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sábado, 28 de febrero de 2026

EL TURISMO EN LA ENCRUCIJADA DE LA SOBERANÍA

 

Imagen cinematográfica e hiperrealista que captura la esencia del turismo soberano en 2026. En primer plano, un tren moderno y aerodinámico (inspirado en el Tren Maya) se desplaza velozmente, reflejando en su superficie metálica el verde vibrante de la selva mexicana. A un costado de las vías, un grupo de personas de comunidades originarias, vestidas con trajes tradicionales coloridos, participantes en una asamblea comunitaria con gestos de orgullo y agencia, siendo figuras centrales y no meros decorados. Al fondo, una majestuosa pirámide maya emerge sobre la copa de los árboles, parcialmente envuelta en una suave bruma matutina, mientras sutiles elementos digitales (como mapas holográficos) flotan en el aire, simbolizando la integración de la herencia ancestral con la tecnología de 2026. La iluminación es dramática, con rayos de sol filtrándose entre los árboles, creando un poderoso contraste entre la maquinaria avanzada y la belleza orgánica y atemporal del entorno. La atmósfera general es de soberanía, progreso y resiliencia cultural.

¿Es el turismo un simulacro o una herramienta de soberanía? Edgar Sánchez Quintana analiza el fin del modelo neoliberal y el surgimiento de un turismo con rostro social en el México de 2026.

DE LA DES-TERRITORIALIZACIÓN NEOLIBERAL A LA RE-CONQUISTA DEL CAPITAL SOCIAL EN 2026

Por Edgar Sánchez Quintana

La época actual, situada en el primer trimestre de 2026, nos obliga a revisar con ojo crítico aquellas tesis que en 2011 vieron en la globalización un destino manifiesto e ineludible. Si bien hace quince años hablábamos de una crisis permanente de paradigmas, hoy asistimos no solo a su disolución, sino al derrumbe estrepitoso de las estructuras que sostenían el viejo orden mundial. El "fin de la historia" ha demostrado ser, más bien, el retorno de las soberanías nacionales frente a un imperio estadounidense que, sumido en la recesión y el conflicto en Medio Oriente, ha perdido su capacidad de dictar la narrativa del progreso global.

En 2011, definimos la globalización como una interdependencia creciente, a menudo confundida con la uniformidad del mercado. El turismo era el ejemplo perfecto de esta "des-territorialización": enclaves como Las Vegas se presentaban como el ideal de la industria, donde la identidad era un simulacro a la carta, un "spa" de identidades intercambiables donde se podía saltar de Venecia a Egipto en una misma calle. Sin embargo, este modelo de "turismo neoliberal" no era más que un espejismo democrático que, bajo la máscara del marketing global, organizaba la cotidianidad para expandir la universalización de las mercancías, vaciando de contenido la cultura local para convertirla en un decorado de cartón-piedra.

ParadigmaTurismo neoliberal (2011)Turismo Soberano (2026)
Eje CentralEl Mercado y las Finanzas GlobalesLa Soberanía y el Capital Social
EspacioDesterritorialización (Enclaves aislados)Reterritorialización (Integración regional)
IdentidadSimulacro y Marketing GlobalCultura Viva y Resistencia Identitaria
InfraestructuraCentros de Convenciones y CasinosMegaproyectos de Conectividad (Tren Maya)
ObjetivoCaptación de Divisas y ConsumoJusticia Social y Desarrollo Comunitario
Hoy, en el México de la "Cuarta Transformación", el turismo ha dejado de ser una simple industria de servicios para convertirse en una herramienta de control territorial y justicia social. Megaproyectos como el Tren Maya y el Corredor Interoceánico no son solo infraestructuras de transporte; son actos de reterritorialización que desafiaban la lógica del enclave aislado. Mientras que en 2011 el turismo "agilizaba" la industria mediante redes de comunicación digitales que permitían "viajar sin salir de casa", en 2026 la apuesta es por la movilidad física y social que reintegra a los pueblos originarios —quienes hoy ocupan casi la mitad de los nuevos empleos generados en el sureste— al flujo de la riqueza nacional.

"La globalización suele conformar nuevas regiones que cruzan fronteras estatales, pero en 2026, México ha demostrado que es posible reconstruir la identidad nacional dentro de un mundo globalizado, utilizando el turismo no como un producto de exportación, sino como un escudo de capital social frente a la volatilidad externa."

La crisis del dólar y el colapso de los referentes del "sueño americano" han reposicionado a México. Ya no buscamos imitar el modelo de Las Vegas; ahora es el mundo el que mira con curiosidad y respeto un proceso de transformación política que atrae a millones de visitantes no por sus simulacros, sino por su realidad social. El turismo nacional, que ha crecido un 3,3% en el último año, fortalece el mercado interno y nos protege de los vaivenes de un imperialismo en retirada. La mentalidad de "Bohío provinciano" que mencionábamos en 2011 ha evolucionado: hoy aceptamos la innovación no como una sumisión al mercado global, sino como una herramienta para potenciar nuestra herencia. En 2026, el turismo en México es, ante todo, un ejercicio de soberanía.

El camino hacia la soberanía se enriquece con cada voz que se suma.
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jueves, 20 de enero de 2011

La apertura del turismo en Tlaxcala

Imagen cinematográfica e hiperrealista que captura la esencia del turismo soberano en 2026. En primer plano, un tren moderno y aerodinámico (inspirado en el Tren Maya) se desplaza velozmente, reflejando en su superficie metálica el verde vibrante de la selva mexicana. A un costado de las vías, un grupo de personas de comunidades originarias, vestidas con trajes tradicionales coloridos, participantes en una asamblea comunitaria con gestos de orgullo y agencia, siendo figuras centrales y no meros decorados. Al fondo, una majestuosa pirámide maya emerge sobre la copa de los árboles, parcialmente envuelta en una suave bruma matutina, mientras sutiles elementos digitales (como mapas holográficos) flotan en el aire, simbolizando la integración de la herencia ancestral con la tecnología de 2026. La iluminación es dramática, con rayos de sol filtrándose entre los árboles, creando un poderoso contraste entre la maquinaria avanzada y la belleza orgánica y atemporal del entorno. La atmósfera general es de soberanía, progreso y resiliencia cultural.

¿Es el turismo un simulacro o una herramienta de soberanía? Edgar Sánchez Quintana analiza el fin del modelo neoliberal y el surgimiento de un turismo con rostro social en el México de 2026.

LA POTENCIACIÓN DE LA IDENTIDAD CULTURAL EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN





La época actual en la que vivimos es de una crisis permanente de paradigmas, pero estos paradigmas de principio no cuajan, no llegan a formarse como cuentos, sus referentes no llegan a madurar porque ya están sobre de ellos sepultándolos; alguien en algún momento estuvo hablando sobre el fin de la historia, tesis que tampoco cuaja porque la modernidad renueva el fin y el fin nunca se da, como la historia del minotauro en el laberinto, se vive en la intersección de crisis irresolubles, encrucijada actual que mira al pasado tratando de formar el futuro, como la tarde de un día que ya pasó, como llegar una y otra vez a las fiestas cuando los meseros y músicos están recogiendo sus minucias. La época actual invita de algún modo a formar parte de un regimiento de nihilistas, porque al no haber referencias políticas o de otro índole, se pierde el interés por los metarrelatos y como no si se la pasan destruyendo la identidad que queremos madurar y fructificar.      

         Pero no todo está perdido, lo que se debe hacer está en nuestras manos; lo que se necesita son nuevos valores, ideales y concepciones comunes. Desde donde se va a partir es desde una globalización mundial de comercio. Debemos conceptualizar lo que entendemos por globalización. El término globalización es una idea que no termina de fluir, tiene distintas connotaciones y son muchos los modos de abordar esta idea, se suele circunscribir   la globalización a una identidad puramente comercial, la globalización es precisamente la expansión de los mercados financieros   y a otro tipo de mercados de productos básicos.

La globalización tiene un grado de dificultad en términos económicos y, en especial, los mercados financieros desempeñan un papel muy importante en ello. Una de las razones por las cuales no se puede dudar de la globalización es porque la historia reciente de los mercados financieros y monetarios es apabullante. Implica en el proceso de globalización un avance masivo en términos de velocidad y de intensidad en las transacciones financieras a nivel global. Al hablar de globalización hay que hablar de la economía global y de los mercados financieros globales como elementos clave. Pero es un error fundamental equiparar la globalización sólo con el mercado; es un error básico, también, ver las dinámicas principales de la globalización en términos económicos. El impulso más importante de la globalización no es primordialmente el mercado, sino la revolución de las comunicaciones. En este sentido; Al mismo tiempo que la globalización se separa de la nación, tiene el efecto contrario; aleja y al mismo tiempo cohesiona. Los cambios implicados en la globalización promueven la autonomía local, el regionalismo, el resurgimiento de las culturas locales y la revisión de la historia nacional. O sea, la globalización suele conformar nuevas regiones que cruzan fronteras estatales. Todas las naciones del mundo están repensando su historia, es decir, reconstruyendo su identidad dentro de un mundo globalizado, donde el papel que desempeñan las naciones cambia de manera considerable. La globalización no es un fenómeno que está afuera —sin importar la posición económica del individuo o el índice de desarrollo de un país—, es una condición interna que forma parte de nuestra vida cotidiana. Cada quien tiene una manera particular de ser y estar en un mundo global. Nosotros somos los agentes de la globalización; en muchas de las cosas que hacemos, desde encender la radio o encender la computadora y conectarnos a la Red, promovemos la globalización.

En resumen, la globalización significa dos cosas. Primero, la definición más sencilla de globalización es interdependencia. Vivimos una era global creciente, porque cada vez somos más interdependientes. El mercado es sólo una manifestación de esta interdependencia creciente. La interdependencia no significa unidad; al contrario, muchas veces trae conflicto. Crea nuevas divisiones, nuevas formas de fundamentalismo que surgen todos los días. La globalización no es ni mucho menos la uniformidad de todos los sistemas; por el contrario, se nos presenta de forma ambigua y contradictoria ya que proyectan homogeneización y fragmentación; no sólo une sino que separa, multiplica las distancias y las diferencias entre las culturas e individuos; De esta manera, podemos afirmar que es un espejismo y un simulacro democrático el proyecto unificador de lo global. "El capitalismo desarrolla sus tendencias expansivas necesitando a la vez homogenizar y aprovechar la multiplicidad, con ello se garantiza la colocación de sus productos a nivel económico en lo nacional y local, como también de un imaginario colectivo en cada cultura, trabajando por expandir allí, en lo particular, la universalización de las mercancías.
Dichas disgregaciones se encuentran también en la mundialización de la cultura que se difunde gracias al marketing global, creando extensas redes simbólicas y económicas que organizan la cotidianidad. "Algunos comportamientos, en relación con el consumo y la manera de organización de la vida, sons en Tokio, París, Nueva York, y Londres... el cine, los mass media , la publicidad, la televisión, confirman esa tendencia" . expansión, transitoriedad, movilidad espacial y cultural. Así, ahora podemos hablar de "estratos desterritorializados", "referencias culturales desterritorializadas", fragmentación de las identidades nacionales o de arte desterritorializado , lo cual está más acorde con la figura cartográfica cultural del mundo contemporáneo. Ello significa que la mundialización atraviesa lo nacional y local, que ya no son entidades estáticas ni unidades autónomas, sino territorios de una gran movilidad y capacidad de transformación y desplazamiento de un imaginario cultural a otro. La desterritorialización aquí se una a las estrategias de desintegración cultural nacional y local, como también cumple el papel de homogeneizador del mercado. Dispersión y unificación.
La mentalidad de Bohío provinciano debe aceptar la innovación de sus tradiciones, pero de forma beneficiosa y productiva. Una de las desgarraduras que las nuevas estructuras mundiales están presentando a estos sistemas tradicionales es, precisamente, el estremecedor desarraigo y desplazamiento de las lógicas territoriales por la globalización y la mundialización. La desterritorialización, como ya lo anunciamos, es un principio de la modernidad y de la posmodernidad activas y de su modernización económica, lo que presupone desde luego sociedades que se descentran, transformando sus viejos establecimientos. Es esta movilidad fragmentada la que algunos habitantes del territorio verticalizado, por su sedentarismo vital y mental, ignoran o no desean asumir con sus implicaciones políticas y culturales. Quieta y superación de barreras mentales y de sensibilidades. En suma se debe   repensar sobre una reedificación de otras categorías de lo nuestro, acordes con las mutaciones imprescindibles que a gran velocidad y escala internacional se están proyectando.
Ante esta era de la globalización es imprescindible hablar de cómo influye en todos los aspectos sociales la globalización, incluso en aquel aspecto que deseamos desarrollar, el turismo se ha beneficiado de los alcances que ha tenido la globalización, el mercado se expandió y las redes de comunicación ayudandoon a agilizar la industria turística. Ahora sin salir de casa podemos hacer turismo, conocer lugares y enterrnos de los distintos servicios turísticos. La ciudad de las Vegas en el estado de Nevada en Estados Unidos es uno de los ejemplos más fehacientes de globalización turística, ciudad del turismo, centro de convenciones,   y lugar recreativo de rascacielos donde se albergan numerosos hoteles, casinos de juego y un clima que invita a practicar actividades al aire libre durante todo el año. Las Vegas es un centro comercial inmenso cuyo epicentro es el turismo, sus hoteles   tienen denominaciones de culturas tan alejadas como distintas, hoteles temáticos, completos y sus servicios íntegros, puestos para el esparcimiento; de una calle a otra vamos de Italia y Venecia a Francia y Grecia con todo y Partenón, cada identidad mundialmente conocida se exhibe   para deleite de un público que quiere las cosas bien echas ya la mano; Ese es un turismo exigente, que busca el mejor trato, por gente profesional en el ramo. El turismo en la globalización tiene que incluir aspectos como el espectáculo, el psicologismo, el spa, el ecologismo, la entidad retro y rehabilitación de lo local, de lo regional, del ocio programado, armado con una arquitectura a la carta y la desterritorialización de la que habíamos hablado líneas arriba.