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martes, 22 de noviembre de 2011

puros cuentos 6


EL REGALO DE NAVIDAD




En la catedral de san Antonio de los Arenales, la madera luce su riqueza en las molduras talladas y repujadas en pan de oro. El candelabro de hierro forjado en la céntrica cúpula ilumina el entorno, su rococó retorcedura asemeja al arácnido de algún mundo sorprendente. A lo alto y en torno, la cristalera con vivos colores: el vitral de San Nicolás, el vitral de San José, el vitral del Sagrado Corazón de Jesús; la vidriera de la  virgen Guadalupana, el vitral de santa Teresa del niño Jesús. En la piedra con destellos blondos, el rosetón, el cual deja pasar un rayo de luz que se estampa en una de las estaciones del vía crucis.

En próximos días será Navidad y la pequeña ciudad luce las festividades con espléndidas compras que hacen los cristianos. Los comercios ataviados con árboles, con esferas, con series de luces, con los Reyes Magos, con adornos decembrinos. Es la luminosidad en algarabía. Es el colorido en fiesta  — bermellón, verdemar, dorado, plateado, azul, guinda —. Las  tiendas céntricas campean en Navidad con exhibición del Santa Claus, del regalo memorable, o bien de la oferta tentadora.

Los niños que harán su primera comunión se han ido luego de la posada. En el atrio de la iglesia han quedado guijarros de piñata rota. La basura de cacahuetes, galletas, naranjas, cañas, tejocotes; son el panorama después de la verbena. Dentro  de la iglesia hay una decena de cristianos. Entre ellos están los niños Alonso y Edgar.

—Me cae re gordo estar rezando oraciones — Piensa Alonso mientras se encuentra hincado — en lugar de haberme ido con mis amigos. Si no fuera porque tengo que esperar a mi mamá. Chirrión, ya ni voy a rezar… Santa María madre de Dios ruega por nosotros, los pecadores, ahora por la hora de nuestra muerte. Amen. ¡Ya! Gracias a Dios que ya terminé de rezar… mi mamá me dice que si hago oración y le pido con mucha fe a Diosito me concede lo que yo pida… eso está bien difícil. A mí me gustaría que mi papá  ya no sea alcohólico, me gustaría que Diosito le quitara a mi papá las ganas de tomar y de emborracharse, eso sí estaría bien, pero no, yo lo que quiero de regalo de Navidad es un tren con su vía y que funcione con pilas y que apagando la luz se vea el foquito de la locomotora ¡hijole! Que padre. Le construiría un túnel y unos puentes bien suaves.

—Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, vénganos tu reino, hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo… — hace oración Edgar, otro de los  niños que se ha quedado después de la verbena — Diosito quiero pedirte, bueno, si se puede, bueno Diosito mejor ni te pido nada, bastante trabajo has de tener con esto de la Navidad. Bueno, lo que quiero se lo puedo pedir a los Santos Reyes Magos, ellos yo creo que sí pueden…no… yo creo que mejor no pido nada. En mi familia somos un chorro, somos once de familia y si nada más me llega a mí el regalo no es justo porque los demás hermanos van a sentir feo de que nomás a mi y porque a ellos no, tal vez por eso, en Navidad nunca nos llega ningún regalo de los Santos Reyes Magos. Mi mamá en la cena de Navidad hace rica comida y ponche y cantamos canciones y nos toca a cada uno un refresco completo… mi mamá dice  que somos pobres, a mí me hubiera gustado haber nacido en una familia rica donde en las Navidades hubiera muchos regalos y juguetes y hubiera mucha comida para todos, pero todo el año. Mi papá dijo que iba a comprar colchones nuevos y una literas para esta Navidad, hijole, que bueno, porque en la noche me destapan o amanezco orinado por culpa del otro hermano. Bueno Diosito, creo que soñar no es ningún pecado. A mí me gustaría de regalo un tren de pilas y que tuviera muchos vagones, con él podrían jugar todos mis hermanos y lo podríamos poner allá junto al montón de arena y cuando ya no quisiéramos jugar al trenecito cada hermano podría agarrar un vagón y jugar con él como si fuera un coche, le pediría a mi papá que trajera de la fábrica donde trabaja de esos tubos de cartón que son desperdicio, y con ellos hacer puentes y ciudades y luego jugar en la noche con el tren y verlo como va por la vía jalando los vagones y los vagones: anaranjados, verdes, negros, amarillos y que alguno traiga animales como: caballos y burros y camellos y que traiga pintado al maquinista con una pipa en la boca.

—No pero que tal si llega mi papá todo borracho — especula Alonso — casi cayendo y me lo destruye… pero ya se van a divorciar, ya para que. Yo lo más seguro es que me vaya a vivir con mi abue, con ella si estoy a gusto, aunque es muy enojosa porque  no le gusta  que haga tiradero. Mi papá el otro día escupió sangre, dice que porque tiene llagas en la lengua de que a veces la trae muy seca. Mi mamá ya no tarda en venir por mí. Mi mamá dice que nunca nos va a faltar nada, que ella va a dar todo lo necesario para lo de la escuela y todo lo demás. De lo de la cena de Navidad la verdad quien sabe, mi papá seguramente va a empezar a tomar desde un día antes, y después se va a poner a discutir con mi mamá y yo voy a pasármela metido en mi cuarto. Mi abue hace mucho tiempo que no pone pie en mi casa. Yo creo que con el tiempo me voy a acostumbrar a pasar Navidades tristes… como me gustaría tener una familia como las que salen en la tele en estas fechas donde en la cena de Navidad hay un gran pavo relleno y regalos y el papá se alegra por lo del santo Clos u después el papá juega junto con el hijo con el trenecito que le trajo el santo Clos o con lo que le haya traído… y todos son felices en estas fechas… mi mamá ya no ha de tardar — el niño se asoma a  ver la entrada de la iglesia. Al portón se acerca una señora con escoba. Recogerá la basura del atrio.

—Bueno pues — Edgar Reflexiona —  quien sabe, Diosito… mejor ni te pido nada… bueno, si se puede. Lo que me gusta de la Navidad es deque nos  toca un refresco a cada quien y comemos pollo en pipian y comemos buñuelos y juntamos la colación que nos dan en otros lados y con todo eso hacemos una piñata y la quebramos entre todos. ¡Y dale, dale, dale, No pierdas el tino!… y lo del trenecito pues haber si me lo traen los Santo Reyes pero si no se puede voy a ir juntando con lo de la venta de los periódicos y con eso me lo compro — el niño continua si introversión, de reojo observa a una señora que pasa, es una señora bien vestida. Toca el hombro del niño que está hincado unas bancas más adelante. Es la mamá de Alonso. Alonso se persigna, la mamá hace lo mismo y salen de la iglesia. Edgar se queda sentado, pasa la señora con la escoba y dice:
—Ya nada más voy a dejar la escoba y a despedirme del padre, ahorita ya nos vamos — comenta en voz baja la señora. Es la vecina de junto.

En Navidad, Alonso la pasó encerrado en su cuarto, la cena se quedó allí. Por el disgusto, seguramente el santa Claus no quiso molestar o se le olvidó dejar el regalo y no hubo. En la casa de Edgar  hubo una cena de Navidad con pollo, ponche, una litera con colchones que olían a nuevo; pero, no hubo regalo. Los Santos Reyes seguramente decidieron no traerle a nadie juguete porque están caros.


LAMIA



…Robert Burton narra la historia de una Lamía, que había asumido forma humana y que sedujo a un joven filósofo ‘no menos agraciado que ella’”.
Jorge Luis Borges



Diosito me dio la oportunidad de soñarte, y allí es donde te encontré, quería que fueras parte de mi voluntad. El deseo de poseerte ha sido de tiempo atrás, como cuando eras niño y tu madre te espantaba con el hecho de que yo te llevara. Seguramente con los años pensaste que no era yo más que una fantasía, el mito que se crea para controlar las travesuras de niños malcriados. Existo. Soy parte de este contexto, el mundo donde tú vives y de otros mundos que ni siquiera te imaginas. Negar mi existencia suena insustancial. Soy la entidad que gobierna mentes, o acaso, ¿Podrás negar que te tengo atrapado?, ¿Qué no acaso mi voluntad es exactamente ese albedrío que según piensas es tuya, más sin embargo, no lo es?

Carezco de la facultad de hablar. No importa. Puedo dominar las mentes y hacer que la imaginación se conduzca como yo quiera. Pondré un ejemplo para que no dudes de mi existencia. Escribe e imagina un cuarto. Lo tienes, bien; el cuarto que tú imaginaste es más o menos de cuatro por cuatro metros y la altura aproximada es de dos metros, ahora bien, imagina y escribe una mesa en medio de ese cuarto, lo tienes, bueno pues, la mesa que has imaginado es o bien de fierro o bien de madera y tiene cuatro patas y la forma de la mesa es rectangular. Has escrito he imaginado lo que yo quiero; mi voluntad se ha expresado y tu mente ha sido mi herramienta.

Lo ves Edgar, ahora ya deja de creerte un hombre creativo. Todo ha sido mío, ha sido la experiencia que he tenido en otros mundos, ha sido mi vida, mi voluntad. ¡Y Aquí estoy y no podría estar en otra forma! Sin mí eres una nube a punto del desmayo o como  un bagazo. Ya puedes empezar a sentirte frustrado, al fin y al cabo eso es lo que yo deseo. Quiero que te sientas como una costra. Es más, así como te he seducido, también he atrapado a los lectores. ¡Oye tú!………….Sí…………tú…………quien está leyendo, pensabas que no me había dado cuenta, también has caído en el juego, en el garlito. Te he atrapado. Quizá continúes leyendo o puede que no, lo importante es que ya hiciste la lectura anterior y al darte cuenta de mi presencia  se libera tu albedrío. He de presentarme para no ser descortés. Soy Lamia. La hechicera.


LAS LÁGRIMAS SE SAFARON DESDE LA NOCHE DE ENERO




Antes de que pudiera intentar alguna otra cosa, Martín Barrios fue invitado al bautizo, aunque pudo bien quedarse en casa, viendo  “tele” como lo tenía pensado, pero su boleto de ociosidad se acabo al cocinarse la tarde. Llego Patricia a invitarlo; ella finalmente no iría a la boda de Mónica en Puebla porque la habían dejado sus parientes por haber salido tarde del trabajo. Patricia llegó a la casa vestida para una boda, su vestimenta también le servía para una fiesta de bautizo y ella como se le conoce, no es de las que se quedan como “el perro de las dos tortas”. Patricia tenía la seguridad de que ese sábado estaría en una fiesta. Había muchas diferencias entre las dos fiestas, pero Patricia no era fijada al respecto, le daba igual en cierta manera hacer bulla durante el “bolo” que durante “la víbora de la mar”. Eran celebraciones y en cualquiera de ellas se divertiría, comería muy bien. Para Martín Barrios era la cosa diferente, tal vez se podría decir que  opuesto, a él le molestaban las fiestas y prefería quedarse en casa viendo la tele o rentando películas, además de que lo más seguro es que  en el bautizo se encontraría con Verónica, el amor platónico que una vez conociera en la cena de compromiso de uno de sus primos y que desde ese entonces jamás olvidaba. El aseo de su recuerdo lo hacia decidir por esa tediosa alternativa. Pero que sin embargo prefería el sacrificio de no verla — incluso en las fiestas de bautizo — a recibir de ella un desprecio o una decepción. La fiesta iniciaba justo cuando llegaban y Martín Barrios sintió un sudor frío y la agitación profunda hasta la  médula porque allí estaba ella, en la sala platicando con una de sus hermanas. El banquete consistió en: arroz, barbacoa, carnitas a la mesa con salsa verde, roja y guacamole, refrescos (entre ellos la incansable Coca Cola) aparte de los vinos tradicionales y refrescos de cebada. La lona cubría la zona, era parte del patio y llegaba a proteger del clima  airoso y soleado del mes de Enero Tlaxcalteca. A como  llegaban al convite se les servía. La fiesta se llenó de risas y encuentros inesperados. Los ojos habidos de los invitados observaban al comer, la carne jugosa, oliendo rico, deleitando su lengua culinaria con la masticación de los manjares tradicionales. La gastronomía de la casa cerraba el ciclo de  alimentarse con la cuba y para los niños la bolsa de dulces. La fiesta continúo hasta entrada la noche. Al  final de cuentas Martín Barrios bailó con Verónica, ella lucía un vestido verde muy entallado con escote  a la espalda, las zapatillas eran color esmeralda. Ella sabía cuanto la quería Martín Barrios, pero la imposibilidad estaba en que el papá de ella no aceptaba dicha relación por cuestiones de  creencia y por diferencias entre las dos familias. Martín Barrios recordaba su situación económica y esa era otra de las imposibilidades para dicha relación. La noche lucía perfecta y la música invitaba al baile. Verónica quería bailar. Había pocos hombres solteros en la fiesta y los que había ya estaban apartados. Verónica veía con insistencia a Martín tratando de decir algo con su mirada. El observado permanecía sentado en el sofá y por el rabillo del ojo percibía la mirada de ella. Verónica platicaba con su hermana menor, se  reía de manera evidente para llamar la atención del hombre mientras observaba a los bailarines en el jolgorio. De pronto se hizo el huateque haciendo la larga cola de hombres y mujeres al compás de la tonada cumbiambera, los más jaraneros invitaban a los sentados al relajo y halaron a Verónica e inmediatamente a Martín, de esa manera coincidente quedó ella tomando a Martín de la cintura, al ritmo, ella movía sus manos en la cintura, él por el momento gozaba teniéndola cerca, oler su perfume y percibir de vez en cuando el aroma de su cabellera. Cambió la dirección del círculo de personas en forma de cola y fue cuando Martín tomo a Verónica del talle, percibía con las manos la estrechez de su cintura, esa parte del  cuerpo y abajo observaba sus zapatillas verdes y las medias negras maquillando sus piernas estilizadas. Verónica era una mujer hermosa, era delgada  pero con  una cadera suficiente como para enamorarse de una vez por todas, de las piernas puedo decir que le sacaba suficiente provecho para verse mujer sensual, deseable, erótica. En ocasiones usaba las medias  súper transparentes con dibujos tras la pantorrilla o con  una línea más obscura a todo lo largo en la parte trasera. Pero  cuando hacía frío prefería las mallas azul cielo o bien blancas. Después Martín la invitó a bailar, bailaban y él no dejaba de admirar cada parte  de su cuerpo, sus movimientos, el meneo de sus senos junto al pecho de Martín. El viento soplaba de manera permanente en el altozano sureño de la ciudad de Tlaxcala. El aire arreció hasta lograr un apagón en la colonia. Los invitados gritaron al unísono. A Martín le gustó escuchar a las mujeres gritar en el apagón y en sus brazos Verónica sujetándose fuertemente de él. Martín Barrios aprovechó la ocasión para besarla. La temible sombra fue testigo de la caricia bucal, los labios se unían y él exploraba con sus labios las comisuras de ella, con la lengua buscaba el calor, la miel de su abertura. Eran los belfos unidos por el deseo y el arrullo más sublime, más completo. El acunamiento más entero de las almas para demostrar el cariño. Había un susurro en las bocas que ambos no percibían pero que equivalía al anhelo por compartirse, por entregar su ser al otro. Martín intuyendo algo dejó de besarla, pasó un minuto y fue entonces cuando todo foco en la fiesta se expresó según su capacidad.

Adrián Moncada Ordóñez  era el celoso padre de Verónica, cuando la vio bailando  con Martín Barrios la ira se le acumuló en los dientes. Su irritación se formuló al calor de las sorbeteadas copas de vino añejo. Hubo varios. Entre ellos su esposa que lo contuvo y convencieron a serenarse al ebrio.

—Mejor deberíamos dejar hasta aquí la cosa — dijo Martín estando al centro de la pista provisional y observando las discusiones del borrachín.
—A que cosa le tienes miedo, ¿A enfrentarte con mi padre?
—La mera verdad a mi no me interesa ponerme a discutir nada más porque bailo contigo. Así es que como tu quieras, cada quién por su lado o le seguimos.
—O sea que no enfrentarías a mi padre por mí.
—Bien sabes que te quiero, pero si me enfrento a tu padre no sé lo que ocurra, él tiene su carácter, y pues yo también tengo mi carácter, y si queremos hacer coincidir las dos diferentes formas de pensar es simplemente difícil— Una guitarra sonorizó de diferente manera la estancia y los más tomados lanzaron sus respectivas exclamaciones charras. Las costras etílicas de sus alientos embriagaron el esófago de Martín. Verónica  tomo tres copas, las suficientes como para sentirse mareada y a la vez contenta. No pudo conducir su auto al final de la fiesta, pretexto para que Martín se ofreciera para hacerle el favor.  El auto circulaba por la carretera. La noche airosa se refrescaba con el ambiente húmedo. Ambos no encontraban la manera de iniciar una conversación sobre sus sentimientos pero hablaban de cosas sobre el  clima. Al llegar al destino y estacionarse,  sin contratiempo Martín le arranca un beso y la abraza, las manos de Martín Barrios se posan en las piernas, sus manos sienten el tejido de las medias  y roza a la altura de las corvas la costura.

—Espera no, no lo hagas, me haces sentir mal.
—Tú sabes bien cuanto te quiero. Verónica, te necesito, vamos, ven, necesito quererte.
—Pero tu sabes cuantos problemas ha habido, esto no puede ser, mi padre no lo acepta, y esto no es más que un juego tuyo. No se porque me pasa esto pero ya no aguanto la situación, los problemas de mi casa, del trabajo, aparte los gastos y las deudas que tengo, tu no sabes que difícil se me hace la vida. Quisiera escapar, irme lejos, terminar con todo pero antes que nada esta mi padre, mi familia, ellos son todo para mi y tu no eres para defender el cariño que me tienes, eres un cobarde, eres un tonto, y fíjate que así dice mi padre: que eres un perfecto idiota, que no sirves para nada, que eres un pobre diablo, que no tienes nada, que eres un imbécil que no sabe valorar las cosas... en fin...      — Sobre la mejilla  izquierda resbala una lágrima producto del sentimiento y de las copas. El hombre queda enternecido por ella, por el momento. Se acerca a la mejilla y besa la lágrima que aún estando en movimiento resbala adentro, a las comisuras de los labios y es allí donde atrapa la gota.


puros cuentos 5


LAGUNA BUSTILLOS



“La pobre gente siempre está
Dispuesta a dejarse embaucar.”
Alfonso Reyes



—Trato de alcanzar las cosas, de escudriñarlas, de entender los significados. Encuentro un infinito de simbolizaciones, de elementos, de sentidos, y el mío no está; tal vez sea, que la idea es no encontrar el sentido en este momento, sino en otro. Sea por Dios. Que sea otro el que encuentre los significados y los porqués, pero... ¿Yo que hago aquí  en este Estado, que es lo que se persigue al estar trabajando en esta fábrica como ingeniero, para qué estar en este pueblo o bien para qué estar en aquél Estado de donde soy que cosa perseguir, cuales son los objetivos a alcanzar?

—Los sueños siempre han sido los mismos, seguir trabajando para ser alguien en la vida, seguir aprendiendo más sobre mi oficio, continuar con el sueño de inventar y tener patentes y tener la suerte de que alguna pegue. Continuar con el sueño de ser feliz, de hacer feliz. Hay en el adentro esa desesperación de tratar de mover las cosas o bien de que se muevan las cosas a como nosotros queremos que se muevan, este es el espíritu de los jóvenes, o bien de los espíritus aventureros, es como tratar de encontrar las respuestas inmediatas a las cuestiones que cada uno tiene en la cabeza. ¿Por qué estamos siempre con la idea de que la vida es una carrera, o como una competencia en la cual hay  ganadores y perdedores? Donde hay cosas adquiridas y cosas por adquirir y la cuestión de siempre es cómo conseguirlas y como salir airoso y bien librado; o sea, un ganador.

—Una de las virtudes del hombre ha de ser el de esperar, saber aguantar cualquier cosa, dejar pasar, dejar que ocurra, dejar que los hechos se den, que la realidad actúe encima, que nos barnice de su espíritu.

Manuel Murillo Peregrino, Ingeniero en sistemas de producción, había llegado hacía más de dos años a la población de Anabajuc en el Estado de Durango. Había sido contratado por la fábrica papelera “La Sulfurosa” para mejorar los tiempos de producción y automatizar el área de repulpado; como no había más que esperar  a que la  empresa estadounidense I.B.M. Mandara los sistemas informáticos operativos, Manuel  ocupaba el tiempo que le quedaba libre en su proyecto de robótica.

Observando a la empleada que limpia la oficina Manuel  bromea sensual. En el monitor de la computadora aparece un protector de pantalla.
— ¡Mira, he dejado la puerta entreabierta para espiarte las piernas!
Ya.... ya no — Cerrando, y con una risita, la muchacha coqueta continua su faena.

Con esto, se confirmaba que Manuel tenía aptitud para conquistar a las mujeres, pero su mayor habilidad era la invención. Desde chiquillo había sido un niño inquieto y muy despierto, había inventado de niño un rifle corto de madera cuyos proyectiles eran corcholatas, así como una bazuca hecha con: botes de jugo ensamblados, una pelota de esponja y alcohol como combustible; también había ideado un sistema térmico para calentar agua mediante energía solar, ora bien barcos y submarinos que se desplazaban con energía calórica o mediante el proceso químico de una pastilla efervescente entre otras decenas de invenciones; el resultado de ese pensar creativo fue su tesis de  ingeniería: “Equipos de autosuficiencia, sin requerimiento de medios de apoyo. La robótica aplicada en los medios subacuáticos”. Dicha tesis (como sucede con muchas) fue ignorada por los colegas, pero no fue impedimento para que el ingeniero Murillo continuara con sus investigaciones y era lo que estaba haciendo en sus horas libres, tanto en la fábrica como en su departamento.

El arrendador de su departamento era una persona jocosa y jactanciosa que se las daba de vivir como se debe y nunca terminaba de fanfarronear, cosa que al ingeniero Manuel le molestaba. Al ver el protector de pantalla y sorber un poco de café recordó las palabras de su arrendador:

—Pues vera inge, en la vida se encuentra uno con imbéciles, como ese pariente jodido que tengo, el que vive en la esquina, y existen otros que quieren serlo. Afortunadamente no tienen que esforzarse…Sí… así es la vida, los hijos son cosa seria, pero a los turulatos les encanta traer niños al mundo. Cuando los niños llegan, se pasean bien cómodos con sus padres…”

Manuel giró la cabeza y volvió a observar a la muchacha que hacía el aseo pasando un trapo por los archiveros. En tanto un empleado deja el periódico en la mesa de servicio sobre las tazas de café. Se empuja hacia atrás y la cómoda silla se desliza sobre las ruedas.

El ingeniero alcanza el diario e inicia la lectura. Los encabezados se lucen de pesimismo ante una segunda “tormenta del desierto” en el Medio oriente. En los deportes, los Lakers son los favoritos  para salir campeones en la N.B.A. En las noticias locales, el acontecimiento de las últimas semanas es el avistamiento de un monstruo marino en la laguna Bustillos. Algunos diarios de alcance nacional han mandado corresponsales al pueblo de Anabajuc.

—Raquel, ya se enteró de lo que se dice en el periódico de un monstruo, aquí cerca, en la laguna.
—Sí, a poco no se ha enterado inge. Si ya todo el pueblo está medio asustado y ya ni quieren ir a pescar.
— ¿Entonces sí es cierto — mintiendo el ingeniero, continua — eso del monstruo?, ¿No será una ilusión, u otra cosa?
—No inge, si hasta yo ya lo vi, era un monstruo…pos… grande y verde que sobresale sólo una como joroba con escamas, y cuando sale empieza a oler muy feo como a azufre.
— ¿Y te dio miedo cuando lo viste?
—Pos me dio como escalofrío cuando vi la joroba y luego me tapé los ojos, y cuando me los destapé de nuevo ya no había nada.
—Bueno pues, será el sereno. ¿Y cuantos lo han visto?
—Pues ya casi todo el pueblo, ya hasta la que vende las memelas aquí afuera de la fábrica se pone allá, cerca de la laguna, a eso de las doce y media de la noche para venderles a los que quieren ver al monstruo.

El ingeniero se queda callado, pasando la vista en el periódico que tiene en la mano. Hace una mueca y sonríe. De reojo observa el monitor de la computadora; en la pantalla hay ventanas volando. El ingeniero rememora todo el equipo tecnológico que ocupó para crear ese monstruo mecánico. El ingeniero Manuel se acuerda cuando estuvo trabajando noche y día para crear al monstruo que ahora funciona con equipos de autosuficiencia, sin requerimientos de medios de apoyo y que tiene tanto éxito en el pueblo. El monstruo se mueve con un sistema de robótica capaz de funcionar durante dos lustros sin la necesidad de mantenimiento y con la  energía procesada de una manera generosa. Lo  que no sabía  el ingeniero Manuel era que había en las profundas grutas de la laguna un animal raro en su especie, era un monstruo que siempre había vivido allí. Era una especie de tortuga marina y manta. La energía acumulada del monstruo máquina hacía que el plancton se acumulara en su entorno e hizo que el animal raro en su especie atacara a la máquina con un choque eléctrico y quedara el monstruo—máquina averiado en el fondo de la laguna.

—¿Dónde habrá dejado el ingeniero el recibo de la luz? — Se pregunta el arrendador mientras introduce la llave del departamento del ingeniero —.  Al entrar se da cuenta que el ingeniero estuvo o está ocupado en un trabajo de ingeniería, y sobre el escritorio una maqueta de una máquina tipo submarino, con distintos dispositivos. Además el proyecto del monstruo, que en ese momento estaba en boca de todos. Ahora  se daba cuenta de muchas situaciones que habían pasado con el ingeniero Manuel Murillo. Encontró el recibo de luz y salió a pagarlo. De regreso tenía que pasar a la junta con los ejidatarios.

—No sabemos nada, nunca habíamos pasado por una situación como ésta — dice un ejidatario entre  los muchos que hay en la reunión —. El salón se nubla de humo de cigarrillo y el sudor mezclado de los hombres de campo hace un ambiente campirano.
—Pero queremos respuestas — asevera un exigente.
—Yo aparte de tener los problemas de la cosecha, de mis animales y de mi casa, ahora tengo que resolver los problemas de la naturaleza — pronuncia un quejumbroso.
—Yo propongo que lancemos dinamita al fondo de la laguna para acabar de una vez por todas con el problema.
—Yo sugiero que vayamos a matarlo.
—Y a mí me gustaría darle un escopetazo — sugiere otro salvaje.
—Yo quiero probar la carne, dicen que lo más añejado tiene buen sabor — aconseja un hambriento.
—No hay que pasar por tontos. Lo que ha estado pasando en el pueblo es de trascendencia nacional y ya en el hotel de Filomeno hay reporteros de Canadá, Estados Unidos y de España.
—Para  mí, pues… que siga la cosa, las ventas se están elevando.
—No sean alarmistas. En la laguna no hay nada, sólo son chismes — declara un escéptico.
—La señora de la tortería ya hasta compró televisión nueva.
—Apiádate de nosotros Señor. Dios nos libre que sea alguna señal del Apocalipsis. ¡Se los dije!  Yo les dije que dios mandaría a quemar la cizaña. Yo les dije que leyeran la Biblia. ¡Yo siempre confié en la palabra del señor!
—Guarden silencio señores — se impone la voz del presidente municipal — Tengo que comunicarles algo importante. Número  uno: se prohíbe andar en lancha después de las siete de la noche. Número dos: no vamos a matar a ningún animal, hasta que no recibamos informes de las autoridades correspondientes y de los investigadores que llegaron desde hace unos días.
—Esos nomás andan de metichis
—Sí, eso y nomás hora y ya quieren los cambios del pueblo.
— ¡Guarden silencio! Número tres: aléjense de la laguna por pura precaución. No sabemos si ese animal es peligroso y tam… — el arrendador interrumpe.
— ¡Yo sé lo que hay en la laguna! — el fanfarrón suelta su verborrea.
— ¡Tiene usted la palabra! — ordena el presidente municipal.
—Pues verán ustedes, yo tengo un inquilino que trabaja en “La Sulfurosa”, es ingeniero y se encarga en la fábrica de unas nuevas instalaciones en el área de repulpado. Ese ingeniero sabe mucho de máquinas y robots y de computación.  Resulta que esta mañana fui a recoger un recibo de luz al departamento de este ingeniero y descubrí que tiene una maqueta de un como submarino pequeño pero que tiene escamas y por dentro tiene sistemas como los que usan los robots y equipos de electrónica. Además me encontré con un proyecto de un robot que iba a nadar en la laguna Bustillos. En los objetivos del proyecto está el de engañar a la gente del pueblo de Anabajuc. Ahora no me negarán que yo contribuyo a resolver los problemas del pueblo, que yo soy quien muchas veces tengo que enfrentarme a este tipo de situaciones.
—Pero cómo se llama el ingeniero.
—El ingeniero se llama Manuel Murillo Peregrino
— ¡Ha! Ese es el que anda  persiguiendo a mi cuñada.
—Nombre, si también le anda haciendo arrumacos a mi hermana.
—Entonces este ingenierillo es toda una  fichita. Aparte de burlarse de nuestras mujeres, “quiere burlarse de todo el pueblo con su robotito”.
— ¡Señores! Creo que nos estamos precipitando en las resoluciones de ésta problemática. Debemos ver, no los problemas particulares, sino la paz y la concordia en el pueblo de Anabajuc. El pueblo de Anabajuc siempre ha demostrado unidad y trabajo. Por algo en la capital del estado, allá en Durango, siempre nos tienen en la lista de ayuda humanitaria y subsidios. En algo es debido a que la mayoría es priísta, pero mucho se debe a la unidad del pueblo. Ahora bien. Déjenme decirles que tarde o temprano sabríamos si fuéramos engañados con una cosa como ésta. Pero hay que preguntarnos primero si le conviene al pueblo de Anabajuc saber la verdad. Díganme señores si es conveniente para la comunidad entera que se sepa la realidad de las cosas. Ustedes mismos han dicho que esto del monstruo de la laguna les ha beneficiado. Y todavía está por venir una cantidad no despreciable de turistas a, dizque, a ver el monstruo. Pues en tal caso les conviene a todos el que venga turismo a este pueblo. En muchos casos ha sido un pueblo ignorado. Ustedes bien saben que en el tiempo de la  Revolución sólo hubo bandoleros perdidos que se acercaban a unas cuantas casuchas alrededor de la laguna, y nuestro héroe, don Gumaro Terrazas, no es reconocido como héroe por tener algunas canas regadas. Pero… sometamos a votación el caso.

El ingeniero Manuel laboraba en sus últimos días en la planta. Al día siguiente llegaría el sistema operativo y para el día viernes se iría de Anabajuc para regresar de nuevo a su tierra. El ingeniero no volvió a saber nada de su invento. El pueblo de Anabajuc instaló a orillas de la laguna un centro recreativo con cabañas, asadores, un pequeño restaurante y, además, la renta de caballos y burros que ocupan en el campo. Los turistas llegan en fin de semana. Por la noche, cuando todo está en calma, llega un olor a azufre que nadie ha podido saber de dónde viene.


puros cuentos 4


EL MANZANO




—Nací cuando mi padre había sembrado en el traspatio, el árbol de manzana. Mi abuelo tenía una huerta y quien ayudaba a la cosecha eran en parte los tarahumaras. En el momento en que mi padre regaba el árbol, yo habría los ojos a la vida.

—Después de tantos años, y ahora bajo la sombra de este manzano. En la silla de cedro. Miro el rojizo horizonte norteño. Con las satisfacciones similares al manzano. Después de dar los frutos de cada cosecha sigue en su utilidad cubriéndome del sol tardío y del viento del Este que por la loma de “la estrella” se arremolina sobre los pastos entecos.

—La existencia me ha dosificado del florilegio aceptable. La vida ha sido seductora. “No sé si  me he encontrado o sigo buscándome” como diría Artaud El yo que podría ser sigue estando en algún lado, interno, como un órgano de la conciencia o parte esencial del ego. Considero  que nunca he sido el mismo, podría ser irónico como el mismo Sócrates lo hace para tratar de pensar que yo sólo sé, que desconozco de muchas más, que no poseo de saber más que de pocas cosas. La percepción que ahora experimento me arroja al disfrute del paisaje. Los cincuenta años que tengo, no me inducen a reconsiderar lo bueno y lo malo de mi existencia, sino sólo a la contemplación total, armónica con lo que me rodea.

—Cuando el árbol de manzano estrenó su sitio, yo llegaba al mundo en una noche pacifica con la luna salpicando su luz en las tres ramitas flácidas, no me imagino cómo pudieron configurarse las minúsculas raicesillas en un ambiente extraño, nuevo, inesperado; donde la naturaleza externa intimida a la naturaleza interna del pequeño tronco, las contadas hojitas, el musgo de raíces. Y como fue desarrollándose sorbiendo las nutritivas substancias del suelo, del agua y sus minerales. No puedo comprender esa maravilla de la creación que hace de una planta el enraizamiento en un universo desconocido y cómo es que sabiéndose cobijada, sorbe de la tierra los nutrientes para su desarrollo. ¿Qué sucede si la naturaleza del suelo es adverso, es hostil a la planta? Pues es de alguna manera cercenada la existencia, de tajo, es arrancado el estimulante para su cumplimiento como planta, es decir, como árbol en este caso.

—No me intuyo a mi mismo sembrado en este sitio, pero mucho me gustaría ser el árbol, convertirme en su existencia. Sorber de la tierra lo necesario para crecer, para dar frutos, dar cobijo y sentir el aire del Este soplar las hojas. En el mismo sentido, realmente no sé si al árbol le gustaría mi existencia, yo sé que la diferencia está en el corazón, pero, sí es de envidia estar aquí en la silla de cedro contemplando el inquieto horizonte rojizo de la sierra tarahumara.

En  la colonia de gnomos, Fralous era el nomo chaman; él era vidente y había percibido el pensar del hombre que estaba sentado a la sombra del manzano. Él como encantador podría hacer que el hombre percibiera la vida desde la perspectiva del manzano.

Los gnomos eran habitantes de la sierra tarahumara. eran enanos que tenían poderes sobresalientes, como: convertirse en espíritus, hacer que baje la niebla y se ponga pesada, imitar fielmente los sonidos de los animales para poder comunicarse entre ellos, invernar a conveniencia en las profundidades de alguna grieta; entre otras cualidades. La colonia de gnomos era incontable, no porque fueran muchos, sino porque nunca se sabía cuantos había en la región, la peculiaridad de los gnomos es que son espíritus viajeros. Viven en el mundo y cualquier sitio es su casa. El oficio de chaman entre los gnomos no era para cualquiera, esta capacidad superior se formaba por sí sola, además de que tenía que ver mucho el espíritu purificado y la longevidad del ente. Mientras que algunos de los gnomos chamanes tenían facultades telepáticas, otros tenían aptitudes como el de ser videntes, hacer transformaciones de la materia o bien mover a su conveniencia cualquier fuerza de la naturaleza. Fralous era el chaman por antonomasia. Hacía más de un siglo que estaba en una gruta perdida en las cañadas de Las Barrancas Del Cobre. Como sapo petrificado seguía la vida, alimentando su espíritu, y reforzando las facultades embrionarias.

Para los gnomos comunes, los hombres no son más que animales, bestias de hacer y hacer cosas. Su mundo les parece inútil, trivial, como perseguir al aire. El tipo de conciencia de los hombres es yermo porque su concepción del mundo de vida cabe en un puño de percepciones, no llegan a comprender la vida y la muerte como una totalidad circulante del Ser, sino como entidades separadas, de tal forma que su concepción de la vida pierde terreno al intuir la diferencia entre el ser y la nada, o bien mucho peor cuando ni siquiera sospechan la diferencia. Para Fralous  era la cosa diferente, la luz del ser lo irradiaba a él todo. Él percibía la existencia e interpretaba todos los lenguajes. El lenguaje era la casa del ser. Fralous era todo lenguaje, así es  que; podemos pensar, metafóricamente que Fralous era un sirviente de la casa del ser[SS1] [SS2] .

Cuando el hombre se quedó dormido en la silla de cedro, contemplando el inquieto horizonte rojizo de la sierra tarahumara, no sabía lo que le esperaba. Fralous  hizo transformaciones en la materia y puso la conciencia del hombre en el árbol de manzano; así, cuando el hombre despertó su cuerpo eran ramas y tronco, raíces y hojas. Había desaparecido todo olor, todo sabor, todo dolor. La desmembración de los sentidos había ocurrido. Se quedó atónito porque no le quedaba de otra. Percibía el sol y el viento, la humedad en las raíces, la savia circulando adentro, moviéndose lentamente. Advertía las larvas de mosca en las frutas y los parásitos en las raíces, carcomiendo todo. Los hongos en el tronco viejo y cercano hacía tiempo que lanzaba sus esporas al ambiente creando más parásitos. Y las hormigas, carcomiendo de las frutas podridas, de vez en vez y por regimientos subían por el tronco a cortar hojas, morder la  fruta y ejercitar sus extremidades. Todo a su alrededor ocurría. Todo se transformaba, y el árbol quieto. Todo quieto. El manzano ciego, inmóvil, indolente, intuía las cosas parecido a como lo hacía Fralous. La diferencia estaba en el corazón. El manzano tan sólo irradiaba su savia, la fotosíntesis que ocurría en las hojas no era más que una transformación química, era energía.

El hombre seguía  bajo el manzano. El paro cardiaco había hecho cambiar su existencia a otra cosa. Como tronco lánguido se desparramaba en la silla de cedro, y a la vista, el inquieto horizonte rojizo de la sierra tarahumara iba poco a poco entregándose a la oscuridad. Era una noche sublime, llena de luminarias.


EL BOYEURISTA ENCANTADO




— ¡Qué pasó Daniel como estás! Pero, pásale, estaba en mi cuarto nomás de flojo. Y tú... de donde vienes.
—Fui con mi tía Leonora y tu casa me quedaba de pasada pero ya se me hizo tarde, mira, ya casi son las ocho.
—Tú no te apures, total aquí te quedas a dormir. Puedes hablar por teléfono a tu casa diciendo que te vas a quedar conmigo.
—No... Ahorita veo, pero... que haz hecho. Desde que salimos de la prepa ya no te había visto, y... por cierto quedaste a deber lo de la cena y Pilar tuvo que pagar lo que te correspondía  a ti.
—Por tonta.
—No seas cabrón, ¡le voy a dar tu dirección!, ¡he! Haber, haber.
—No me amueles, a lo mejor ella ya ni se acuerda. Pásale mira éste es mi cuarto, está chiquito pero no importa, lo importante es que nadie se mete con mis cosas.
— ¡Andrés, ya nos vamos! — Grita la mamá al salir de la casa — hay gelatina en el refrigerador, ¡ha! y otra cosa, no vayas a agarrar del bistec porque es para la comida de mañana. Dale comida al perro. Nos vemos.
—Si ma’... ¿A quihora vienen?
—No sé a que horas termine la reunión.
—Bueno. Nos vemos.
—Y. ¿A donde van tus papás?— pregunta el amigo visitante
—A una reunión con amigos de su trabajo—contesta Andrés al tiempo que se sienta en la cama
—Ha.
— ¿Y tu hermana?
—Ella no vive aquí, vive con unos primos, sólo viene los fines de semana. Está estudiando la Universidad.
—Ha.
—Dame chance hablar a mi casa. ¿No?
—Órale, vente vamos a la sala. —pronuncia Andrés y se escucha el chirrido de los tornillos de la cama
El joven marca en el aparato telefónico, toma el auricular. Andrés ha ido a la cocina y ha sacado del refrigerador un recipiente con gelatina
—Bueno. Sí. Habla Daniel. ¡Quién es! ¡Ha! Tú. “Cuajada”. Dile a mi papá que ya fui a darle el recado a mi tía Leo, pero ya se me hizo tarde. Me voy a quedar con Andrés... Como que cuál Andrés...pos “el rufles”  para que me entiendas...si ese. No... No voy a ir mañana, no, no me toca, sino hasta el segundo turno. Bueno, nos vemos.
— ¿Qué haces?
—Comiendo gelatina, bueno no es gelatina. Es flan que hizo mi mamá. ¿Quieres?
—Sí, dame... tragón, come solo.
—Oye que tal si nos guisamos unos bistecs. —sugiere Andrés, sus cejas se ponen jubilosas moviéndose de arriba hacia abajo y la cara estrena una mueca que invita a aprobar la propuesta
— ¡Huy! no mames. Dijo tu mamá que eran para mañana.
—Si agarramos dos ni se da cuenta. Es más, agarramos otro de esos, —señalando al refrigerador— lo aplastamos más y luego lo dividimos y asunto arreglado.
—Hay tu sabes. Yo sólo soy visita.
—Mi mamá ni me dice nada, es más que tanto son dos cachos de carne. ¡hey! pero ayuda, saca de allí un sartén. ¡Ha! y pon la gelatina en la mesa, ahorita le seguimos dando baje.
— ¡A cabrón.... pinche cebolla! —Balbucea Andrés mientras pica los ingredientes. Daniel se recarga en el desayunador y pregunta al cocinero
—Oye y que pasó con Maira, sigues con ella, te la cogiste o que...
—No. Ese negocio ya se acabó. Estuvo mejor así. Pero ha veces si me siguen dando ganas de aquellos fajecitos que nos aventábamos en la sala de su casa. Pero, ¡ja! no le hagas, que nos cacha su mamá cuando —continúa sonriéndose— estábamos apachurrando como leones en pleno cachondeo allí en el sofá.
—En serio.
—Sí, ya le había quitado el sostén  y sólo tenía la camiseta, yo estaba encima de ella y había metido mi cabeza debajo de la  tela y estaba en eso...cuando entra su mamá. Del sobresalto que nos caemos del sofá, y yo con la cabeza metida bajo su camiseta. Me sermoneó pero ya ni modo. Las veces en que me encuentro con Maira nos da risa eso que nos pasó, pero eso ya se acabo, ese negocio ya murió
—Oyes no los guises tanto, ya están bien pinches negros, parecen cartones chamuscados. Haber este de aquí, échamelo para acá. Pon unas tortillas encima del sartén para que se vayan calentando y así les queda a las tortillas el sabor de la carne.
—Órale, tu si sabes.
—Pos...soy maistro en todo. Y... ¿con qué nos lo pasamos?.
—Pues con un chescolín, pero ese  tu píchalo.
—Órale me parece buena tu onda, haber, presta un envase. En donde está la tienda.
—Es allí dando la vuelta a la esquina por donde está la refaccionaria.
—Órale pues, ahorita vengo.
—Que..., ¿si hubo?
—Po’s no había de naranja pero si hubo de toronja... hijo’desu... ya hasta se está enfriando esta suela de llanta.
— ¡Pendejo! Le faltó que le echaras la sal, ¡como serás güey!
— ¿De veras?, bueno tu allí ponle. Y no le hagas tanto a la cardiaca.
—Bueno, presta pa’ca el salero. Oye pero siéntate, no comas parado, se te están escurriendo del taco las cebollas, estás dejando todo embarrado.
—Cab... te enojas de todo. Hasta de lo que no comes te hace daño.
—Bueno ya.
—Oye ahorita lo que me entusiasma, chom—chom es la vecinita de aquí junto. Si la... ¡mm!... vieras.
—Que... esa que tiene de bueno.
—Pues... ¡mm!... apúrate, ya va ha ser hora del show, ahorita vas a ver que rica nalguita. Lo bueno es que nunca se ha dado cuenta que la ando espiando. La señora es la que está buena. Tiene una hija que también se está poniendo bien buena. Nomás de acordarme se me para... el corazón.
—Que se me hace que eres Puto.
—Si, pero bien que te lo zambuto.
—Presta pa’ca el refresco ya te lo estás acabando... no mames ya le echaste pescados. Ya no quiero.
—Pues toma agua, allí hay mucha— dice Andrés encaminándose hacia su recamara.
—Vente por acá, es por mi cuarto, pero... ya deja de masticar.
—Perate, —chom—chom— que se me atora.
—Tú sabes que las morenitas son mis preferidas y esta señora bronceada es un encanto,
Mira allí está alistando su toalla y sus cosas, de lejos se ve que nomás no la hace pero de cerquita. Ven mira, asómate por aquí —los dos jóvenes se entusiasman, atisban la escena por el orificio.
— ¡Uta! pero estorba ese árbol y... se ve la regadera... ¡Hay güey! Hora si ya la vi —dice Daniel con balbuceo entrecortado.
—Se está alistando apenas. A ver deja ver a mi vecinita hijo’desu ya se me está alocando el corazón.
—Que se me hace que eres p...
— ¡Cállate ya que van a escuchar los ruidos! Ya encendió las llaves  y ya se va a meter a la regadera, hijo’desu ya se metió y se está mojando el cabello...y el agua escurre por todo su cuerpecito...
— ¡Quítate, deja ver!
—Se me hace que mejor vamos por allá afuera, se ve más de cerquita y no te pierdes nada del show.

—Mami, báñate rápido, que sigo yo. La cena ya está lista, dejé hirviendo los frijoles, pero le bajé a la llama.
—Si hija. Ve a la tienda por un litro de leche y pan de dulce. Si ves viejos feos en la refaccionaria mejor te regresas, no sea que te vayan a decir de majaderías.
—¡Hay ma! Ahorita que está bien interesante la novela.
—Ni modo hija, si no vas tu quien más, yo ahorita no puedo.
—Voy ahorita que estén los comerciales.
—Mejor apágale a los frijoles, no sea que se quemen como el otro día.—La mujer se enjabona. Pasa el esponjado estropajo por sus tersas y firmes piernas, la espuma se desliza, por la piel cobriza, sus pechos cuelgan, se mueven. La mujer piensa. —  Andrés ha de estar viéndome. ¡Ja! Con lo que me encanta ese chamaco, si tuviera yo menos años... o él tuviera más años...las cosas serían distintas, sería el amante perfecto...si, eso me hace tanta falta ahora que me dejó José y se casó allá en el otro lado con una gringuita. Pero, ahora no puedo iniciar un romance, si así con esto que me pasó ando en lengua de todos. No sé porque me gusta tanto que me vea, me siento deseada, me excita el tener encima su mirada furtiva, !Ja¡ si supiera mi  hija... Se me hace que este cabrón también anda espiando a mi hija, no, eso no quiero, le voy a decir que ponga algo en la ventana.

—A poco nos tenemos que subir al árbol
—pues si, sólo así se ve de cerquita.
— ¡Hora pues, trépate tú primero!
— ¡Sst! Cállate, no hables tan fuerte, si nos llegan a cachar te voy a poner tu merecido—el joven aprendiz de chango escala el árbol, hacia la rama más cercana, el otro joven  se queda en la penumbra.

—Ma ya vine, no traje cambio porque me compre unas papitas, ahora sí ya déjame ver mi novela.
—Aja —contesta la bañista y reflexiona —ha si supiera  esta hijita lo que cuesta ganar el dinero, pero yo tengo la culpa por chiplearla tanto, pero... si no es a ella a quien— en eso escucha un crujido de ramas y una como caída de costal en el patio del vecino.
— ¡Hija que fue eso!—grita la mujer.
—Que cosa ma.
— Un ruido en el patio de los papás de Andrés.
—Déjame ver. — la jovencita se asoma al patio, atisba todo. En la penumbra escucha algo.
— ¡Miau!... ¡Miau! —las guturaciones felinas de  Daniel salvan a Andrés. Andrés aguantándose todo dolor se queda oculto tras la enredadera.
—No era nada ma, sólo era un gato brincando por las ramas.



 [SS1]se tendrá que redondear el cuento con este marco teórico, argumentando que el señor que está  a la sombra del árbol perciba la diferencia entre vida y muerte y además  que intuya la totalidad circulante del ser
 [SS2]se pensará que  es un argumento filosófico pero servirá como sustento de todo el texto