos, todos han ido a preguntar por la fecha de los resultados y por el maestro, pero no hay respuesta a sus ansias y  a sus inseguridades; aunque la mayoría piensa que su trabajo es merecedor de un nueve, y ha habido quien se ha jactado de que gracias a su colaboración e investigación el proyecto va ha ser aprobado por el congreso del estado. Han llevado su trabajo con la mejor exhibición posible, pastas plásticas y engargolado con hoja de presentación a colores. El número de hojas no baja  de 15 y algunos  queriendo apantallar, lucen un mamotreto obeso y lleno de paja farragosa y  grandilocuencia en el tema.


12:00

La esposa del maestro emérito recoge en la oficina los trabajos y cuida que no le falte ninguno; porque sería entonces una investigación incompleta. Los alumnos han tenido que hurgar en las bibliotecas, periódicos, charlas con los habitantes de la región, han realizado cuestionarios y entrevistado a los funcionarios de los pueblos circunvecinos de la laguna Bustillos, han realizado pruebas de laboratorio para saber la alcalinidad y mineralogía de las aguas, han lanzado sondas meteorológicas para conocer la composición de la estratosfera sobre la laguna, así como, toma de muestras de suelo, de fauna y flora así como la composición del entorno social de las comunidades. Y además el número de fábricas, el número de hatos vacunos que visitan el abrevadero y la cantidad de piaras que se solazan en el fango de las orillas. Y entre otras cosas, el número antropológico e histórico de los cándidos que han ido a ahogarse a sus aguas.


14:09

Maira  regresa a su casa, pone la mesa y se sienta a comer viendo la tele. En el televisor dan las noticias de una catástrofe ecológica en la laguna de Janitzio en el lejano Estado de Michoacán, entre otras noticias, la policía judicial captura al “mochaorejas” tremendo y afamado secuestrador del Estado de Morelos.


18:13

El maestro emérito evalúa los trabajos, y más que evaluar simplemente da lectura a los ensayos de manera rápida, profesional; son más de diez y menos de veinte los alumnos, razón por la cual no hay para qué detenerse en cada afirmación o cifra, en cada tesis y cuestionamiento. Toma el teléfono y habla por teléfono a su asistente:
—Dionisio, soy yo, necesito que mañana empiecen a capturar lo del proyecto de la laguna Bustillos. ¿Ya enviaste el correo electrónico que te dije?
—Sí profesor, aja, mañana le digo a la secretaria que me ayude a capturar, ella ya va a tener tiempo, es periodo de vacaciones.
—Bueno, quiero que te comuniques con el encargado del archivo general del estado. Y dile que le vas a entregar un original hasta la próxima quincena, que en estos días no, él ya sabe de que se trata—  el maestro emérito sabe que el proyecto no va a ser presentado al congreso del estado, eso es evidente, sabe que no hay presupuesto para ecología y desarrollo sustentable y que en el estado no queda de otra más que dejar los proyectos guardados para mejor ocasión. Sin embargo, su atinada investigación aparecerá en la publicación de la Asociación Internacional de Control y Evaluación de la Acción (AICEA) y le valdrá el puntaje para subir de categoría y aumentar su salario, los alumnos descansan, sus días futuros anuncian investigaciones altamente científicas, que ayudarán para el bienestar, la eficiencia y la solidaridad de la sociedad entera.


LA JUNGLA DEL CUARTO 2




Ocurrió en la noche cuando calculabas que el dormir te traería buenos y reconfortantes sueños. Considerabas que almohada y cobijas eran suficientes para transportarse a mundos oníricos placenteros. Pensaste que Dios no te quería y quisiste pasar desapercibido por la vida pero no te diste cuenta cuando, el omnipotente observaba de reojo las hazañas que pretendías. Tu cuerpo se aguardaba, tirabas de él para agrandarlo con gimnasias. Las babas de ella habían dejado caminos por todo el cuerpo. Se atemperaban las insistencias de los movimientos desesperantes pero considerabas que ya todo estaba predestinado, que la babosa había trabajado eficientemente hasta dejarte blanco, casi transparente.

Las paredes amarillas de la habitación fraguaban gotas lechosas y escurridas en la decoración moderna y muy a tono. La otra pared rosada marcaba en los clavos puestos como un horóscopo en el cielo estrellado, más no sabías cual sería esa constelación. La centena de libros, los más insumisos, aquellos que tercamente querían apostarse en la vida, como los obligados, los esenciales, los distintos en cada relectura. Se aguardaban hasta el fin de los días o hasta que su relectura ya no fuera tan necesaria para construir la existencia. El par de repisas, sobre el escritorio eran su soporte, en donde vivían: Carmela y Donaciana: el par de polillas ambarinas. Los libros eran de lo más coloreado, lo demás figuraba triste y opaco; como la puerta, los espejos, la ventana, la chimenea, el escritorio.

La puerta de nogal miraba al oeste, los vientos que entraban por ella eran reconfortantes por su posición, las chambranas a su rededor hacían verse  regia, y sólida, en tanto que la moldura interior hacía achicar los huecos, y llenar las dimensiones; sus cuatro bisagras sin aceite pero con gusto hacían el trabajo de mover el objeto separador. Y la chapa dorada montaba un  pezón como seguro. En el dintel se hallaba una herradura con un listón rojo. En ocasiones te habías puesto a pensar sobre los sitios que habría pisado ese zapato caballar, las travesías  aventureras casi te imaginabas como los argonautas tras el vellocino de oro. Su herrumbre proliferaba por todo su contorno y su delgadez casi vidriada se adosaba al muro alto de la puerta, como un talismán.  Era el amuleto que por años había guardado las distancias de los anatemas malignos, los entes maledicientes, los espíritus chocarreros y diabólicos. Y había dejado entrar por su celaje bendito y eclesiástico, las auras sanas y bienaventuradas. El tapete pelirrojo se aplebeyaba al recibir las visitas postrado a la entrada; el sudoroso polvo se acumulaba hasta hacer minúsculos montículos de granos en la base, su tejido lamía las suelas de los distintos calzados visitantes.

El espejo a lado de la puerta se postraba como aterciopelado en sus reflejos, Hortensia, la mosca había ido a dejar motas negras sobre el vidrio, había una especie de caparazón que impedía reflejar fielmente cualquier cosa, dicho caparazón camuflaba en veces la belleza en veces la fealdad, pero por lo regular ponía algo de su cosecha, cuando era atenebrado el cuarto 2; el muy insolente trataba de hacer reflejos con el mínimo de luz por sus entrañas. De otro carácter era el espejo colgado en la pared sureña, por él, la ventana hacía reverberar los juguetones brillos de las gotas del rocío de la hierba del patio, con cuanta felicidad se dejaban reproducir por el cristal afable.

La ventana avejentada, parecía haber nacido en el siglo pasado, cada pieza de ella, con los años, se había corcovado; hasta la misma claridad de los vidrios se doblegaba hacia lo deslustrado y lagañoso, los ángulos habían sumado grados y la pasta que los detenía desprendía unos pellejos de pintura lastimosos, craquelados. La simetría la había perdido al principio de su madurez, como si hubiera sido su virginidad celosamente cuidada. Te preocupabas de que los atufados vidrios en épocas de invierno no consiguieran el total vaho del cuarto 2, pero, no había manera de impedir tal cosa porque Andrés y Cristina, el par de arañas patonas repelarían al mínimo toque en sus telas de araña.

La chimenea era un mueble inservible, útil sólo por su color, que al cuarto 2 lo colocaba como de arquitectura campestre, bucólica; más sin embargo, el tizne más joven se había asentado en la década pasada. Era el hogar de Palmiro, el escarabajo embalsamador. Los ladrillos rojizos contrastaban con su juntura blanca y pulida. Y su boca en “o” dejaba ver el color satánico del mal, sobre de ella y en la esquina sudeste se avecindaba el pequeño hormiguero de los Cilenes: tropa de pulcritud en su organización, la fila india diaria comenzaba a las 7:45 y terminaba a las 6:13, las más tardadas, de castigo, les tocaba hacer guardia como un tapón en la entrada anal.

El escritorio barboteando su pereza, se aplazaba en su cuatro patas verdosas, su planicie amplia guardaba el nivel justo, sobre de él una lámpara estrellaba su luz sobre el cristal, encimadera silícica que atemperaba la aclimatación pasional de los escritos, bajo de él los hermanos Rodríguez dormían la siesta, eran el par de mosquitos que recientemente habían cenado.

La noche correteo las luces de la tarde a golpes de negrura y fue aclimatándose hasta hacerse de roca. La roca musical cantó con gravas efervescentes y un filón lechoso abona el queso lunar. Los rayos atraviesan la ventana y van a rebotar en la colcha ondulante, por allí ha pasado la babosa, reconociendo el campo, midiendo su odisea. Tu cuerpo se aguardaba, buscando destinos distintos, imaginando situaciones disímiles, inalcanzables, los sueños reconfortaban del que hacer cotidiano. Los giros entre las cobijas eran una gimnasia nocturna que tu cuerpo fabricaba, pero los trazos rectilíneos y entretejidos iban chupando las elasticidades corpóreas. Los hermanos Rodríguez seguían con la panza inflada llena de sabia plasmática, ningún desasosiego importunaba. Los Cilenes debían de recuperar fuerzas para que la tropa marchara sin descanso al día siguiente, mientras la castigada hormiga se entumecía con medio cuerpo al aire. Hortencia roncaba con sus alas al norte del cuarto 2  y el par de polillas Carmela y Donaciana, seguían, sin importarles roer a media noche y hacer surcos sinuosos en la madera. Andrés y Cristina habían despertado a buena hora y andaban probando su temple y resistencia a sus hilos de araña fabricados con esmero. Desde lo alto de la ventana podían observar como laboraba la babosa puesto que los rayos de luz se accidentaban sobre el acolchado tálamo. Los caminos de la babosa iban formando un capullo ovoide de fosforescencias. Los senderos cristalizándose por osificación. Los babeantes senderos enemigos de los cristales salinos, iban produciendo la argamasa. Poco a poco transparentaban la colcha, las almohadas ensalivadas y elásticas morían de movimientos azarosos. Palmiro entró como estaba previsto por una de las dos puntas del ovoide para embalsamar tu cuerpo, le daría la eternidad que tú buscabas, El escarabajo era un eficiente dador de infinito y tenías el privilegio de estar en sus manos. Cangrejeó hasta la boca, atenaceó la lengua e inyectó sus substancias resinosas. Solo faltaba la espera, la jungla del cuarto 2 seguía impasible esperando el renacimiento de tu vida a otra cosa, a ser una libélula de los campos y los ríos, dueño del sol y el aire libre.


LIDIA




— ¿Esto que haces conmigo, lo hacías con ella?
—No, lo que pasó con ella no tiene que ver contigo, tú eres una mujer especial.
—Pero no me digas que no hacías esto con ella, si a ti te encanta y conociéndote como te conozco, yo sé que con ella hacías esto y más.
— ¡OH! ya vas a empezar, no haces más que recordármela. ¡Aja!, eso es lo que quieres, que la este recordando, que ande pensando que el cuerpo que toco o sea el tuyo, sea el de ella, y no el tuyo.
—Está bien, está bien, ya olvídalo, pero… no te enojes, ven, anda, quítame la blusa.
—Huy mi chiquitita estas re buena, mira nomás que nalgotas, parece que a ti cuando eras bebe en lugar de echarte talco te echaban polvo de hornear.
—Ya payaso, no seas sangrón.
—Pero levántate como te voy a arrancar la blusa si estás acostadota
—Cual arrancar, pues ni que  estuviera pegada.
—Fíjate que a los hombres les cuesta trabajo tener a una mujer como te tengo a ti. Desgajar a una mujer lleva tiempo o sea hasta la cama. Y quitar una blusa para ti es cotidiano pero para mi es extraordinario.
—Ni tanto, a poco no has conocido mujeres que a la primera que les hablas de acostón, se van bien fácil.
—Pues la mera verdad no, pero si sabes de algunas, háblales de mi, diles que aquí tienen a su servilleta, pónmelas en charola de plata.
—Sácate, como me vería yo buscándote por la calle a una cualquiera para que te acuestes con ella.
—Ándale, hazme ese favor.
—Vanidoso, engreído,  te crees mucho, como si estuvieras tan bueno.
—Pues si nomás vieras lo que tengo aquí.
—Donde, ¿allí entre las piernas?, no me hagas reír, para ver algo allí necesitaría una lupa.
— Te voy chupar toda hasta que te tragues esas palabras mmm… mmm…
—Espérate que me estás haciendo cosquillas, oye pon la blusa allá, no quiero que se arrugue.
—mmm… mmm… porque eres así, bien loco, bien quien sabe como.
—No lo sé, que  ¿te molesta?
—No, no me molesta, al contrario, me gusta que me hagas reír, que tengas esa espontaneidad que hace salirme de mi rutina, de lo diario. Aja, mmm… me gusta ji-ji.
—Bueno, más te vale porque si no aquí mismo te daba de almohadazos
—A sí quieres luchas—pac, pac —me las vas a pagar, odioso, maldito, maldito, ¡traicionero! —pac, pac— ja-ja-ja
—Cab.. ora  te aguantas— pac, pac, pac
—Ja-ja-ja ya Ja-ja-ja, ya me rindo, tu ganas. Ja-ja-ja
—Ya, ya  sabes que aquí sólo mis chicharrones truenan.
— ¡Huy! sí mira como tiemblo, mira como tiemblo.
— ¡OH! Si vieras como se te mueven los pechos tan rico, ¡estás re buena!
—mmm. mmm ¡Ouch! No vayas a romper el encaje, y luego que estos bra. Cuestan caros
—Yo te compro una docena
—Pues ni que los vendieran por kilo, este que traigo es “pleytex”, yo no soy de las que usan corrientes como otras.
—Otras como quien
—Pues tú has de saber  a quien me estoy refiriendo
— Y vuelta la burra al trigo, pues no, fíjate que ella, usa Vicky Form e Ilusión, con esos trapitos se ve mmm… chiquitita.
—Quítate, quítate de aquí.
—Tú empezaste, ya, ya, amor y paz, amor y paz. ¿Te lo quito?
—No deja quitármelo yo, tu eres bien salvaje y capaz de que me lo echas a perder.
— ¡Huy! lindura, como me gustaría tenerte así siempre, con tu par de pechos y pezones como mirándome, me gustaría estar chupándolos todo el tiempo, tenerlos aquí en  la mano, tomarlos como almohada y dormirme en ellos.
—Pero si —quejido leve— son medianos, ni grandes ni chicos.
—Así están bien, para que quieres tener las ubres como vaca suiza, esas hasta se ven deformes y me dan asco y cuando son mayores de edad se les cuelga todo y se les junta chichis, llantas y demás, ¡guacala! A ver pérate deja ver tus lonjas, has de estar celulítica y re aguada.
— ¡Te pasas!
—No amorcito apachurrado, era broma.
—A ver tú, levanta las manos te voy a quitar la camiseta, vamos viendo como te ves tú, a lo mejor es el burro hablando de orejas.
—Mira, mira aquí está tu Arnold Schuatzseneger.
—Sí pero en tiempos de hambre, no te creas, vengase para acá mi chavo. mmm. mmm. —Quejidos y suspiros más largos— perate vamos bailando, esa balada, me gusta es de Luis Miguel.
—Huy que rico se siente bailar así, con los pechos desnudos, —suspiro— huele bien tu cabello, huele sabroso.
—No espérate me estás lastimando con tu reloj, te estás pasando, ten, pon mi reloj allí junto a la blusa.
—mmm.. mmm. No así no, tienes con.. mmm. mmm. dones,
—Sí, allí en el cajón del escritorio… hay estas cosas como dan lata, y uno en urgencias, espérate no te me enfríes. Uf, así mm. Ya, ya está enguantado —tocan la puerta— hay maldita sea, tocan la puerta
—Que… ¿esperabas a alguien?
—Pues no, pero deja ver quien es, pero levántate y metete en el baño con todo y tus cosas, no sea que sea mi mamá y no quiero broncas.
—Quien es.
—Soy yo mi amor, Lidia. Abre que no tengo mucho tiempo
(clich,click)
—Mua, mua. Hay chiquito conque me esperabas…vente, no tengo mucho tiempo, el jefe sólo me dio permiso una hora.
—Oyes pero… no podría ser otro día…
—Nada, nada. No te hagas el remilgoso, pero apúrate y no me quedes mal, vaya  pero si ya hasta tienes el condón puesto. Mira que si eres un hombre prevenido, por eso me encantas mmm.. mmm…

—mmm… —jadeos— mmm… chirric.. chirric uf, haaaa, haaa,haaa fiu…ha, fiu…ha mmm…—jadeos más vigorosos — mmm… haaaa, haaa,haaa ¡uy ammooor!, Clap, clap clap chirric. chirric ¡eres divina! Mmm… mmm… ¡aleluya! Mmm. mmm… ¡Gggggracias amor, nnno sé commo agradecerte, ajum-ajum!

— ¿Quieres fumarte un cigarro?
—No, se me está haciendo tarde, tengo que vestirme rápido, luego te hablo, tengo que hacer la nómina para mañana, y otras cosas que me pidió el jefe, otro día te hablo, sale, oye, que te parece si nos tomamos un café allí en los portales el fin de semana.
—Bueno
—Órale, así quedamos. Nos vemos, allí te dejo porque tengo prisa…mmm. mua, mua. Chao. Clap,clap,clap.clap.

— ¡Amorcito!, ya sal del baño ya se fue.
— ¡Hay maldito traicionero, acostándote con esa cualquiera, y yo como pendeja aquí en el baño, pero si eso me gano yo por creerte todo, por ser una pendeja!
—Ya no te enojes, chinga, yo no sabía que  llegaría, además te había dicho que terminaría con ella hasta que pasara este mes, antes no.
— ¡Ouch!  Pero si seré pendeja, idiota, eres un idiota, estúpido, a poco no le pudiste decir que no se podía, que mejor se fuera. ¡De veras que te pasas!
—No pude, y ya ni modo, tienes razón en enojarte; si quieres dame de golpes, es cosa que no pude evitar
—Aja y yo como quedo nomás acalorada.
—Ni modo… te toco la de perder, porque sabes, a mí ya se me acabó el parque.


puros cuentos 16


MI BOLSA Y MI GLOBALIZACIÓN.




El menesteroso, sentado en la pierna que le hormiguea, piensa que eso es un sacrificio que hay que soportar para ganarse el pan y la manteca diaria. Los trapajos vestidos lucen a tono, y su acompañante amigo y colega, cabecea por el sopor de las primeras horas de la tarde. En todo el día les ha caído unas cuantas monedas de limosna, la suma es raquítica, pero continúan allí poniendo su cara de pobres y desamparados, estirando su mano tiznada, roñosa y arrugada.

—Compita, póngase a vocear, ya sabe que el que no habla, Dios no lo oye.
—Nel carnal, ya me aplatané de que nom’as nada, con la raza, de a tiro pienso como uste, cuando dice que Dios nos ha desamparado.
—No pos, cual desamparado, si así es la vida pss ni para que negarla. Pero uste sígale en la voceada ya sabe que bien dice el dicho que más discurre un hambriento que cien letrados ¡seño…una caridad por el amor de Dios!
—A veces pienso mano, que lo mejor es que nos jale la calaca porque esta ya no es vida, nom’as nos andamos mosqueando —estira la mano  y pone una cara de sufrimiento con los ojos medio adormilados.
—Cuando se le va a quitar el espíritu de jodido, no compita, la gente rica tiene la obligación de darnos, pero de la situación, ésta de la crisis, no hay mal que por bien no venga. Así es como pienso yo y más tarde que nunca, veremos la fortuna o por lo menos un buen morir.
—Nel, bato, uste siempre al mal tiempo siempre le pone buena cara. Pero yo siempre ando viendo nubarrones.—saca una cajetilla de cigarros sin filtro, estruja el estuche y toma con los labios el carrujo, tiene en la mano derecha una escayola roñosa y dura que le sirve para aparentar mejor su invalidez, con los dedos asomándose en la punta del yeso, rasga un cerillo y enciende su tabaco y continua— Hasta la abuelita de superman ya se dio cuenta que está dura la cosa, con eso de la globalización y la liberalidad nos van a quitar el pan de la boca, al rato van a venir colegas de otros países, se van a sentar, mire, allí a un lado y esa competencia nos va a llevar a la chin... No pos si le digo que el gobierno quiere acabarnos a pura hambre, a lo mejor esos mendigos resultan que saben pedinguear mejor que uno y como dice el pueblo de que: cada maestrillo tiene su librillo; puede que resulte que tienen mejor técnica, nosotros no vamos a tener otra cosa que nom’as mirarlos.
 —Aguas, allá vienen unas ñoras, ya cállese no ve el dicho: oveja que bala, bocado que pierde.
— ¡Una limosna para este pobre invidente!
— ¡seño…una caridad por el amor de Dios!

Bajo la banqueta están dos perros de los más corrientes que pueda haber. Ovillados. Por su pelambre recorren ágilmente las pulgas. Las garrapatas entierran aún más sus extremidades hasta provocar rasquera en las orejas del par de desgraciados y enjutos canes. Se escucha una flatulencia.
—Compa, te estas pudriendo, deja de pedorrearte porque así espantas a la clientela.
Es de que los tacos que me trague ayer ya estaban medio podridos y ya sabe que a buena hambre no hay pan duro y ya ve las consecuencias.
No compa yo no los veo nom’as las oigo y los guelo. De tanto ya hasta se me quieren ampollar las narices, no mames, ponte un corcho en el culo.
—Présteme atención colega, y póngalo en la caña
—Lo que le voy a poner será una empinada.
 — ¡Una limosna para este pobre invidente!
— ¡seño…una caridad por el amor de Dios!
—Ya compa párele, vamos allá a la parroquia, ya es la hora de la misa de las cinco— las pocas monedas tintinean en el bote, sonido que hace despabilar al par de perros y como si supieran la diaria rutina de la pareja de amos, van despatarrando sus pesuñas y bostezando sus  hocicos jubilosos; reinician su olfateo en los muros veteados de orines así como por los postes degradados a  mojones de marca territorial. Al levantarse. Por el esfuerzo se sueltan una serie de flatulencias que hacen sólo menear la cabeza al compañero.
—Tenga compa, le toca esta ganancia, cómprese unos “alka-seltzer” para aliviar la panza  o unos tacos allá con el tuerto.
—A ver. —el compañero toma las monedas, observa las águilas impresas, soba sus contornos mientras inicia el camino, el otro se retrasa, tiene la pierna acalambrada de estar mal sentado. Los perros se han adelantado y bien contentos y felices mueven la cola con cierto orgullo.
—Sabe que “parner” esta morralla, esta limosna es para uste. Porque yo nomás estuve cabeceando y ni voceaba. Y uste es de los que no doblan la pata y son tercos como las mulas además como dice el dicho: los dineros del sacristán, cantando se vienen, cantando se van. Yo nom’as  voy andorreando la vida.— La iglesia se apoltrona al centro del pueblo con su par de torres con cupulín y cruces de hierro forjado, sus campanas acaban de dar el primer repiqueteo, cosa que ha hecho elevarse por el aire pañuelos blancos y aerodinámicos: las alas de las palomas juguetean con la gravedad de sus cuerpos.
— ¡Una limosna para este pobre invidente!
— ¡seño…una caridad por el amor de Dios! —estira la mano y al recibir la limosna de su amigo uste sabe que la neta mi bolsa y mi globalización están de a tiro en las últimas, pero esperemos que en algunos años ¡si Dios nos concede vida, claro!, que podamos salir de la miseria, y que en lugar de comprar “pisto” corriente se nos haga un añejo, a poco no.
—No, no siga “parner” porque se me hace agua la boca.

Al tratar de cruzar la calle uno de los perros no logra alcanzar la banqueta próxima y es atropellado por un auto. El sonido es seco y directo que va unido a un chillido leve salido desde la vitalidad más substancial. El otro perro es el primero que se acerca al malherido can que acostado perpendicular a la guarnición de la banqueta, respira entre jadeos y sangre que brota de los ojos, lame el hocico y voltea a ver a los amos con las orejas bien levantadas y vuelve a lamer el hocico de su amigo de correrías. El  par de menesterosos se apresuran cojeando, lanzando jesuses al cielo, tintineando sus trebejos y olvidando casi sus cegueras, y sus minusvalías. Cosa que se aprecia como una escena cómica de director novato. La gente se ha detenido. Los comerciantes de la calle se han asomado para ver, con fisgoneo y morbosidad, quien ha sido el desafortunado; el auto del percance se ha detenido más adelante. Los dos mendigos observan al herido y por experiencia saben que la vida del desdichado animal ya se termina. Desde la torre viajan campanadas que barnizan la ciudad, es la segunda llamada para la misa de las cinco. El conductor se baja del auto y se apresura a ver al herido. Habla muy rápido, y en un lenguaje que no se entiende. Al mismo tiempo los dos indigentes reclaman y lanzan leperadas.

—Mon Dieu! Pardón!…Ciel! Je ne pus regarder pas rapidemont quand le chien travesé la rue. Je ne sais pas quoi faire en cette situation! Malheur! Nous pouvons conduire a vétérinaire?[1]

— ¿Y este que dice? —pregunta uno de los indigentes a su compañero, se quedan como idos, tanto por el accidente del perro como por el extranjero que se topa en sus vidas. El francés  hace aspavientos tratando de darse a entender pero no consigue nada, hace mímica como tratando de levantar al perro pero no lo entienden.
—Oyes, tú que te fuiste de mojado y anduviste con los gringos has de saber que cosa dice este.
—no parner, no le entiendo ni jota, ha de ser ruso. Pero enséñale el botecito, ha ver  si te da algo— el colmilludo mexicano hace los suyo, y teatralmente observa al perro agonizante. Y suelta unos berridos. El extranjero continúa explicando y dando su versión. No hay nadie que le entienda.

Ne  pleure pas, le animal se soigne! vous prendre cette, argent  pour qua le conduire au médical. Mais, S’il vous Plait Je ne veux pas avoir probléme avec les  autorités. Se blesser sest en la teste mais il se soigne. Je suis une touriste. Demain je suis parti au Etats Uni. Pardón, pardón mais adió, adió.[2]

En el bote entran unos Euros recién fabricados, nuevos y olorosos. El papel moneda desconocido hace brillar los ojos de los indigentes que observan el bote y se olvidan de los ojos del animal que van perdiendo brillo hasta quedarse quietos, vidriosos y sin vida, observando las llantas del auto del extranjero que se alejan por las calles adoquinadas.

Los trashumantes compañeros, después de ver por un rato la quietud mortuoria del perro. Se dirigen a la iglesia para seguir en el negocio. La tercera llamada no faltaba en aparecer. El infeliz chucho que quedaba, huérfano del amigo, echado a un lado, pronunciaba unos chillidos leves pero verdaderamente  lastimosos. Se quedó aguardando hasta muy noche para ver si se paraba, pero no fue así, era cadáver. Percibió su desgracia con un dicho: en perro flaco todo son pulgas.
—Te digo que mi bolsa y mi globalización a empezado, la liberalidá nos va a llevar a la riqueza, aunque hay que hacer sacrificios pero  y como dice el dicho  a la tercera va la vencida.
—Vas a Creer tu eso parner, y suelta una leve flatulencia allí echado a las puertas de la iglesia.

LAS BENDICIONES DE UN HALLAZGO 




Jacinto iba a dar la segunda pasada con su arado al par de surcos nuevos cuando se topo con una piedra, era un ídolo de los antiguos habitantes de la región. En dicha zona era común encontrarse figurillas de barro cocido representando a pequeños niños sonrientes o títeres en terracota, así como caritas y vasijas incompletas que más que nada eran guijarros. Pero no lo era encontrarse con una deidad de esa dimensión. Los nuevos surcos se los estaba agenciando del bordo del arroyuelo, el comisario Ejidal no diría nada porque era su tío así que dos surcos más le redituarían algunos costales extra de mazorcas.

El clima era cálido, la sequedad de los terrenos de temporal se sentía en la garganta cuando el viento frontal hacia estrellar los bufidos arenosos en la cara; y hacía que  Jacinto, se tapara la boca con su pañuelo y cerrara sus ojos hasta dejarlos como unos ojales planos y apretados. Algunas ingenuas nubes hacían su aparición pero tan pronto como probaban el salvajismo del sol primaveral, salían huyendo a esconderse entre el aire bronceado. A lo lejos, iban y venían pequeños y a veces minúsculos remolinos que cruzaban danzando por los campos, como si fueran personajes de alguna comedia. Por sobre la loma, justo en el pueblo, se veían dos torres gemelas; la iglesia estaba allí parada, como un gendarme cristiano que cuida que no se asiente en la tierra el diablo. Fue sacando la pieza haciendo posa con el azadón y usando las bestias para tirar de ella. Muy al principio no le tomó mucha importancia pero a medida que iba sacudiendo la tierra, iban apareciendo en la piedra esculpida: ojos saltones que brillaban con el sol, toquilla con medallones o más bien casco de diosa importante, con inscripciones raras en él; Eran los brazos cruzados al torso y al lado de las manos dos pechos salientes y apezonados, la falda tenía hendiduras como canales en forma de rombos y sus pies apenas si asomaban de la falda. Se transformaba entonces de una piedra cualquiera a una escultura de antigüedad y con valor. Sacudió la piedra con un costal y raspó con la hoz los canales bien contorneados, sabía que tenía valor y que no la iba a dejar allí, así que la envolvió con el saco para la pastura y la cubrió con zacate, espero hasta la hora de regreso. Se las ingenió para cargarla en una de las bestias. Cuando llegó,  su padre lo esperaba para la ordeña. La troje era el lugar idóneo para guardar el hallazgo. Bajó la pieza con cuidado, y fue a  seguir con los quehaceres de la casa. Dio de comer a los animales. Los puercos, las chivas y las gallinas después de comer se echan a disfrutar de una siesta contagiosa. Cuando terminó, llevo agua y escobeta para limpiar la escultura, empezó a tallarla y conforme iba escurriendo la tierra barrosa, aparecía los perfectos contornos de la Chachiutlicue. Jacinto conocía leyendas  y mitos en torno a la diosa. Sabía que darían en el mercado negro, buen precio por ella, pero también podía recibir bondades de la diosa si le ofrecía un sacrificio. Después de todo, el pueblo seguía creyendo de manera sesgada en los dioses de los antiguos pobladores tlaxcaltecas.

A la noche Jacinto quemó incienso; el sahumerio frente a la escultura se encontraba invocando bendiciones para la tierra y sus moradores, mató una gallina abada, en tanto dejaba escurrir el agua propia de una diosa que era dadora de este don. Danzó el baile del chochocol y luego se fue a dormir. El monolito se quedó inmóvil, tenía de guardianes unas flores de cempasúchil.

Esa misma noche una mujer soñó a Jacinto, era Candelaria, la hija de don Facundo que en edad de casorio, trabajaba en las labores de la casa. Su madre le había dicho que si una vez soñaba una caja de muerto y en él un cadáver que se fijara en la cara del muerto porque ese sería su futuro esposo. Candelaria en sus sueños veía a una mujer hermosa y antigua era una como diosa que tenía a los pies serpientes y estas serpientes a su paso iban dejando arroyos de agua cristalina, la diosa la conducía ante un ataúd  y le decía: entrégate a él, serás dichosa. Ciertamente Candelaria conocía esa cara, la de aquél hombre joven que había visto en la fiesta del pueblo, él correteaba feliz entre los cohetones del torito. Candelaria sabía que rumbo tomaba el joven hombre.

Una semana pasó para que llegaran las autoridades para arrestar a Jacinto. Alguien había ido con el chisme y habían ido a recoger la pieza —cosa que no lograron— y a meter a proceso a Jacinto.—cosa que tampoco se realizó— Las autoridades aplicarían sanciones expedidas en el Reglamento de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, dichas sanciones venían dictadas en el capitulo VI y artículo 51 que dice: “Al que se apodere de un monumento mueble arqueológico, histórico o artístico sin consentimiento de quien puede disponer de él con arreglo a la ley, se le impondrá prisión de dos a diez años y multa de tres mil a quince mil pesos. Algunas personas interesadas del Instituto Nacional de Antropología e Historia estaban por hacer cambios en su ley y tenían en agenda una iniciativa de ley general del Patrimonio Cultural de la Nación cosa que estaba causando revuelo por los cambios, en ella había un excuso que rezaba: Si la persona tiene en su poder monumentos muebles arqueológicos exclusivamente para su apreciación y goce en forma privada, tomando en cuenta la educación, las costumbres y la conducta del sujeto, no le será aplicable la sanción prevista en el presente artículo, con independencia de que le sean impuestas las sanciones administrativas que procedan en tal caso. Jacinto no tenía la pieza y tampoco diría a donde había quedado, tampoco podía ser castigado porque no había objeto alguno por el que podría haber sido castigado. Y si las autoridades se empecinaban en ello, tenía el recurso de la iniciativa de ley que próximamente sería sometida a voto en el senado.  Pero para no hacerles larga la plática finalmente Jacinto fue castigado administrativamente pagando una suma de tres mil quinientos pesos. El lugar donde había sido encontrada la diosa Chachiutlicue fue puesta a disposición y reserva del INAH. Volvieron a tapar el hoyo que había hecho Jacinto porque como siempre es, no hay presupuesto en el Instituto y sólo hay para mantenimiento de los centros arqueológicos oficiales. Y no hay tanto dinero como para ponerse a rascar por todos lados porque por todos lados hay restos prehispánicos y paleontológicos.

El afamado y rico escultor Sergei Kokomo de Estados Unidos estrenará una pieza más  en su colección. La paquetería ha llegado al condado de Nueva York, en unos días será desempacada, habrá brindis y fiesta en la mansión. La diosa del agua Chachiutlicue de Tlaxcala traerá bendiciones o desgracias a la zona, No se sabe. Pero los pronósticos de los científicos con todos los adelantos tecnológicos y con las computadoras más avanzadas auguran una decena de ciclones en el Océano Atlántico que afectarán a sus costas, pero no saben que tendrán el doble. La diosa hará caer agua a su milpita.

Candelaria entró a la troje cuando Jacinto afilaba la guadaña para el día de mañana, la leve penumbra hacía que las sombras se acurrucaran en los trebejos. Para  Jacinto el simple hecho de encontrarla allí en su troje era ya una provocación, así que tomo la iniciativa y fue acercándose a esa deseable y virgen joven, con delicadeza le puso la guadaña al cuello, cerca de la nuca, y por el largo mango de la herramienta fue acercando a la mujer que sin hacer resistencia avanzaba hacia él. Jacinto se figuraba pescar con caña una presa de lo más apetitoso. —La diosa del agua me dijo que me entregara a ti puedmmm. Mmm. — Los besos suspendieron el diálogo y fueron explorando sus cuerpos con caricias, besos y demás. El sahumerio era testigo fiel del cumplimiento de los mandatos de los dioses. Esa misma noche cantaron los gallos a una hora poco habitual. Los más viejos del pueblo sabían que había llegado el cambio de clima, se esperaban las lluvias que llegaban a buen tiempo. El pueblo tendría buenas cosechas.





[1] ¡Dios!, Perdón. ¡Cielos! No pude ver rápidamente cuando el perro atravesó la calle. ¡No sé que hacer en esta situación! ¡Desgracia! ¿Podemos llevarlo al veterinario?
[2] No llore, ¡el animal se curará! Tenga, le daré dinero para que lo lleve al médico. Pero por favor no quiero tener problemas con las autoridades. Sangra de la cabeza, pero se curará. Soy turista y mañana viajaré a los Estados Unidos. Perdón, perdón pero, adiós, adiós.